Ensayo 2. En 600-900 palabras y formato MLA 9, desarrolle las siguientes ideas en base al material leído y visto en los módulos
La lengua y la religión fueron solo dos de los aportes culturales traídos por los esclavos africanos a América. A estos se añaden la culinaria, los bailes, la música y otros que hoy forman parte del folclore, y que, inicialmente, fueron traídos durante la colonia. ¿Cómo influyen estos aportes a la cultura latinoamericana de hoy día? Desarrolle esta pregunta usando materiales – lecturas y presentaciones- de los módulos. NO use ninguna otra información de la red y no escriba sobre la esclavitud de América del Norte. Utilice el formato MLA 9 para su ensayo.
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LasGuerrasFloridas.pdf
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_Quesabemos.pdf
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Spanish4520Losaztecas_1.pptx
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CARLOSFUENTESCAPITULO5.VIDAYMUERTEDELMUNDOINDIGENA1.pdf
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6.ELESPEJOENTERRADO_LACONQUISTAYLARECONQUISTADELNUEVOMUNDO1.pdf
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Incas.LaAventuradelaHistoria671.pdf
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LosIncasF.Pease10001_.pdf
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Spanish4520LosIncas-corrected.pdf
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raices_de_espana1.htm
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ritosmozarabesenlaatedraldeToledo.pdf
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Toledo.pdf
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sociedadindianaII.pdf
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lasociedadindianaIII_.pdf
Las Guerras Floridas
Como ya hemos leído, los aztecas ofrecían sacrificios humanos a sus dioses para
que el sol saliera al día siguiente y el mundo no se acabara. Ellos creían que
habían existido 4 mundos anteriormente que habían sido destruidos por los
dioses, debido al comportamiento del hombre, la maldad entre otras cosas.
Ahora estamos en el 5º y posiblemente último. Los sacrificios eran
absolutamente necesarios para que los dioses hicieran salir el sol, hicieran llover
y para mantener el mundo en movimiento.
En tiempos de paz, cuando los aztecas de la gran Technochtitlán y las tribus de
su alrededor no tenían motivos políticos, ni geográficos para enfrentarse,
escaseaban los prisioneros, cuya vida era la que se ofrecía en sacrificio a los
dioses. Llegado el momento en que era imposible obtener víctimas mediante la
conquista de territorios, los nahuas (mexicas) de Mesoamérica inventaron la
guerra Florida.
Para proveerse de los miles de prisioneros necesarios para los sacrificios
realizados con motivo de grandes celebraciones, como la coronación de un
nuevo tlatoani (gobernante), los aztecas establecieron un sistema de intercambio
con sus enemigos. Puesto que los sacrificios debían hacerse con prisioneros
capturados en combate, las tres ciudades de la Triple Alianza
:México,Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan- acordaron celebrar guerras
periódicas con sus enemigos, las ciudades de Tlaxcala, Cholula y Huexotzinco.
A mediados del siglo 15, sucedieron una serie de desgracias que afectaron
enormemente la vida azteca: una nevada heló las cosechas y destruyó muchas
casas. Sucesivamente hubo hambruna, seguida de epidemias, no había maíz para
comer y muchos llegaron a cambiar a sus hijos en otros pueblos por unos granos
de maíz.
Las guerras estaban acordadas estrictamente para el propósito de conseguir
prisioneros y ninguna de las partes debería tratar de apoderarse de los territorios
enemigos, asimismo si sucedía alguna calamidad a alguno de los participantes, la
guerra en cuestión se debía suspender y los miembros debían apoyarse
mutuamente.
las guerras floridas también servían para lograr el ascenso social individual. Los
guerreros destacados, aquellos que logran volver a su ciudad tras varias capturas
de enemigos vivos, ganaban el respeto y la admiración de su pueblo y
compañeros.
Esta "guerra sagrada" nada tiene que ver con nuestro actual concepto de guerra,
sangrienta y cruel, promovida por efímeros particulares. En una carta a Lorenzo
de Médicis, Américo Vespucio le confiesa: "Lo que más me maravilla de sus
guerras es que no se puede saber por qué razón se hacían la guerra unos a otros,
puesto que ni tienen bienes propios ni señorío de imperio o reino, ni saben qué
cosa sea codicia, es decir, robo o ambición de reinar, lo cual me parece ser la
causa de las guerras".
Fuente: http://suite101.net/article/la-guerra-florida-de-los-antiguos-mexicanos-
a36429 http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/8522.htm
,
LQUE · SABEMO S SOBREI___Wi51LOS
? •
JOANNA DEFRATES
II IBlllllll
fNDICE
i,Qu1£NES 1:RAN LOS AZTECAS? 8
CRONOLOGIA 10
i,COMO OBTcNiAN LOS AZTECAS SUS ALIMl:NTOS? 12
i.EESTARAN BIEN ALIMENTADOS LOS AZTECAS') 14
i,TENIAN LOS AZTECAS hMIUAS COMO LAS NUESTRAS? 16
i,VIVIAN EN CASAS LOS AZTECAS? 18
i,IBAN LOS NINOS YNINAS A LA l:SCUELA? 20 i,ERAN TRABAIADORES LOS AZTECAS? 22
i,QUJ:. HACIAN LOS AZTECAS EN SUS RATOS LIBRES? 24
i,Co~w VESTiAN LOS AZTECAS'1 26 i,A QU£ DIOSES ADORABAN LOS AZTECAS'! 28 i,CREIAN LOS AZlECJS EN LA OTHA VIDA? 30
i,Qu 11, N GOBERNAB1 / LOS AZTECAS? 32 i,HABIA /IH IST/S ENTRE LOS AZTECJS? 34
i,UTIUZABAN ALGUNA TECNOLOG1A'1 36 i,HJCIAN VIAJES LARGOS LOS AZTECAS? 38
i,TENIAN EJ£RCITO LOS AZTECAS? 40
i,Qu£ FUE DE LOS AZTECAS') 42
VOCABULARJO 44
INDICE ALFABtTlCO 45
Hacc unos ochocicntos anos, una tribu crrante penctr6 en un vallelQUIENES siLuado en la altiplanicie del pais que hoy llamamos Mexico. Aquellas gentcs se daban a si mismas el nombre de «mexicas».ERAN pero nosotros los conocemos por el de «aztecas». Llegaron a ser el LOS AZTECAS? pueblo mas fuene de todo el valle. Dieron a su pais el nombre de
f–:0:· ::::::::–"'· ::–;;–~~::;,"-1 Anahuac•. que quierc decir «Tierra entre las Aguas», y cjcrcicron.~ .r·' su podcr desdc la capital. Tenochti llan. Sc considcraban hcrcdcros legitimos de los tollecas, los antiguos seforcs del valle.:; – . . r
EL OIOS 0£ LA TR.JBU l.os a11ccas sc crcian guiados por cl dios de ,u tnhu, Huillilopochlli '. «l:I Calibri de la l1qu1crda•. un dios guerrcro que Clgfa sacnfic,os humano,. Los ,accrdotes llcvaron consigo una imagen def dios duranle el largo ,·iaje que emprendieron en busca de una ti~JTa donde ascntarse. Obligados a avaruar ~in dc~canso. anduv1cron de un lado a 01ro durante casi doscicn1os a,los hasta que su dios les permiti6 dctenersc en una 1sla infestada de mosqu1tos que se hallaba en mcd,o de una laguna. Un agu,la p01ada sobre un cacto micntrns devoraba una scrpientc lcs sirvi6
de scnal para fiJar el cmpla1an11en10 de su cmdad. El aguila era el simbolo dcl sol quc lcs daba la vida ) cl c~1cto ,ignificaba los corazones humanos que cl dios rcclamaba para nv1r.
El MUNDO AZTECA
OCEANO PACIFICO
Las palabras senaladas con astcnsco • sc c,phcan en cl vocabulano.
8
EL PU EHtO AZTECA
Scgun los cspaiioles. los a7tccas cran allos y hicn propordonados. tenfa n el pclo liso y negro. )' la picl y los ojos
Teotihuac~n oscuros. lo temfan a la muenc y cran muy belicosos. habilcs y de cntcndimicnlo vivo.
Chatco
GOLFO DE MEXICO
• Tenochtitlan tztacchihua
t, Popocatepe·11t,..-,
EXPANSION Y CONQUISTA Tenochtitlan fue fundada hacia el ario 1325. Los Mlecas emplcaron los c,cn a,ios sigu,cntes en organizarse yen edificar su capital. quc cm1ba dividida en cualro barnos con manzanas para cada gropo de fomilias l gremios de artesanos. Como carcdan de tierra y de matcnas primas. las anecas comerciaban con las tribus vecinas l se casaban con rn,cmbros de sus fan11lms nobles. Pron to acabarfan por apodcrarsc tamb,tn de sus tierras. Hae,a el aria 1500 ya cran ducnos de 1odo cl valle. l renochtitl:in se convini6 en ccniro de un ruene poder n11luar. Veinte a1ios mas tardc. los anccas a su ,cz serian invadidos.
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l -w'. .JI —j .JI ""'' .JJ ~ """' . ~
l DE OOND E PROCEDE NUESTRA INFORMACION?
I De las ruemes arqucolog,cas. 11an s,do c,c,l ados numerosos empla7am,cntos aLtCeas. Han pasado 450 arios desde quc sc arru,naron los 1cmplos l sus rcstos se hallan ahorn a 7 u 8 metro, de profundidad. 2 De los c6d1ccs quc sc han conscrvado. Son las libros que uuliLaron los mismos allccas (aunquc mucho; rucron dcstruiclos. 11ucs cran considcrados «obra dcl diablo»J. 3 Despues de la conqu,sta se cscnb,cron libros en espafiol l en nahuai I Ila lcngua aLtccaJ sob re la Ida y las costumbres de los illtccas.
9
6
CRONOLOGiA
VALLE DE MEXICO
EUROPA
ASL V AFRI CA
ARTES V CIENCIA
Ai1os d.C. 1200
1200 Los aztecas peneuan en et valJe desde el none.
I 1204 Cuarta Cruzada.
1212 Desasue almohade en I batalla de Las Navas de Tolosa.
1215 Se tirma la Carta Magna.
1200 Los mongoles inician bajo Genghis Khan la conquista de China. Son 10s (mteos que logran en toda la histon.a invadir Ausja con 8xito en invierno.
1200 Torre del o,o de Sevilla.
1226 Muerte de San Francisco de Asis. Gran e'pcca de la construcci6n de catedraies. Universidades de OJdor<I y Cambridge.
1250
1250 El valle estaba pobla<lo por pequeiios grupos tribales que guerreaban cont,nuamente entre si.
1275 Marco Polo v1sita China, Kublai Khan gob,ema en China. Augedel lmperio 01omano.
1250 Se inicia el siglo de los grandes poetas italianos, especiaJmente Dan te y Petrarca. El latin es lengua erudita en Europa. arquileetura istilmica llega a la India.
1300
1325 Fecha tradicional de la fJndaCl6n de Tenochtitlafl.
1350 Son deseca<los k)s pantanos y se consttuyen calzadas con canates entre ellas
1306 Los judios son expulsados de Francia
1300 Come,cio con Africa a travOs de Onente Mectio
1300 Se inventan los lentes en Italia,
1350
1370 Muere Tenoch, el rey sacerdote de los aztecas, que s1guen somettdos a los tepanecas que contro&an el vane.
1350 La peste negra asota Europa y pfOvoca SU colapso econ__?llico.
13 0 La dinasha M ing on China, con una nueva capital en Be,j,ng (Pekin). China es el Estadomas avanzado y luerte del mundo. Expona seda y a1go<16n a Occidente.
1350 Los aztecas escriben SUS codices e inventan un compllcado calendario.
1400
1400 Son derrotados 10s tepanecas Los aztecas amptian sus territorios y se apoderan de to<lo el valle. Las demas tribus les pagan lnbuto. Gobierno de una anstocrac,a m•htar
1415 El ,ey de lnglaterra, Ennque IV, derrota a los franceses. 1431 Muerte de J uana de Arco. lnglaterra va petdiendo temtorios en Francia. Guerras de las Rosas en
lnglaterra.
1400 So ins1atm) et ,emo de Ben,11, en Africa. Vru:108 exploradores buscan ·una rota PO< ma, hac,a'ta lndoa y Cpina a trav&S d'el Caribe.
1400 Com,en:a el Renacimiento llahano. Muerte de Geoffrey Chaucer en lngtaterra.
1430 Se construye la IOrtaJeza de Zimbabwe en Africa. 1445 Gutenberg lmprimeel pnmer libro: la Biblia.
10
1450
1487 Es consagrado el gran templo de Tenochtitlan. Son sacnflcados muchos pos,one,os Expansi6n azteca hacia el sur para ocupar las her,as de '°s mayas.
1478 Pnmer zar ruso (Ivan Ill).
1492 Cnst6baJ Col6n descubre Am(!rica
1493 Reparto def Nuevo Mundo entre Espana y Portugal.
1498 vasco de Gamc1 hace el primer ..-1aJe de 1da y vuetta por mar en~,e Eorop9 y la fndia E:spana u'uc;:,a la conqolsia d~I nOlle oa Afr~.
1450 Epoca de los grandes artistas itatianos. Leonardo da Vinci. 1452-1519. Miguel Angel, 1475-1564. RaJael, 1483-1520.
1500
1500 Moctezuma II. elegodo Gran Portavoz.
1519 Cortes desembarca en MOx,co
Muene de Moctezuma
1500 lntr()<fucc,on <1e la cana de aA1Car el arroz V !OS CllflCOS en i;uropa desoe As•a
1500 lnttoducci6n de la palata en Europa desde Suramerica.
1520
1521 Es destruida Tenochhllan
1535 Mexico es gobernado por un virrey en nombre del rey de Espana Es re<:ons1n.iida Tcnochtitlarl como capital de Nueva Espana. Exponaci6n de plata a Europa
1550 1600
El. GOBIERNO OE LOS AZTECA Los aLteca, llegaron al Valle de MtJCO hacia cl aio 1200 d.C.. pcro doscicntos ai1os mas tardc ya se habian aducliado de cl.
l.os JCfcs a71ccas sc casaban con princcsas de ot ras 1ribus. Asi podian hac.:cr rcmo11 1ar su asccndcncia hasta cl v,cjo rcino de los t0l1ccas. quc habian gohcrnado en Mexico durame siglos.
Los az1ccas. sin cmhargo. imponfan su autoridad por la fucrza. de modo
1550 quc. cua ndo llcgaron los cspaMlcs.
Napoles. algunas 1rihus dom111adas se alegraron vanec.a. M,ian. de poder luchar JUnto a ellos comra la Constantmopla don11nac10n altcca . y Paris, uniCaS ciudades europeas con mas de 100.000 habrtantes
1557 ViCloria Espanola sobre Sos franceses en San Quintin.
1550 la dinasM Mughal en •a India Uegan a America ios pnmcros esclavos proccdcntcs do Africa
1550 En Alemanta se CITAS inventa el primer rek>j de En 1569. un misionero franciscano bOISIIIO. llamado Bernardino de Sahagun
cscrib,6 la Historia de las cosas de1559 Se introduce en N11el'O Espa,111 con ayuda de algunos Europa el nobles az1ecas. Las citas en letra tabaco desde ncgrita quc SC ,ncluycn en CSIC ICXIOAmE!rica.
es1an 1omadas de ese libro.
I I
Los aztecas ocuparon al principio las pcores tierras <lei va lle, perolCOMO llcgaron a hacerse casi autosuficientes en productos agricolas. Scgun aumcntaba la poblaci6n y creda la ciudad, necesi tabanOBTENIAN LOS mayores extensiones de tierra para los cultivos. Saearon tierra del
AZTECAS SUS Iago para formar las chinampas * que se describen mas adelante, y en otras zonas establecieron un sis tema de rotaci6n de los cultivosALIMENTOS? para aprovcchar la plcna capacidad productiva de los campos. A la cs taci6n seca del crccimicnto, en enero. la seguia un corto invierno frio, mientras que de mayo a octubre el tiempo era caluroso y humeclo. Todas las plantas cran hijas de la sagrada Madre Tierra.
H UERTOS FLOTANTES Las chi11a111(1{1S quc vcmos en esta pagina sc fonnaban apllando capas de ban-o y rc>10s vcgctalcs CMrnidos de los lagos poco profundos quc roclcaban la ciudad. Proporcionaban un suclo de cultivo fcrtil quc sc mantcnia trabado por las rafccs de los ~rboles y que pcnnilia cultivar a lo largo del afio flores l toda clase de hortalizas. como tomatcs. calabatas } judias. Los honclanos utihLaban los canales quc separaban aqucllas islas como si fueran caln1das.
El, ANO AGRICOLA El afio agricola estaba organi£ado muy m111uc1osamcn1c. Habra dlas seftalados para plantar y semhrar. para scgar} cosechar. Todos los agricultorcs cntregaban coma tributo una partc de >tis produetos y sc lcs mandaba traba_i,ir duramc111c y honrar a los dioses.
«Trabaja, siembra y plan/a Ills 6rl1oles. No te o /vides de Ill o/Jligaci611. No te desmllyes 11i le v11elvt1s perewso. pues si Clles en Ill pereza, 110 podras mantener a tu esposa y a tll
familia.»
Las mujercs )' los nino, sc cncargaban de escardar lo, campos y de cspantar los pajaros.
~
APEROS OE LAURANZA La estaca para plan tar era el instrumento basico del labrador aztcca. Adcmas de una aLada. era lo u111co que ncccsitaba para culu"ar y
recoger sus cosechas. No se uulizaban arados o vchiculos de rucdas. Lo c,cno es que hubo muy 1>0cos camb,os en cuanto a las tecnicas agricolas a lo largo de unos 5000 anos.
'~ . – – -):L~ ~\~
1'-'""":–;__. \ \
'
~ ~ ~~t EL MAIZ El mafz era cl alirnento mas ,rn portantc y basico. Lo comian zada \~' a diario en forma de t0rtillas • o gachas. Antes de plantar los granos. cl labrador hablaba a las scmillas y pcdfa a los ' ' dioscs una buena cosccha. Sin el mafL cl pueblo habrfa
Estacamucno de hambrc.. I labia dioscs cspccialmcnle cncargados para planta de velar por cl maf1. como Tlaloc•, quc proporcionaba la
lluvia y aseguraba la fcrtilidad de los carnpos. En cl dibujo inferior puedcs vcr a Tlaloc bcnd,ciendo la plan1a dcl mafz. rcprcscntada como su jovcn csposa que ticnc amc sf una cstaca 1>ara plan tar.
i.SADIAS QUE … ?
Unos 500 metros cuadrados de chinampa eran suficientcs para man1cncr a una persona.
Sc ncccsitaban unos 40 milloncs de kilogramos de mafL al ano para alimcntar a la capital de los aztccas.
Sc recogfan los cxcrcmcntos humanos y se utilizaban como abono. Estc sis1cma contribuia a mantener limpia la ciudad.
En ticmpos de scqufa aparccfan plagas de insectos y ratoncs. y la gcntc humilde se vendia a los nobles como esclavos con la cspcranza de conseguir ma.s alimentos.
13
lESTABAN BIEN ALIMENTADOS LOS AZTECAS?
La dicta de los aztccas se basaba en el mafL. Todavfa hoy los mcxicanos comcn tortillas. unas tortas finas hcchas con harina de mafz: pero en Liempos de los aztecas cl maiz era aun mas importame. Como no conocian ni la vaca ni la ovcja, apcnas llabia productos lacteos. Los mas pobrcs consumfan muy poca came. por lo quc las protcinas procedfan casi exclusivamentc de las judias. Esta dicta podra parcccr poco apctitasa. pcro era mu) sana. con mucho, productos vegetales que en aquclla cpoca no sc conocian fuera de Mexico. por ejemplo, los aguacatcs. En los banquctcs sc scrvfa came de pato. pavo o incluso perro.
— — — —–~ LA B£BIOA Como puede, ,er en d d1buJO de arnba. s61o lo, ma)orcs podian cmhriagarsc. I.a cmbnague7 sc cas11gaba sc,cramcntc: la pnmcra ,cz. se le rapaba la cabaa al culpable, pcro C10 no ,mpcdia que mucho, bcb1cra11. e,peciahnente en los banquetcs y fiestas. Con los granos clcl cacao• prcparaban una bcb1da mu) especial. no alcohohca. quc 111111aban los nobles. Jo,01ros la llamamos d1ocola1c.
FESTINES ,facuclw: .llbre tod(I, ten cuidado con la cc>mida y la bebida. No comas en exceso. Come y bebe despacio y mesuradame11te. No mules remo1•iendo los bocados ni reb11sca11do e11 la e.C:udilla.»
Pero habia quc dbfrutar clc la com,da. Un mcrcadcr ofrcci6 I00 pavo, ) 40 perros guisados a sus hucspcclcs. C omcr sin chilc~ .;rn 1.:omo ayunar.
14
— – — —–
lESTABAN BIEN ALIMENTADOS LOS AZTECAS?
La dicta de los aztccas sc basaba en cl maiz. Toda,ia hoy los me,icanos comen tortillas. unas tortas finas hechas con harina de rnaiz; pero en tiernpos de los a7tecas cl mai7 era aun mas i111pona111e. Como 110 conocian ni la 'aca ni la O'cja. apcnas habia productos lactcos. Los mas pobres consumian muy poca came. por lo quc las protcinas procedian casi e,clusivame111e de las judias. l:sta dicta podra parcccr poco apctitnsa, pero era mu} sana. con rnuchos productos vegetales que en aquclla cpoca no sc conocian rucra de Mexico. por ejemplo. los aguacatcs. En los banquctcs sc ~cnia came de pato. pa,o o incluso perro.
LA BEBIOA Como pucdc, ,er en cl d1buJo de arnba. ,clo k1' ma)orc, pcx.li:.-.n tmbn;.lgar,c . La cmbnagueL ..,i; ca,11gaba ,e,cramcntc: la pnmcra ,c,. ,c le rapaba la cahc,,1 al culp,1blc. pcro e-io no 1111pcd1a quc mucho, 11<:b,eran. cspec1almcme en lo, banquc1c,) fic,1a,. Con lo, grnno, de! cacao• preparaban una hchida mu) e,pec,al, no alrnhohca. quc tomaban lo, noble,. No,01ro, la ll,1mamth chocolate.
FESTINES «E>cuclw: .,obre todo. ten cuidado con la comida )' la bebida. No comas en exceso. Come y /Jebe despllciO y mesuradamente. No andes re11w1•ie11do los bocados ni reb11sca11do e11 ta escudilla.)I
Pero hab,a quc d1sfru1ar de la comida. Ln mercader ofrecio 100 parn,) 40 perros gu,sados a su, hue,pedc;. Comer ;in ch1lc, era como ayunar.
14
ALCOHOL
De una plania parccida a un cacto llamada maguc) c,1raian una bebtda alcoh61ica fucnc conocida por cl nombrc de p11/q11e •. I labia una diosa dcl magucy CU)OS h lJO~ ..:ran los Cuairoc1c1110, ConcJo,. Los a11ccas creian que lo, 111cl111duos nacidos en
Lim6n
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i. •
un dia dcl ConcJ0 1cnian mucha, L ' < prohah1lu.ladcs lie haccr-c alcoholtcos. ((~ '·
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l,, I
h1\\\li,llu"
LA RACION OIARIA Un muchacho clc docc atio, se comia do, torulla, al dia. Un palac10 ,lllcca necc,11aba 10.000 IOrl ilbs. IO CCSIOS
de 1oma1es . .JOcc,u» de chik,. 20 1ona, de ,al. 100 pa, o, y 140 kg de Judias al dla. para alimcnia r a unas 2.000 pcn,onas. Noc, de e~lrnfiar que algunas muJcrc, pa1aran 1oda su 'ida cocinando y preparando comidas.
15
RECETA .. DE t AS TORTIUAS •
450 g de han na I cucharada pcquclia tic 1c,,1dura en
poho. I cucharad.i JlC4uelia de sal I cucharada 1opcrJ Jc mantcca 175 ml de 41gua friit
Se mc,clan la harina. la Jc,adurn en polo. la ,al) J,1 ma111eca. quc adqu1cra c01N'1cnc1a de pan m1gado. Sc afladc agua ~ ,c rcmucvl.! ha~ta formar una n1a,,1. con la,quc "-IC haccn uocc bolas quc ,c c,1,cndcn ,obre una ,upcrfic1c cnharmad.i Sc pa,an muy r:!p1damcn1e 110r una plancha o sc fricn y ,c le; :niadc un rcllcno a ,oluntad.
Tamb1t:n hacian una, pa,tih crcmosas con hucvo, de inscc1os que rormaban una cspuma ,erdc en la , upcrficic de) Iago.
,,
lTENiAN LOS AZTECAS
FAMILIAS COMO
uAS NUESTRAS? . . – . • #if;;j' ' , ~~ I ,g-.., –
c ~ .31'
f ~ ., V. .
"
EL MATRIMONIO El 111a1rimonio era conccnado por los padre, con ayuda de un casamentcro, pcro los llOl'ios 1cnian que estar de acucrdo. Se suponia quc una muchacha no dcbia dar frtcilmcmc cl «si» m acep1ar la proposici6n de matrimonio a la primcra. Una vcL quc todo cstaba acorclado, sc celebraha
El matrimonio y la famil ia eran rcalidades fundamcntales en la vida de los azteeas. Sc ensalzaba cl valor guerrero de los hombres, y las mujercs eran igualmente honradas por criar a los hijos. Los hombres de clasc baja tcnian una sola esposa, pero los nobles solian tener varias. por ra7,ones polfticas. Los hijos casados vivian a veces con sus padres y abuelos. quc lcs daban conscjos y organizaban la vida Famil iar. A los famil iarcs politicos que vivfan en la casa sc lcs llamaba pacificadorcs, lo que indica que no sc hacfa caso de todos los consejos dados por los mayorcs. Los hijos sc solian casar cuando cumplfan veintc anos.
Arco y flechas
c,o,.,,;.,_t-
'; rm~ ("c'ffl~,..,~•"6-
f,-1~«"" / ·
g •…s"
Taparrabos
una fics1a ) se hacian regalos que consi,lian en mamo, ) maft. En cl dibujo de arnba sc vc al casamemcro llc,ando a sus cspaldas a· la novia hasta la casa de] novio. donde se anudaban sus ropas para simboli1ar cl mairimonio. Al cabo de cua1ro dias se celcbraba olra fiesta.
Cesto
16
EL PARTO Cuando nacia LIil 111110. los parientes visiiaban a los padres y lcs llevaban rcgalos y les daban consejos. Nada mas nacer. un astr61ogo prcdccia cl futuro dcl niM: despues lo ba1)aban y le ponran LIil nombre. A los ni,ios les rcgalaban m1 pequcfio escudo )' flechas: las nifias recibian un huso y utenstlios para tcJer. Varios niftos corrran alredcdor dcl rccicn nacido y gritahan su nombrc, coma Miauaxiuitl («Flor de MaiL Turqucsa»). Quauhc6atl («Aguila Scrpic11tc•) o Moctc7U111a («lracundo Selior»).
LAS TAREAS DEL HOGAR Las mujcrcs sc cncargaban de los quehaceres domesticos y enscfiaban a las 111nas a cocmar y tcjer. aunque 1uvieran sirvientas para mender a estas tarcas. Las muchachas tenian que ser obed1cmcs y puras: las madres debian ser cuidadosas )' trabajadoras. Padre y madre compartian por igual la 1area de enscnar a sus hijos que se esperaba de ellos cuando rueran ma)orcs. Un «buen• Chico se conservaba sano ) reli7. 1111cm ras quc un Chico •malo» estaba enfermi7o y enfadado. Los padres mculcaban a los hijos la obediencia ) el rcspcto a los mayores. Los hombres tenian ademas ciertos dcbcres ruera de sus casas. como trabajar en cl campo y luchar a las 6rdenes de sus amos.
-.
"
EL EMBARAZO
Una muJer cmbara7ada recibfa muchos consejos. Algunos eran muy acertados:
No levantes objetos pcsados. No salgas de noche por micdo a los esprritus. No mires cosas terrorificas ni de color rojo.
Cuando una muJcr rnorla de pano. era vcncracla co1110 una diosa.
17
— –
lVIVIAN EN CASAS
LOS AZTECAS?
• ~80CHTITLAN
«Cuando vimos tan grandes pueblos y ciudades construidos sobre las aguas y otras grandes ciudades en tierra firme, nos sentimos sobrecogidos… grandes torres y templos hechos de piedra se alzaban de/ agua. Algunos so/dados nuestros preguntaban si aque/lo que veiamos no serfa un sue,io.»
Asi escribia un cspa1iol al vcr por vez primera la capital azteca, Tenochtitlan, con sus lernplos y palacios pintados de brillantes colores. unidos entre sf por calzadas tan anchas quc por ellas podian marchar diez caballos de frente. Era la ciudad mas grandc quc jarnas habian visto.
El nombre de la ciuclad sigmfica «Plata dcl Fruto de la Chumbera». Estaha organizada en 1orno a la ccrca quc rodcaba cl area dcl tcmplo mayor y en ella habian sido construidos numerosos palacios. banos. 1ribunalcs. un zool6gico y una universidad. A las afueras de la ciudad, los agricul1orcs levaniaban chotas clc 1cmporada. pero los edificios perrnanentes se hacian de una picdra blanda quc s.; cortaba facilrncnte en bloques. Luego se cmplastecfan y r :.11aban los muros.
Toldo sabre el tejado para el verano
Patro con estanque
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I .AS CASAS El pueblo llano vivia en casas de una sola habitaci6n con una puerta abiena en un !ado. La azo1ca sc utilizaba como una habitacion mas durnnte el verano. Solo los nobles poclfan tcncr casas de dos pisos, edificadas en 1orno a un patio central con tm cstanquc y gran canudad de Hores. quc gus1aban mucho a los aztecas. Cada sector de la ciudad estaba dividido en barrios llarnados calp11/li • quc contaban con su propia escuela, templo y «alcaldfa».
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MOBILIARH)
Las casas dispon fan de muy pocos rnucblcs. Todos sc scntaban l dormian sobre cs1cras de ca1ias con una sola manta de algod6n. mcluso en invierno. Como puede ,·crse en cl dibujo de la pagina 16 <Jue reprcscnta una boda, solo los va roncs nobles podfan sen1a,·sc ,obre taburctcs sin patas. Las ropas sc guardaban en cofrcs de madera y en codas las casas habia un 1elar. Las mujeres conrcccionaban y dccoraban a mano recip1cn1cs como los de la derecha. Las copas eran para beber pu lquc *.
EL HOGAR
En cl Centro de la casa sc cncon1raba mstalado cl hogar ,agrado. cuyo fuego nunca dehfa apagarsc. Alrcdcdor del hogar sc hallaban d1spucstas ires p1edras sagradas. fonnando un
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Hogar
1riangulo. ) sobrc cllas un disco de ceramica para cocinar. Habia pcquciias cap,llas en honor a otros dioscs como htlihon. pro1ec1or de los miios micn1ras dormfan.) Xilonen. que , claba por <u salud.
Piedra molar
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LA VIDA COTIDIANA
La gente pasaba mucho tiempo al aire libre: pero, al eaer la noche, todos sc iban a dormir. Onicame111c los sacerdotcs salian de nochc, por nucdo a los malos cspfritu. En las casas no habfa vcntanas) las puenas no tenian cerrojos. ya quc el robo era algo maudito (los ladroncs podfan ser vcnd,dos como csda"os). Habra buenos sci' icio~ san11anos ptiblicos )' todos estaban obligados a mantener limp,as y barridas las calles. Las mujeres cran las encargadas de barrcr cl 1111crior de las casas. l:n el d1bujo de la izquicrda vcmos a una mujer quc ha castigado a su hija a harrcr de noche.
POBLACI6N
l:n cl ano 1500. Tenochtitlan era mas grande quc cualquier ciudad curopca > tenfa una poblacion de unas 250.000 persona; y una ex1cns16n cntre 12 ) 15 kil6me1ros cuadrados.
1:1 'allc tcnia en 101al una poblaci6n cn1re uno } dos millones de habitames.
Muchas casas tcnran baiios de vapor semcjantes a nuestras saunas: es10 ayudaba a mantcncr sana a la poblaci6n.
•IBAN LOS NIN-OS Era muy importante que los nifios aprendieran a componarse (, debiclamente. Cuando cumplian cuatro afios, avudaban a acarrear
y LAS NINAS agua y leiia para el fuego. A los seis aiios ya a'prendian a pescar y a llcvar mcrcancias al mercado. Las niiias aprcndfan a rcalizar las
A LA ESCUELA? tarcas de la casa. Empczaban a hilar a los cuatro aiios y a cocinar
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LAS TAR.EAS ESCOLARES A lo, quince a,ios. los muchachos ingrcsaban en el calmecac o en el c111cacal/1. El calmemc cstaba d1ng1do por saccrdotcs quc cnsc,iaban religion y conocimicntos administrati'OS. ;obrc todo a lo, muchachos de las famihas nobles. El c111cacalli era parecido a una academia militar. Todos los muchachos sc cntrcnaban para la guerra. I labia una gran rivalidad entre las distintas cscuelas y. muchas vccc;. 1crm,naban por pclcarsc unas con otrns. rambicn todos los muchachos tcnian quc trabaJar clurameme en el ca111po. Y los alu111nos del calmecac tenian otros deberes suple111entarios a la ,·cz quc rcdbian lcccioncs de historia, astrono111ia. pocsra y escritu ra, a la que los altcca; daban mucha ,mportancia.
a los docc. Su cducaci6n consistia principalmentc en una preparaci6n para el matrimonio. aunque las hijas de los nobles pasaban un aiio. al cumpl ir los doce o los trecc. ayudando en el tcmplo. y algunas profesaban como saccrdotisas.
EL HJLADO muchacha manuene tense el telar con
«Dedicate a las tareas propiamen1e su prop,o cucrpo. Las muJcrcs femeninas. la rueca y la lanzadera». panicipaban muy poco en la vida En este dibujo puedes ver c6mo una ptiblica. pcro cjcrdan gran influencia.
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ELCllLMECAC En cl calmecac. cuando los 111uchad1os sc dormian o no prestaban la debida a1enci611. como castigo Jes pinchaban con cspina, de magucy. Los profcsorcs eran ~accrdolcs o gucrrcrrn,. Todos los hiJos de familias nobles aprcndian a pelea r:
«Lo Jle11aban a los c(nnbates … , le e11serlt1/)(m cwnpli<lameme J' le demostraba11 como pot/fa capturar a LIii µrisi(nwro».
Los saccrdo1cs asccndia 11 de categorfa si caplU rnban muchos prisioncros y rcc,bian lo, mi.mos honorc, quc los dcm:I~ gucrrcros. l:n cl dibujo de ahajo pucdes ver dos sacerdotcs con sus prisioncro,.
LOS CASTIGOS Sc inculcaba a los ninos quc no fucra n pcrezosos )' se Jes prcvenia contra los vicios dcl jucgo y cl hurto. la charlawncria y la cmbriaguc,. Habfa castigos muy dolorosos: en el dibujo de la azqu icrda puedcs ver a un chic.:o de once anos (los pun1os quc figuran sobre su cabcza cxpresan la edad quc 11cnc) obligado a rcspirar humo pican1c de chilc y una chica cs
amcnatada con el mismo caMigo.
BUENOS MODAl,ES
llabfa normas y rcglas 1)ara todo:
No comas dcp,isa ni IC chupcs los labios.
No cstornudcs ni cscupas sobrc la com ida de los demas.
No 1ires b comida sobre la ropa de los dcmas.
No seas desalifiado en cl vestir ni <.:a111111cs pisandolc cl manlO.
No le buries de los ancianos. los en fcrmos o los hsiados.
Comp6r1a1c sicmprc con dignidad.
LA ESCRITURA La cscmura era una iarca propia de unos J>Ocos espccialistas y muy dificil de aprcndcr. No cxislia cl alfabcto. En su lugar. utililaban muchos dibuJOS llamados glifos quc vcn fan a ser como clavcs para avcriguar cl ~cntido complcto. de modo quc cl cscriba neccsitaba conocer mucha informaci6n co111plcrncn1aria quc. de hccho. no cstaba pucsta por cscri10. Algunos glifos eran idcogramas (en quc una partc sign ifica cl 1odo). Por cjcmplo. unas hucllas de pies signiticaban viajar y un rollo an Le la boca cxprcsaba la idea de hablar.
PICTOGRAMAS •
-~ I ~
Cuch1llo~ Cairnan de pedernal ·
I~ ·-' .:· I ;. . ' .
Serpiente ~ -~·;Cana '
' ' – '
Conejo Muerte
Aguila Mono
Ciervo
0, '
'
Buitre Movimiento
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Aunque la base de la economfa azleca era la agricultura. lERAN en el campo se trabajaba tan a conciencia y con tan buenos rcndimientos que no era preciso que toclo el munclo se declicaraTRABAJADORES a obtcncr su sustcnto de la tierra. Habfa otras profesiones,
LOS AZTECAS? especialmcnte en cl campo de las artes y los oficios. la polftica, el c ; . ejercito y el sacerdocio. Otro grupo de personas muy importantc
era cl de los comerciantes y mercacleres, que organizaban Lodos los _ ~ mcrcados y que ocupaban un pucsto cles tacado en la sociecladl• () !ft/'. j_ . aztcca. ~ =======·~::::::::::'.'.:==
LOS ARTESANOS Los artcsanos eslaban organizados en grcmios para protcgcr sus intcrcscs. Ocupaban barrios p,·opios clcntro de la ciudad y ,us conocimienlos se transmilian de padres a h1jos. lanlo varones como mujcrcs. En cl clibujo de la dcrccha sc vc a un muchacho aprcnd,cndo a labrar picdra. cincclar y haccr adorno, de plumas. En cl de la izquicrda pucdcs vcr como sc confcccionaba un 1ocado clc plumas. Los padres pedian a los dioscs quc su hija fucra «luibil en el 1e1iido…. C(lpaz de co/orear la pie! tie conejo … , teriir plumas …. dis1i11g11ir bien /os co/ores para aplicarlos a s11s p/11111as». Habia LIil cuidadoso reparto del trahajo. Las mujcrc~ ~clcccionaban y lc1iian las plumas, los nifios hacran cl pcgmncnto, )' los hombres prcparnhan cl soporic y le pcgaban Ins plumas.
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LOS JIERCADERES Yacatecuhlli. el ~senor NanL•. era cl d,os de los mcrcadcrcs. En cl d,buJO de la dcrecha aparece Uc,·ando una encruciJada marcada con cuatro hucllas de pies. para s1mbolizar los ,,aJc, largo,. De1ras dcl dios sc ,c un mercader con su bas16n y su abanico. llc,ando paJaros quctzalcs •. Los mercaderes ricos tenian bucn cuidado de no mostrar en p(1blico sus riqucLaS ) s1cmprc ,ban ,cstidos con scncille1.
LOS ORFEBRES Los orfcbrcs ) pla1cros hacian JO) as ) obJetos preciosos para los nobles. tales como paJaros de alas mo, lies e mcluso monos danLantcs. El oro ) la plata sc c,trafan de las montarias ) llegaban a la c1udad a traves del comcrcro o como 1nbu10s •. Todas las p,czas de este upo eran tinicas. pues rompfan las moldcs en quc sc habia ,crudo el metal. El pde era mas aprcciado que el oro ) los buenos lapidarios eran mu) csumados. Los orfebres tcnian rnmb,tn su rrop,o dios. Xipc Tmec (er pagina ~9).
,a todos los anecas 1rabapban todo lo b1en que se esperaba de ellos. Sabcmos quc habia agncul1orcs pcre1osos. artesanos descuidados. mercaderes tramposos } comen:iantes cmbus1cros. Sabcmos tamb,en quc sc aduheraban las almendras de cacao. se cscondia algodOn de mala calidad
L1 LOS JORNALES
:-lo se conocia la moncda. Los aLtecas usaban los granos de cacao para los 1111cn:amb1os cuando era necesano. En las palacios habia arte,anos que tmbaJaban a ucmpo completo. /me, de poncrse a la 1area. se le, pagaba IO cargas de limones. IO cargas de JUdias. 2 cargas de chrles. cacao ) algod6n. Cuando termrnaban su trabajo rccibian en pago 2 esclmos. 2 cargas de cacao. va"Jas. sal } mas ,estidos.
Plumas de quetzal
dentro de las balas del m:is ,alioso y se ,cndian chrlcs mohosos. aunquc cqas practicas se consideraban ilegalcs. Mabfa otras profes,ones en aquella sociedad compiCJa ) burocrauzada. como las de medico. escnba o astr61ogo. Todos sc dcd1caban a algun trabaJO.Piel de jaguar
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lQUE HACIAN LOS AZTECAS EN SUS RATOS
LIBRES?
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Aunque se insistia constantementc en las vi rtudes del trabajo, parccc que quedaba ticmpo libre para dcdicarlo a juegos. fies tas y cclebraciones religiosas. La vida podia ser dura e incierta, por lo que era prcciso honrar constantemente a los dioses con sacrificios y accioncs de gracias. Cada trcs semanas sc cclebraban fiestas fijas y se daban dias de asueto para las diferentcs profcsioncs. Los mcrcadcres orrecian los banquetes mas suntuosos. con canutos de tabaco (dcsconocido en Europa). manjarcs. chocolate y unos hongos cspeciales quc producian alucinacioncs a los invitados.
EL PARCHIS AZTECA El patolli era uno de los cn1rc1c11i1111e111os m;h popularcs y sc jugaba de mancrn parccida al parchis. Scrvian <k dados cuatro granos de cacao con pumo, blanco, pmiados wmo ntimcros. Cada jugador 1110 ia seis picdra, a modo de fichas a lo largo dcl iablero. llabfa Jugadorcs profcsionales que llcvaban sus dados envucl tos en un pano y !cs hablaban antes de c.1da ran ida.
Los jugadorcs sc aposrnb,111 1odo en sus panic.las: ,·cs1idos. plurnas. campos. casas c incluso sus prop,os hijos. Algunos llegahan a , cndcrsc como csclavos cuando ,·a no le, quedaha nada quc pcrdcr.
Tambor bltonal
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IAlfUSICA tn las fiestas y en los banquctcs era indispensable la musica. quc se acompa,iaba de una ruerte percusi6n ritmica. ti tepona~tli era 1111 tambor buonal con parches en los dos c,1rcmos para producir el sonido. Los bailarinc!) mantcnian cl ritmo con a}uda de "lba1os. a la 1e7 que los ni1ios tocaban ~autas scncillas y ocarinas•. Todos d1>fru1aban cantando ) bailando.
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DRAMAS Y POEMAS Los aLtccas tenlan una amplia 1radicion de rcpresentacioncs teatrales. poemas} relatos lcgendarios. Los ninos aprendian de mcmoria canc1011cs ) lc)cndas populares. Los mas profundos tcmorcs ) las nuis ahas espera,l7a, de las pcrsonas ,c e,prcsaban mediante la poesia:
<'l••• cada primavera nc>s trae la ,·ida. Nos a/ivia el dorado mafz. el mai: rosado 110s teje una guirnalda. De esto estamos seguros: /os cora:ones de ,westros amigos son sinceros».
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ELHATCHLJ
Siglos antes de la llegada de los utccas )a sc pracucaba cl lw1chh o 1/111chli. un Juego de pclota. Se neccsitaba un pa1io que podia tener hasla 60 mclros de largo. con un aro en cl mcd,o de los muros que ftanqueaban cada lado. Casi 1odos los 1emplos tcnian ancJO un Juego de pclo1a. ) los panidos 1enian un significado n1ual. uis Jugadorcs uuhLaban un,camcnte la, cadera, ) las rod1llas para lan1ar la pclma a tra,es de los aros. La pelota era Ian dura quc los Jugadorcs 1cnlan quc lle,ar unos prmcc1ores almohadillados en las caderas. pcro a ,cccs sc producian COlllUSIOllCS graves C mclu,o algun Jugador resuhaha mueno.
FIESTAS Y VACACIONES
Toda, las ma,ianas hahia que dar gracias a los dimes por cl don de la 1ida. ofrccicndolcs dos gotas de sangrc que sc dcrrarnaban pmchandosc las orejas.
En julio ) agos10 se celebraba un fes1ival de las florcs: en scpliembrc llegaban las cosechas ) se hrnpiaban las casas ) lo, 1emplos. Toda fiesla componaba sacnfic,os humanos. mclu<o de 1111ios.
Sc dcd1caba ucmpo a la caza ) la pcsca. para conscgu,r ahmemos ~ como dis1rncc1on.
Tamb,cn era mu) popular la jardineria. ) no fahaban personas que prderian !)Cntar~c a charlar.
Ocarina
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La clase social a la que penenecia un aztcca sc distingufa por sulCOMO manera de vestir y por el peinado. Era un dclilo grave ponersc prcndas propias de una clase superior. Los plcbcyos llcvabanVESTIAN ,·cstidos hcchos con libra de ma1mcv: solo los nobles tenian
LOS dcrecho a usar cl algod6n. pero ~
este .
pri, ilegio Jes podia ser quitado AZTECAS? si quebrantaban la ley. Las prendas basicas de todos los varones
F"- -.— — -·–.. era un sencillo taparrabos anudado por dclantc y un mamo atado.. ;l al hombro. C~anto mas clc,·ado era cl rango dcl individuo. mas , 6~ 0& , costosos y mcJor adornados cran sus 1·cst1dos.t. ,f!E]6
. ' – LOS PENACHOS
El penacho que ,es aqui pudo penenecer al m,smo cmpcrador locteLuma. Est,l
hccho con plumas , erdes de que11al ) a7Ules de counga. ademas de oro ) turqucsJs. Sabcmos quc
al re) de Espar)a le em,aron muchos presentcs ..,untuo,os. ) fstc
pudo ser uno de ellos.
JOYAS co~ TURQUESAS Este colgantc pudo wmb,Cn fomiar pane del 1e,oro entregado a los conqumadores espafioles. La serpiente de dos cabezas era un simbolo dcl d1os de la llula, Tlaloc. Esta JO)a est.! hccha de madcra hucca para que pese menos: se lle1aha como pane de un tocado o como colgante. bta cub1erta de un mosmco de turquesa, con rncrus1ac,oncs de concha roJa ) blanca. Los az1,x-as creian que el ane de [ahricar estas Joya era un don del dios Q.uetLalcoatl.
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LA INDUMENTARlA fEMENINA EL ORO Y EL JADE Las muJeres lle,aban unas faldas rectas que les llegaban por debajo de las rod1llas ) . cnc1ma. umis tu meas a modo de ponchos quc con frecucncia estaban bordadas ) llevaban flecos. Aqui pucdc; ,er una 1magcn de la Senora Prcc1oso Vcrdor. la jo,cn esposa <lei d10s llaloc. sentada sobre stis tob1llos. eomo hacian todas las muJeres a11ccas. El pelo le cac suelto por debajo del tocado. pero t'On dos 1renLaS a la c,palda. Las muJercs casadas solian lle,ar las trenzas sujetas alrcdedor de la cabcLa ) con las puntas hacia arriba. corno cuernecillos. Varones ) mujeres se pintaban la cara.
Los aztecas preferian cl jade al oro. ya que cl 'Crdc era cl color ideal. pero 'aroncs ) mujcres lucran pcndientcs ~ narigueras de oro. Los nobles ricos incluso se pcrforaban el labio inferior para colgarsc un pendiemc.
/o cstaban perm,udos semeJantes lujos a los plebeyos. pero a 1odos los ni1ios recien nacidos Jes regalaban un pcqucno colgantc de jade como amuleto de la buena suerte.
Orejera Nariguera
~\ 11/)/j
Nariguera
Pendiente de labio
MANTOS Solo los nobles l qu,enes LUvi era n heridas de guerra en las p1ernas podian lie, ar mantos largos qucHIGIENE llegaran por debajo de las rodillas. Quien faltaba a esta norma podia induso scr castigado con la pcna
Las muchachas se baiiaban. pcinaban ) ungian el pelo. de muerte. El personaJe representado Lo, sacerdotes no sc l,Mtban 111 conaban cl pclo. por lo en el dibujo de la dcrecha cs un quc estaba lleno de parasitos ) olia mal. Los muchachos comandante de gucrra ) 1icncllevaban Llll largo mech6n de pclo en la coromlla ha,ta pleno derecho a llevar su manta quc capturaban a su primer pris1oncro. Era un msulto largo y el tocado de plumas de llamar a alguicn «gran mechon de pelo en la coronilla». quettal en la cabcza. como scfial Las muchachas debian tcner mucho cuidado de no de que ha capturado muchos cnscnar la, rod1llas o los pecho, al caminar. prb ioneros ) ha rcalILado ,altcntcs
ha1a1ias de guerra.
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lA QUE DIOSES
ADORABAN
LOS AZTECAS?
I
Podemos describir los ri tos y ceremonias de los aztecas. pero no conocemos bien sus ideas at respecw. Habia un dios para cada si1uaci6n de la exis tencia humana. Algunos dioscs tcnian diversos nombrcs y funciones. Desde muy antiguo, los aztccas creyeron que habian cxistido cuatro mundos antcriores y los habfan dcstruido los jaguares. el vicnto. cl fuego y el agua. Creian 1ambien que su mundo. que era el quinto. scrfa cles1ruido por tcrrcmotos y quc solo los sacrificios humanos poclfan asegurar quc cl sol siguiera sal iendo todos los dfas.
l,A TIERRA MADRE
Aqui ,cs una de las dos cstatuas quc habfa en cl gran 1cmplo de Tenochtitlan. Fue hallada en 1824 enterrada delante de la catcdral «modema». Reprcscnta a Coatlicue. «Gran Seliora de la Falda de Scrpientes} Tierra Madre». SimboliLa las pcsadumbrcs de la ,·ida con su falda de serpicntcs (pobrezal. sus garras (ca,ar). cl collar de manos ) coraLones Clos sufrim,cntos de la v,da) ) una cala,cra que recucrda quc todos han de volvcr a la ticrra.
TEZCATLIPOCA
Sc le rcconoce por fal1arle un p,c que fue clc,orado por cl monstruo de la ticrra cuando sacaba cl mundo de las aguas. antes de que fueran crcados los seres humanos. Es cl «tspcjo Hu mcante». el )ado oscuro <.le la vida. cl dios de l.t magia. la guerra ) la muerte. en,arzado en un combate mterminable con Quc11alc6atl. Los dos jumos simboham los dos aspcc1os de la na1urale1a humana.
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PERCHAS PARA CALAVERAS En los 1cmplos habfa unas pcrchas para cala,eras. llamadas 1:ompamli ', a la 11s1a de todos. Las cala1eras cran cnsanadas en unas , aras dcspu~s de lo, sacnfic,os y ,c depban asr para que se pudricran. Sc dccia quc s61o una de aqucllas ,ara, tenra cnsartadas mas de I 0.000 calaveras. Pero los aLlccas crcian quc "" aqucllo, ,acrific,os ,c acabarfa cl rnundo.
XJP£ TOT£C El d1os de la pruna,cra ) de la 11da renm ada era a la ve1 el dios de] dolor. Lle1.1 una p1cl humana porque en su fiesta era dcsollado 11vo un pns1oncro } los sacerdotes se ponfan su p1cl para motrar cOmo la vida nuc,a brota de la 11ep. T,cne lo, OJOS ccrrados como Lill muerto } sujctaba en ticmpos una matmca en cada mano.
Percha para calaveras
LUGAR£S DE CULTO Los a7lecas cons1ruian 1ernplo, en honor de tocla, ,us d1vm1dades. desde cl crcador} cl d1os de la fcruhdad. que cran ,cncrados en 1odo cl E,tado. h.ista los d,o,cs locales de los antcnorc, habuantcs del 1allc que los a7lcca, habfan adoptado como suyos. En todas la, casa, habia un pcque~o altar. pcro en la, grandes fcst111dades acudian todos al templo para partic1par en cl culto pubhco. Los ,acnfic,o, sc hacran en la cumbrc de la, p,ramide, • cscalonadas. donllc 1odos podran Crlos.
DIOSES
Los d,o,cs sc d1st1ngulan por sus 1ocaclos ) colorc, propios.
Xochipilli. Principe de las norc,. thos de la aurora. dcl juego de pclota. de la dan1a } del amor. Represemado como un ser etcmamentc io1cn. calzado con sandahas de Rores } p,niado de roJo.
Huehueteotl. D,os dcl fuego: sc le rcpre,cnta como un anciano desdentado.
Tloque Nabuaque. Senor de todas las co,as. fucrza suprema tirnca. masculino} femenino a la 1·e1.
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iCREIA~N Habfa una vida mas al la de la muene. pero lo que sucedicra en la .., otra vida dcpendia mas de c6mo hubiera mueno la persona que de
LOS AZTECAS c6mo hubicra vivido. Sc cclcbraban funcrales especiales en honor de las pcrsonas «afortunadas», como los mcrcadercs. los que
EN LA OTRA perecfan ahogaclos, las mujcres muertas de parto y sobrc todo los guerreros y los que eran sacrificados. Los cucrpos de la gentc
VIDA? corricntc cran incincrados y se creia quc iban a Mictlan•. elrJ· Isombrio mundo inferior. al quc SC llcgaba dcspues de un largot£, .£ .. , i,jcplagadodo,,t,st;o,los
EL OJOS QUE17.ALC6ATL Esw rn~scara hccha de turquesas y nacar con ,111a scrpicntc aLul y verdc cnroscada alrededor de los OJOS cs cl dlOS Quetnlcoatl. Era el senor de la vida. cl creador de los hombres, senor de los v1cn1os y fucntc de la fecund1dad )' la vida nucva. Su nombrc significa a la vcz «ernplumado» y «serricn1c preciosa». Las lcycndas
aztccas cucntan quc vivi6 como rcy sobre la tierra, pero sc sacrific6 por su pueblo y de cstc rnodo sc convirti6 en la estrella matutina y la fucmc de la vida. Es el !ado conscicntc e rnteligcntc de los seres humanos. muy distinto de los cspiruus malignos quc. a ,·cccs. regresan del reino de los muertos para raptar a los niiios o atcrrorizarlos con pesadillas.
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LOS FUNERAi.ES DE UN MERCAOER
El chbujo clc abajo rcprcscn1a a un mercader que acaha de mori r. Su cucrpo ha sido cuidadosamcntc cmuclio con 1cla1 y dccorndo con plumas y adornrn, de papcl. Le rodcan sus pcrtcncnc,a,: oro, picdras preciosa,, plumas y picks de jaguar. rO(lo cllo cs cntcrrado con su cucrpo. Sus amigo, caman y cclcbran una gran fiesta en su honor.
Los a71ccas crcian quc cl mundo sc mantcnia vivo gracia'> a los sacnficios humanos. Lo, dio1cs ncccsitahan sangre.
El mctodo habitual de practicar cl sacriricio consistia en armm.:ar cl coraL6n a la vfctima.
Los ninos cran ahogados y sus lagrimas se considcraban un buen
DESPUES DE LA MUERTE Este cuchillo para sacrillcar esta hccho de obsidiana •. El mango rcprcscnta a un gucrrcro pcrtcnccicntc a la orclen de los Caballeros Aguila. Los aztccas creian quc los gucrrcros muertos y las victimas sacriticadas regresaban a la licrra al cabo de <.:uatro diHs <.:onvcrtidos en colibric!> o mariposas.
El. S EN OR D E LOS MUERTOS En ,u viaJc hac,a Mictla11. cl mundo inferior. los 111ucr1os atracsahan el 1 icnto de cuchillos quc arrancaha toda la carnc de sus hucsos. En la cone dcl se1ior de los 111uer1 os hahia esquelcto, ivi..:nlc~ qut: thmLaban y hacfan fiesrns. En Mexico se celehra todavia el dia de los difuntos en quc todo sc adorna con c,dawras ) csquclctos.
EL SACRIFICIO
presagio de que llovcria en primavera. aunquc duran1c c,ta cstac,on sicmprc llovia. Duran te cl festival dcl maiL era dccapitada una muchacha. y su sa ngrc auguraha una huena cosecha. Nadie sabiH quiCn iba a scr clcgida para d sacrificio. Algunos prisioneros cran drogados y lucgo dcsollados vivos.
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El centro dcl gobicrno aztcca era la ciuclad es taclo regida por unlQUIEN gran portavoz. Hacia el afo 1500, la ciudad de Tenochtitlan era la mas importante y llldas las demas le pagaban tributo. /I principio. GOBERNABA A cl gran portavoz era elegido por todos los aztccas, pcro con cl
LOS AZTECAS? ticmpo cste cargo qued6 en posesi6n de una sola familia, de la quc se clegia el mcjor candicla to. La socieclad azteca era como una pin1micle. con el gran portavoz como gobcrnantc en la cima y mucilos esclavos en la base.!lfir1 ~
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NOBLES Y PLEBEYOS La divisi6n social m.1s imponantc era la 4uc scparaba a subir de catcgoria social). Los plcbeyos cran llamados nobles y plebcyos. Esta conclicion venfa detcrminada por cl 111acehualli*, «los clegidos», y estaban organizados en clanes nacimiento, pues se consideraban nobles los desccndien1es o calpulli (quc significa «casa granclc»J, Cada ca/pul/i poscfa por pane de padre o de madrc del primer gobernantc sus tierras, que cran asignadas a cada uno de sus a7teca y, a traves de es1e, del rlios Que11alc6atl. En cl micmbros. Los csclavos hacian casi todo el trabajo duro en dibujo cstan rcprcsen taclos tres oliciales militares de alto las posesiones de los nobles. Solfan scr pris,oncros de rango (el valor dcmostraclo en las batallas era un mcdio de gucrra. criminales o jugadores tram1)()sos.
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JI Chimalpopoca LOS GRANDES PORTAVOCES Cada gran portavo1 1enla una forma propia de escribir su nombrc. Aquf 1ienes los nombrcs de todos los gobcrnamcs a11ccas. El de Moctezuma era una cabeza coronada. micntras que SU lio AhuitLOtl !Cilia como sfmbolo LI il
animal de cola larga. Lo puedcs ver tambien sobre cl relieve de picdra representado abaJO. quc 1>0dria ser pane de su sarc6fogo.
SERVlDORES DEL IMPERJO «Todo estaba tan perfectameme es1ip11/ado que ni el mas ligero pormenor se dejaba al a;;ar. Hah[a hasta f11ncionarios encargados de ba"er».
Pero 1odos eran mantcnidos por cl Esiado. por lo quc era prcciso crnprcndcr gucrras cada ve1 mas frccuentes para alimentarlo, y vcs1irlos. Sc form6 asf un circulo vicioso. La riqueza servla para honrar a los dioscs. que por cllo Olorgaban nucvas victorias, lo quc a su ve1 sign ificaba ccremonias mas fas1uosas. No cs de exlra1iar que cl simbolo de la victoria fucra un tcmplo dcrrumbandose envueho en llamas.
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Moclezuma I
LAS LEYES -@"li
Cada c1Udad cstado tcnfa sus propios trihunales de jus1icia: los jueccs 1cnfan que ser absolutamcntc honrados ) no accptar nunca sobornos. Mcntir a un 1ribunal era eomo mcntir a las dioscs. El castigo era la mucrtc. Cualquiera podfa comparcccr a111e un tribunal. pcro los nobles solfan rccibir penas mas duras porquc sc suponia que dcbian 1encr mas conocimicnto y dar buen ejemplo. Habia pcna de mucne para los rccaudadorcs de tributos que cxigfan mas de lo debido y para los que desobedecian en cl combatc.
•••• Tizoc
Axayacatl
ltzc6atl
. ~ Cuauhtemoc~OoO
DEBERES DEL GOBERNANTE El gobcrna111c era responsable de su pueblo y del'cnsor de su dudad, pcro cada nucvo rcmado sc mauguraba con una gucrra. El gran 1x>rtavoz tenfa quc cap1urar muchos pns,oncros para sacnficarlos a los dioses con motivo de su coronaci6n. AhuitLotl fuc un gran gucrrcro quc c,tc11d16 los lfn111es <lei impcno y cmbclleci6 cl Gran Templo. Durante la consagraci6n de un nucvo 1emplo a los dioscs hi?O sacrificar mas de 4.000 prisioncros.
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Los aztecas no tcnian terminos cspccialcs para dcsignar cl artc olHABIA los artistas. Las habilidadcs artisticas cran un don divino y el arteARTISTAS cstaba al scrvicio de los dioses. Todo, admiraban a los anistas. } ENTRE era normal que todo, recibieran alguna formaci6n arlfstica. incluso
LOS AZTECAS? los nobles. Eran muchos los que no sabian leer } cscribir. por lo que las ideas. habitualmente rcligiosas. habian de cxprcsarsc a traves de la cscuhura, la pintura y los sfmbolos. Como la gloria pcrlcnccia a los dioscs. no a lo, hombres. los artistas no firmaban sus obras. –
ESCUI.TURAS COLOSALES Nad,c amcs de los a11ecas habia hecho tantas cscultura~ } tan ~ramie~. tlgun,h ,uperaban lo, dos metros de altura ) sc hallaban en lo, tcmplo,. T0<lo, los diose, 1enian sus ,imbolos ) colorcs cspcdficos. pero ho) rcsulla dificil iden1ificar a muchos de ellos pucs la p1111ura ha dcsaparccido. Tlaloc cs f:icil de rcconoccr por su boca ) ,u, dicmc,.
LOS CHACMOOl,S Los a,1cca, 1omaron mucha, iradic,one, anist1cas de Ins pueblos que habian ,hido "en cl mile ilntcs quc cllos. cspcc1almcntc de los tolt1.-ca,. <1uc habian gobcmado s1glos atrds. Fsrn, fig.urns de piedra son llamadas rlwc11101>l, ) aparecian colocadas a la cntrada de los lcmplos toltccas o aLlcc,ts. El rcc,p1cn1c quc apo)an sobre cl estomago sen ia para recibir la ,angrc ) las ofrcndas quc sc hacian a TIAloc. <.hos de In lluvia. Origuwlmcntc cstaban rinladas de colores ,·ims, al igual quc los templc>S ) las casa~.
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FlGURAS DE ANIMALES I,OS TRABAJOS CON PLUMAS La serpicme cs cl animal ma~ reprcscnlado en cl artc ~nec:a y era considcrada uno de los ,mis sagraclos. pucs cstaha a~odada a la licrra y la fecundiclad. asf corno a lo, dioses. Su nombrc. coat!. forma partc de los de numerosos dio,cs. Algunas rcprc~cntacioncs son mu) naturalisLa:-,. pero 01ra, son lllll) s1111b6licas, wmo las cabczas de scrpicntc csculp1clas sobrc los rnuros c,1criores de los 1emplos y en lo alto clc las cmpinadas cscah;ra~. Sc criaban :scrpicnlC!-1 viva:-, en prra, llcnas de pluma,.
LOS PJNTORES
El tral->aJO con plumas era una artesania traclicional. Sc utilizaban lo mismo la~ de ave~ COl11U11CS, COlllO el pa,o o la garn. quc las cle pajaros cxo1icos. como el quetzal. el cotinga o cl papagayo. El 1110,aico de plumas era tan fino quc. una vez tenninado, 1>arccfa una pinlllrn. Sc picaba un patron en papcl > sc apoyal>a ,obre una tela de algodon dcbid.unen tc prcparada en la quc sc c,tlcaba cl disc1io. Sc le pcgaba LIil rcfucr10 por el cn't~ y sc le iban pegando una a una las plu mas. cmpc,ando por las me nos valio,as, quc a vcccs cr..111 te1lida para haccr quc sc parcc1cran a las c,,Oticas plumas vcrdcs dcl qucltal. Cuando sc 1rataba de adornar con plumas manms ) Llmicas. sc cosian las plumas a la tcla para rornwr bnllan1cs dihuJOS.
LOS COLORES
Los pintorcs a11eca, u1ih1aban colorcs nalllralcs sin mc7clarlo,. 1:.1 ro;o sc obtenfa de la cochmilla (un insecto). El vcrdc. de Jugo, vcgelales. 1:1 azul se prcparaba wn )CsO y Jugos de cicr1as norcs. Para cl mnarillo sc u1ili,aha cl ocrc. La p(1rpura sc extraia de un caracol marino (Jgual quc hacfan los rornanos). Todos los dibujos se comorneaban en ncgro sobrc rondo blanco.
C6dlce
Un 1/ac11ik>, <•Cl quc fija los pcnsamicntos», era muy rcspciado en la sm:icdad a, tcca. Lo, libro, o codices cran llmnados «pin1ura~ de pcnsamicntos>, y estaban hcchos de largas urns de picl de cicrvo de unos 20 ccntimctros de ancho. Sc plcgaban wmo acOl'dconcs y algunos alcan7ahan hasta seis metros de longitucl y cstaban pintados por los dos lados. Primera se conlorncaban las figuras y lucgo sc pimaban con tintas planas. s111 sombrcar. sohre las superficics previamente alisadas.
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La sociedad aztcca era agricola. no industrial, y los problemas quelUTILIZABAN debian resolver eran muy diferentes de los nucstros. Como todo el
ALGUNA universo estaba gobernado por los dioses. los hombres tcnian poco quc hacer en relaci6n con su propio dcstino, por lo quc laTECNOLOGIA? cxpcrimentaci6n o la especulaci6n suscitaban escaso interes. No sc daba importancia a la tecnologia ya quc todo dcpcndia de los ritos y sacri ficios. La rn isma guerra se tomaba como un rito, por lo que no sc rcquerian armas 111uy complicaclas. El conocimiento cicntifico sc ccntraba en la astronomia, en la mcdicina y en la elaboraci6n de un cornplicado calenclario.
EL CALEN DARIO DE PIEDRA
Estc cak ndario de piedra. brillamcmente colorcaclo en Calendario azteca
otros ticmpos. sc hallaba instalado en el Gran Tcmplo. El dios Sol a11arccc rodcaclo de los signos de todos los dfas dcl mio y del terremoto que anunc,ara cl rin de.I mu;.:,;;.;o · ·_:;;.::nd •.'r'r_-,,,-.__~- Mcclian tc cl calcndario se predecian • ademas los eclipses de sol.
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LA ASTRONOMiA
Templo
En cl calcndano rnual. cl a,io csiaba di 1d1do en 365 dias con 18 meses de 10 dias. Los cmco dias sobrantcs se cons,dcraban ac,agos.
1:1calendario sagrado tenia 260 dias rcpartidos en 10 meses de 13 dias cada uno.
Los dos calcndarios ronnaban un importantc c1clo de 52 a~os.
Los astronomos aztccas habian calculado las 6rb11as de Venus} Marte rncd,antc la obscl'ac16n de las cmellas.
LA MEDI CINA 1:1 medico attcca sc gu1aba ,obrc todo por la prac11ca } 1cnia «conocimienro de las hierbas …. experiencia …. prudencia…• asegura fa salud, Cura a fos en/ermos. T<'media co11 entab/illados. practica i11cisio11es. s11t11ras…. las reanima•. Lo, medicos altcca; usaban muchas hierbas medicmales para curar } prCenir las cnrcnncdadcs} poscian muchos conoc,m,cntos accrca del cucrpo humano. pues las gucrras } los sacnfic,os les propomonaban muchos cuerpos con los que c,penmcmar.
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lHACIAN VIAJES LARGOS LOS AZTECAS?
«Hemos de seguir caminando adelante». Los anecas eran al principio un pueblo n6mada que iba de un )ado a 01ro. pero una vez que sc ascmaron junto al Iago Texcoco decidieron quedarse allf. La genie no sc movfa por capricho. Los quc mas viajaban eran los mercaderes. los poncadorcs quc con1rataban para cada expedici6n ) los guerreros. Algunos incluso habfan ,isto el mar.
l ,0 S PORTEAD OR£S Aquf aparcce cl d1os Ouc1Lalc6atl represcntado como un tfp,co poneador cargado con maLOrcas de maiz a la espalda ) con una tira de tcjido sobre la frente. De este modo SC
transponaban ca-i todas las mcrcancias a tra,~s dcl •imperio». pues no habia ca hallos 111 1ehfculos de rued as. L1s montaiias ), los bosques e>1aban air:11esados por estrechos sendero,. Los porteadorcs marchaban mcansablcmente de una c1udad a otra. descalzos, ) llcvaban a la espalda hasta 40 kilo, de peso. Otras mercancias eran transponadas por agua en ,encHlas canoas hechas de un tronco hueco.
Barco espaiiol con algunos Indios amigos a bordo
LOS ll£RCADER£S Sm los mcrcadere,. llamados poc/11ecas. se habria arrumado la economia aztcca. Sm embargo. lo, mercaderes aparentaban s1cmpre en su par, ,er pobre, ) hunuldcs. Cuando regrcsaban de tma cxped1ci6n. aunquc les hub1cra rcsultado mu) pro,cchosa. lo hacian en silencio ) procurando pasar 1nad1en,do,:
('t• • • 11unca de dfa. sino de noche… llcgaban aprisa, en sus barcos…. l11ego •·aciaba11 r6pidameme la barca de manera que al amanecer no quedaba nadait,
Sm embargo. las nquc,as de lo, mercadere, se gastaban en sunmosas fic,1a, para ,mpresionar a los otros m1embros de su profesi6n. Un JOen comerc,amc «primero riene que sufrir y hacer ganancias con su dolor. las ajlicciones, las emboscadas … £so es lo que se exige a los que 1·011 de ciudad en ciudad… Te semiras en peligro. /Jerramarlis ltigrimos».
Pero la profesi6n tcnia sus compcnsaciones: hac,a I 500. los mercadcrcs cas, rivaliLaban en nqueza y poder con los nohles.
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TESOROS Los e,perto, crecn que c;,te c"udo ccrcmomal pcrtenec,6 a Ahui1101I. tfo de Moc1c7uma. Llcva su sfmbolo. un monstruo marina. dibujado en oro ) rodeado de plumas. Lo;, cspaiiok, bu,caban cada C7 con ma)or a,,de7 e,10, tesoros. } tenninaron por derrotar a los a,tccas.
SOl,DADOS Aqui aparecc rcprcscma<lo un Jo,cn ,acerdote que marcha a la guerra seguido de su porteador. quc le lle-.1 cl equ,paje. Fueron. s,n embargo. los mcrcadcrcs. no los soldados. los que lie, aron a la capital las pnmcra, nouc,a, de la llcgada <le unos e,tranjero, a bordo de «grandes paJaro;, alado,•: cran lo;, galconc, cspa11olcs. Los a21ccas nunca hahfan ,·i,10 antes harcos de vela.
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LOS MERCADOS
El mercado era un lugar lllJ) ,.nponamc en toda, las ciudades. Alli se reunian lo, mertadere,. mtercambiaban sus mercancias ) tamb,cn noucias } rcla1os (los mcrcadercs eran a la ,c7 espias al sen;cio del gob,erno). N, ,1quicra los curopcos quc habian c,tado en Roma o en Cons1an11nopla habfan 1S10 nunca unos mercados tan grandes ) hullic,osos. Los hahi1a111es de las aldeas acudfan alli para comerciar con hachas de cobrc o cucmas de jade. Habfa ucndas e,pcc,ah1ada~ en productos locale~ } los mercaderes llegados de ruera procuraban comprar barato y ,ender caro.
Canoa hecha de un tronco vaclado
PRECJOS Como monedas. u11h1aban granos de cacao. mama, de algod6n. canuto, lleno, de polvo de oro o Campana, de cobrc.
l'or ejemplo:
una Lira de corteza de pino podia camb,arse por un huc,o } dos gr.mos <le cacao.
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lHACIAN VIAJES LARGOS LOS AZTECAS?
«H emos de seguir caminando adelante». Los az tecas cran al principio un pueblo n6rnada que iba de un lado a 01ro. pero una ve1 que sc ascntaron junto al Iago Tcxcoco decidieron quedarse alli. La gente no se rnovia por capncho. Los que mas viajaban eran los rnercaderes. los poneadores que contrataban para cada cxpedici6n ) los guerreros. Algunos incluso habian visto el mar.
LOS PORT EAOORES Aqui aparece el d1os Que11alc6a1I represemado como un lip1co poneador cargado con maLorcas de maiL a la espalda ) con una ura de teJ1do sobre la freme. De es1e modo se 1ransponaban casi todas las mcrcancias a 1ra,~s del «impcno». pues no habia caballos ni vehiculos de rucdas. Las montaoas y, los bosques estaban a1ra'esados por cstrcchos senderos. Los poneadorcs marchaban incansablememe de una ciudad a otra. dcscalLos. y Jle,aban a la espalda hasta 40 L,los de peso. Otras mercancias eran uansponadas por agua en senc,llas canoas hechas de un tronco hueco.
Barco espanol con algunos indlos amigos a bordo
LOS MERCADERES Sin los mercaderes. llamados pocluecas. se habria arrumado la economia aLICCa. Sin embargo. los mcrcaderes aparcntaban sicmprc en su par, scr pobres ~ humildes. Cuando regresaban de w,a e,pedici6n. aunque les hubiera rcsultado muy provechosa. lo hacian en silcnc,o y procurando pasar mad,crt,do,:
•… nunca de dfa. sino de noche … llegaban aprisa. e11 s11s barcas … , luego raciaban rdpidamente la barca de manera que al amanecer no quedttba nada».
Sin embargo. la, rique1as de los mercaderes se gastaban en sun1uosas fiestas para 1mprc>1onar a lo, otro, miembros de su prorcsi6n. Un Jo,cn comcrciamc «primero ciene que sufrir y /weer ganancias co11 su dolor, las aflicciones, las emboscadas … Eso es lo que se exige a los q11e .-an de ciudad en ciudad… Te ser11ir6s en peligro. De"amards ldgrimas».
Pero la profes16n tcnfa sus compensac,oncs: hac,a 1500. los mercadere, casi rivalizaban en rique1a } po<ler con los noble,.
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TESOROS Lo, expert<» crccn que cMe escudo ceremonial pe11cneci6 a Ahu111Ull. 110 de Moctezuma. Uc,a "' ,rmbolo. un monstruo marino. d1hujado en oro ) rodeado de plumas. Lo~ csparioh.:s buscaban <.:a<la ,·cL <.:on mayor av1dc, cslOs 1csoro,. ) 1crm,naron por dcrrmar a los a11ccas.
SOLOAOOS Aquf aparcce rcpreseniado un JOCn saccrdolc que marcha a la guerra ,cgu,do de ,u poncador. quc le llcva cl cqu,pajc. Fucron. sin embargo. lo, mercadcrcs. no los soldados. los quc llcv;, ron a la capiwl las pnmcm, nmicias de la llcgada de unos c,tranjcro, a bordo de •gmndc, pajaros alaclos»: cran los galeones espa,ioles. Los a71ecas nunca habian ,1slo anlcs ban.:os de cla.
. . LOS M£RCAOOS
El mercado em un lugar lllJ) i.nportan1e en 1odas las ciudadcs. Alli sc rcunian lo~ mcn.adcn:s. mtcrcambmban sus mcrcancias) tarnhi~n no11chs ) rclatos Clos mercadcrc, emn a la Cl espia, al scrvicio del gobiernol. I, "qu,cra lo, curo11<:os quc lwbian c,iado en Roma o en Co11s1aminopla hahian ,isto nunca unos mercados tan grandcs ) hulliciosos. Lo, habi1a111cs de las aldea, acudian alli para comcrciar con hacha, de cohrc o cucnia, de pdc. Habia uendas especializadas en produc1os locales y los mcn.:adcn.;~ llcgadm, de fui:rn procurnban comprnr barato ) ,ender caro.
Canoa hecha de un tronco vaciado
PRECIOS Como moncd.1~. utiliLaban gmnos de cacao. mantos de algodun. canu10, Ueno, de polvo de oro o campana, de cohre.
Por CJClllplo:
una ura de conca1 de p1110 podia camb,arsc por un huc,o ) dos granos de cacao.
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lTENIAN EJERCITO
LOS AZTECAS?
El Estado aztcca no podfa prescindir de las guerras. Gracias a la guerra sc adquirian nucvas ticrras. poblacioncs cnteras y mas recursos para alimentar a un numcro crccientc de habitantes. No habfa un cjcrcito profesional, si bien los oficialcs lo cran. Todos los varoncs eran solclados. pucs clescle niiios sc Jes cntrcnaba para la gucrra. Un muchacho no era considcraclo aclulto hasta que capturaba su primer prisionero. La guerra era un deber para honrar a los clioses. Era muy importantc capturar prisioneros vivos. quc cran engorclados para ser luego Sacrili cados.
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TRIBUTOS La ciudad de Tenochtitlan no era auto~ufo.:icntc. l)ino quc nccc~itaba ser abastecida dcsdc fucra para ,obrcrnir. Ca~i t0<la ~sta ayuda llcgaba en forma de rcgalos ror,oso, o 1ribu1os y consistian en alimcntos y ohjc10s de lujo. Esto cs lo que 1)()dia aporta r una sola provrncia wstcra a lo largo tic un a1io: cerca de 10.000 ma1110s. 2.000 11inkas. un escudo de oro. collares de oro y jade. 40 rcnclientcs de lab,os. 80 manojos de plumas de quetzal, 16.000 bolas de h ulc ( 1xm1 <1ucmar como ofrcndas) y 20 sacos de cacao. esic era cl !ributo de una sola provincia. Cuando un tcrntorio ~c ncgaba a entrcgar todo lo que se le exigia. era castigado ) sc le doblaba cl 1ribu10. procurando adem:ls que le resullara ma, dil'icil pagarlo (los aztecas exigian a vc,c~ ~crpicntcs , iva~ o mantos de dohlc 1amano). La 111:ls lcc orcnsa crn un buen pretexto para emprender la lucha y planlcar nucvas y cxageradas demandas, que pro10caha11 rcspuesias ruriosas:
«iEst6is bebidos? lEsr6is um locos como parll venir ahora con esras exigencias? iA1archaos a vuestra tierra!»
Los aLtecas sc marchaban. pero 101'ian con el cjerci10 y asf a,iadlan otra ciudad a la lista de Lributarios. La gucrra csiaba 1:>erfcciamcnte organi1ada. casi como un rito. Las ciudadcs vencidas no eran destruidas. pucsto quc cran ncccsanas para aportar nuevos tributos con que rccompcnsar a los gucrrcros.
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lTENIAN EJERCITO
LOS AZTECAS?
El Estado aztcca no podia prcscindir de las gucrras. Gracias a la gucrra sc adquirfan nuevas tierras, poblacioncs cnteras y mas rccursos para alimcntar a un numcro crccicntc de habitantcs. No habfa un ejercito profesional, si bien los oficiales lo eran. Todos los varones eran sol<lados. pues desde nii'ios sc Jes entrenaba para la guerra. Un muchacho no era considcraclo adulto hasta quc capturaba su primer prisioncro. La gucrra era un <lcber para honrar a los dioses. Era muy importante capturar prisioneros vivos. que eran engordados para ser luego ~acrilicados.
T RIBUTOS La c,udad de Tcnochu1l;i11 no cm auco(iuficicmc. (jino quc ncccsnaha scr abalccidti dcM.lc rucra para ,obn;vivir. C.111 toda eqa ayuda llcgaha en forma de regal<» rorzosm o trihu1os ) cons,s1ian en alunemos ) obJCIOS de lujo. Es10 cs lo quc podia aronar una ,ola rrov111cia coslcrn a lo largo de un ,11io: ccrca de 10.000 mamos. 2.000 1(111icas. un escutlo tic oro. collares de oro ) jade. 40 pcnchentcs de labios. 80 lll.lllOJOI de plum," de quc11al. 16.000 bolas de hule (para qucmar como orrcndas) )' 20 sacos de "'cao. Estc era cl 1rihu10 de una sola provincia. Cuando un Lcrrilono ~c nc.:gaba a entregar todo lo quc 1e le elgia. era casugado ) sc le cloblaba cl tnbuto. procumndo adcrnas quc le resullara mas dificil pagarlo (lo, aLtccas c,igia11 a vcces serpicnlcs vivas o mantos de clohlc iama~ol. La mas !eve ofcnsa era un buen rretcx10 para cmprcndcr la lucha y plantear nuc, a,) exagerada, <lemandas. quc provocaban respuesws furio,as:
«C:£stllis hebidos? Uistliis 1<111 locos c:omo para t'enir ahora co11 estas exigencias? iJ'farchaos a vuestra rie"a!»
Los az1cca1 sc marchaban. pcro voh'ian con el CJcrcuo y a,r a,iadfan olr<1 ciudacl a la lista de tributarios. La guerra csiaba pcrrectamcntc organizada. casi como un rito. Las ciudade, vcncidas no eran deslruidas. puc,10 quc cran necc,anas para aportar nuevos tributos con que recompcnsar a lo, gucrreros.
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LOS SACRIFICIOS A ·eces se libraban gucrrns prcviamcnlc conccrtada~. la~ llamadas «gucrras noriclas». con fines rcligiosos, pucs sc ncccsiiahan vfc1imas hu manas para los sacrilicios. Se consideraba un honor morir de cslc modo. pucs la 'fclima sc convcrlfa en un d,os. A 'Cccs. los gucrrcros c,igian scr sacrificaclos coma un derecho de quien habfa sido hccho prh ioncro. 1:1 gucrrcro cap1urado cntraba a formar pane de la fam,ha dcl quc lo habfa apresado, quc lo 1ra1aha coma a un hijo hasta que llegaha cl momenlO en quc cl saccrdotc le arrancaba cl cora£6n. La mucrtc de las I fc11mas ascguraba quc cl sol scgu,rfa ,alicnclo. que las coscchas crcccrian } que el pais pro,peraria.
LOS ESPiAS
El cspionajc era muy importanlc en ticmpos de gucrra. Los mcrcaderes, quc conocfan mu) boen cl pa rs, sc
?; . _ . d1sfra1aban a veces de campesinos y escuchaban las ~ ' _ ; convcrsacioncs e•; cl mcrcado. S'.obcmos mcluso quc
~~~~_,.,,.,,; algunos csp,as excavahan 1unclc, ha.JO el camparncmoMazas + ~ 74-"4Q".-,:: . . .., _ _ -~._….,….q'"~~~ ..-.::; · encn11go para captar cualqmcr
""' in l'ormaci6n.
Lanzas
lASARMAS
Eran mu) scncillas: una rodela. que es un escudo circular. con LIil gran fald6n para prolcgcrsc de lo, dardos, jabalinmi con la punta de pcdcrnal o de obsidiana. un propulsor que daba ma)or alcance a la jabalina ) una morlifera 111a1a que llevaba incrulada, cuchilla, de pedcmal. Las 1.!c11cas gucrrcras no cambiaron durantc siglos y parece que nadie se preocupo de inventar algo HUC.'O en e~te tcrreno.
CANIBALISMO
La palma de la mano sc consideraha un hocado exquisito. Se conaban los brazo, y la, picmas de la, vfcumas. y lo; pancmcs del guerrcro que las habia apresado los guisaban )' los comian. Era un trance muy doloroso comcrsc a los prisioncros quc uno mi.mo habfa cap1urado (pcro no habfa incomcnientc en comcrsc a los aprcsados ror Oll'OS) .
El rc,10 del cuerpo sc cchaba a las ficras dcl £OOl6g1co ,,ara quc lo dcvorascn.
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l.QUE FUE
DELOS
AZTECAS?
Miemras los a7tccas llcvaban adelante su politica cxpansionista. otros pueblos hacian lo mismo al otro lado del Atlantico. Las cxpcdiciones que parlian de Espalia habian llegado ya al Caribc y alli oycron rumores de quc en cl contincnte existia una gran civilizaci6n llcna de tesoros. El gran ponavoz. MocteLL1ma. se sinti6 abrumado cuando oy6 hablar de aqucllos cxtranjcro,. Se habian producido muchos malos presagios que anunciaban cl fin dcl quinto munclo y el retorno dcl clios Quctzalc6atl. Moctezuma sc prcguntaba si Heman Cortes, cl jcfc de los cspa1ioles, no seria el dios en persona.
LA CONQUISTA ESPANOLA Hernan Cort6 tlcsernbarc6 en la cos1a con unos 350 hombre; ) 15 caballos. animalcs que los a11ecas nunca habian v1s10. Em cl Viernes Samo de 1519 ) 1ambicn cl aniversario dcl nacirniemo de Que11alcoa1l. Moc1cLUma pron10 cayo en la cucn1a de quc I lcrnan Cones no cm ,111 d1os. pcro cl pueblo cs1aba lodavia lleno de temor: « Ya est a mos condenados a perecer. Lo 1lnico que nos queda es esperar la nmerte~. Pero. por fin. lo; dos JCfe; sc cn1rcvis1aron ) casi sc hicicron amigos.
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HUNDIMIENTO Y DESTRUCCION M1cntras Hernan Cortes estaba fuera de la ciudad. esta sc ,uhlc,6 porquc Al,arado. quc ,c habia qucdado al mando. ordeno ejecutar a muchos nobles ) saccrdotcs. A su rcgrc,o. Cortes no pudo contener la rebelion. Sus tropas tuvicron quc rctirarsc y muchos soldados pcrecieron ahogados. Pero los aztccas 1cnfan la gucrra pcrchcla. Los cspaliolc, rcgrcsaron para destruir Tenochtitlan casa por casa. El Gran Tcmplo rue inccndiado c l11c1cron pcdaLos las imagenes de los dioses. Entre los a7tecas sc c,1cnd16 rapidamcmc la ,·iruela.
CONSEC UENCIAS
En 50 a,ios. la poblacion baJ< de doce milloncs a un mill6n.
Tenochtitlan rue arrasada. Sobrc las ruinas del Gran Tcmplo sc crigi6 la nuc,a catcd ral. Los c,panolcs convinieron al cristianismo a la 1)()blacio11 ) . l)()CO a poco. ~c cx1ingw6 la antigua cuhum con sus sacriticios humanoc;.
La modcma c,udad de M~ICO (fotografia inferior) ocupa cl mismo empbzamiento que Tenochrnlan.
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VOCABULARIO
ANAHUAC: «La Tierra emre las Aguas» era el nombrc quc daban los a1tecas a su pars.
CACAO: Los granos que contiene el fruto del cacao se usan actualmen te para hacer cl chocolatey cl cacao en polvo. Los aztecas los apreciaban mucho y hacian con ellos um1 bebida especial.
CALPULLl: Grupos de viviendas familiares. cada uno con su 1cmplo y su cscuela.
C◊DICE: Manuscrito profusamente adornado de di bujos y de caractcr gcncralmcntc rcligioso o historico. Los c6diccs aLtccas quc han llcgaclo hasta noso1ros nos aportan muchos datos his16ricos.
CHINAMPA: Huerto mu) fenil que prcparaban los a£- 1ccas en los lagos poco profundos de lo, alre<ledorcs de su, asemamicntos apilando cicno ) rcstos clc vcgc1a c1611.
G RAN PORTAVOZ: El gobcrnantc supremo a1.1cco.
HUITZILOPOCHTLI: Dios a11cca de la gucrra }' clios protector.
LAPI DARIO: El quc Licnc por oficio labrar piedras prc c1osas.
MACEHUALLI: O riginalmcmc signi licaba «los clcgi dos». pero dcspues ~c u~6 parn des ignar a todos los hombres ) mujcrcs.
MICTLAN: El mundo inferior al que iban casi Loclos dcspucs de la mucnc. Los <lcmas iban al parafso. entr~ cllos las victimas sacrificadas y las mujcrcs mucnas du ra111c el pano.
NAHUATL: El idioma de los aLtecas. Est{1 emparcn tado con las lenguas habladas por los mclios none amcricanos.
OBSIDI ANA: Cristal volcanico usado para hacer es pejos y armas de pu111a muy aguda.
OCARINA: lns1 ru111c1110 de vicn to, cas1 s1empre de forma ovoidc. con boquilla y agujcros quc sc Lapan con los declos.
PICTOGRAMAS: Si111bolos u1ili1ados para reprcscntar palabras.
PULQUE: Bebida alcoholica que se prepara con el ma gucy. o pita.
QUETZAL: Pajaro de colores brillantes y larga cola cu yas plumas u1ili1aban los a1.1ccas para confeccionar aclornos ) cmbelleccr sus vestiduras. Actuahncntc viC en las scll'aS de America Cen1ral.
QUETZALC6ATL: El «bucn» dios a11cca, llamado tambicn Sciior de la Vida y Senor de los Vientos.
TLALOC: «El quc hacc crcccr las cosas». un an1iqui simo dios de la lluvia y cl agua.
TORTILLA: Tona muy fina hccha de harina de maiz. l::ra cl ali111cn10 basico clc los aztccas.
TRIBUTO: Donaci6n de alimen tos y otros aniculos quc los a11ccas obligaban a cntrcgar a las poblaciones vcn ciclas.
T RUEQUE: Comprar y vender intercambiando los ge ncros. sin moncda.
TZOMPANTLI: l'erchas para colocar y cxhibir las ca la,cras de las ictimas de los sacrificios humanos.
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lNDICE ALFABETICO
agricullura 12-13. 22. 36 aguacates 14. 15 AhuillOtl 33. 39 alcohol 14. 15. 44 algodon 19. 23. 26. 35. 39 alimcntos 12-15. 21. 22. 24. 25.
40. 4-1 Am~rica 11 Anahuac 8. 9. 44 armas 36. 41. -14 artc 10. 22. 3-1-35 astronomia 36-37
Bernardino de Sahagun 11 boniatos 15
cacao 14. 15. 23. 24. 39. 40. 4-1 cacto 8. 18. 21. 26. 44 calendario 10. 24. 36. 37 cal111ecac 20. 21 calpulli 18, 32. 44 cambalismo 4 I canoas 38. 39 casas 18. 19. 24. 25. 29. 34. -13 ciudad cstado 32. 33 Coatlicue 28 codices 9. 10. 35. 44 comcrcio 9. 22. 13. 39 Crist6bal Col6n 11 cuicacalli 20
chac111ools 34 Chiles 14. 15. 23 . chinampas 12. 13. 44 chocolate I4. 24. 44
dinero 23. 39. 44
cjcrcito 39. 40 csclavos 13. 19. 23. 24. 32 escri tura 20, 21 cscucla 18. 20-21. 44 escuhuras 34 Espana 11. 26. 42 cspa1iolcs 9. 18. 26. 38. 39. 42. 43 estatuas 28
familias 9. 16-17. 32. 44 riestas 14, 16. 24, 25. 29. 31. 38
gli ros 21 Gran porta,·oz 11. 32. 33. 42. -14 Gran Templo de Tenochtitlan 11.
28. 33. 36. 43 gucrreros 8. 9. 10. 20. 21. 22. 27.
30. 31. 32. 38. 40
Hernan Cortes 11. 42. 43 Huehueteotl 29 Hui1zilopoch1li 8. 44
Jade 27. 39 joycria 23. 26. 27 jucgos 24-25
Iago Tcxcoco 9. 10. 38 lenguaje 9, 44
mace//ualli 32. 44 mail 13. 14. 17 Marco Polo 10 matrimonio 16. 20 ll1a)a5 11 mcdicina 36. 3 7 medicos 23. 37 Mtxico 8. 9. 11. 1-1. 3I mcrcadcres 22. 23. 24. 30. 31. 38.
39. 4 1 mcrcados 20. 22. 39 Mictlan 30. 31. 44 Moctezuma 11. 17. 26. 33. 39. 42.
-13 musica 25
nahuatl 9. 44 Nue,a Espana 11
obsidiana 31, 44 ocarina 25. 4-1 oficios 9. 22. 35 oro 23. 26. 27. 31. 39
palacios 15. 18. 23 patata 11 pcrchas para calavcras 29. -14 pictogramas 21. 14. 44 piedra labrada 18. 22. 23
pinlmidcs 32. 4-1 plaia 11. 23 plum as 22. 24. 26. 27. 3 I. 35. 39.
40 politica 22 porteadores 38. 39 Portugal 11 pu lque 15. 19. 44
queval 23. 26. 27. 35. 40. -14 Quetzalc6atl 26. 28. 30. 32. 38.
42. 44
religi(m 20. 2-1. 28-29. 3-1. -II rey de E~pana 11. 26
saccrdotcs 8. 19. 20. 21. 22. 27. 29. 39. 41. 43
sacrificio 11. 24. 28-29. 30. 31. 33. 36. 40. 41. 44
sacrificios humanos 8. 25. 28-29. 37. -13
Suramenca 11
tabaco 11. 24 templos 9. 11. 18. 20. 25. 28. 29.
33. 3-1. 35. 43. 44 Tenoch1i1lan 8. 9. 10. 11. 18. 19.
28. 32. 40. 43 tcpanccas 10 textiles I7. 20 Tlaloc 13. 26. 27. 34. 44 tocados 26. 27. 29 toltccas 8, 11. 34 tomatcs 12. 15 wrias 13. 14. 44 tortillas I3. I4, 15. 44 tramposos 23. 24. 32 1ribunales 18. 33 tributos 10. 12. 23, 32. 40, -14 tzompafl/li 29. 44
utensilios 13. 17. 34 vestidos 19. 21. 23. 24. 26-27
Xipc Totcc 23. 29
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Los aztecas
De dónde vienen, quiénes eran Los Aztecas…
El origen de los mexicas se sitúa entre los grupos hablantes de náhualt del norte del actual México y antecesores de los grupos asentados durante la llamada etapa chichimeca.
Los chichimecas eran pueblos del norte de México , grupos cazadores-recolectores , y considerados bárbaros por los aztecas.
Provenían del norte de México, era nómadas, hablaban la lengua náhualt y se hicieron llamar mexicas.
Los antiguos aztecas partieron desde Aztlán (el nombre que le van a dar al área que es hoy California y Texas) en busca del nopal y la serpiente . Eran nómadas y no se asentarían hasta encontrar la tierra del nopal mágico: un nopal de piedra. Un nopal sagrado. Arriba del nopal deberían encontrar tres flores rojas, sobre sus pencas, un águila comiéndose una serpiente. La serpiente representa lo terrenal y el águila lo espiritual. Cuando la encuentren, les dijo su dios Huitzilochtli convertido en colibrí, que debían establecerse allí.
Encuentran en un islote del lago Texcoco el águila sobre el nopal. Allí fundan su ciudad en el año 1325 que llaman Tenochtitlán
Empiezan a formar ciudades y conquistar a las tribus vecinas hasta hacerse con todo el valle.
La ciudad llega a parecerse a la Venecia nuestra, con islotes o chinampas unidos por puentes y calzadas. Una tecnología que aún hoy se utiliza
El sistema de chinanpas -los cultivos flotantes- fue aplicado originariamente en el lago Chalco, con tanto éxito que continuaron en la laguna Texcoco. Se basan en la construcción de islas artificiales de vegetación. Interesantemente, en el Lago Titicaca de dónde proceden los primeros incas, también usaban islas flotantes para cultivar
SOCIEDAD AZTECA
La sociedad azteca estaba dividida en dos clases: plebeyos y nobles y en una subclase : los esclavos, cuyo estado era similar al de un criado contratado.
La sociedad estaba compuesta por los nobles de nacimiento : hijos del primer gobernante azteca; los sacerdotes y los que se habían ganado el derecho a serlo, como por ejemplo los guerreros o comerciantes enriquecidos. Los nobles se llamaban a veces los pipiltin
La nobleza también llamados Pipiltin
Era el grupo que poseía los mayores privilegios
Los lideres aztecas a veces se volvían dioses para sus seguidores. Ahuízotl no solo fue un gran guerrero, sometió prácticamente a todo el centro y sur de México, con Guatemala incluida, desde el Golfo de México hasta el océano Pacífico. También fue un fuerte líder religioso, un buen diplomático y hasta un reputado economista, ya que supo convencer y comerciar con los pueblos vencidos, abriendo las puertas del imperio a pueblos más alejados.
Sus logros en la expansión del imperio mexica llevaron a algunos historiadores a conferirle el epíteto de “Ahuítzotl el Grande” o “el león del Anáhuac
Itzcoatl (Serpiente de Obsidiana), fue el 4º soberano azteca y primer emperador. Es el único gobernante azteca que ostenta el titulo de Cemanáhuac tepehua que quiere decir " Conquistador del mundo. " Decidido a terminar con la esclavitud de su pueblo, se alzo en armas contra el imperio mas poderoso de la época, los tepanecas y su tirano rey Maxtla en 1430 logrando la increíble hazaña de conquistarlos. El victorioso Itzcóatl y sus aliados impusieron un nuevo orden político en la cuenca de México, se crearon nuevos títulos de nobleza y las tierras recién capturadas fueron distribuidas .
Cuando Moctezuma II llegó al poder, el llamado imperio mexica prácticamente había alcanzado su máxima extensión, por lo que su labor consistió sobre todo en mantenerlo y reforzarlo. Fue un emperador soberbio, que se autonombró semi divino, nadie podía verle al rostro inmediatamente, ni tocarle. Tuvo grandes cualidades y muchos defectos. En su misma época fue catalogado traidor, ya que tuvo una serie de premoniciones. Incluso sacerdotes místicos le describieron paso a paso los sucesos que vendrían. Él no hizo caso, solo se consumió en el miedo y no se preparó para lo que le vendría , la destrucción de Tenochtitlán.
Curiosamente en México hay monumentos a todos los reyes excepto a Moctezuma II
Tlacaélel ("el de corazón varonil“), es probablemente el personaje más importante de la historia de los mexicas
Fue un guerrero, pensador, economista, estadista y reformador religioso. Ejerció como consejero y muy efectivamente, como el poder tras el trono del señorío mexica, durante cincuenta años (1428-1478), según la historiografía actual. Fue consejero de tres tlatoanis: Itzcóatl, Moctezuma Ilhuicamina y Ahuízotl
Con él nació la visión mística guerrera del pueblo azteca que se consideró la nación elegida del sol. Ésta nueva reforma que Tlacaélel aplicó, fue una reforma ideológica que regía sobre todo el poder mexica, y así, hizo quemar todos los códices de los pueblos derrotados y los reemplazó por códices mexicas, que ahora eran instrumentos de dominación en vez de instrumentos históricos. Para mantener “felices y vivos” a los dioses se realizaron numerosos sacrificios de prisioneros de guerra.
Los mercaderes, llamados Pochtecas, eran de gran importancia para la ciudad; incluso llegaron a rivalizar en riquezas y poder a los nobles.
Los mercaderes aztecas dedicados al comercio exterior. Aunque ellos existieron desde tiempos muy remotos, su importancia se acrecentó a partir de la extraordinaria pujanza económica del imperio; a la metrópoli azteca fluía toda clase de productos procedentes de regiones a veces distantes, obtenidos gracias a las negociaciones de los pochtecas o en concepto de tributos que se imponían a los pueblos sojuzgados. La importancia de estos mercaderes llego a equipararse con la de los nobles. Gozaban de protección real y en ocasiones eran tan poderosos que a veces hacían la guerra por su propia cuenta.
Además, los pochtecas no solo se dedicaban al comercio sino también al espionaje.
“Tenían un sólido monopolio del comercio inter-regional y desempeñaban un papel indispensable en el mantenimiento de un flujo constante de las materias primas requeridas.
Los mercaderes
El mercader de larga distancia se conocía como Pochteca entre los aztecas, denominación dada a los comerciantes que se relacionaban con pueblos fuera de las fronteras del imperio azteca
Dentro del grupo de los mercaderes había rangos distintos, de los cuales se distinguen cinco:
1 funcionarios de rango superior, los que habitaban uno o varios de los barrios de Tenochtitlán y Tlatelolco: -asignaban a otros el vender el producto y luego se repartían las ganancias-
2.Mercaderes de esclavos, eran los mayores y principales mercaderes, su riqueza residía en sus hombres. 3 Mercaderes reales, o noble viajero, se trataba de comerciantes reales, que intercambiaban productos por cuenta del soberano y para ellos mismos. 4 Mercaderes espías que se encargaban de entrar en el territorio enemigo con conocimiento de la lengua, haciéndose pasar por nativos, simulando intercambiar productos para obtener información relevante y mantener informado al emperador. 5 Los oztomecas o mercaderes ambulantes.
A los plebeyos se les otorgaba la propiedad vitalicia de un terreno en el que construían su casa.
La mayor parte de la población eran artesanos, agricultores, servidores públicos, que ocupaban un puesto destacado en la sociedad y se organizaban en grupos de parentesco llamados calpulli,
( una especie de barrio, clan )
Los calpulli también llamados Casa Grande, eran un grupo de poder o unidad socioeconómica muy significativa y poderosa. Eran la base de la estructura social y los unía un antepasado común. Las tierras que poseían y que se heredaban, se repartían anualmente entre las familias que los constituían.
Igualmente había un grupo de plebeyos, pero de más bajo nivel, a quienes no se les permitía tener propiedades y debían ser campesinos y arrendar las tierras.
Los plebeyos
En los calpullis era obligatorio la construcción de una escuela. Es decir, no sólo se trabajaba y explotaba talentosamente la tierra con un criterio comunitario, sino que además, se ejecutaba un esfuerzo por la educación, la única forma de crecer armónica y equitativamente.
Escuela azteca
Los plebeyos, conocidos genéricamente como macehualtzin, asistían al telpochcalli.
La edad para entrar al tepochcalli era a los 15 años. Era la escuela de los plebeyos. Allí tenían que cumplir con las siguientes labores: barrer, limpiar el telpochcalli, poner lumbre y hacer servicios de penitencia. Era una disciplina muy dura, si les encontraban borrachos, los mataban.
Loa aztecas fueron la primera civilización en América en imponer la educación obligatoria .
El Calmecac La escuela de los nobles
El Calmecac (del náhuatl calli 'casa', mecatl 'morador' y -c 'lugar') era la escuela para los hijos de los nobles aztecas. También ingresaban a los 15 años.
En esta escuela se les entrenaba para ser sacerdotes, guerreros de la élite, jueces, senadores, maestros o gobernantes, educándolos en historia, astronomía y otras ciencias, la medición del tiempo, música, filosofía y religión.
La escuela funcionaba como un internado, donde los jóvenes vivían, dormían y comían.
Las niñas aprendían labores caseras, pero en sus casas, sobre todo a hilar, que empezaban a los cuatro años y a cocinar a los doce.
En la sociedad azteca todos los ciudadanos trabajaban en algo
EL mercado
En los mercados se practicaba un activo comercio sustentado por el trueque, usando las semillas de cacao como cambio para igualar diferencias. El precio de las mercaderías variaba según la cantidad existente.
Aztecas en el mercado, pintura de Diego Rivera, famoso pintor mexicano del siglo 20
Los granos de cacao se usaban como moneda. Así, con cuatro granos se podía comprar un conejo; con 10, la compañía de una dama, y con 100, un esclavo .
Las artes
El color es fundamental en la pintura. Se trata de un color plano, sin matices ni sombras, posiblemente con connotaciones simbólicas. Aparece ligada a la arquitectura, decorando los edificios.
Los pigmentos para teñir los géneros eran de origen natural: el índigo, por ejemplo, provenía de una planta indigófera y el rojo o púrpura se extraía de un tipo de caracol, y de la cochinilla, un insecto. Usaban una paleta de cinco colores: negro, blanco, ocre, azul y rojo y no los mezclaban.
Mural de Diego Rivera, donde se pueden ver como teñían las telas y obtenían los colores.
La serpiente es el animal más emblemático del arte azteca
Los artesanos
Artesanos en Tenochtitlán, Diego Rivera
Los adornos hechos con plumas tuvieron gran importancia en América Central. Con ellas se hacían tapices y adornaban mantas, máscaras rituales, escudos o trajes de guerreros. Las plumas eran sumamente importante para usarlas en ceremonias rituales que marcaban ascensos de estatus social.
Gracias a sus conocimientos de física los orfebres pudieron emplear varias técnicas en su trabajo (como la de la cera perdida), fundir oro con la plata, etc. Elaboraban todo tipo de figuras y adornos pulseras, collares, pectorales, pendientes. Frecuentemente el metal se combinaba con piedras preciosas (turquesa, amatista, jade, cristal de roca) o con conchas.
Escultura
Los aztecas fueron hábiles escultores. Realizaban esculturas de todos los tamaños, diminutas y colosales. En ellas plasmaban temas religiosos o de la naturaleza. Captaban la esencia de lo que querían representar y luego realizaban sus obras con todo detalle.
En las esculturas de gran tamaño solían representar dioses y reyes. Las de pequeño tamaño se reservaban para la representación de animales y objetos comunes. Se usó la piedra y la madera y, en ocasiones se enriquecían con pintura de colores o incrustaciones de piedras preciosas.
Arquitectura
Se construyeron pirámides escalonadas en Cholula, Xochicalco y Teotihuacán
Xochicalco
Teotihuacán
Cholula
Los templos, las casas y las esculturas estaban pintadas en colores fuertes, naturales.
Religión
Según la mitología de los aztecas el mundo fue creado y destruido cuatro veces.
Luego fue creado por los dioses por quinta vez. El sol, la luna y los seres humanos fueron creados con éxito al principio de la quinta era.
Al llegar los españoles, los aztecas se encuentran en el quinto mundo, condenado a ser destruido por terremotos.
Más tarde y cuando ya estaba hecho el mundo, el dios Quetzalcóatl creó a los hombres y también a las plantas para que les sirvieran de alimento.
Este dios era de los dioses más poderosos de los aztecas y se representaba con la forma de una serpiente emplumada. La serpiente consigue su forma gracias a ser devorada por un águila.
Quetxalcóalt
Tloque nahuaque es el dios padre de las religiones de origen nahuatl; él es el principio creador del todo. El dueño del cerca y del junto, era masculino y femenino.
Fue un dios heredado de la cultura tolteca como casi todos los dioses aztecas.
Los aztecas tenían muchísimos dioses; había un dios para las cada ocasión en la vida. La religión era sumamente importante para ellos . Construyeron templos y en las casas habían pequeños altares, las ceremonias religiosas se celebraban tanto en las casas como en la ciudad.
METZTLI "LA DE LOS CASCABELES EN LA CARA“ diosa de la luna
TLALOC
DIOS DE LA LLUVIA" ERA PATRONO DE LOS CAMPESINOS. ERA UNO DE LOS DIOSES MAS ANTIGUOS
HUITZILOPOCHTLI
Dios de la guerra
Después de la muerte
Los aztecas creían en la vida después de la muerte,
sin embargo este futuro no dependía del comportamiento terrenal, sino de la forma en que se moría. Los soldados muertos en batallas y las víctimas de los sacrificios tenían como recompensa vivir en el imperio del dios solar Huitzilipochtli.
HUITZILOPOCHTLI
Mictlán en la mitología azteca era el nivel inferior de la tierra de los muertos, y se encontraba muy al norte. Los guerreros que morían en el campo de batalla y las mujeres que morían en el parto no iban al Mictlán , estos iban al Ilhuicatl Tonatiuh (Camino del Sol); los "muertos por agua" (ahogados, tocados por un rayo o de hidropesía) iban al Tlalocan y los pequeños muertos antes de nacer regresaban al Chichihuacauhco (Lugar del árbol amamantador).
Para llegar al descanso eterno, se tenía que hacer un duro viaje desde la tierra al Mictlán, pero les ayudaba el guardián del más allá Xólotl (Perro gigante). El Mictlán estaba formado de 9 lugares, 8 tenían retos para los muertos y en el 9 -el más profundo- podían alcanzar el descanso eterno.
El Mictlán tenía nueve dimensiones:
La primera era Apanohuaia : Aquí había un río caudaloso, la única manera de cruzarlo era con ayuda de Xólotl, el cual tenía cara de perro como pueden ver en el dibujo. Si en vida no se había tratado bien a algún perro, el muerto se quedaba en esta dimensión por la eternidad.
El último era Chicunamictlan: Aquí las almas encontraban el descanso anhelado. Era el más profundo de los lugares de los señores de la muerte
Xolotl ,el animal, señor de la estrella de la tarde y del inframundo era el dios del relámpago, los espíritus y además el ayudaba a los muertos en su viaje al Mictlán.
Pero el viaje a Mictlán era peligroso. Los muertos tenían que atravesar un río muy profundo, escalar montañas, pelear con fieras salvajes, etc. Por eso, cuando moría una persona era enterrada con una ofrenda, que consistía en cuchillos de obsidiana, comida y bebida suficiente para el viaje, un perro que los acompañara, y si el muerto era un personaje importante, lo enterraban con algunos sirvientes
En todas las culturas del México antiguo: mayas, olmecas, aztecas, etc. la muerte ocupaba un lugar muy importante. Los antiguos mexicanos, igual que en las culturas europeas y orientales, pensaban que el Espíritu de los hombres era inmortal; esto es, que existía un lugar a donde iban a parar las almas de los muertos. Los aztecas llamaron Mictlán a ese lugar. Rendían culto a los muertos , una tradición que ha perdurado hasta nuestros días ya que el 2 de noviembre en México se celebra festejándolo con calaveras, bailes y comidas, especialmente dulces con forma de carabela. De los aztecas viene el culto a las carabelas que hoy llaman calaca o la catrina.
Los aztecas creían que la muerte y la vida formaban una unidad. Para los pueblos prehispánicos la muerte no era el fin de la existencia, era un camino de transición hacia algo mejor.
La escritura – los códices
Los aztecas inventaron una escritura pictográfica, cuyos signos representaban esquemáticamente, los objetos o sugerían fácilmente la idea de ellos. Esta escritura rudimentaria evolucionó, y algunos signos, poco a poco, adquirieron un valor fonético, es decir, no representaron ya lo que expresaban como dibujo, sino el sonido de las palabras. Esta mezcla de elementos ideográficos con elementos fonéticos complica la interpretación de la escritura de los mexica o aztecas.
Los aztecas escribían sobre largas bandas de tejidos de manguey y de pergamino, con gran detalle y con coloridos brillantes. Así formaron importantes códices, que han llegado hasta nuestros días, aunque no todos han podido ser descifrados.
Códice azteca precolombino
Después de la llegada de los españoles algunos códices como el Mendoza fueron pintados por aztecas y escritos en castellano por escribas españoles.
Los encargados de las ciencias eran los sacerdotes.
Los sacerdotes dirigían la vida intelectual y religiosa de los aztecas. En los grandes templos habían dos sacerdotes principales o quequetzalcoa. A sus órdenes se encontraba otro que administraba la recaudación de los diezmos y que se aseguraba de inculcar la fe a los pueblos recién conquistados.
Solamente en Tenochtitlán habían cinco mil sacerdotes.
Preparación para el sacrificio, Diego Rivera
Las ciencias
Era una de las ciencias de más tradición para los aztecas. Gracias a sus observaciones determinaron con gran precisión las revoluciones del sol, de la luna, de planeta Venus, y, tal vez, de Marte; agruparon las estrellas en constelaciones (que no coinciden con las nuestras); conocieron la existencia de los cometas; la frecuencia de los eclipses de sol y de luna; y pudieron crear dos complejos calendarios.
La astrología
Esta observación del cielo les permitió también desarrollar conocimientos de metereología y así predecir las heladas o establecer las características de los vientos dominantes.
Calendario azteca o piedra del sol
La fecha más importante del calendario azteca
se daba cada 52 años, lapso en que se cumplía un ciclo
mitológico de vida del mundo. Los aztecas se guiaban por ambos calendarios.
El calendario azteca o mexica, fue inventado por los olmeca hace aproximadamente 35,000 años y heredado posteriormente por todas las culturas y etnias de Mesoamérica, incluyendo entre otros a los mayas, zapotecas y aztecas.
El calendario ritual consistía en 365 días , divididos en 18 meses de 20 días y 5 restantes de mal agüero, considerados funestos.
El calendario sagrado , de uso civil tenía 260 días repartidos en 20 meses de 13 días cada uno.
Cuando llegaba el fin del siglo de 52 años, el sacrificio se hacia en el templo para asegurarse de que volvería a salir el sol. Esa noche los hogares se apagaban, la angustia de que no volviera a salir el sol era tal que la gente se pinchaba para sangrar y así hacer más sacrificios
Las matemáticas
Las ciencias matemáticas a diferencia de la astronomía, eran bastante más elementales. Utilizaban un sistema vigesimal (usando como base el 20) . La unidad se representaba por un circulo, dos decenas con una bandera, cuatrocientas unidades con una figura, y así sucesivamente.
Para medir las tierras, usaban la unidad de medida básica de o las "varas de tierra" o tlalquahuitl. Para referirse a la mitad de una vara usaban el símbolo de una flecha, dos flechas son 1 unidad; cinco corazones son dos unidades y cinco manos son 3 unidades.
Todavía no está claro cuál es el número de estas medidas
La medicina
La medicina también tuvo un gran grado de desarrollo. Con su conocimiento de la naturaleza los aztecas distinguieron propiedades curativas en diversos minerales y plantas. Los sacrificios humanos religiosos (que incluían la extracción del corazón y el desmembramiento del cuerpo) favorecieron un buen conocimiento de anatomía. Sabían curar fracturas y mordeduras de serpientes. Posiblemente hubo "odontólogos" encargados de realizar deformaciones dentales. Aunque la medicina era practicada por hombres y mujeres, parece ser que sólo las mujeres podrían encargarse de ayudar en los partos. La medicina estuvo muy ligada a la magia, pero el hecho de no atribuir la causa científicamente correcta a cada enfermedad no significó que no se aplicase el remedio conveniente.
Médicos curando picadura
Para la enfermedad de la tos será necesario frotarse la garganta con el dedo, y beber el agua de la raíz tlacopópotl, o beber el agua de la raíz que haya estado con cal mezclada con chile, . Del códice Florentino.
Matrimonio
El matrimonio, como todos los actos rituales de los aztecas, seguía cánones bien establecidos. La edad indicada para el hombre eran los entre 20 y 22 años, y para la mujer, 17 o 18. Quienes concertaban el matrimonio eran los padres ayudados por una casamentera, pero los hijos tenían derecho a decidir., es decir tenían que estar de acuerdo. Los del novio solicitaban a la muchacha. El primer intento debía obtener siempre una respuesta negativa en actitud de buenas costumbres; en el segundo se aplazaba la respuesta hasta consultar la voluntad de la novia.
Ya obtenido el consentimiento se señalaba el día de la boda, y cuando llegaba la novia era conducida con gran pompa, entre música y alegría, a la casa del novio.
Una vez casados, los novios tenían que guardar cuatro días castos y rezando.
Ceremonia matrimonial según
el códice Mendoza
La vida diaria y rituales
Vida diaria
La vida familiar
En el códice que aquí vemos podemos observar parte de la vida familiar: Los niños en edades de tres, cuatro, cinco y seis años sirviendo a sus familias con los quehaceres de la casa. Un padre ordena a sus hijos de cinco años a llevar cargas de madera o transportar bienes al lugar del mercado. Una madre le muestra a su hija como sostener la espiral del carretel, el primer paso en las instrucciones de tejedores. La ración para los niños en esta edad es una tortilla.
Códice Mendoza
Aquí el códice describe el castigo dado a los niños que desobedecían a sus padres. Como ejemplo los niños de diez años eran golpeados con ramas.
Aquí se
describe las tareas que los jóvenes estaban supuestos a hacer como adolescentes; tareas como cosechar las aneas, moler maíz, pescar y tejer.
Códices Mendoza
El nacimiento de un hijo. Este códice nos muestra a una madre que se dirige a su hijo colocado en una cuna. Después de cuatro días marcados por rosetones coloreados, una partera prepara el bebé para un baño ritual y una ceremonia para darle el nombre. Los símbolos invocados para un niño consisten en flechas y herramientas de alfarería. Los símbolos invocados para una niña son una escoba, un carretel y una cesta. Tres niños que aparecen a la derecha gritan el nombre del infante
Las ocupaciones que los jóvenes estaban supuestos a seguir.
El servicio militar era obligatorio. Los jóvenes aprendían a luchar acompañando a los guerreros veteranos en campañas y sirviendo como mensajeros para los suministros que ellos necesitarían para sobrevivir en la marcha
Este códice muestra que los castigos por embriaguez pública, el robo, el adulterio y otras desviaciones sociales eran severas y normalmente se apedreaba a los culpables
Ordinariamente la embriaguez era prohibida en las sociedades aztecas, pero una vez que el hombre o la mujer alcanzaban la edad de setenta años, ellos tenían derecho a beber en su tiempo libre, después de una vida de trabajo duro
El baño formaba parte de la vida cotidiana de los aztecas, tanto para mantenerse limpios como para purificarse. Prácticamente todas las casas aztecas tenían adosado a un costado un baño de vapor. La casa de baños era un edificio pequeño calentado por un fuego. Cuando se arrojaba agua a las paredes calientes del interior la habitación se llenaba de vapor.
Los aztecas se bañaban varias veces al día.
La higiene diaria
Cuando llegaron los conquistadores a América los indígenas se sorprendieron del mal olor que traían los conquistadores pues los indígenas estaban acostumbrados a la higiene y a ducharse varias veces al día. En Europa precisamente en la edad media no había tanta higiene.
La vestimenta
La vestimenta era muy sencilla. Los hombres usaban un taparrabos llamado maxtlalt y de un tilmatli o especie de manta blanca salvo la del Huey que era color verde turquesa y la de los sacerdotes que era negra. El traje de las mujeres se llamaba cueitl y de una blusa llamada huipilli. El uso de calzado fue extraño y reservado a momentos de fiesta, ya que entre los mexicas se usaban sandalias hechas de caña de petate, el cual no dura mucho bajo el pie, se cree popularmente que existían calzados de cuero, pero la técnica de curado de la piel que conocían los mexicas era muy básica y producía cueros esponjosos que se gastaban con rapidez, por lo que de este material lo poseían los principales señores, los cuales los adornaban con plumas, laminas de oro y telas pintadas
El ocio
El juego más popular era el de la pelota. Una pelota de hule que había que colocar en campo contrario y también pasar por una especie de arco. Se podía tocar con cualquiera parte del cuerpo excepto con los pies. Los jugadores iban provistos de protectores de piel.
Aparte del Patolli que era un juego parecido al parchís nuestro existían otros juegos de menor importancia como un juego de damas con piezas blancas y negras, otro parecido a nuestro bolos.
Las cacerías eran muy populares, a las aves las tiraban con cerbatanas y bolitas de barro, de esta manera podía usar sus plumas sin mancharlas de sangre. A los que mataban una pieza en una cacería recibían un regalo del emperador.
La alimentación
El pueblo comía poco, básicamente tortilla de maíz, fríjoles , chía, tomates y chiles. Del maíz se aprovechaba todo, las pencas e incluso los gusanos que criaba El pueblo comía solo dos veces al día a diferencia de los ricos que hacían tres comidas.
Cómo es lógico los nobles o pipitlines tenían sus grandes banquetes.
Comían poca carne ya que solo criaban perros y pavos, estos últimos mucho más apreciados que el perro.
Indispensable y muy popular era la bebida de chocolate o cacao que importaban del norte de Centroamérica. Lo tomaban amargo ya que no conocían el azúcar y algunas veces le ponían miel de abeja y ají picante.
El maíz, fue domesticado en México desde el 7000 aC Era el alimento básico. Entre las fiestas más importantes estaba la del maíz, base de la alimentación.
Mujer azteca espumando cacao
La Triple Alianza ( Ēxcān Tlahtolōyān, en náhuatl) fue la última confederación de estados indígenas del valle de México, conformada por México-Tenochtitlan, Tetzcuco (castellanizado como Texcoco) y Tlacopan. La confederación tenía como objetivo derrotar al impero de Azcapotzalco y al lograrlo en una histórica batalla por parte de estos tres señoríos en 1430
La triple alianza
Para los aztecas la religión y los sacrificios estaban sumamente ligados. Los aztecas creían que el mundo se mantenía vivo gracias a la sangre de los sacrificios humanos. De esta manera los dioses recibían su tributo.
Las víctimas de los sacrificios por lo general eran prisioneros de guerra, esclavos comprados para
este fin o incluso personas que se ofrecían voluntariamente, ya que una muerte así aseguraba una feliz vida eterna. Había meses consagrados al sacrificio de niños que eran llevados a las cumbres de los montes, adornados con plumajes y guirnaldas; sus sacrificadores los acompañaban tañendo instrumentos musicales, cantando y bailando
Sacrificios
Existía el canibalismo pero practicado sólo por los nobles y de un modo muy controlado. De hecho uno de los bocados favoritos eran la palma de las manos.
Las víctimas eran colocadas sobre
el altar de sacrificios, a la que llegaba vestidos con las vestimentas y adornos del dios para el que se hacía el sacrificio. Una vez depositado sobre dicha piedra, cuatro sacerdotes sostenían cada una de las
extremidades de la víctima y un quinto le abría el
pecho con un cuchillo de piedra y le sacaba el
corazón, que luego era quemado en una urna de piedra
El canibalismo
El canibalismo estaba patrocinado por el estado, la religión y posiblemente por la falta de proteínas. Los aztecas avanzaban sobre sus enemigos cazando presas de alimento. Sin embargo en muy raras ocasiones se sacrificaban mujeres. Unas fuentes dicen que este canibalismo fue debido a la hambruna producida por las guerras y las sequías.
En muchas culturas se ha practicado la muerte como espectáculo ( Roma y los gladiadores, por dar un ejemplo) pero en muy pocas el espectáculo consistía en sacrificios humanos casi a diario. Dicen las crónicas que podían llegar a sacrificar miles en un solo día. Algunos historiadores están de acuerdo con que existió el canibalismo institucional como necesidad proteica .
El ecosistema no proveía proteína animal, muy poca y la vegetal era insuficiente. Se dice que los ancianos, después de un sacrificio, reclamaban las partes del cuerpo que luego cocinaban, el tronco era arrojado a los mamíferos del zoológico.
El sacrificio y el canibalismo inició en Mesoamérica hace 2,500 años o tal vez antes.
Ese año, según las crónicas indígenas, suceden una larga serie de desgracias, comenzando por una intensa nevada que heló las tierras y destruyó muchas casas. Le siguió una epidemia y una larga hambruna, tan excesiva que muchos vendieron a sus hijos a trueque de maíz en las provincias de Totonapan.
Guerras Floridas
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Uno de los aspectos más llamativos de la cultura azteca es el sacrificio de prisioneros a los dioses que se realizaba en el Templo Mayor de México. Para proveerse de los miles de prisioneros necesarios para los sacrificios los aztecas establecieron un sistema de intercambio con sus enemigos. Puesto que los sacrificados debían ser prisioneros capturados en combate, las tres ciudades de la Triple Alianza -México-Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan- acordaba celebrar guerras periódicas con sus enemigos, las ciudades de Tlaxcala, Cholula y Huexotzin Estas guerras, llamadas Guerras Floridas, parecen tener su origen hacia 1450 un año de desgracias y hambre.
Los sacerdotes y sátrapas de los templos de México dijeron que los dioses estaban indignados contra el imperio y que para aplacarlos convenía sacrificar muchos hombres y que esto se debía de hacer periódicamente, de manera que se establecieron campos para las batallas. El concepto de estas guerras no era conquistar tierras. Era llevar a los altares para sacrificio a cuantos más mejor.
Los aztecas asumieron el papel de ser los salvadores de la humanidad. A base de sacrificios el sol saldría diariamente
El fin del imperio azteca
Los aztecas no entendieron la forma de luchar de los españoles que mataban en combate, mientras que ellos solo se los llevaban prisioneros. Esta fue una de las causas de la derrota del imperio azteca. Otra razón fue la disminución de guerreros y jóvenes que eran sacrificados y como resultado la falta de mano de obra para cultivar las tierras para producir comestibles para los gobernadores. Para los aztecas el mundo se iba a acabar pronto.
Según la tradición mexica, funestos presagios (iluminaciones del cielo, incendios inexplicables) anunciaron una terrible catástrofe. Muy religiosos, Moctezuma y sus consejeros quedaron muy impresionados por el hecho de que el año uno-junco (para ellos), es decir, 1519, coincidiera con la fecha que, al presentarse cada 52 años, podía significar el retorno de la Serpiente de Plumas, según el mito de Quetzalcóatl. Y, para ellos, Cortés era el dios que regresaba.
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5. VIDA Y MUERTE DEL MUNDO INDÍGENA AMÉRICA fue una vez un continente vacío. Todos los pueblos que han pisado nuestras playas o cruzado nuestras fronteras, físicas o imaginarias, han venido de otra parte. Imaginemos, así, que hace 130,000 años, enormes masas de hielo se desplazaron en las regiones árticas, resultando en un descenso de los niveles del mar de Bering: una gran calzada continental se abrió entre Asia y América.
Sobre este puente, a pie, nómadas en pequeños grupos comenzaron a entrar en el hemisferio occidental hace 65,000 años (acaso sólo 30,000 años). Talladores, cazadores, cavernícolas, cazaron al mamut antes de su extinción. Recorrieron vastos espacios, de las montañas a los desiertos, a los valles y a las selvas. Y también encontraron conejos y venados, jabalíes y patos salvajes.
Pero entre 7500 y 2500 antes de Cristo, el descubrimiento de la agricultura los convirtió en cultivadores sedentarios reunidos en aldeas. El primer grano de maíz, en la mitología mesoamericana, fue descubierto por Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, el creador de la humanidad. Quetzalcóatl descubrió el maíz con la ayuda de una hormiga, y su triunfo contrastó vivamente con el fracaso de los demás dioses. Con razón se le honraba de tal manera en las sociedades mesoamericanas: creador del hombre, de la agricultura, de la sociedad aldeana.
Pues al principio nada había, dicen los más antiguos cantos del continente vacío: “Cuando era de noche, en la oscuridad, los dioses se reunieron…” y crearon a la humanidad: “Que haya luz”, exclama el libro de los mayas, el Popol Vuh, “que nazca la aurora sobre el cielo y la tierra. No habrá gloria hasta que exista la criatura humana”.
La humanidad nació del sacrificio. Cuando los dioses se unieron en la hora del primer amanecer de la creación, formaron un círculo alrededor de una vasta fogata. Decidieron que uno de ellos debería sacrificarse saltando al fuego. Un hermoso dios, arrogante y cubierto con joyas, mostró duda y temor. Un dios desnudo, enano y cubierto de bubas, se arrojó entonces a la conflagración y enseguida resucitó con la forma del sol. El dios hermoso, al ver esto, también saltó al fuego, pero su recompensa fue reaparecer como el satélite, la luna. Así fue creado el universo.
Si los dioses se habían sacrificado a fin de que el mundo y la humanidad existiesen, entonces con más razón la humanidad estaba obligada a arrojarse, de ser necesario, en las grandes hogueras de la vida y de la muerte. La necesidad del sacrificio era un hecho indudable en la sociedad indígena, no sujeto a discusión o escepticismo de cualquier tipo. Para los antiguos americanos, las fuerzas del universo eran una fuente constante de peligro, pero al mismo tiempo eran la fuente misma de la supervivencia que amenazaban. Esta ambigüedad se resolvió en el sacrificio, un hecho tan indudable para la sociedad indígena como lo es para nosotros la fórmula E = mc2. Pues del sacrificio dependía no sólo la continuidad de la vida, sino el orden mismo del universo. Los hombres y las mujeres eran vistos como cosas verdaderamente diminutas en el enorme escenario del cosmos. El universo mismo era materia endeble, sujeto a la vida y a la muerte, a la creación y a la destrucción, a la muerte y a la resurrección.
A medida que evolucionó de la aldea al centro ceremonial, a la ciudad y al imperio, el mundo aborigen de Mesoamérica, la región que se extiende del centro de México hasta Nicaragua, cultivó mentalmente un conjunto de creencias en cuyo centro se encontraba la idea de que el mundo había sido creado no una, sino diversas veces. Esta creencia, desarrollada por los aztecas en la leyenda de los Cinco Soles, nos es relatada en el calendario solar, donde el centro del disco lo ocupa la imagen del sol, que nos muestra la lengua, significando que el
sol brilla, y enmarcada por las cuatro direcciones que indican las cuatro creaciones previas del mundo y las catástrofes que sufrieron. El primer sol fue destruido por un jaguar; el segundo, por vientos feroces; el tercero, por lluvia incesante; el cuarto, por las aguas del gran diluvio. Actualmente vivimos bajo el Quinto Sol, nacido del sacrificio de los dioses y que sólo continuará brillando mediante el sacrificio de las criaturas de los dioses, los hombres y las mujeres.
Sólo el sacrificio podía mantener este mundo, el sol y en consecuencia la vida: del sacrificio dependía la continuidad de las cosas, la aldea, la familia, el trabajo, la agricultura, el maíz. Semejante concepción de la realidad naturalmente desembocó en el temor de que una catástrofe tan reciente, tan recordada por todos los pueblos aborígenes, podría repetirse en cualquier instante: el nombre de esta catástrofe sería la muerte del Quinto Sol. La naturaleza merecía tanto amor como temor. El tiempo debía ser conocido, pero también predicho. Y el poder debía dársele a quienes sabían, recordaban y predecían nuestro propio tiempo, dominando y apartando a las fuerzas destructivas de la naturaleza.
El nombre de la interpretación que explicaba esta realidad era el mito. Las fuerzas naturales y sobrenaturales, tan cercanas a la piel de todas las criaturas divinas, fueron llamadas dioses, la causa de todas las cosas. El tiempo y la muerte se convirtieron de esta manera en los ejes del mundo indígena, y los dioses, la causa eficiente de todo lo bueno y lo malo. Los elegidos de los dioses fueron aquellos capaces de escucharlos, predecir el tiempo y administrar la muerte, así en la guerra como en la paz. De esta manera, los reyes, los sacerdotes y los guerreros llegaron a dominar el espacio vacío de las Américas, ordenando erigir centros ceremoniales en los cuales se podían honrar estas verdades inalterables.
Como gigantescas sombras proyectadas por los fuegos de la creación, estas creencias acompañan el paso de las sucesivas civilizaciones mesoamericanas, desde los primeros cazadores, 6000 años antes de Cristo, a los inicios de la vida agrícola, al principio de la vida aldeana alrededor de 1500 antes de Cristo, a la aparición de la cultura madre de
los olmecas en la cuenca del río Papaloapan (el Río de las Mariposas), en la costa del Golfo de México alrededor de 900 años antes de Cristo. La cultura de la aldea subió enseguida del mar a las montañas y al pueblo zapoteca de Oaxaca, a los valles del México Central y a las primeras señales de la civilización maya, entre el siglo tercero antes de Cristo y el primero de nuestra era.
Las migraciones y los éxodos continuaron, acarreando siempre el terror de la catástrofe cósmica. La necesidad de responder tanto creativa como sacrificialmente a este temor persistió a lo largo de los 600 años de las culturas clásicas de Teotihuacan en el centro de México, Monte Albán en Oaxaca y la preparación del gran periodo de la civilización maya, que alcanzó su apogeo y enseguida se derrumbó, entre los años 600 y 900. El suspiro final de los mayas en Chichén Itzá, la vida y muerte de los toltecas en el centro de México, seguida por el ascenso de los aztecas a partir de 1325 y su caída en 1521 a manos de los españoles, cierran el ciclo histórico de las civilizaciones mesoamericanas, pero de ninguna manera, como lo veremos, su ciclo cultural.
Cada uno de estos grandes temas y certezas, que alimentaron y estructuraron el mundo indígena, son evidentes en sus magníficas construcciones, comparables a las de Mesopotamia y el Antiguo Egipto. Ante todo, la arquitectura indígena es, como lo revelan sus sitios físicos, respuesta a la cuestión de la naturaleza: un paisaje humano de altivos templos dedicados a los dioses. En Europa, el alma romántica le dio a esta cuestión su forma más moderna. De la naturaleza, Goethe dijo: “Vivimos dentro de ella pero somos ajenos a ella.” Quizás más dramáticamente, Hölderlin imaginó la angustia del primer hombre consciente de ser parte de la naturaleza, nacido de ella, pero, al mismo tiempo, separado, distinto de la naturaleza, obligado a distanciarse de ella a fin de sobrevivir y de identificarse. Con anterioridad al temor freudiano de quedar capturado adentro o desamparado afuera, los grandes templos de la Antigüedad mesoamericana revelan esta misma
inquietud de ser devorados por una naturaleza amenazante o de permanecer, a la intemperie, fuera de su abrazo.
Palenque es el ejemplo supremo de esta ambigua respuesta a la naturaleza. Hundido en
lo más profundo del abrazo de la selva de Chiapas, cada edificio parece esculpido a partir de la selva primigenia. Palenque llegó a su apogeo en el siglo VII y fue abandonado en el siglo XI, una vez más, a los apetitos de la naturaleza. Hoy, la magnífica serie de estructuras en Palenque, el Palacio, la Casa del Jaguar y los templos del Sol, de la Cruz y de las Inscripciones, nos parecen para siempre capturados entre las exigencias rivales de la selva y de la humanidad. En contraste, las ruinas de Monte Albán, en la gran ciudadela que domina el valle de Oaxaca, están separadas de la naturaleza de manera soberbia y aun abstracta. Monte Albán parece suspendido entre el cielo y la tierra, más cerca de las nubes y del firmamento que de cualquier raíz terrena. Pero entonces miramos por segunda vez el esplendor de Monte Albán y nos damos cuenta de que no es sino una elocuente evidencia visual de la equivalencia entre la construcción humana y el paisaje natural: la arquitectura es prácticamente la réplica de las montañas circundantes.
Esta segunda mirada nos permite dar respuesta a la cuestión inmediata que surge a la luz de esta altura cristalina. ¿Cuál fue la función de un espacio como éste? ¿Fue concebido como un centro ceremonial, como una fortaleza, como un santuario, como un monumento a los caídos en las guerras civiles que asolaron el valle de Oaxaca? ¿O se trata de un monumento a las grandes epopeyas del éxodo y la guerra que se encuentran en la raíz de la vida y el movimiento del continente vacío? En todo caso, las cuestiones constantes de la mentalidad indígena están implícitamente expresadas en Monte Albán: ¿Cuánto tiempo durará lo que hemos hecho? ¿Podemos construir algo que nos proteja de la destrucción?
La necesidad de dar respuesta a la naturaleza condujo naturalmente a una intensa preocupación con el hecho temporal, pero esta preocupación fue rápidamente desplazada por el poder de los hombres capaces de asegurar que el tiempo duraría, que el caos natural no volvería a imponerse.
Los murales de Bonampak, descubiertos apenas en 1949 en las selvas del sur de México, nos ofrecen una visión multicolor de un mundo de poder ritual. Presididos por las imágenes de un niño principesco al cual se le ofrece el poder futuro, los murales de Bonampak ofrecen un impresionante panorama del poder en el antiguo mundo americano. Como en una cinta cinematográfica, las procesiones de sacerdotes y sirvientes, de gobernantes y gobernados, nos permiten ver con claridad una organización del trabajo humano determinada por una casta emergente de príncipes y sacerdotes. A medida que las comunidades agrarias se convirtieron en ciudades-Estado y las ciudades se expandieron sobre territorios mayores mediante la guerra y la conquista, exigiendo tributo, cosecha y también mujeres, la civilización se organizó con el propósito de mantener a la burocracia, al sacerdocio y al ejército. Los murales de Bonampak desembocan en una visión cruel e implacable de la guerra: batalla, muerte y esclavitud. Pero también nos trasladan retrospectivamente a la imagen del futuro rey, el niño príncipe, santificado en el primer mural. Ese niño gobernará al mundo, y gobernará de la manera descrita y con los objetivos declarados de mantener la vida humana mediante la paradoja de la sangre derramada en la guerra y el sacrificio.
La necesidad de comprender el tiempo se volvió, así, fundamental en el mundo indígena, pues entender el tiempo significó entender la diferencia entre la supervivencia y la destrucción: dominar el tiempo fue sinónimo de asegurar la continuidad de la vida. Un poeta indígena expresó lo siguiente: “Los que tienen el poder de contar los días, tienen el poder de hablarle a los dioses.”
En Chichen Itzá, los astrónomos mayas establecieron un calendario solar preciso de 365 días simbolizados por la estructura de la gran pirámide. Nueve terrazas y cuatro escaleras representan los nueve cielos y los cuatro puntos cardinales. Cada escalera tiene 91 escalones, un total de 364, el número de los días del año, más la plataforma cumbre, 365, los días del año solar.
La más grande pirámide mesoamericana, el Templo del Sol en Teotihuacan, fue construida de tal manera que el día del solsticio estival el sol se pone precisamente enfrente de la fachada principal. La naturaleza y la civilización pueden celebrarse en el reflejo la una de la otra. Los toltecas, constructores de Teotihuacan, intentaron fundir este conjunto de
preocupaciones acerca del tiempo y la naturaleza, el poder y la supervivencia, en un principio moral y lo encontraron, una vez más, en la figura de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Quetzalcóatl, quien es objeto de diversas y a menudo contradictorias leyendas, puede ser visto como el creador de la vida humana, emergiendo lenta y difícilmente del caos y del miedo de los orígenes. Quetzalcóatl dio a los seres humanos sus utensilios y sus artes. Les enseñó a pulir el jade, a tejer la pluma y a plantar el maíz. El mito también le atribuye a Quetzalcóatl la invención de la agricultura, la arquitectura, la canción y la escultura, la minería y la orfebrería. El cuerpo de sus enseñanzas se identificó con el nombre mismo de los toltecas: el Toltecayotl o “Totalidad de la Creación”.
Quetzalcóatl se convirtió en el héroe moral de la Antigüedad mesoamericana, de la misma manera que Prometeo fue el héroe del tiempo antiguo de la civilización mediterránea, su libertador, aun a costa de su propia libertad. En el caso de Quetzalcóatl, la libertad que trajo al mundo fue la luz de la educación. Una luz tan poderosa que se convirtió en la base de la legitimidad para cualquier Estado que aspirase a suceder a los toltecas, heredando su legado cultural.
El Estado sucesor de los toltecas, y la nación final del antiguo mundo mesoamericano, fue el de los aztecas. La larga marcha de los aztecas desde los desiertos de Norteamérica, desde Arizona y Chihuahua hasta el centro de México, se fijó en la visión de un águila devorando a una serpiente sobre un nopal en una isla en un lago. Los aztecas fueron conducidos hasta este lugar por su feroz dios de la guerra, Huitzilopochtli, cuyo nombre significa “El Mago Colibrí”, y por su sacerdote, Tenoch. Cuando llegaron al sitio predestinado, fundaron su ciudad, Tenochtitlan, sobre las islas y pantanos de los lagos, en el año 1325. A la ciudad le añadieron un prefijo, México, que significa “el ombligo de la luna”. Es la más antigua ciudad viva de las Américas. De acuerdo con las crónicas, los aztecas eran despreciados por los habitantes previos del valle central, descendientes de los toltecas, quienes llamaron a los aztecas “el último pueblo en llegar”, “todos los persiguieron”, “nadie quería recibirlos”, “carecían de rostro”.
Esta ausencia de rostro contrastó con el perfil cultural definido y visible de los toltecas, la tribu de Quetzalcóatl, que había desaparecido misteriosamente, dejando detrás un conjunto de creaciones culturales, que el mundo indígena siempre consideró como su más valiosa herencia. De hecho, la designación misma de “tolteca”, era sinónimo de “artista”. Era la cultura del dios exiliado, Quetzalcóatl; era la herencia más alta y deseable del mundo indígena, y los aztecas, a medida que extendieron su poder en el valle central de México con los instrumentos de la guerra, la exacción y el sacrificio humano, se apoderaron también de la herencia cultural tolteca.
Necesitaban poder. También necesitaban legitimar su poder. Poder militar más legitimidad moral. Esta ecuación, que determinó la política de los aztecas, también enfrentó a dos dioses enemigos, Quetzalcóatl, dios de la creación y la hermandad, y Huitzilopochtli, dios de la guerra y de la conquista.
El arte y la moralidad toltecas le dieron a los aztecas el rostro que buscaban. Pero si la memoria y la identidad exigían esta identificación,
el poder y la legitimidad la combatían. En el siglo XV, Tlacaélel, hijo y hermano de reyes, pero que nunca aceptó la Corona para sí mismo, organizó por medios tradicionales lo que llegó a ser conocido como el Imperio azteca. Distribuyó tierras y títulos, organizó la administración, incluyendo el implacable sistema de tributos y de impuestos, inició conquistas que condujeron a los aztecas hacia el sur, hasta Guatemala, Honduras y Nicaragua. Tlacaélel también construyó el gran templo a Huitzilopochtli en la Ciudad de México, dedicando el poder de la nación azteca a los principios de la guerra y el sacrificio. Fue él, asimismo, quien ordenó que se quemasen los antiguos escritos de los pueblos derrotados por los aztecas, porque en ellos la nueva nación imperial era descrita como nación de bárbaros. Tlacaélel quemó la historia, pero esta burla digna de Orwell se hermanó con la ansiedad de ser siempre vistos como los herederos de Quetzalcóatl.
El panteón de las divinidades aztecas nos retrotrae, sin embargo, al caos, la fuerza y el terror que inevitablemente se apoderan del ser humano cuando se enfrenta al tiempo de los
orígenes. La figura central de este panteón es la diosa madre Coatlicue, “la de la falda de serpientes”. Cuadrada, decapitada, sin ataduras antropomórficas, Coatlicue ha sido creada a imagen y semejanza de lo desconocido. Los elementos de su decorado pueden ser llamados, separadamente, calaveras, serpientes, manos laceradas. Pero todos ellos se funden en una composición de lo desconocido. La Coatlicue no admite fisuras en su cuerpo. Ella es el monolito perfecto, la totalidad de lo intenso y de lo autocontenido.
De acuerdo con el mito, Coatlicue, la diosa de la tierra, fue preñada por una navaja de obsidiana, dando a luz a Coyolxauhqui, la diosa de la Luna, y una camada de hermanos, que se convirtieron en las estrellas. Pero un día, Coatlicue se encontró una pelota de plumas y la guardó celosamente en su seno.
Cuando la buscó, la pelotilla había desaparecido, pero Coatlicue, nuevamente, se encontraba preñada. Sus hijos, la Luna y las Estrellas, no le creyeron. Avergonzados de su madre, a la cual acusaron de promiscua, decidieron matarla. Una diosa sólo podía dar a luz una sola vez, en la nómina de las divinidades originales. ¿Qué podía seguir a la hazaña de darle vida a los dioses? ¿Qué monstruosidad? ¿Cómo podía haber segundos dioses? Pero mientras ellos intrigaban, Coatlicue dio a luz al fogoso dios de la guerra Huitzilopochtli, quien, auxiliado por una serpiente en llamas, se volvió en contra de sus hermanos, los asesinó en un ataque de rabia, decapitó a su hermana la Luna y la arrojó en un profundo barranco, donde el cuerpo de la mujer yace mutilado para siempre. El disco de la diosa de la Luna, descubierto en el Templo Mayor de México en 1977, ilustra este mito que, a su vez, revela la certeza de que el universo natural de los indios nació de la catástrofe. Los cielos, literalmente, se rompieron en pedazos, la Madre Tierra cayó y fue fertilizada en tanto que sus hijos fueron despedazados por el fratricidio y enseguida diseminados, mutilados, por todo el universo.
Pero la escultura de Coyolxauhqui y la de su madre Coatlicue son formas artísticas que, aunque nacidas de un mito, ya no cumplen una función religiosa. Se han convertido en parte de la imaginación artística, de tal manera que, más allá de sus orígenes sagrados, lo que hoy vemos es una composición artística moderna y ambivalente. La realidad se ha quebrado en varias partes, pero al mismo tiempo exige ser reunificada: ¿piden otra cosa las pinturas cubistas? Al imaginar a los dioses, estos escultores anónimos del universo indígena, igual que sus contrapartes góticas europeas, igualmente anónimos y también inspirados por la religión, crearon obras de arte intemporales, que pueden ser apreciadas fuera de su contexto religioso, en nuestro propio tiempo. La condición para lograrlo está enterrada en el corazón mismo de la creación artística. El verdadero artista no refleja la realidad: añade algo nuevo a la realidad.
Entre las piedras y las manos que les dieron forma, los artistas indígenas establecieron formas de comunicación que al cabo se volvieron
universales. André Breton vio en el arte y la vida de México una expresión del surrealismo. Mucho más concretamente, el escultor británico Henry Moore se inspiró en la figura reclinada del Chac Mool para darnos su espléndida serie de estatuas yacentes. Las estatuas de Moore se han convertido en una de las obras más representativas e inolvidables de la tradición moderna; ello no es ajeno a su conexión con una de las tradiciones más antiguas. Lo que Henry Moore dice de su propio arte, puede decirse de las grandes esculturas del México antiguo: si un escultor comprende el material con el cual trabaja, puede transformar un bloque de materia cerrada en una composición animada de masas que se expanden y se contraen, empujan y se confunden.
Capturadas entre el puro aire y el dinamismo de la piedra, estas esculturas son el producto de una pluralidad de realismos, una multiplicidad de visiones que, al manifestarse como obras de arte, son todas igualmente “reales”. Las colosales cabezas olmecas tienen rasgos llamativamente negroides, al grado de que muchos se han preguntado si el Caribe originalmente fue poblado por inmigrantes africanos. Pero su realidad artística nos obliga a preguntamos qué cosa es más importante, ¿el probable trasfondo religioso y étnico del arte, o su presencia contemporánea entre nosotros? Finalmente, ninguna faceta de este arte excluye a las demás: la realidad es múltiple.
Durero, el pintor alemán, fue el primer artista europeo en ver las obras de los aztecas cuando llegaron a Bruselas en 1520, en la Corte flamenca de Carlos I. “He visto las cosas que
le fueron enviadas al rey desde las tierras doradas”, anota en su Diario de viaje a los Países Bajos. “Son una maravilla para la mirada”, añade, concluyendo: “jamás en mi vida he visto algo que me llene de mayor felicidad”. Más de tres siglos después, otra vez en Bruselas, Charles Baudelaire observaría los grabados de las esculturas aztecas, llegando a la conclusión de que pertenecían a un “arte bárbaro”, bárbaro en el sentido de ser totalmente ajenas al concepto de la personalidad humana.
Y, sin embargo, por debajo y por encima, pululando cerca de los dioses, los sacerdotes y los guerreros, existía en Mesoamérica toda una sociedad, vivaz y sensible, circulando alrededor de las pirámides y creando los valores de la continuidad cultural en las Américas. Esta tradición habría de convertirse en una de las más fuertes realidades con las que estas sociedades darían respuesta al encuentro con Europa.
Cuando miramos los grandes monumentos del pasado indígena y tratamos de comprender tanto su belleza como su función política, nos sentimos tentados de preguntar, junto con el poeta Pablo Neruda, “¿Piedra en la piedra, pero el hombre dónde?” Quizás la respuesta se encuentre en la existencia misma de los diversos artefactos de la cultura popular creados por los pueblos mesoamericanos, al nivel de la aldea y a lo largo de miles de años. La humanidad se encuentra en las caritas sonrientes, acaso burlonas, de los olmecas; en la alegría y los juegos de las figuras que a nosotros nos parecen como de luchadores, acróbatas y hasta jugadores de beisbol; en el hincapié dado a la continuidad simbólica de la vida en las figuras de viejos, mujeres fértiles y niños. Quizás la humanidad se encuentre sobre todo en la elegancia y la finura infinitas de las figuras de Jaina en Yucatán: mujeres, oradores, vendedores, labriegos, mendigos y mentirosos. Todos los caracteres de la vida diaria fueron diseñados, ubicados y dotados de presencia, a lo largo de los siglos. Acaso la belleza eterna de este arte y de quienes lo hicieron se encuentre mejor preservada en los objetos más frágiles, en la cerámica, los vasos, los utensilios y las representaciones estilizadas de los animales y de los pájaros. El magnífico zoológico de los primeros olmecas ha quedado fijado en las figuras de patos, cocodrilos, monos, tapires, armadillos y jaguares. La figura del jaguar se pasea a lo largo y a lo ancho del México indígena, en contrapunto con los deliciosos perritos olmecas, los loros y las tortugas de las culturas occidentales, los misteriosos murciélagos zapotecas, los chapulines aztecas y los peces totalmente estilizados, casi abstractos y dignos de Brancusi, provenientes de Tlatilco.
Todo ello representa la continuidad de la cultura popular, y la encontramos encarnada hoy en las actitudes y en la dignidad de sus descendientes contemporáneos, así como en la producción incesante de sus artesanos.
Ésta es la respuesta popular al poder de los dioses y los potentados, los valores de la comunidad, el amor a la tierra y a la naturaleza, el trabajo y el respeto mutuo. Pues aun cuando sus ciudades misteriosamente decayeron y desaparecieron, el pueblo sobrevivió. Y aun, quizás con mayor misterio, sobrevivió su arte, a pesar de no ser un arte popular o humanista, para nada, sino más bien una celebración asombrosa y sobrenatural de lo divino, de la muerte y del tiempo.
En el nombre de Quetzalcóatl, la sociedad azteca mantuvo vivo el culto de la vida a través de sus sistemas de educación, que eran universales y obligatorios; mediante las exhortaciones dichas en bodas, nacimientos, muertes y elecciones. El poeta azteca, pero también los padres y las madres dirigiéndose a sus hijos, los novios hablándoles a sus novias, los vivos dirigiéndose a sus muertos, o los ancianos eligiendo a sus reyes, hablan todos de la Tierra como un lugar de felicidades melancólicas, felicidades que hieren, la Tierra como un lugar misterioso y hostil, donde la vida es un sueño, todo pasa y sólo la muerte es cierta. Pero esto no es razón para desesperar, pues todos poseemos los dones de la risa, el sueño, la cocina, la salud y, finalmente, el acto sexual, celebrado como “semilla de los pueblos”.
Quetzalcóatl fue el principio dador de vida de la sociedad azteca, en oposición a Huitzilopochtli, artífice de la guerra y de la muerte. Tan importante para el mundo indígena como Prometeo o Ulises para el mundo mediterráneo, o Moisés para la cultura judeocristiana, Quetzalcóatl también fue un exiliado, un viajero, un héroe que se fue y prometió regresar.
Como los otros, su mito vive a través de múltiples versiones y metamorfosis, pero trascendiéndolas y enriqueciéndolas todas.
Los grandes festivales del mundo azteca no eran sino la expresión externa, ceremonial, de un tiempo en el que la naturaleza y el destino se daban la mano, eran vividos como mito y, como mito, no sólo representados sino vitalmente creídos. Ningún ejemplo mejor que el de una de las versiones de la leyenda de Quetzalcóatl, transmitida al padre Bernardino de Sahagún en México por sus informantes indígenas. De acuerdo con esta versión del mito, uno de los dioses menores del panteón indígena, un Puck oscuro y eternamente joven llamado Tezcatlipoca, cuyo nombre significa “El Espejo Humeante”, les dijo a los otros demonios: “Visitemos a Quetzalcóatl, y llevémosle un regalo.” Se dirigieron al palacio del dios en la ciudad de Tula y le entregaron el regalo, envuelto en algodón.
“¿Qué es?”, se preguntó Quetzalcóatl mientras desenvolvía el obsequio.
Era un espejo. El dios se vio reflejado y gritó. Creía que, siendo un dios, carecía de rostro. Ahora, reflejado en el espejo enterrado, vio su propio rostro. Era, después de todo, la cara de un hombre, la cara de la criatura del dios. Así, Quetzalcóatl se dio cuenta de que al tener un rostro humano, debía, también, tener un destino humano.
Los demonios nocturnos desaparecieron vociferando alegremente y Quetzalcóatl, esa noche, bebió hasta el estupor y fornicó con su hermana. Al día siguiente, lleno de vergüenza, se embarcó en una balsa de serpientes navegando hacia el Oriente. Prometió que regresaría en una fecha fija, Ce Ácatl, el día de la caña en el calendario azteca.
Cuando los tiempos del destino y la naturaleza coincidían bajo un símbolo de pavor, el universo indígena era sacudido hasta las raíces y el mundo entero temía perder su alma. Esto es exactamente lo que ocurrió cuando, después de una espantosa serie de augurios, el capitán español Hernán Cortés desembarcó en la costa del Golfo de México, el Jueves Santo de 1519.
El regreso de Quetzalcóatl
Llegó en el tiempo previsto: Ce Ácatl, el año Uno Caña, precedido por un año de portentos en el mundo azteca. Las aguas del lago sobre el cual estaba construida la ciudad de Tenochtitlan se agitaron formando inmensas olas, derrumbando casas y torres. Los cometas recorrieron durante largas horas los cielos. Los espejos reflejaron un cielo lleno de estrellas en pleno mediodía. Extrañas mujeres deambularon por las calles a la medianoche, lamentando la muerte de sus hijos y la pérdida del mundo. Aun los aliados más cercanos del emperador azteca, Moctezuma, después de observar el firmamento noche tras noche, admitieron que las profecías estaban a punto de cumplirse; que el mar, la montaña y el aire mismo temblaban con premoniciones. Quetzalcóatl iba a regresar.
La profecía del dios rubio y barbado iba a convertirse en realidad. Tan seguro estaba de ello el rey de Texcoco, que abandonó su reino, despidió a sus ejércitos y le recomendó a sus súbditos disfrutar del poco tiempo que les quedaba. Y el emperador Moctezuma, quien rara vez repetía el uso de su ropa y era atendido por una multitud de doncellas, inició una larga penitencia, barriendo su propio palacio con una escoba y vestido sólo con taparrabos, mientras los augurios del desastre se acumulaban sobre la ciudad aterrada. ¿Estaba acaso terminando el tiempo del Quinto Sol?
La angustia de Moctezuma tuvo un alivio pasajero cuando un mensajero llegó desde la costa y le dijo al rey que desde el Oriente se habían acercado casas flotantes, y en ellas se veían hombres vestidos de oro y plata, y montados sobre bestias con cuatro patas. Estos hombres eran blancos, barbados, algunos de ellos incluso rubios y de ojos azules. Moctezuma suspiró. Había terminado el tiempo de la angustia. Los dioses habían regresado. La profecía se había cumplido.
“Mi lengua” Pero Hernán Cortés no se veía a sí mismo como un dios. Él era un hombre y su voluntad de
acción le movía a actuar de manera humana, empleando hasta el extremo su sagacidad y su información. En la primavera de 1519 Cortés había zarpado de Cuba con una expedición de once navíos. A bordo viajaban 508 soldados, 16 caballos y varias piezas de artillería. El Jueves Santo, ancló sus barcos frente a la costa del Golfo y fundó la ciudad de Veracruz, en nombre del emperarlor Carlos V. Pocos días más tarde, otro emperador, Moctezuma, recibió las noticias de la costa. ¿Quién era este capitán español, que repentinamente se vio tratado como un dios?
Al llegar a México, Cortés contaba con apenas 34 años de edad. Había nacido en la ciudad de Medellín, en la provincia de Extremadura, donde su padre había combatido a los moros durante los años finales de la Reconquista. Ahora, Cortés el Viejo era el modesto propietario de un molino, un viñedo y un colmenar. Junto con su esposa, la madre de Cortés, descrita como mujer “honesta, religiosa, recia y escasa”, logró ahorrar lo suficiente para enviar a su hijo a la Universidad de Salamanca, donde Hernán Cortés fracasó como estudiante, pero leyó las novelas de caballería y escuchó las fabulosas crónicas del descubrimiento de América. Su cabeza se llenó para siempre con el sueño del Nuevo Mundo.
A los 19 años, viajó a las Indias donde se convirtió en un terrateniente modestamente rico. Pero Cortés no había venido al Nuevo Mundo para repetir el destino de su padre en el Viejo Mundo. Había venido a hacerse su propio destino: un destino de poder, riqueza y gloria, adquiridos no mediante la herencia, sino mediante la decisión personal, asistida por un poco de buena suerte. Perfecta mezcla maquiavélica de la voluntad y la fortuna, Hernán Cortés habría de convertirse en una de las grandes figuras del Renacimiento europeo, al embarcarse en una de las grandes epopeyas de todos los tiempos: la conquista del Imperio azteca.
Al principio, hubo escaramuzas constantes con las tribus de la costa. Sus caciques pronto se dieron cuenta de que los extranjeros, quienesquiera que fueran, no eran fáciles de derrotar en el campo de batalla. Venían armados de relámpagos, mandaron decir los informadores indios, y
escupían fuego. Los caciques les entregaron regalos de oro y otros objetos preciosos para contentarlos. Pero un día, le fue presentado a Cortés un tributo bien distinto: un obsequio de veinte esclavas llegó hasta el campamento español y entre ellas, Cortés escogió a una.
Descrita por el cronista de la expedición, Bernal Díaz del Castillo, como mujer de “buen parecer y entremetida y desenvuelta”, el nombre indígena de esta mujer era Malintzin, indicativo de que había nacido bajo signos de contienda y desventura. Sus padres la vendieron como esclava; los españoles la llamaron doña Marina, pero su pueblo la llamó la Malinche, la mujer del conquistador, la traidora a los indios. Pero con cualquiera de estos nombres, la mujer conoció un extraordinario destino. Se convirtió en “mi lengua”, pues Cortés la hizo su intérprete y amante, la lengua que habría de guiarle a lo largo y alto del Imperio azteca, demostrando que algo estaba podrido en el reino de Moctezuma, que en efecto existía gran descontento y que el Imperio tenía pies de barro.
Gracias a la Malinche, Cortés descubrió que un gran rey llamado Moctezuma vivía en una magnífica ciudad en la montaña. Se le dijo que los ejércitos de este rey, alineados en un campo, lo cubrirían como las olas del mar. Treinta reyes vasallos le rendían tributo, pero odiaban a Moctezuma y podían ser persuadidos de cambiar sus alianzas si alguien más poderoso que los aztecas se lo solicitaba. Los aztecas habían conquistado a la mayor parte de los pueblos de la América central, pero su dominación se basaba en el terror, no en el apoyo del pueblo, y algunos reinos, como el de Tlaxcala, habían logrado mantener su independencia, batallando constantemente contra el poder de México, y preparándose para el tiempo de las venganzas.
Cortés no tardó en tomar una decisión. Marcharía hasta la Gran Tenochtitlan a ver a Moctezuma, y aprovecharía el descontento del pueblo en su favor. Pero si el capitán estaba listo para marchar, sus tropas eran de pareceres distintos. Las escaramuzas habían causado bajas. Empezaban a faltar el pan, la sal y el tocino. Algunos temían el frío de las montañas, otros se quejaban del peso de las armas. Pero
Cortés se negó a dar la vuelta y regresar con las manos vacías. Sabía bien que los soldados españoles estaban divididos entre el deseo de la fama y el dinero, y el miedo de la derrota y la muerte.
—Somos sólo quinientos —le hicieron notar a Cortés. Y él respondió: —Entonces nuestros corazones serán doblemente valerosos. —Nos estamos muriendo de fiebres y ataques de indios —se quejaron otros. —Entonces enterremos a los muertos de noche para que nuestros enemigos crean que
somos inmortales. —Regresemos a Cuba. Embarquémonos de vuelta —otros exclamaron en franco motín. —Pero ya no hay naves —contestó Cortés—, las he barrenado. No tenemos más camino
que hacia arriba, ya no hay marcha atrás. Debemos ir hasta México y ver si este gran Moctezuma es tan grande como dice ser.
Los soldados vitorearon a Cortés, lo aclamaron como su capitán e iniciaron la gran marcha hacia la ciudad de Moctezuma. En el camino, Cortés tuvo que probar que era no sólo un conquistador militar, sino un cristiano que extendería la fe en Cristo y destruiría la abominable idolatría de los indios paganos. En Cholula, el gran panteón de los dioses del Imperio azteca, el capitán español destruyó las estatuas y ensangrentó al pueblo, invocando razones tanto religiosas como políticas: Marina le había informado que los sacerdotes paganos de Cholula conspiraban para asesinar a los españoles.
Entre sus deberes como soldado de la cristiandad y la ilusión indígena de que Cortés era un dios, el capitán español hubo de afirmar, finalmente, su identidad verdadera. Pero si su imagen divina comenzó a desteñirse, su habilidad militar se reafirmó en las batallas contra las fuerzas de Tlaxcala, en las afueras de la Ciudad de México. Los valientes
tlaxcaltecas, ferozmente independientes del poder de Tenochtitlan, no querían cambiar una dominación por otra. Desafiaron a Cortés pero fueron aplastados una vez más, a pesar de su número superior, por la avanzada tecnología de los europeos.
La gran recompensa para Cortés y los españoles llegó el día en que finalmente miraron la maravillosa vista de la ciudad en el lago. “Nos quedamos admirados”, escribió Bernal Díaz, “y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís… Y aun algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían si era entre sueños, y no es de maravillar que yo escriba aquí de esta manera, porque hay mucho que ponderar en ello que no se cómo lo cuente: ver cosas nunca oídas, ni aun soñadas, como veíamos”.
Entonces Moctezuma avanzó por la gran calzada que conducía a la ciudad para recibir a los españoles, fijo en su creencia de que Cortés era el dios Quetzalcóatl: “Bienvenido. Te hemos estado esperando. Ésta es tu casa.”
Cortés y Moctezuma
Rara vez se ha dado un encuentro de personalidades tan contrastantes en la historia. Fue el encuentro entre un hombre que lo tenía todo y un hombre que nada tenía. Un emperador comparado con el sol, cuyo rostro estaba vedado a sus súbditos, y poseedor del título de Tlatoani, que significa “el de la gran voz”. Y un soldado sin tesoro más grande que su ingenio y su voluntad. Pero a Moctezuma lo gobernaba la fatalidad: los dioses habían regresado. En tanto que a Cortés lo gobernaba su propia voluntad. El español alcanzaría sus metas en contra de todos los obstáculos.
Pronto descubrió que Moctezuma tenía recámaras en su palacio donde hasta las paredes eran de oro. Cortés pagó la hospitalidad del monarca indígena tomándolo prisionero y derritiendo el oro. En todas partes mandó destruir los ídolos y en su lugar erigió altares cristianos. Y su
lugarteniente, Pedro de Alvarado, después de hacerle trampas a Moctezuma en el juego de dados, perpetró la matanza de una población desarmada y desnuda en el festival religioso de Tlatelolco.
¿Eran éstos realmente dioses? Finalmente, el pueblo mexicano dijo que no. Eran invasores extranjeros crueles y codiciosos, y podían ser derrotados. Durante la batalla de la Noche Triste, la insurrección indígena, encabezada por el sobrino de Moctezuma, Cuauhtémoc, arrojó a los españoles fuera de Tenochtitlan. Muchos se ahogaron en los canales tratando de escapar con las bolsas llenas de oro. El propio Cortés se sentó al pie de un árbol y lloró. Pero construyó barcos en el lago para reiniciar el ataque y regresó,
convencido de que la ecuación de información más tecnología superiores acabaría por garantizar el triunfo europeo.
Los aztecas, bajo Cuauhtémoc, combatieron valerosamente. Pero el suyo era un mundo sagrado cuya caída había sido profetizada por los libros de la memoria.
“Preparaos, oh hermanitos míos, pues el blanco gemelo del cielo ha llegado, y castrará al sol, trayéndonos la noche, y la tristeza, y el peso del dolor.”
Tales eran las palabras del libro maya del Chilam Balam de Chumayel.
Después de un sangriento sitio, en 1521, Cortés finalmente sometió a la capital azteca. Fue, en las palabras de Hugh Thomas, una de las grandes batallas de la historia. Pues no sólo destruyó el más grande centro del poder indígena y religioso en Norteamérica hasta aquel tiempo. También escenificó, en las figuras de Cortés y Moctezuma, uno de los grandes choques entre civilizaciones opuestas que el mundo jamás haya visto.
La Conquista de México fue algo más que el asombroso éxito de una banda de menos de seiscientos soldados europeos frente a un imperio teocrático. Fue la victoria de los otros indios en contra del soberano
azteca. Fue la victoria del mundo indígena contra sí mismo, puesto que los resultados de la Conquista significaron, para la mayor parte de los indígenas, exterminio y esclavitud. Pero también fue, como habremos de ver, una derrota del propio conquistador. ¿Se entenderá algún día la Conquista de México como una derrota del vencedor y del vencido, a fin de poderla considerar, al cabo, como una victoria de ambos? Aun cuando los españoles comprobaron, más allá de toda duda, que no eran dioses sino seres humanos rapaces y crueles, Moctezuma se negó a abandonar su aceptación fatal de la divinidad española. Si el rey era un prisionero, sus carceleros tenían que ser dioses. Si Moctezuma y su pueblo eran despojados, los dioses sólo tomaban lo que era suyo. Cuando finalmente fue apedreado a muerte por su propio pueblo, en junio de 1520, Moctezuma debió aceptarlo como un capítulo más de la fatalidad. El rey azteca sabía bien que el poder no se compartía con los dioses. Moctezuma y sus predecesores se habían sentado solos en la cima de la pirámide de México durante doscientos años. Ignoraban muchas cosas pero no que en México el poder se ejerce verticalmente y lo ejerce un solo hombre. No hay lugar para más de uno en el pináculo de la pirámide mexicana. Esto es tan cierto hoy como lo era en 1519.
Cuando Moctezuma y su Imperio se hundieron en las aguas sangrientas de la laguna, el tiempo original del mundo indígena desapareció para siempre, sus ídolos rotos y sus tesoros olvidados, enterrados todos, al cabo, bajo las iglesias barrocas cristianas y los palacios virreinales. Pero por encima de este drama siempre se puede escuchar, como un murmullo en la historia, las voces de los conquistados y de los conquistadores.
Todas las sociedades indígenas de las Américas, a pesar de sus múltiples fallas, eran civilizaciones jóvenes y creativas. La Conquista española detuvo su movimiento, interrumpió su crecimiento y las dejó con un legado de tristeza, elocuente en las visiones de los vencidos, recopiladas por Miguel León-Portilla. La tristeza de los acontecimientos fue cantada por los poetas en harapos del mundo indígena derrotado:
¿A dónde iremos ahora, amigos míos? El humo se levanta, la niebla se extiende. Llorad, mis amigos. Las aguas están rojas.
Llorad, oh, llorad, pues hemos perdido a la nación azteca.
El tiempo del Quinto Sol había terminado.
Acaso los propios conquistadores podían hacerse eco de estas palabras, pues lo que primero habían admirado, enseguida lo habían destruido. Pero cuando todo había terminado, cuando el emperador Moctezuma había sido silenciado por su propio pueblo, cuando el propio conquistador, Hernán Cortés, había sido silenciado por la Corona de España que le negó poder político en recompensa a sus hazañas militares, quizás sólo la voz de la Malinche permaneció. La intérprete, pero también la amante, la mujer de Cortés, la Malinche estableció el hecho central de nuestra civilización multirracial, mezclando el sexo con el lenguaje. Ella
fue la madre del hijo del conquistador, simbólicamente el primer mestizo. Madre del primer mexicano, del primer niño de sangre española e indígena. Y la Malinche parió hablando esta nueva lengua que aprendió de Cortés, la lengua española, lengua de la rebelión y la esperanza, de la vida y la muerte, que habría de convertirse en la liga más fuerte entre los descendientes de indios, europeos y negros en el hemisferio americano.
Cristóbal Colón. Grabado de Theodor de Bry
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CARLOS FUENTES EL ESPEJO ENTERRADO
6. LA CONQUISTA Y LA RECONQUISTA DEL NUEVO MUNDO OCHO años antes de la Conquista de México, el 25 de septiembre de 1513, Vasco Núñez de Balboa había descubierto el Océano Pacífico, abriendo la ruta a nuevas conquistas y descubrimientos hacia el sur. En 1530, Francisco Pizarro zarpó de Panamá con sus medios hermanos, Hernando, Juan y Gonzalo y doscientos hombres. Desembarcó en la costa de Ecuador y después de una larga y complicada expedición azotada por las escaramuzas, las dudas y las epidemias, entró al Perú en septiembre de 1532, descubriendo inmediatamente que el país estaba flagelado por la guerra civil. El legítimo gobernante, Huáscar, había sido derrotado por su medio hermano, el usurpador Atahualpa, quien asesinó a Huáscar y a toda su familia a sangre fría. Ahora, Atahualpa estaba acampado afuera de la ciudad de Cajamarca, y a ella se dirigió rápidamente Pizarro, invitando al emperador peruano, conocido como el Inca, para reunirse con él.
Atahualpa, excesivamente confiado en los españoles y creyendo acaso en su propia inmortalidad, se acercó a Cajamarca desarmado. Se dice que no sabía resistir la belleza y novedad de los caballos. Francisco de Jerez, secretario de Pizarro (quien era iletrado) nos ha dejado este llamativo retrato del emperador indio: “Atahaliba era hombre de treinta años, bien apersonado y dispuesto, algo grueso, el rostro grande, hermoso y feroz, los ojos encarnizados en sangre… Hacía muy vivos razonamientos… era hombre alegre, aunque crudo.”
Los españoles salieron corriendo de las casas donde se habían escondido. La compañía india, sorprendida, trató de proteger al Inca. Los españoles les cortaron las manos mientras sostenían la litera de Atahualpa. Ni un solo soldado español fue matado o aun herido. Como
en la Conquista de México, una doble enajenación —la información divina y la falta de tecnología avanzada— habría de derrotar a la nación quechua. Noticias divinas: en su lecho de muerte, el padre de Atahualpa, el inca Huayna Cápac, había profetizado que un día llegarían por el mar hombres barbados a destruir el mundo de los incas. Estos hombres serían mensajeros de la deidad indígena central, Viracocha, quien, como Quetzalcóatl, creó a la humanidad y luego navegó hacia el Occidente, prometiendo regresar. La falta de tecnología determinó aún más el destino de los incas. En las palabras del historiador británico contemporáneo John Hemming, los ejércitos indígenas del Perú “nunca pudieron producir un arma que pudiese matar a un jinete español montado y armado”.
Para rescatar su libertad, el emperador capturado ofreció a Pizarro oro suficiente para llenar una gran sala, hasta la altura de un hombre. Cuando el oro llegó, los conquistadores lo derritieron. En cuanto a Atahualpa, la promesa de Pizarro no fue cumplida. Prisionero, al Inca le fue dada, simplemente, la oportunidad de escoger entre ser quemado vivo como pagano o convertirse al cristianismo antes de ser estrangulado. Escogió el bautizo. Se dice que sus últimas palabras fueron: “Mi nombre es Juan. Ése es mi nombre para morir”.
Una magia organizada
La Conquista del Perú fue sumamente paradójica. Fulminante como una guerra relámpago moderna, dio la impresión de terminar en el instante en que comenzó, con la captura y ejecución de Atahualpa por Pizarro en 1533, seguida por el rápido avance español sobre un país comunicado por un espléndido sistema de caminos. Pero el hecho es que a pesar de sus éxitos iniciales, la Conquista del Perú fue un acontecimiento prolongado, mucho más largo que la Conquista de México. Prolongado, en primer término, por la oposición indígena. Organizándose lentamente tras la muerte de Atahualpa, la resistencia floreció entre 1536 y 1544, atosigando constantemente a los españoles hasta la muerte del jefe indígena, Manco Inca, y reanudada por sus descendientes hasta que uno de ellos, Túpac Amaru, fue decapitado por los españoles en 1572, cuarenta años después de la emboscada de Pizarro al Inca Atahualpa en Cajamarca.
Pero junto con la resistencia india, la conquista española fue asediada desde adentro, por las constantes guerras civiles entre los conquistadores, quienes disputaron salvajemente entre sí para posesionarse del oro y del poder político; así como por las pugnas entre los conquistadores y la Corona, a medida que los virreyes trataron de establecer la autoridad real y el respeto para las humanitarias Leyes de Indias. En ambas instancias, los conquistadores sintieron que se amenazaba su derecho de conquista, un derecho que, por supuesto, incluía el de saquear y usurpar la tierra y el trabajo. Los destinos de los
Pizarro hablan por sí mismos. Francisco, el jefe, el brutal porquerizo de Extremadura, fue asesinado por los parciales de su rival Diego de Almagro; su hermano Hernando, de regreso a España, fue encarcelado indefinidamente, en tanto que su otro medio hermano, Gonzalo, se rebeló contra el virrey y fue ejecutado en 1548, quince años después del inicio de la Conquista. Román y Zamora, en su Repúblicas de las Indias, llama a los Pizarros “los más malos hombres que salieron de otra alguna nación, y más deshonra ganaron los Reyes de España con ellos y sus compañeros”.
Esta contracción nerviosa de la historia del Perú, contracción entre lo precipitado y lo prolongado, entre el conejo y la tortuga, se traduce en un espasmo que oculta el ritmo verdadero del país y la cultura que en él encontraron los españoles. Fue en torno a la gran ciudad de los incas, Cuzco, que muchas de estas batallas entre indio e indio, español e indio, español y español tuvieron lugar. Una urbe de quizás 200,000 habitantes en vísperas de la conquista, Cuzco, al igual que la ciudad fortaleza escondida en las alturas de los Andes, Machu Picchu, fueron los testigos finales de la gloria de los incas. Nos siguen asombrando la precisión con que sus muros, hechos de piedras polígonas, fueron ensamblados sin beneficio de argamasa. Cuando las piedras resultaban demasiado pesadas, eran dejadas a la vera del camino y llamadas “piedras cansadas”. No más cansadas, sin duda, que quienes las cargaron.
Desde el Cuzco, un sistema de comunicaciones sin paralelo en el mundo antiguo, o acaso comparable sólo al de Roma, se extendió sobre cerca de 40,000 kilómetros, desde
Quito en Ecuador hasta el sur, Chile y Argentina. El dominio de los incas era la más grande de todas las entidades políticas en la América precolombina. Pero la extensión del Imperio era complicada por una variedad de climas y terrenos. Perú, llamada por Jean Descola “una tierra con tres caras”, es en parte costera (desierto y fuego), en parte montañosa (cielo y aire), y en parte selva (bosques y ríos). Entre la costa y el altiplano, se encuentran tanto fértiles oasis como desiertos estériles.
En algunas áreas, se le dio la bienvenida al cultivo del maíz y el algodón; otras produjeron la patata, el regalo del Perú a Europa. Y en el altiplano, Perú desarrolló la única cultura ganadera de las Américas, el mundo de la llama, el guanaco y la alpaca, los compañeros constantes del indio del altiplano, casi tan constantes como la música de la quena, la flauta melancólica de los Andes.
La unidad del gobierno de esta tierra inmensamente variada requería grandes dotes políticas y la más enérgica organización. El antiguo Perú tenía ambas. La burocracia era tan enorme como vigilada; el propio emperador viajaba a lo ancho y lo largo de sus caminos, cerciorándose, investigando, precedido o seguido por agentes secretos, ordenando desplazamientos de la población para habitar los territorios recién conquistados, o campañas armadas para someter las rebeliones. Pero, igual que en el México antiguo, la burocracia y el ejército eran, al cabo, armas de un gobierno teocrático donde la religión y la Iglesia otorgaban su verdadera legitimidad al Imperio. Y esta religión, en agudo contraste con la organización lenta, perseverante, austera y hormigueante de la sociedad, era una religión de mito, magia y metamorfosis.
Pero quizás el mayor enigma de esta cultura fue conocido en nuestro propio tiempo y gracias al aeroplano. Pues sólo desde el aire puede el ojo humano distinguir las líneas de Nazca, el colosal diseño geométrico que nos envía su misterioso mensaje desde las profundidades del tiempo. Las líneas de Nazca, inscritas en los valles del sur del Perú, constituyen un misterioso telegrama acerca de la vida y la muerte de la antigüedad peruana, y como las líneas del destino en una palma humana continúan velándonos las verdades sobre esa tierra. Sin embargo, su propio enigma nos desafía a proporcionarle un sentido a una cultura que, basada en la magia y la cosmovisión, al mismo tiempo podía proponer y renovar la relación de los seres humanos en la sociedad con semejante precisión y aun, a veces, éxito.
La cuestión de la tierra era fundamental en una civilización como la peruana. Dos divisiones básicas apartaban las tierras del sol, cultivadas
por todos y para todos, y las tierras del inca, destinadas al sustento del rey y del Estado. Pero, en teoría, todas las tierras pertenecían al Estado, que concedía su uso a las comunidades. Éstas, a su vez, se basaban en una unidad llamada el ayllu, un clan relacionado por la sangre y organizado como célula más fuerte que la familia (o el individuo) a fin de asegurar la explotación colectiva de una tierra vasta, rica, pero hostil. Las tesis sobre un socialismo inca son interesantes, pero quizá sin importancia en una economía no monetarizada, aunque elitista en su estructura. En la cima se encontraba el inca, seguido de las castas superiores de “orejones”, como los llamaron los españoles, aristócratas de lóbulos perforados por grandes arracadas, y los curacas o caciques provincianos, plantados todos ellos encima de las sucesivas organizaciones familiares, a partir de los grupos de diez familias en la base, gobernados por el jefe familiar, a las organizaciones de 40,000 familias cerca de la cima organizadas por un gobernador. Pero un individuo que se había distinguido podía ser cooptado a un rango superior, y la propiedad privada existía como recompensa otorgada al mérito, en tanto que las fortunas individuales tendían a desaparecer a medida que las generaciones se sucedían y la tierra se subdividía entre los descendientes. Cabe añadir que, sin duda, la muerte de las civilizaciones niñas de las Américas fue una pérdida para el Occidente, especialmente la del Perú, dado que éstas no eran naciones bárbaras, sino sociedades humanas nacientes, con muchas lecciones que pudo haber aprovechado la Europa renacentista, en el momento en que el Viejo Mundo también luchaba para alcanzar nuevas formas de coexistencia social y, aun, proyectó muchas de sus nociones más idealistas sobre el recién descubierto Nuevo Mundo.
En la tensión entre las ilusiones de la utopía y las realidades de la Conquista, una nueva cultura surgió en las Américas, desde el principio de nuestra existencia poscolombina. Los
hechos desnudos de la Conquista recibieron la respuesta de los hechos mucho más secretos e insinuantes de la contraconquista, a medida que
los pueblos indígenas derrotados, enseguida los mestizos de indio y blanco y, finalmente, los recién llegados negros en el Nuevo Mundo, iniciaron un proceso que sólo podemos llamar la contraconquista de América: la conquista de los conquistados por los derrotados, el surgimiento de una sociedad propiamente americana, multirracial y policultural.
Bajo el signo de la utopía
El Renacimiento reabrió para todos los europeos la cuestión de las posibilidades políticas de la comunidad cristiana. Volvió a plantear el tema de la Ciudad del Hombre, que había sido relegado, durante la Edad Media, por la importancia otorgada a la Ciudad de Dios. Ahora, el Renacimiento preguntó ¿cómo debía organizarse la sociedad humana?, ¿existe un espacio donde el proyecto divino y el proyecto humano puedan reunirse armónicamente? Tomás Moro, el autor de Utopía (1516), da respuesta en el título mismo de su obra: que no existe tal lugar. U- Topos es ninguna parte. Pero la imaginación europea respondió prontamente: ahora sí existe semejante lugar. Se llama América.
De acuerdo con el historiador mexicano Edmundo O'Gorman, América no fue descubierta; fue inventada. Fue inventada por Europa porque fue necesitada por la imaginación y el deseo europeos. Para la Europa renacentista debía haber un lugar feliz, una Edad de Oro restaurada donde el hombre viviese de acuerdo con las leyes de la naturaleza. En sus cartas a la reina Isabel, Colón describió un paraíso terrenal. Pero, al fin y al cabo, el almirante creyó que simplemente había reencontrado el mundo antiguo de Catay y Cipango, los imperios de China y Japón. Amerigo Vespucci, el explorador florentino, fue el primer europeo en decir que nuestro continente, en realidad, era un Mundo Nuevo. Merecemos su nombre. Es él quien le dio una firme raíz a la idea de América como Utopía. Para Vespucio, Utopía no es el lugar que no existe. Utopía es una sociedad, y sus habitantes viven en comunidad y desprecian el oro:
“Los pueblos viven de acuerdo con la naturaleza”, escribe en su Mundus Novus de 1503. “No poseen propiedad; en cambio, todas las cosas se gozan en comunidad.” Y si no tienen propiedad, no necesitan gobierno. “Viven sin rey y sin ninguna forma de autoridad y cada uno es su propio amo”, concluyó Américo, confirmando la perfecta Utopía anarquista del Nuevo Mundo para su audiencia renacentista europea.
A partir de ese momento, las visiones utópicas del Renacimiento europeo serían confirmadas por las exploraciones utópicas de los descubridores de América. “¡Valiente mundo nuevo, que tiene semejante gente en él!”, exclama Shakespeare en La tempestad, y en Francia, Montaigne comparte este sentimiento. Los pueblos del Nuevo Mundo, escribe, “viven bajo la dulce libertad de las primeras e incorruptas leyes de la naturaleza”. En tanto que el primer cronista de la expedición de Colón, Pedro Mártir de Anglería, se haría eco de tales sentimientos al decir que “andan desnudos… y viven en una edad de oro simple e inocente, sin leyes, querellas o dinero, contentos con satisfacer a la naturaleza”, y el primer cronista de Brasil, Pedro Vaz de Caminha, le escribió en 1500 al rey de Portugal: “Señor, la inocencia del propio Adán no fue más grande que la de estos pueblos”.
Pero el domingo antes de la Navidad de 1511, el fraile dominico Antonio de Montesinos había subido ya al púlpito de una iglesia en la isla de La Española, fustigando a sus escandalizados feligreses españoles: “Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a aquestos indios?… ¿Estos no son hombres? ¿No tienen almas racionales?”
Ciertamente, muchos colonizadores, y sus defensores antiutópicos en Europa, negarían que los aborígenes de las Américas poseían un alma o que, ni siquiera, eran seres humanos. El principal entre ellos fue el humanista español y traductor de Aristóteles, Juan Ginés de Sepúlveda, quien en 1550 (esto es, una vez que los pueblos de México y Perú habían sido conquistados por los europeos) simplemente negó que los indios tuviesen verdadera humanidad y otorgó a los españoles todos los
derechos del mundo para conquistarlos: “que con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas
adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores á los españoles como los niños á los adultos y las mujeres á los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles á gentes clementísimas, de los prodigosamente intemperantes á los continentes templados y estoy por decir que de monos á hombres… ¿Qué cosa pudo suceder á estos barbaros más conveniente ni más saludable que el quedar sometidos al imperio de aquellos cuya prudencia, virtud religión los han de convertir de bárbaros, tales que apenas merecían el nombre de seres humanos, en hombres civilizados en cuanto pueden serlo; de torpes y libinosos, en probes y horados; de impíos y siervos de los demonios, en cristianos y adoradores del verdadero Dios.”
De esta suerte, los habitantes del Nuevo Mundo fueron vistos, alternativamente, como de verdad inocentes y como caníbales bárbaros y traidores, viviendo desnudos y en pecado. A lo largo de la historia de la América española, el sueño del paraíso y el noble salvaje habría de coexistir con la historia de la colonización y el trabajo forzado. Pero la ilusión del Renacimiento persistió a pesar de cuanto la negaba, transformándose en una constante del deseo y del pensamiento hispanoamericanos. Fuimos fundados por la utopía; la utopía es nuestro destino.
Pero, para los colonizadores, las tierras recién descubiertas no eran precisamente sociedades ideales, sino fuentes de riqueza inagotable. Colón insistió en la abundancia de maderas, perlas y oro. Se trataba de llegar a la siguiente conclusión: el Nuevo Mundo es tan sólo naturaleza. Si es una utopía, se trata de una utopía sin historia; la civilización y la humanidad le son ajenas. Esta conclusión reclamaba aclarar si la fe y la civilización debían ser dadas o no a los indios americanos por los europeos. Y enseguida, se proponía la cuestión de saber si el destino de los indios americanos era transformar el Nuevo Mundo en una Edad de
Oro literal, trabajando en las minas y los campos de estas tierras que los españoles, bajo el derecho de conquista, ahora consideraban suyas de plena propiedad. Los trabajos forzados, las enfermedades europeas y el simple y brutal choque cultural, destruyeron a la población indígena del Caribe. Algunas estimaciones de la población india en el México central calculan números tan grandes como 25 millones en vísperas de la conquista, sólo la mitad cincuenta años más tarde, “y sólo algo más de un millón en 1605”, de acuerdo con Barbara y Stanley Stein, en su libro La herencia colonial de la América Latina.
Si en un principio América fue el paraíso terrenal, pronto se convirtió en el continente hostil. Esta hostilidad se desarrolló simultáneamente en varios planos. El del tratamiento de los conquistados por los conquistadores. El de las pretensiones de los conquistadores al ejercicio del poder en el Nuevo Mundo. Y el de las pretensiones en sentido contrario de la Corona.
El príncipe que nunca fue
La relación entre la Corona española y los exploradores y conquistadores constituyó uno de los grandes conflictos del valiente mundo nuevo. Este conflicto tuvo que ver con la apropiación de tierra y trabajo y, en consecuencia, con el uso del poder político. Un tema que continúa vigente, simplemente porque la cuestión de la legítima propiedad de la riqueza de la América española no ha sido resuelta. ¿A quién y cómo debe serle distribuida esa riqueza? ¿Están justificados los sistemas actuales de propiedad y distribución? Esta batalla continúa siendo objeto de pugna, de México a Nicaragua y de Perú a Argentina.
Pero en el siglo XVI, su enfoque consistió en saber si la monarquía española, decidida a afirmar con vigor su vocación centralista a la vez que las comunidades deseaban afirmar su movimiento hacia una mayor democracia, estaba dispuesta a permitir el desarrollo de cualquiera de estos factores —feudalismo o democracia— en el Nuevo Mundo.
A los conquistadores la justicia distributiva les tenía sin cuidado. Simplemente, habían conquistado el Mundo Nuevo. Eran el único poder in situ. Podían usurpar la tierra y el trabajo a su voluntad. ¿Quién iba a detenerlos? El sistema de dominación instalado por los conquistadores se llamó la Encomienda, una institución en virtud de la cual los servicios y el tributo de los indios eran requeridos, a cambio de la protección y la salvación de sus almas
mediante la enseñanza religiosa. En realidad, se trataba de una forma disfrazada de la esclavitud.
Hernán Cortés poseía una pequeña Encomienda en Cuba, y vio el funcionamiento del sistema de cerca, enterándose de los desastres demográficos y aun económicos provocados por las prácticas coloniales. Al principio, deseó evitar la misma experiencia en México. Pero fue acusado de excesiva indulgencia hacia los derrotados, y sus propios hombres reclamaron la recompensa debida a su valentía con tierras e indios.
Actuando como abogado de sus hombres, Cortés incluso cometió el error de favorecer la Encomienda en una carta dirigida a Carlos V. Fue un error político, y acaso el inicio de la mala fortuna del conquistador. Carlos V contestó prohibiendo la Encomienda. Seguramente se formó una idea desagradable de Cortés como sátrapa separatista en el Nuevo Mundo.
Cortés incrementó su mala fama encabezando una expedición a Honduras que resultó ser costosa, larga e inútil, justificando el dicho “No te metas en Honduras”.
Otra frase corriente en la lengua española es “Entre abogados te veas”. Suena casi a maldición gitana y Cortés debió sentirse verdaderamente maldito cuando regresó de Honduras y descubrió que la Ciudad de México había sido reconquistada por los hombres vestidos de negro, la burocracia real española, armada de pergaminos y plumas. Los oficiales
del tesoro, Chirinos y Salazar, tomaron el gobierno e instituyeron un juicio contra el conquistador. La gama de acusaciones contra Cortés iba de robar el tesoro de Moctezuma a defender la nobleza de los indios, protegiéndolos del trabajo servil; de estrangular a su mujer Catalina Juárez, a la cual hizo traer de Cuba después de descartar a la Malinche y dársela a uno de sus soldados, a financiar y encabezar la desastrosa expedición a Honduras, hasta asesinar a sus rivales para la gubernatura con quesos ponzoñosos.
Hernán Cortés, victorioso y ahora víctima, fue condenado, humillado y regresado a España. Y aunque se le dio el premio de consolación de un título nobiliario, el gobierno de México fue a dar a manos de un oficial mediocre, y Hernán Cortés, una de las grandes figuras de la Europa renacentista, fue reducido a la impotencia. Sus repetidas solicitudes de reconocimiento y dinero acabaron por aburrir a la Corte y a la burocracia. Las novedades, enanos indios y pelotas de hule, que trajo para asombrar a los aristócratas españoles y a los consejeros reales, pronto se desgastaron. Sus llamados a Carlos V, “Sacra Católica Cesárea Majestad”, son patéticos. Cortés ha pasado su juventud trayendo armas a cuestas, poniendo su persona en peligro, gastando su hacienda y su edad durante cuarenta años, a fin de acrecentar y dilatar el nombre de su rey —le escribe a éste— “ganándole y trayéndole a su yugo y real cetro muchos y muy grandes reinos y señoríos de muchas bárbaras naciones y gentes, ganadas por su propia experiencia y expensas y sin ser ayudado en cosa alguna, antes muy estorbado por muchos envidiosos que como sanguijuelas han reventado de hartos con mi sangre”. Se ve ahora viejo y pobre, empeñado, con criados que le ponen pleito reclamando salarios. A los 63 años, no quiere ya andar en mesones, sino coger el fruto de sus trabajos, regresar a México apenas se le haga justicia y aclarar su cuenta con Dios…
No le fue peor a Cortés que a otros. No fue devuelto a España encadenado, como lo fue Cristóbal Colón. No fue ejecutado públicamente por insubordinación a la Corona como lo fue Gonzalo
Pizarro en Perú. Y aunque no fue envenenado por sus compañeros españoles, como lo fue Diego de Ordaz, uno de los capitanes de Cortés, durante la exploración del Orinoco, tampoco se adaptó a una situación confortable y segundona, como Gonzalo Jiménez de Quezada, verdadero Cincinato de la Conquista, quien después de someter a los indios chibcha en lo que hoy es Colombia, acabó errando en busca de El Dorado, y eventualmente se retiró a una finca campestre. Y, desde luego, ni Cortés ni conquistador alguno tomaron jamás el camino de la locura como Lope de Aguirre, quien también se unió a una expedición a El Dorado en 1560, asesinó a los jefes y se rebeló contra el rey de España, intentando crearse un dominio propio en la fuente del río Amazonas. A cuantos se opusieron a su locura, Aguirre les contestó con la muerte, desde los sacerdotes que lo acompañaban, hasta su propia hija.
La humillación final de Cortés, el dolor que lo quebró, fue que la expedición contra los moros de Argelia en 1541 no le fue encomendada. Perversamente, una vez que su espíritu
había sido domado, a Cortés se le dio un vasto pero desarticulado feudo sobre grandes distancias entre Cuernavaca y Oaxaca, aunque privándole de la ciudad capital de su dominio, Antequera, en el sur de México. Al cabo, obtuvo la riqueza; era el marqués del Valle de Oaxaca. Pero fue desprovisto de la gloria que con derecho sentía suya. Los sueños de los quinientos hombres duros y ambiciosos que marcharon con él de Veracruz al trono dorado de Moctezuma deben haberle parecido muy distantes en verdad.
Pero Hernán Cortés debe ser visto como figura singular del Renacimiento por algo más que por sus hazañas militares. Fue un personaje maquiavélico que se desconoció a sí mismo. Maquiavelo, sin duda, es el hermano mayor de los conquistadores del Nuevo Mundo. ¿Pues qué es El Príncipe sino un manual para el nuevo hombre del Renacimiento, el hombre nuevo que se dispone a crear su propio destino mediante la voluntad y a pesar de la providencia, liberado de obligaciones excesivas al privilegio heredado o a la nobleza de la
sangre? El Príncipe conquista el reino de este mundo, el reino de lo que es la negación de Utopía. Pero Cortés fue el Príncipe que nunca fue.
En verdad, ni la fatalidad encarnada en Moctezuma, ni la voluntad representada por Cortés, ganaron la partida final. Las instituciones de la Corona y la Iglesia, del absolutismo real y de la fe católica, derrotaron tanto al conquistador como al conquistado y establecieron, en lugar de las estructuras de poder verticales de los aztecas, las estructuras de poder, igualmente verticales, de los Austrias. Somos los descendientes de ambas verticalidades, y nuestras tenaces luchas en favor de la democracia son por ello más difíciles y, acaso, más admirables. Pero debemos comprender que la conquista del Nuevo Mundo fue parte de la dinámica de la Reconquista de España. Los conquistadores eran producto de esa campaña, pero también de un individualismo de orientación moderna y de estirpe maquiavélica, común a toda la Europa renacentista. Eran arribistas, hombres de ambición, y provenían de todos los estratos sociales. Algunos eran labriegos, otros pequeños hidalgos, pero sobre todo, provenían de la clase media ascendente.
Sin embargo, no animaron en el Nuevo Mundo el ideal de las comunidades cívicas y democráticas que muchos de sus antepasados habían defendido durante la Edad Media. Los españoles de la Conquista pudieron haber escogido, como habrían de hacerlo los hombres nuevos de Inglaterra y de Francia, el camino de la ambición personal y el ascenso social dentro de un orden constitucional. De esta manera, habiendo conquistado a los indios, acaso, también hubiesen conquistado a la Corona. Pudieron haber sido, como lo fueron los pobladores de la Nueva Inglaterra, los padres de su propia democracia política. Pero los conquistadores no escogieron esta avenida; quizás no podían escogerla. Entre el individualismo como democracia, y el individualismo como privilegio feudal, escogieron el segundo. De esta suerte, sacrificaron su virtud individualista, su dimensión civil, a una visión espectral del poder que sus antepasados en España no habían tenido. Los conquistadores querían ser hidalgos, caballeros de propiedad. Pero ser un hidalgo
significa no tener que trabajar, sino obligar a otros a que trabajen por uno. Significa obtener gloria en la guerra, y ser recompensando con brazos y tierras.
La tierra como recompensa de la guerra se convirtió en una de las bases del poder económico en la América española, tal y como lo había sido en la España medieval. Y aunque admitieron siempre el quinto real, los conquistadores tomaron lo que habían conquistado, pero no crearon comunidades cívicas y democráticas en el Nuevo Mundo. Los conquistadores querían poder feudal para ellos mismos. La Corona los frustró, empeñada, en cambio, en establecer una autoridad absoluta desde la lejana metrópolis. Pero las enormes distancias y las exigencias locales del gobierno dieron a los conquistadores y a sus descendientes amplios e inmediatos poderes. Si de esta pugna habría de derivarse, al cabo, un compromiso entre la Corona y los conquistadores, ella pasó, primero, por un tremendo debate sobre la naturaleza de los indios y los límites del poder en el Nuevo Mundo.
“¡Las Indias están siendo destruidas!” Tal fue el grito de fray Bartolomé de las Casas, quien recogió el sermón navideño del padre
Montesinos de 1511 y su pregunta sobre el destino de los indios: “¿Éstos no son hombres? ¿No tienen almas racionales?”
El sermón de Montesinos, escribió el autor dominicano moderno Pedro Henríquez Ureña, fue el primer grito por la libertad en América. Bartolomé de las Casas había sido dueño de esclavos en Cuba. En 1524 renunció a sus posesiones y entró en la orden de los dominicos, acusando a los conquistadores de innumerables crímenes y ofensas en contra de los indios, quienes eran súbditos del rey y los conquistadores no podían disponer de ellos como si se tratase de cabezas de ganado.
Durante un periodo de cincuenta años, a partir del momento en que abandonó su Encomienda en Cuba en 1515 hasta su muerte en 1566, el
padre Las Casas denunció la “destrucción de las Indias” por los conquistadores y los acusó de “las ofensas y daños que hacen a los reyes de Castilla, destruyéndoles aquellos sus reinos [en] todas las Indias”. Llegó hasta a elogiar a los indios por la religiosidad que demostraron, aunque fuesen paganos. Las Casas se preguntó: ¿Acaso los griegos, los romanos y los hebreos no habían sido idólatras también? ¿Y esta religiosidad pagana los había excluido acaso de la raza humana o, más bien, los había predispuesto para la conversión?
Las Casas negó los derechos de conquista, pero sobre todo la institución de la Encomienda, a la cual consideró “tiránica gobernación mucho más injusta y más cruel que la con que Faraón oprimió en Egipto a los judíos… por la cual a los reyes naturales habemos violentamente, contra toda razón y justicia, despojado a los señores y súbditos de su libertad y de las vidas”.
Estas ideas modernas sobre la relación amoesclavo, junto con las demandas principales de Bartolomé de las Casas, fueron incorporadas a las nuevas Leyes de Indias promulgadas en 1542. La Encomienda fue legalmente abolida, aunque se mantuvo, ahora disfrazada como repartimientos, o concesiones provisionales de trabajadores indios, como un hecho autoperpetuado dentro del sistema real de distribución de la riqueza en el Nuevo Mundo. La Corona seguiría combatiéndolo, sustituyéndolo con sistemas administrativos y controles reales, rehusando a los conquistadores y a sus descendientes derechos de propiedad sobre la tierra y posponiendo infinitamente las decisiones que hubiesen otorgado a los conquistadores y sus descendientes dominio feudal, títulos de nobleza o derechos hereditarios.
En este sentido, podría decirse, con el debido respeto al padre Bartolomé de las Casas, que fue el más útil instrumento de la Corona para atacar las pretensiones feudales en medio de la defensa de los valores humanistas. Pero en el análisis final, esta lucha le dejó un enorme margen a los poderes de hecho detentados por los conquistadores, aunque preservando siempre el dominio eminente de la Corona. Los conquistadores y sus
descendientes, muy a propósito, fueron situados por la Corona en la posición jurídica de usurpadores. Pero de las Leyes de Indias se dijo que semejaban la red de la araña, que sólo captura a los criminales menores, pero permite que los grandes criminales escapen libremente.
Muchos testimonios del siglo XVI describen la innegable brutalidad de la Encomienda y su sistema aún más severo de explotación del trabajo en la mina, la Mita. En sus maravillosos dibujos sobre la vida del Perú antes y después de la Conquista, Guamán Poma de Ayala, descendiente de la nobleza incásica, describe la absoluta impunidad de los encomenderos. En los dibujos de De Bry, que acompañaron en su gran éxito al volumen del padre Las Casas sobre la Destrucción de las Indias, está el origen de la llamada Leyenda Negra de una España brutal, sanguinaria y sádica, empeñada en torturar y asesinar a sus súbditos coloniales, en tácito contraste, sin duda, con la pureza inmaculada de los colonialistas franceses, ingleses y holandeses. Sin embargo, mientras que éstos piadosamente disfrazaban sus propias crueldades e inhumanidades, nunca hicieron lo que España sí permitió. Éste fue un debate que duró más de un siglo, sobre la naturaleza de los pueblos conquistados y los derechos de la Conquista: el primer debate moderno sobre los derechos humanos. Algo que jamás parece haber preocupado a los otros poderes coloniales.
No faltaron las notas de humor en el debate, tanto del lado indígena como del español. Durante la conquista de Chile, el jefe araucano Caupolicán fue empalado por los
conquistadores. Pero al morir, exclamó: “Quisiera haber sido yo quien invadió y conquistó España”. La misma idea, del otro lado del mar, la expresó un defensor de los derechos humanos tan importante como Las Casas. Se trata del padre Francisco de Vitoria, un jesuita que, desde su cátedra de Salamanca en 1539, le preguntó a sus estudiantes si les gustaría ver a los españoles tratados por los indios en España de la misma manera que los españoles trataban a los indios en América. El descubrimiento y la Conquista, añadió, no le daban a España más
derechos sobre el territorio americano que el que los indios pudieran haber tenido de haber descubierto y conquistado a España. Lo mismo pudo decirse de la colonización inglesa de Norteamérica. Pero lo que el padre Vitoria logró fue internacionalizar, en sus libros y enseñanzas, el problema del poder colonial y de los derechos humanos de los pueblos sometidos. Vitoria intentó establecer reglas para limitar el poder colonial a través del derecho de gentes. Su némesis fue Ginés de Sepúlveda, quien acusó a los indios de practicar el canibalismo y el sacrificio humano en una sociedad no demasiado diferente de un hormiguero. Los indios, dijo Sepúlveda, eran hombres presociales que, por ello, legítimamente, podían ser conquistados por los hombres civiles de Europa, y despojados de sus bienes, a fin de darles propósitos civilizados. Pero, ¿no eran los españoles —argumentó de inmediato Vitoria— culpables también de crímenes contra la naturaleza? ¿No eran todas las naciones europeas culpables de actos de destrucción y guerra? Si esto era cierto, nadie tenía el derecho moral de conquistar a los indios.
Al lado de este intenso debate en España, muchos frailes en las Américas trataron de aplicar reglas de compasión y humanidad a los pueblos indígenas. El más eminente de ellos fue Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán que en la década de los 1530 llegó a México con la Utopía de Tomás Moro bajo el brazo y, ni tardo ni perezoso, se dedicó a aplicar sus reglas a las comunidades de los indios tarascos: propiedad comunal, jornada de seis horas, proscripción del lujo, magistrados familiares electivos y distribución equitativa de los frutos del trabajo.
Quiroga, cariñosamente llamado “Tata Vasco” por los indios tarascos hasta el día de hoy, fue animado por una visión del Nuevo Mundo como Utopía: “Porque no en vano sino con mucha causa y razón éste de acá se llama Nuevo Mundo, y eslo Nuevo Mundo, no porque se halló de nuevo sino porque es en gentes y cuasi en todo como fue aquel de la edad primera y de oro, que ya por nuestra malicia y gran codicia de nuestra nación ha venido a ser de hierro y peor.”
A medida que la colonización española se extendió, el campesinado indígena resistió, se mezcló o retrocedió. Vasco de Quiroga intentó conciliar los intereses coloniales de España con los de las comunidades agrarias. Al nivel de la ley general, su esfuerzo obtuvo éxito. La propiedad comunal de las aldeas indígenas fue reconocida a lo largo de la era colonial y hasta bien entrado el siglo XIX, cuando los regímenes republicanos liberales finalmente acabaron con el sistema en nombre de la propiedad individual, identificada con el progreso. Pero la protección de la Corona logró salvar a muchísimas comunidades agrarias indígenas de la extinción, y esta prolongada tradición le sirvió a rebeldes como Emiliano Zapata en México, quien se levantó en nombre de los derechos otorgados por la monarquía hispánica.
Más y más, las comunidades rurales se fueron dividiendo en virtud de la competencia entre las aldeas puramente indígenas y las nuevas comunidades mestizas. Pero el hecho central de las relaciones de trabajo pronto se consolidó, y ello hasta nuestros propios días, en el sistema de la Hacienda, el gran dominio territorial, que surgió como sucesor del sistema de la Encomienda, o sea, la labor indígena a cambio de la protección y de la evangelización, y del repartimiento, o sea, la simple distribución de trabajo indígena sobre una base temporal. La Hacienda se basó en una forma definitiva de la servidumbre de trabajo: el peonaje, o sea el sistema de deuda incurrido por el trabajador y perpetuado a lo largo de su vida y la de sus descendientes. La Corona fue incapaz de dominar esta forma insidiosa de esclavitud, en tanto que la Hacienda creció sin demasiada publicidad, silenciosamente y legitimada, en cierto modo, por los sistemas de latifundios existentes en España y en Europa. En vez de fijar la atención pública en la relación de trabajo, la Hacienda la distrajo hacia la simple posesión de
la tierra. La tierra era necesaria para sostener a la creciente población española y mestiza, en tanto que los indios iban disminuyendo, y estelebensraum económico fue asegurado mediante la usurpación directa o, más discretamente, mediante “concesiones de terreno, adquisiciones,
acreciones, fusiones y competencia económica”, como lo explica Charles Gibson en su libro España en América: “Tierras que originalmente fueron otorgadas en extensiones relativamente pequeñas, fueron luego adquiridas por los especuladores coloniales y vendidas una y otra vez antes de adquirir la forma final de la hacienda. Los títulos de propiedad de la mayor parte de las haciendas consistían de abultados archivos reuniendo numerosas pequeñas propiedades.”
Este fenómeno se prolongó a lo largo de los siglos, de la administración colonial a las republicanas, y sirvió también como base para que la América Latina desempeñase su papel internacional como proveedor de materias primas e importador de capital y bienes manufacturados. Reveló también las heces de la corrupción política sobre las cuales se fundaba todo el sistema económico y la hipocresía moral que, mediante el desplazamiento de atención del trabajo a la tierra, le permitió incluso a la Iglesia abandonar sus fantasías utópicas y adquirir vastas propiedades como fundamento de su poder político y económico verdadero.
A medida que los conquistadores pasaron a la historia, sus descendientes, así como los españoles que viajaron a vivir en las colonias, se las arreglaron como mejor pudieron tanto con los principios generales de las leyes humanitarias, como con la situación real que encontraron en estos lejanos territorios. La distancia entre la Corona y sus posesiones fue acentuada durante la decadencia económica de España en el siglo XVII. El gobierno de Felipe III, inmerso en una profunda crisis económica al iniciarse el siglo, dejó de pagar salarios a sus administradores coloniales. Éstos se vieron obligados a proporcionarse sus propios ingresos mediante negocios turbios, verdaderas corruptelas que transformaron a los funcionarios locales de la Corona en caciques provincianos. Ellos crearon los monopolios económicos en los distritos bajo su dominio y se aliaron con los comerciantes locales, quienes aseguraron que los funcionarios recibiesen sus salarios, en tanto que éstos obligaron a los indios a recibir préstamos forzados y, acto seguido, a entregar sus cosechas a precios fijos a la
alianza de funcionarios y comerciantes en caso de incumplimiento de pago, aumentando infinitamente la deuda campesina. Una bonita situación, que nos proporciona la imagen radical, original, de la corrupción de la vida tanto pública como privada en la América Latina. La figura central de este sistema fue el corregidor, recaudador de impuestos, magistrado y administrador, cuyos labios obsequiaban a la Corona, pero cuyas manos estaban profundamente inmersas en los negociados compartidos con los poderes locales y aislados de los dueños de haciendas y de los caciques políticos.
No es de extrañar que cuando las nuevas y humanitarias leyes llegaron de España al Nuevo Mundo, los funcionarios locales simplemente se las pusieran sobre las cabezas, declarando solemnemente: “La ley se acata pero no se cumple.” De esta manera, se desarrolló en la América Latina un profundo divorcio entre el país legal, consagrado en la legislación monárquica y más tarde en las Constituciones republicanas, y el país real, pudriéndose detrás de la fachada legal y contribuyendo a la desmoralización y a la disrupción de la América española desde sus inicios.
Efectivamente, la fachada legal no pudo haber sido más majestuosa, más consecuente con nuestra tradición jurídica romana y su ordenación simétrica, y más verticalmente ordenada, asimismo, de arriba hacia abajo. En sus grandes frescos en la Biblioteca Baker del colegio de Dartmouth en Nueva Inglaterra, el muralista mexicano José Clemente Orozco ha representado intuitivamente tanto al mundo indígena como al mundo colonial a partir de llamativos planos verticales. Las figuras indígenas, arrodilladas pero levantando los brazos, se encuentran reunidas alrededor de la estructura vertical de la pirámide. La figura española, el conquistador, posa en una actitud rígidamente vertical, su espada verticalmente detenida enfrente de su sexo, en tanto que una iglesia se levanta verticalmente con la cruz en la cúpula en lugar de la pirámide india.
Las estructuras verticales del gobierno durante la época colonial eran presididas, desde
luego, por el propio rey, gobernando desde España. Sujetos a él, en grado descendente, se encontraban el Consejo de Indias, directamente concernido con el gobierno de las colonias como parte del patrimonio real, no del patrimonio de todo el pueblo español, pues México, Perú o Chile eran reinos añadidos a las posesiones del rey de España y no del pueblo español.
Seguía, en escala descendente, la Casa de Contratación de Sevilla, encargada del comercio de Indias, la cual centraba y monopolizaba y que, hecho de suma importancia, estaba autorizada para recibir el oro y la plata de las Américas. Y finalmente, dependientes de estas altas instituciones españolas, se encontraban las autoridades locales de las lejanas colonias, en primer lugar los virreyes, enseguida los capitanes generales, todos ellos nombrados en España, así como los gobernadores, los jefes de los distritos provinciales y los alcaldes. Aplastado por la pesada estructura se encontraba, finalmente, el municipio, luchando, generalmente sin éxito, por mantener un mínimo de justicia local.
El sistema original de poder en la América española fue una autocracia vertical, gobernada desde lejos mediante leyes paternalistas que rara vez fueron implementadas en tanto que al nivel local, arreglos de tipo práctico, político y económico, entre los terratenientes y los jefes políticos, sirvieron para asegurar la explotación implacable y a veces ineficaz del trabajo y de la tierra.
Significativamente, hubo un fuerte sentido de continuidad entre las estructuras verticales del Imperio Habsburgo y los de los mundos azteca y quechua. Incluso el concepto del dominio eminente, en virtud del cual el Estado detentaba la propiedad original de la tierra y simplemente la concedía de manera temporal al interés privado, representó una tradición común entre los imperios indígenas y la monarquía española. Pero estos
hechos jurídicos estaban en contradicción cotidiana con las prácticas políticas.
Los conquistadores y sus descendientes se apropiaron de la tierra y el trabajo mediante el derecho de conquista. La Corona les denunció con base humanitaria pero también jurídica, alegando que la tierra le pertenecía a los indios, y a través de ellos a la Corona. Los colonizadores desobedecieron a la Corona, pero la Corona les replicó privándoles de derechos hereditarios, constantemente intentado parcializar sus poderes, rebajándolos a la categoría de “segundones”. Pero los colonizadores se organizaron localmente en esferas donde la Corona no podía tocarles, creando una política rural aislada de opresión y explotación que persiste hasta el día de hoy.
Una red de ciudades
Detrás de la fachada majestuosa de la ley y de las prácticas vulgares de la política real, otros factores dinamizaron la nueva vida de la América colonial. La primera, por supuesto, fue el pueblo. Los conquistadores españoles y sus descendientes, los inmigrantes europeos a las Américas, los mestizos, que eran hijos de españoles y de mujeres indígenas, y los criollos, que eran blancos nacidos en las Américas. Más tarde, los negros y su descendencia mulata. Y, desde luego, los propios indios, los vencidos.
Los primeros conquistadores, le escribió Cortés a Carlos V, eran gente ruda, sin educación y de bajo origen. Quizás Cortés trataba de impresionar al rey con sus credenciales salmantinas; la verdad es que no sólo labriegos y obreros participaron en la Conquista, sino también miembros de la nobleza menor y de la clase media. El historiador Céspedes del Castillo nos ofrece un reparto más amplio de la inmigración durante el siglo XVI. El tono general de la inmigración, dice el historiador, fue dado por numerosos frailes, sacerdotes y muchos pequeños hidalgos, así como guerreros que eran más numerosos al principio que al final; casi ningún aristócrata, pero en cambio muchos
mercaderes, pintores y artesanos, y abogados de mayor influencia que número.
No obstante, el proceso colonizador podía ser extremadamente selectivo. Los judíos, los moros y los herejes, expresamente, fueron excluidos de la inmigración transatlántica. Y aunque es cierto que los conquistadores generalmente viajaron como solteros y se mezclaron libremente, primero con las mujeres indias y más tarde con las negras, no existió prohibición
expresa para que las mujeres vinieran a América y, de hecho, muchas de ellas desempeñaron papeles notables en el periodo inicial de la colonización. La mujer de Pedro de los Ríos, gobernador de Panamá, se rehusó a regresar a España cuando terminó el periodo oficial de su marido, prefiriendo permanecer en Panamá con su ganado y con sus grandes esperanzas de que el oro del Perú, que fluía entonces del Pacífico al Atlántico, le tocara también a ella. Y una mujer llamada Inés Suárez, extremeña como tantos de los conquistadores, siguió a su marido hasta Venezuela, pero no lo encontró; entonces, Inés siguió al Perú, donde descubrió que su marido había muerto. Ahí, conoció a Pedro de Valdivia y lo acompañó a la conquista de Chile y a la fundación de la capital más sureña del Nuevo Mundo hispánico, Santiago del Nuevo Extremo, un nombre que recordaría tanto al apóstol batallador de la Reconquista como a la provincia común a Inés y a Pedro, Extremadura. Inés fue enfermera de los heridos, sirvió fielmente a Valdivia como teniente y amante, pero se inclinó ante la exigencia de un sacerdote para que abandonase a su hombre cuando la mujer del conquistador fue traída desde España. Como moraleja de todo esto, quizás, Valdivia fue muerto por los araucanos antes de que llegase la señora Valdivia. Ignoro si las dos viudas llegaron a conocerse.
Y las mujeres desempeñaron un importantísimo papel en la más dramática de todas las fundaciones de una ciudad hispanoamericana en este periodo. Ésta fue la fundación de Buenos Aires. Pero Buenos Aires es una ciudad de dos historias. Fue fundada dos veces sobre las riberas del Río de la Plata. La primera vez en 1536, por Pedro de Mendoza, un
vanidoso cortesano quien ya había hecho fortuna en el saco de Roma por las tropas españolas en 1527. Llegó al Río de la Plata en búsqueda de más oro: “conquista de paganos con dinero de romanos”, dijo un verso de la época. En cambio, encontró fiebre, hambre y muerte. Los indios de estas regiones sureñas eran pobres y no le tenían miedo ni a los caballos ni a las escopetas. Atacaron las fortificaciones españolas noche tras noche.
Quizás la única consolación para los españoles es que a esta expedición vinieron muchas mujeres, algunas de ellas disfrazadas de hombres. Prestaron servicios como centinelas, animaron los fuegos y, como escribió una de ellas, “comemos menos que los hombres”. Pero pronto no había nada que comer, y como en toda fiebre del oro que se estime, los españoles devoraron las suelas de sus botas y, se rumoró, incluso canibalizaron a sus muertos. Mendoza murió de sífilis y fue arrojado al río. Acaso el único oro jamás visto aquí fue el de los anillos en los dedos del explorador al hundirse en el turbio Río de la Plata.
Buenos Aires fue quemada y abandonada. La primera fundación fue un desastre, el más grande de cualquier ciudad española de las Américas. Pero 44 años más tarde, un sobrio administrador llamado Juan de Garay, descendió de Asunción por el río Paraná y fundó Buenos Aires por segunda vez, pero, en esta ocasión, la ciudad fue dispuesta a escuadra y concebida no como una población de aventureros y buscadores de oro, sino como ciudad del orden, el trabajo y la eventual prosperidad, todo lo cual Buenos Aires llegó a ser. Ciudad porteña, desagüe para el comercio de cueros y producto vacuno, sobre el mar llamado Río de la Plata, el turbio río color de la piel del león, como lo describiría un día el poeta Leopoldo Lugones. Ciudad construida sobre pantanos, ciudad drenaje de las minas de plata de Potosí hacia el Atlántico.
La doble fundación de Buenos Aires sirve para dramatizar dos impulsos de la colonización española en el Nuevo Mundo. Uno de ellos se fundó en la fantasía, la ilusión, la imaginación. Los conquistadores fueron motivados no sólo por el hambre del oro, la fiebre del Perú, como se le
llamó, sino por la fantasía y la imaginación que, a veces, constituía un elixir aún más poderoso. Al entrar el mundo voluntarioso del Renacimiento, estos hombres aún llevaban en la cabeza las fantasías de la Edad Media. Se convencían fácilmente de ver ballenas con tetas femeninas y tiburones con dobles penes; peces voladores y playas con más perlas que arena en ellas. Cuando lograban ver sirenas, sin embargo, podían comentar irónicamente que no eran tan bellas como se decía. Pero su búsqueda de las fieras guerreras del mito les condujo en el largo camino desde California, así llamada en honor a la reina amazona Calafia, a la fuente misma del más grande río de la América del Sur. ¿Se equivocaron en su búsqueda de la fuente de la juventud en Florida, la tierra de las flores
explorada por Ponce de León? La búsqueda paralela de El Dorado, el jefe indio pintado en oro dos veces al día, les condujo en cambio hasta Potosí, la mina de plata más grande del mundo. Y la búsqueda de las fabulosas siete ciudades de Cíbola llevó a Francisco de Coronado en su dramática peregrinación hasta el descubrimiento de Arizona, Texas y Nuevo México.
Jamás encontraron las ciudades mágicas. Pero, como lo demostró la segunda fundación de Buenos Aires, fueron capaces de fundar las verdaderas ciudades, no las del oro, sino las de los hombres. Nunca, desde los tiempos de los romanos, desplegó nación alguna tan asombrosa energía como España lo hizo en las fundaciones del Nuevo Mundo. Las distancias eran enormes; las riquezas gigantescas; pero nada detuvo a los hombres de España en su empuje hacia el norte, hasta lo que hoy es California y Oregón; y hacia el sur, hasta la punta misma del continente, la Tierra del Fuego. Pero a fin de dominar tanto la distancia como la riqueza, era preciso fundar ciudades. Cientos de ciudades, desde San Francisco y Los Ángeles a Buenos Aires y Santiago de Chile. Y éstos no eran meros puestos fronterizos, sino centros urbanos de gran nobleza, permanentes, que reflejaban la decisión española de instalarse en el Nuevo Mundo “para la eternidad”.
Para limitarnos a los extremos de la América española, México y Argentina, la lista de fundaciones es verdaderamente impresionante. En México, una ciudad tras otra es fundada: Veracruz en 1519, Colima en 1524, Antequera (Oaxaca) en 1521, y ese mismo año, San Cristóbal de las Casas. Guadalajara en 1542, Puebla en 1531 y Taxco en 1528; Culiacán en el océano Pacífico, en 1531; Querétaro en los valles centrales en 1531. Y en Argentina, el ritmo urbano es comparable: Santiago del Estero en 1553, Mendoza en 1561 y San Juan un año después; Tucumán en 1565, Córdoba en 1617 y Santa Fe en 1575, Salta, Corrientes, La Rioja y San Luis entre 1580 y el fin del siglo XVI.
A veces eran puertos construidos como fortalezas, así en el Caribe como en el Pacífico: La Habana, Acapulco, Cartagena.
Otras, eran grandes capitales de escala mayor, como México y Lima. Y la mayoría eran ciudades de provincia, sólidas, construidas de acuerdo con el modelo renacentista de la ciudad a escuadra, cada una con su plaza central, su iglesia y su ayuntamiento, estableciendo así los ritmos duraderos de la vida: la plaza donde los amantes pueden cortejarse y los viejos pasar el día jugando a los dominós o discutiendo las noticias; la plaza donde las leyes son proclamadas y las revoluciones lanzadas. Otras, eran ciudades mineras que simplemente siguieron los caprichosos contornos de los montes donde el oro y la plata eran explotados. En todos los casos, una vez que la ciudad era fundada, sus pobladores recibían, cada uno, un solar, pero también una extensión de tierra agrícola fuera de los límites urbanos, así como derechos a las tierras reservadas para el uso comunal.
El Imperio español, nos dice Francisco Romero, el historiador argentino de la ciudad latinoamericana, se convirtió en una red de ciudades que dominó a las áreas rurales. Pero tanto las ciudades como las áreas rurales crearon sus propios centros de poder, desarrollaron sus peculiaridades y parcelaron la visión homogénea soñada en Madrid. Las ciudades, añade Romero, eran españolas, en un sentido sumamente formal y legalista. Eran fundadas como un acto político, para ocupar la tierra y establecer
los derechos de conquista. Pero ninguna ciudad podía ser considerada legítima si no la precedía la ley. La ciudad tenía que ser imaginada, fijada en la ley antes de ser fijada en los hechos. La forma de la tradición romana tenía que preceder a la realidad y mantenerse por encima de ella. La ley de la ciudad produjo el hecho de la ciudad. Y enseguida, la ciudad procedió a irradiar desde su centro el poder español, subyugando a la población indígena.
Las ciudades se transformaron también en centros de una nueva cultura. La primera universidad del Nuevo Mundo se fundó en Santo Domingo en 1538, y las universidades de Lima y la Ciudad de México en 1551, mucho antes que la primera universidad en las colonias inglesas de América, Harvard College, fundada en 1636. La primera imprenta de las Américas fue instalada en la Ciudad de México por el tipógrafo italiano Giovanni Paoli (Juan Pablos) en 1539, en tanto que la primera imprenta angloamericana fue inaugurada por Stephen Daye en Cambridge, Massachusetts, en 1638.
Básicamente, las universidades proponían los estudios medievales tradicionales del trivio (gramática, retórica y lógica) y el cuadrivio (geometría, aritmética, música y astronomía) junto con la teología, el derecho y la filosofía política central del escolasticismo, esto es, las ideas de Santo Tomás de Aquino. Esta filosofía fue determinante para la cultura política de la América Latina, en virtud de que durante trescientos años, todos, de México a la Argentina, asistieron a la escuela política de Santo Tomás. Y en ella aprendieron, de una vez por todas, que el propósito de la política, su valor supremo, superior a cualquier valor individual, era el bien común. Para alcanzarlo se requería la unidad; el pluralismo era un estorbo. Y la unidad sería alcanzada de manera superior gracias al gobierno de un solo individuo, no a través del capricho de múltiples electores. En una de las once capillas de la iglesia de Santo Domingo en Oaxaca, Santo Tomás de Aquino preside desde el cielo las verdades políticas básicas destiladas en el corazón de la América española. Frente a él, se sienta San Agustín, el doctor de la
Iglesia cuyas ideas constituyen otra de las piedras angulares de nuestra vida espiritual y política: la gracia de Dios no es directamente asequible a cualquier individuo sin la asistencia de la Iglesia. Para llegar a Dios, se debe pasar por la jerarquía eclesiástica. Éste era un sistema hermético para enseñar la verdad revelada, negando la participación de la investigación individual o de la crítica, pero subrayando la necesidad primordial de la tradición y del papel de la Iglesia como depositaria legítima de la tradición, propagadora de la verdad y denunciadora infalible del error.
Pero la insistencia en que el bien común es otorgado desde arriba mediante la concesión autoritaria, aseguró que esta filosofía política sólo podría ser modificada desde abajo a través de la revolución violenta. Nuevamente, los principios y las prácticas de la democracia fueron pospuestos. La América española habría de extraviarse en los laberintos del autoritarismo y de la imitación extralógica de modelos extranjeros de progreso y democracia, antes de encontrar sus propias tradiciones interrumpidas, sus propias raíces democráticas y conflictivas en las comunidades medievales de España, en el lado humanístico de la sociedad azteca, en el valor social de la cultura quechua.
La educación colonial fue un sistema de enseñanza que podríamos definir como inteligencia dirigida. Y el sistema de publicaciones que la acompañó también podía ser sumamente restrictivo. Sólo seis años después de la Conquista, la Corona prohibió ulteriores publicaciones de las Cartas de relación de Cortés a Carlos V. La Corona no deseaba promover el culto de la personalidad de los conquistadores. En efecto, se nos prohibió conocernos a nosotros mismos. En 1553, un decreto real prohibió la exportación a las Américas de todas las historias que tratasen sobre la Conquista, para no mencionar cualquier historia que elogiase a las derrotadas culturas indígenas.
No obstante, la Corona era capaz de tomar iniciativas sumamente ilustradas, tales como la temprana creación de escuelas para los indígenas más dotados, que eran miembros de la aristocracia de las
naciones derrotadas. En el Colegio de Tlatelolco en México, por ejemplo, los jóvenes indígenas aprendían en español, latín y griego, demostrando la excelencia de sus estudios. Pero, al cabo, el experimento fracasó, primero porque irritaba a los conquistadores tener súbditos indios que sabían más que ellos, pero sobre todo, porque los conquistadores no querían indios que tradujesen a Virgilio, sino indios que trabajasen para ellos como mano de obra barata en las minas y en las haciendas.
Y los necesitaban también como obreros de la nueva religión. El cristianismo arrasó los antiguos templos, “templos del demonio” como los llamó un misionero cristiano. Pero fueron los indios mismos quienes construyeron los nuevos templos de la cristiandad americana.
Padre y madre
Se puede discutir si la conquista de América fue buena o mala, pero la Iglesia sabía perfectamente que su papel en el proceso colonizador era el de evangelizar. La Iglesia entró en contacto con una población rasgada entre su deseo de rebelarse y su deseo de encontrar protección. La Iglesia ofreció tanta protección como pudo. Muchos grupos indígenas, de los coras en México a los quechuas en Perú a los araucanos en Chile, resistieron a los españoles
durante un largo tiempo. Otros acudieron en multitudes pidiendo el bautizo en las calles y en los caminos. El fraile franciscano Toribio de Benavente, quien llegó a México en 1524 y fue llamado por los indios “Motolinía”, que significa “el pobre y humilde”, escribió que: “Vienen al bautismo muchos, no sólo los domingos y días que para esto están señalados, sino cada día de ordinario, niños y adultos, sanos y enfermos, de todas las comarcas; y cuando los frailes andan visitando les salen los indios al camino con los niños en brazos, y con los dolientes a cuestas, y hasta los viejos decrépitos sacan para que los bauticen… Cuando van a el bautismo, los unos van rogando, otros importunando, otros lo piden de
rodillas, otros alzando y poniendo las manos, gimiendo y encogiéndose; otros lo demandan y reciben llorando y con suspiros.”
Motolinía afirma que quince años después de la caída de Tenochtitlan en 1521, “más de cuatro millones de almas habían sido bautizadas”. Y aunque esto puede ser propaganda eclesiástica, el hecho es que los actos formales del catolicismo, del bautismo a la extremaunción, se convirtieron en ceremonias permanentes de la vida popular en toda la América española, y que la arquitectura eclesiástica desplegó una imaginación práctica, capaz de unir dos factores vitales para las nuevas sociedades americanas. La primera fue la necesidad de tener un sentido de parentesco, un padre y una madre. Y la segunda, fue la de contar con un espacio físico protector, donde los viejos dioses podrían ser admitidos, disfrazados, detrás de los altares de los nuevos dioses.
Muchos mestizos jamás conocieron a sus padres. Sólo conocieron a sus madres indígenas, amantes de los españoles. El contacto y la integración sexuales fueron, ciertamente, la norma de las colonias ibéricas, en oposición a la pureza racial y la hipocresía puritana de las colonias inglesas. Pero ello no alivió la sensación de orfandad que muchos hijos de españoles y mujeres indígenas seguramente sintieron. La Malinche tuvo un hijo de Cortés, quien lo reconoció y lo bautizó Martín. Pero el conquistador tuvo otro hijo, también llamado Martín, con su mujer legítima, Juana Zúñiga. Andando el tiempo, ambos hermanos se conocieron y protagonizaron, en 1565, la primera rebelión de la población criolla y mestiza de México contra el gobierno español. La legitimación del bastardo, la identificación del huérfano, se convirtió en uno de los problemas centrales, aunque a menudo tácitos, de la cultura latinoamericana. Los españoles lo abordaron de maneras religiosas y legalistas.
La fuga de los dioses, que abandonaron a su pueblo; la destrucción de los templos; las ciudades arrasadas; el saqueo y destrucción implacables de las culturas; la devastación de la economía indígena por la mina y la Encomienda. Todo ello, además de un sentimiento casi paralizante de
asombro, de maravilla ante lo que ocurría, obligaba a los indígenas a preguntar: ¿dónde hallar la esperanza? Era difícil encontrar ni siquiera un destello en el largo túnel que el mundo indígena parecía recorrer. ¿Cómo evitar la desesperanza y la insurrección? Ésta fue la pregunta propuesta por los humanistas de la Colonia, pero también por sus más sabios, y astutos, políticos. Una respuesta fue la denuncia de Bartolomé de las Casas. Otra, las comunidades utópicas de Quiroga y los colegios indígenas de la Corona. Pero en verdad fueron el segundo virrey, don Luis de Velasco, y el primer arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga, quienes hallaron la solución duradera: darle una madre a los huérfanos del Nuevo Mundo.
A principios de diciembre de 1531, en la colina del Tepeyac cerca de la Ciudad de México, un sitio previamente dedicado al culto de una diosa azteca, la virgen de Guadalupe se apareció portando rosas en invierno y escogiendo a un humilde tameme, o cargador indígena, Juan Diego, como objeto de su amor y de su reconocimiento. De un golpe maestro, las autoridades españolas transformaron al pueblo indígena de hijos de la mujer violada en hijos de la purísima virgen. De Babilonia a Belén, en un relámpago de genio político. Nada ha demostrado ser más consolador, unificante y digno del más feroz respeto en México, desde entonces, que la figura de la virgen de Guadalupe, o las figuras de la virgen de la Caridad del Cobre en Cuba, o de la virgen de Coromoto en Venezuela. El pueblo conquistado había encontrado a su madre.
También encontraron un padre. México le impuso a Cortés la máscara de Quetzalcóatl.
Cortés la rechazó y, en cambio, le impuso a México la máscara de Cristo. Desde entonces, ha sido imposible saber quién es verdaderamente adorado en los altares barrocos de Puebla, Oaxaca y Tlaxcala: ¿Cristo o Quetzalcóatl? En un universo acostumbrado a que los hombres se sacrificasen a los dioses, nada asombró más a los indios que la visión de un Dios que se sacrificó por los hombres. La redención de la humanidad por Cristo es lo que fascinó y realmente derrotó a los
indios del Nuevo Mundo. El verdadero regreso de los dioses fue la llegada de Cristo. Cristo se convirtió en la memoria recobrada, el recuerdo de que en el origen los dioses se habían sacrificado en beneficio de la humanidad. Esta nebulosa memoria, disipada por los sombríos sacrificios humanos ordenados por el poder azteca, fue rescatada ahora por la Iglesia cristiana. El resultado fue un sincretismo flagrante, la mezcla religiosa de la fe cristiana y la fe indígena, una de las fundaciones culturales del mundo hispanoamericano. Y, sin embargo, existe un hecho llamativo: todos los Cristos mexicanos están muertos, o por lo menos, agonizan. En el calvario, en la cruz, tendidos en féretros de cristal, todo lo que se ve en las iglesias populares de México son imágenes de Cristo postrado, sangrante y solitario. En contraste, las vírgenes americanas, como las españolas, están rodeadas de gloria y celebración perpetuas, flores y procesiones. Y el decorado mismo que rodea a estas figuras, la gran arquitectura barroca de la América Latina es en sí una forma de celebración de la nueva fe, pero es al mismo tiempo una celebración riesgosa de las viejas religiones supervivientes.
La maravillosa capilla de Tonantzintla cerca de Cholula, en México, es una de las más llamativas confirmaciones del sincretismo como elemento dinámico de la cultura de la contraconquista. Lo que aquí ocurrió se repitió a lo largo y ancho de la América Latina. Los artesanos indígenas recibieron grabados de los santos y otros motivos religiosos de manos de los evangelizadores cristianos, quienes les pidieron reproducirlos dentro de las iglesias. Pero los antiguos albañiles y artesanos de los templos indígenas querían hacer algo más que copiar. Deseaban celebrar a sus dioses viejos al lado de los nuevos dioses, pero esta intención hubo de enmascararse mediante una mezcla del elogio de la naturaleza con el elogio del cielo, fundiéndolos de manera indistinguible.
Tonantzintla es, en efecto, una recreación indígena del paraíso indígena. Blanca y dorada, la capilla es una cornucopia de la abundancia en la que todas las frutas y flores del trópico ascienden hacia la cúpula, hacia el
sueño de la abundancia infinita. El sincretismo religioso triunfó y, con él, de alguna manera, los conquistadores fueron conquistados.
En Tonantzintla, los indígenas se pintan a sí mismos como ángeles inocentes rumbo al paraíso, en tanto que los conquistadores españoles son descritos como diablos feroces, bífidos y pelirrojos. El paraíso, después de todo, puede ser recobrado.
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DOSSIER Los hijos INCAS del Sol
Gran señor inca en andas, en una ilustración de la Crónica de Huamán Poma.
Alzaron ciudades ciclópeas sin conocer la escritura y vertebraron un mosaico de pueblos que los creían dioses. Sus órdenes llegaban a miles de kilómetros, sus orfebres copiaban el mundo en oro y sus cadáveres momificados eran atendidos como en vida. Hoy, el imponente Imperio de los Incas cobra actualidad en España gracias a una magna exposición. Cuatro especialistas analizan la vida, la muerte, el Arte, la Historia y el papel de la mujer en el antiguo Tahuantinsuyu
79. Momias. Equipaje 84. Un mundo para la eternidad bañado en oro
70. Señores de los Andes Concepción Bravo
76. La mujer. Fuerte e influyente F. Hernández Astete Alicia Alonso E. Sánchez Montañés
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Señores de los
ANDES Lograron imponer su hegemonía sobre el mosaico
de pueblos que ocupaban los vastos espacios andinos, en los que levantaron uno de los más
asombrosos imperios de la Historia. Concepción Bravo se adentra en el complejo y brillante
sistema de los Incas, que los españoles supieron adaptar hábilmente en su propio beneficio
Tratando de repetir la hazaña de Hernán Cortés en México, los españoles pusieron fin a una de las más brillantes civiliza-
ciones que ha alumbrado la historia de la Humanidad, la de los Incas, cuyo espa- cio nuclear eran los Andes Centrales y la región circumlacustre del Titicaca.
La historiografía de las últimas décadas del siglo XX ha rescatado de las antiguas crónicas del XVI y XVII el término Tahuantinsuyu para definir el concepto de ese espacio, que constituyó el vasto territorio en el que ellos asentaron un po- deroso Estado, cuyos límites habían que- dado fijados en el año 1530: por el nor- te en el río Patia, en el sur de la actual república de Colombia, entre Pasto y Po- payán, y por el sur, en el río Maule, en territorio chileno, con una distancia de 5.000 kilómetros entre ambos puntos.
Tradicionalmente, se venía hablando del Imperio de los Incas, del Imperio de los hijos del Sol o, simplemente, del An- tiguo Perú. Es éste un nombre que no figuraba en la toponimia indígena, pero que no sólo alentó las expectativas vi-
CONCEPCIÓN BRAVO GUERREIRA es catedrática de Historia de América, UCM
sionarias de quienes se empeñaron en la aventura de llegar a esas tierras, adi- vinadas o presentidas, desde Panamá, en una fecha tan temprana como la de 1523. Fue también un nombre y una re- ferencia aceptada y difundida sin reser- vas por los mismos habitantes del gran imperio, apenas llegados los españoles a sus tierras. Pero ¿quién lo inventó? y ¿por qué? Parece derivarse de una pro- vincia llamada Birú, que se abría en los límites del territorio explorado del istmo de Panamá, en el extremo de la que ha- bía empezado a identificarse como la “ruta de Levante”, inaugurada con los viajes del hidalgo vizcaíno Pascual de Andagoya, en 1522.
La obsesión por el éxito de Cortés Fue ésta una empresa que solamente proporcionó fracasos y pérdidas de vi- das y recursos, pero que encendió las ambiciones y las ilusiones, perseguidas como una quimera por otros hombres audaces que buscaban alucinados el sue- ño de conseguir un éxito semejante al de Cortés. También en la lejana corte del emperador Carlos se creía posible repe- tir esa gesta y por eso se solicitaban, en una Real Cédula fechada en Logroño el Serie de los Incas, óleo de Marcos Chillitupac
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INCAS, LOS HIJOS DEL SOL
Inca, de la escuela cuzqueña, datado hacia 1837. Otras series continuaban con los reyes de España (Colección Celso Pastor de la Torre).
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Fragmento del perímetro exterior del Coricancha, el gran templo solar del Cuzco imperial, sobre el que se alza un edificio de la época colonial.
22 de septiembre de 1523 y dirigida a los oficiales de la Casa de la Contratación, informaciones precisas sobre “las naos que navegan por las costas del Perú”.
Y aunque en esa misma fecha Anda- goya había abandonado la empresa y Francisco Pizarro y Diego de Almagro apenas estarían empezando a negociar con el gobernador de Panamá su per-
miso para continuarla, el nombre ya mí- tico del Perú había cuajado en la fanta- sía popular, más allá de las tierras y los mares de un Mundo Nuevo que se abría promisorio a las expectativas de la cor- te castellana. Se había inscrito ya en una geografía imaginaria o imaginada y na- da impidió que se impusiera sobre cual- quier otro para designar a la que se
constató como una realidad en las leja- nas latitudes donde los Incas tenían asentado su imperio.
Pero el de Tahuantinsuyu es el que ex- presa más claramente, y con mayor pro- piedad, la verdadera significación del es- píritu que imprimieron a su política los señores del Cuzco para llevar a cabo su plan de integrar en un Estado poderoso a las gentes y las tierras que ocupaban la geografía fragmentada del espacio an- dino. En la diversidad orográfica y cli- mática, y en consecuencia ecológica, se habían instalado múltiples grupos hu- manos de razas y culturas diferentes que, en un proceso milenario, fueron ca- paces de irse adaptando a las difíciles condiciones de un medio casi siempre hostil que, por un lado, los empujaba a organizar sus escasas fuerzas para ob- tener los recursos imprescindibles para subsistir y, por otro, los colocaba en una actitud de temor ante el desafío de una naturaleza que ellos no podían con- trolar y cuya energía atribuían a fuer- zas sobrenaturales, a las que había que propiciar con rituales y ofrendas.
Religión y sacerdocio parecen haber marcado las bases del sistema de orga- nización social, y mas tarde política, de las sociedades andinas, y de sus activi- dades económicas. Con grandes cere- monias, y con rituales o prácticas más o menos sencillas, se sacralizaba la vida pública o cotidiana de pueblos que afir- maban sus intereses comunes en la fuer- za de una estructura familiar, el ayllu, que daba cohesión al grupo con el re-
El Coricancha, recinto de oro
La riqueza del gran templo solar del Cuz- co imperial no fue una fantasía nacida de
la tradición popular. Así lo recordaba el vie- jo soldado Pedro Pizarro, cuando escribió los hechos de la conquista en los que había par- ticipado siendo un paje de su pariente Fran- cisco Pizarro:
“Tenían este Sol en unas casas muy gran- des, todas de cantería muy labradas, y así mismo la cerca de cantería muy alta y muy bien obrada. En la delantera della tenían una cinta de planchas de oro, de más de un pal- mo de ancho, encajadas en las piedras. En un patio pequeño que estaba dentro, estaba una peña a manera de escaño con el encaje de oro. Aquí asentaban el Sol cuando no salía a la
plaza de día, y de noche lo metían en un apo- sento pequeño que tenían, muy labrado, y así mismo chapeado de oro alrededor.
Delante del aposento donde dormía el Sol tenían hecho un guerto pequeño, que ser- vía como una era grande, donde sembraban a su tiempo maíz, y al tiempo que celebra- ban sus fiestas, que era en el año tres vezes, henchían este güerto de cañas de maíz he- chas de oro, con sus mazorcas y hojas al na- tural, todo de oro muy fino, las quales te- nían guardadas para poner en estos tiempos”.
También el Inca Garcilaso de la Vega guar- daba en su memoria las descripciones que oyera en su niñez a los parientes de su ma- dre, princesa de la estirpe de los Incas: “Era
jardín de oro y plata como los que había en las casas reales de los reyes, donde había mu- chas yerbas y flores de diversas suertes, mu- chos árboles, muchos animales grandes y chi- cos y sabandijas de las que van arrastrando, y mariposas y pájaros, cada cosa puesta en el lugar que más al propio contrahiciese a lo na- tural que remedaba. Había un gran maizal, y árboles frutales con su fruta toda de plata y oro, contrahecho al natural, y rimeros de leña contrahecha de oro y plata. También ha- bía grandes figuras de hombres y mujeres y niños, vaciados de los mismos, porque todos los plateros que había dedicados para el ser- vicio del Sol no entendían de otra cosa sino hacer y contrahacer las dichas cosas”.
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SEÑORES DE LOS ANDES
Los descendientes de los Incas fueron ennoblecidos por el emperador Carlos V.
Retrato sobre pergamino de Topa Inga Yupanqui, de 1545.
conocimiento de un antepasado común, su ancestro fundador, que adquiría los rasgos de héroe cultural protector de sus gentes y de las tierras que ocupaban.
Fuerzas de la naturaleza divinizadas, dioses de la tierra y del espacio celeste superior, donde los astros rigen los des- tinos de los hombres, héroes locales fun- dadores de grupos, son percibidos co- mo artífices y garantes de las empresas de sus fieles.
Integración panandina La geografía sagrada establece los refe- rentes de la geografía humana del es- pacio andino, que se unificará en el Tahuantinsuyu, en el prestigio de los grandes santuarios de Chavin y Tiahua- naco, en las alturas de la sierra, y de los que se alzaron en las regiones norteñas de Lambayaque, Moche o Pachacamac como centros de culturas matrices. Éstas marcaron sucesivamente las fases de un proceso de integración cultural panan- dina de un mosaico de pueblos que, no obstante, se disputaron entre sí el con- trol de la tierra y la hegemonía de sus dioses, sus héroes y sus líderes sobre los de sus vecinos y oponentes.
En la memoria de unas gentes que no alcanzaron a desarrollar la escritura, se confundían las hazañas de los dioses y de los hombres que fueron forjando su historia. La tradición oral ha pervivido en relatos que hablan de enfrentamientos de pueblos que se dirimían en combates o añagazas de sus dioses huacas. El mito tiñó de un aura legendaria la historia de los incas, uno de los muchos pueblos que ocuparon el espacio central de la cordi- llera en el valle del Cuzco, en abierta competencia con los que los habían pre- cedido. Los incas lograron imponerse co- mo dominadores del extenso Tahuantin- suyu, “el Imperio de los cuatro rumbos del mundo”, cuyo centro establecieron en un punto que la investigación histó- rica y arqueológica todavía no ha con- seguido establecer con precisión. Aun- que el mito sí es rico en referencias a un origen y una procedencia señaladas por los designios de su divinidad protecto- ra: el padre Sol. A partir de relatos que ofrecen versiones diferentes, y que fue- ron recogidos en los textos de los cro-
INCAS, LOS HIJOS DEL SOL
La corona imperial
La Mascapaicha era el emblema del po- der absoluto del Sapay Inca. En con-
traste con los suntuosos adornos y joyas de su vestimenta y del lujo de los ajuares pa- laciegos, el símbolo de la realeza era de una sobriedad y sencillez sorprendentes. Con- sistía en una simple flecadura de finísimos hilos de color carmesí que, sujetos por unos pequeños canutillos de oro a una diade- ma formada por un cordón trenzado con hilos de la misma calidad, pero multico- lores, cubrían la frente de sien a sien.
Su fuerza y su prestigio se asentaban en su simbolismo: su forma sobre la frente re- cordaba la de un hacha ensangrentada, gue- rrera y ceremonial. Su significado y su va-
lor se mantuvieron para las elites indíge- nas después de la conquista, al ser incor- porada como motivo heráldico a los escu- dos de armas concedidos por la Corona es- pañola a los descendientes de la nobleza cuzqueña.
La magia de la “borla imperial” man- tuvo su fascinación en los antiguos súb- ditos del Tahuantinsuyu y figuraba como elemento imprescindible en la indumen- taria de gala que lucían los nobles de as- cendencia inca en las grandes ceremonias de los fastos virreinales, pero con una no- table modificación: la diadema de lana trenzada se sustituyó por una de oro ex- quisitamente labrada.
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nistas españoles, la memoria de sus hechos, tamizada, idealizada y posiblemente modificada, se registraba a partir de un sistema mne- motécnico, el de los famosos quipus, manejados con asombrosa precisión por fun- cionarios estatales, los quipu- camayocs, encargados de con- servar y transmitir la tradición oral.
La fuerza del mito como inter- pretación de la realidad estaba tan arraigada en la mentalidad de las cultu- ras que sometieron, que la versión de los
Quipu UR 6, hallado en una tumbavencedores fue no sólo conocida, sino provincial, de hacia 1470-1532, quereconocida por los pueblos sojuzgados.
probablemente se utilizaba como calendario. Todos los pueblos de los Andes re-
cordaban que el grupo étnico inca al- canzó su preeminencia sobre ellos a par- tir de su asentamiento en el Cuzco, el centro desde el cual organizaron un Es- tado poderoso. Pero, en las versiones di- ferentes de esos hechos, se advierte la insistencia en poner de manifiesto su ori- gen foráneo y en que los incas no ocu- paron un espacio vacío, sino poblado por gentes que los precedieron en la fundación de la ciudad sagrada, que an- tes se llamaba Acamama.
La tradición oral no permite estable- cer una cronología exacta de los hechos. Pero aún contando con la inseguridad en las fechas y en los hechos concretos de cada uno de sus soberanos, es posi- ble establecer el proceso de formación y desarrollo del Tahuantinsuyu, que des- de un nivel embrionario de pequeño se- ñorío regional de carácter agrario llegó a constituir uno de los más poderosos imperios del mundo. Un Estado basa- do en el principio de poder absoluto y
teñido de rasgos teocráticos –estaba gobernado por los hi- jos del Sol–, pero que no te- nía sólo este carácter.
La versión historiada del mito se refleja en relatos que nos ofrecen dos corrientes que algunos cronistas se es-
forzaron por unificar. Una de ellas sitúa el origen del grupo in-
vasor en Pacaractambo, veinticin- co kilómetros al sur de Cuzco, en la
margen derecha del río Apurimac. Es el mito de los Ayar, que hace salir de una cueva a un grupo de tres/cuatro pa- rejas de hermanos, uno de los cuales es Manco Capac, con sus respectivas her- manas/esposas. De todos ellos, sólo es- te último consiguió llegar a la pequeña ciudad, de la que tomó posesión y en la que instauró con su hermana esposa y sus otros hermanos la dinastía de los Urincuzcos, denominación derivada de su asentamiento en la parte baja de la ciudad, alrededor de un templo levan- tado en honor del padre Sol: el Cori- cancha o recinto de oro.
El cronista Garcilaso de la Vega, el in- ca mestizo, sin omitir esta versión, di- fundió en el texto de sus Comentarios Reales de los Incas otra más hermosa y poética de esa llegada legendaria de sus antepasados maternos a la ciudad que convertirían en capital del imperio.
En ella se narra cómo Manco Capac y Mama-Ocllo, hermanos y esposos, crea- dos por el Sol en una isla del lago Titi- caca, fueron enviados por su padre en busca una tierra donde asentarse, con el mandato de enseñar a los hombres que encontraran en su camino, sumidos todos en un estadio de barbarie primi- tiva, los principios de una gente civili- zada. El lugar propicio sería aquel en que lograran hundir en la tierra una ba- rra de oro que les entregó. Caminando hacia el Norte, y después de una es- tancia en Pacarectambo, llegaron al va- lle del Cuzco. Allí, Manco “procuró hin- car en tierra la barra de oro, la cual con mucha facilidad se les hundió al primer golpe que dieron con ella, que no la vieron más. Entonces dijo nuestro Inca a su hermana y mujer: En este valle manda nuestro padre el Sol que pare- mos y hagamos nuestro asiento y mo- rada por cumplir su voluntad”.
La leyenda permite establecer que los incas se asentaron en este lugar en con-
Las dos dinastías de los Incas
Las crónicas del Perú mencionan dos dinastías de gobernantes Incas, la Urin y la Ha- nan. Se cree que la forma del gobierno del Estado fue la de una duarquía, en la que terminó imponiéndose el linaje de Hanan sobre el de Urin.
URIN HANAN
Gobernantes efectivos de Urin Gobernantes efectivos de Hanan
Desplazados por los Hanan Impuestos por los Hanan
Sinchi Roca
Lloque Yupanqui
Mayta Capac
Cápac Yupanqui
Tarco Huaman I
Tarco Huaman II
Juan Tambo Mayta
Manco Capac Fundador mítico
Inca Urco
Amaro Tupac
Yamque Yupanqui
Huayna Capac
Huascar
Yahuar Huacac
Viracocha Inca
Pachacuti Inca Yupanqui
Tupac Inca I
Tupac Inca II
Atahualpa No proclamado
Inca Roca
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SEÑORES DE LOS ANDES INCAS, LOS HIJOS DEL SOL
vivencia con los grupos étnicos origina- rios del valle –Sañu, Ayarmaca y Alca- viza–, con los que establecieron pactos y alianzas hasta ver reconocido su lide- razgo, no antes del siglo XIV.
Con ayuda del Sol Vino después el sometimiento de los ve- cinos más próximos, el belicoso pueblo de los Chancas, que dominaban la re- gión de Ayacucho, controlando a una se- rie de pequeños grupos tribales. Su vic- toria sobre ellos, que en el mito se de- be a la ayuda que el Sol brindó al gran Inca Pachacutec, abrió el camino a la ex- pansión imparable que culminó en las campañas militares de Huayna Capac, el gran estratega que fue el penúltimo de los señores del Cuzco. Muerto hacia 1530, Huayna Capac fue un personaje histórico también magnificado por la le- yenda popular.
En la verdadera historia de los Incas, desde su fundador mítico hasta el de- rrumbe de su imperio en 1532, puede establecerse que hubo dos líneas de go- bernantes –que los cronistas españoles mencionan como dinastías– que inte- graron en dos grandes linajes a la no- bleza cuzqueña, el grupo de elite inca dominador de todos los pueblos de los Andes, y a los que se adscribieron sus soberanos, los Sapay Inca reinantes. Es- tos linajes fueron los Urincuzcos y los Hanancuzcos, a cuyos descendientes lle- garon a conocer e identificar los con- quistadores españoles. Las informacio- nes que proporcionaron a la nueva ad- ministración colonial permitieron a los
Atahualpa en presencia de Pizarro, en un grabado de América, de Teodoro de Bry. Los españoles fueron a Perú soñando con repetir la gesta de Hernán Cortés en México.
convertidos en vasallos de la Corona de Castilla. Los datos recabados por los nuevos funcionarios facilitan la recons- trucción del modo de vida de las socie- dades mejor que las gestas de sus jefes.
Un mundo dual Durante todo el tiempo del virreinato esos funcionarios conocieron bien las es- tructuras territoriales de los Andes Cen- trales, divididos en dos mitades, la Urin o de abajo, y la Hanan, o de arriba, res- pondiendo a una concepción dual del
La guerra civil entre Huáscar y su hermano Atau Huallpa, allanó a Pizarro el camino para la conquista del Perú españoles elaborar su plan de gobierno, al aprovechar en su beneficio las insti- tuciones con que los Incas gobernaban con eficacia a la numerosa población in- dígena bajo su control.
La organización familiar, social y eco- nómica pervivió en el seno de las co- munidades constituidas sobre la base de los antiguos ayllus, tras la desaparición de los antiguos soberanos. Los elemen- tos fundamentales fueron hábilmente aprovechados para instalar con mayor provecho el régimen laboral que se im- puso a los súbditos del Tahuantinsuyu
cosmos que presidía también las estruc- turas mentales, la organización social y el ejercicio del poder en todas las co- munidades. La tradición oral de los In- cas, que no se esforzaron por conservar la memoria de los pueblos que domina- ron, recogía los nombres de los seño- res étnicos de estos grupos, mencionán- dolos siempre como parejas de gober- nantes, tanto si se trata de los Chancas míticos como de pueblos de comproba- da historicidad, y no es lógico pensar que en la organización de sus propias re- laciones como grupo, o en la organiza-
ción del Tahuantinsuyu, fueran ajenos a un principio panandino de tan arrai- gada tradición y larga persistencia. Co- bra sentido así la mención a las dos di- nastías Urin y Hanan que insistentemente se citan en todas las fuentes escritas; pe- ro un riguroso análisis de todas ellas nos permite interpretar que no se sucedieron en el tiempo, sino que gobernaron con- juntamente compartiendo diferentes fun- ciones y competencias del poder políti- co del Cuzco como centro del Estado.
La usurpación de los Urin por los Ha- nan, a partir del tercero de sus respec- tivos gobernantes, y consagrada por el cuarto de los de Hanan, Pachacutec –el que abrió paso a la expansión territorial tras su triunfo sobre los Chancas que ha- bían llegado en sus incursiones a poner cerco a la ciudad del Cuzco–, generó du- ros enfrentamientos entre ambos linajes. Sus disensiones culminaron cuando, a la muerte de Hayna Capac, uno de sus hi- jos, Huascar, intentó restablecer las fun- ciones de la dinastía Urin, frente a las pretensiones de su hermano Atau Huall- pa, que alentaba la ambición de ser el único señor del imperio. La devastado- ra guerra civil que asoló las tierras del viejo Tahuantinsuyu y diezmó las po- blaciones de muchos grupos étnicos allanó a Francisco Pizarro el camino pa- ra la conquista del Perú. ■
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Fuerte e influyente
LA MUJER En el Tahuantinsuyu, la mujer estuvo asociada a la agricultura y a la preparación de alimentos rituales, tareas de vital importancia en el equilibrio social. Pero también era fuente de poder político y, a veces, decisiva para la sucesión del inca, señala Francisco Hernández Astete
Una atenta observación de los mitos y rituales incaicos que recogieron los cronistas de los siglos XVI y XVII mues-
tra claramente la estrecha relación que existió entre las diosas andinas y la agri- cultura y producción de alimentos, pues a diferencia de los dioses, siempre vin- culados a fenómenos naturales, como el rayo (Tunupa e Illapa) o los movimien- tos sísmicos (Pachacámac), las diosas an- dinas estuvieron asociadas con el origen y equilibrio de las subsistencias necesa- rias para la manutención humana. Éste es el caso de deidades como Pachama- ma, vinculada con la tierra; Mama Qui- lla, vinculada con la luna; Mama Cocha, relacionada con el mar; Urpay Huachac, que estuvo asociada a los peces, aves marinas y pescadores, y Mama Raigua- na, a quien se le vinculó con el reparto de plantas útiles a los hombres, así co- mo también es el caso de las conopas, objetos sagrados que personificaban a las plantas, como las llamadas Mamas del maíz, papas, coca, etc. Sin embargo, aunque es clara esta suerte de definición de funciones, no debemos olvidar que el Sol, divinidad típicamente masculina, estaba también asociado con el éxito agrícola, por lo que el vínculo de la di- vinidad con la agricultura no es una ex- clusividad femenina.
Paralelamente, en la tradición oral an-
FRANCISCO HERNÁNDEZ ASTETE
Pontificia Universidad Católica del Perú.
Escena de recolección en Perú. A los españoles les asombró la fuerza de la mujer india. Ilustración de Huamán Poma de Ayala.
dina, la mujer aparece relacionada con una función similar a la que se atribu- ye a las diosas, pues tanto la siembra co- mo la transformación de los productos agrícolas en alimentos para el consumo, así como su transformación en produc- tos rituales, básicamente la preparación de chicha y zancu –una suerte de pan de maíz– destinados al consumo en las grandes festividades cuzqueñas, fueron tareas típicamente femeninas. De esta manera, existe claramente un vínculo entre las funciones de la mujer incaica con las que se atribuía a las diosas an- dinas, las mismas que validan simbóli- camente esta división de tareas.
Sin embargo, aun cuando es posible percibir esta distinción, en la vida coti- diana, hombres y mujeres podían inter- cambiar sus funciones, aunque en los ri- tuales, las funciones de hombres y mu- jeres quedaban claramente establecidas, ya que, por ejemplo, aun cuando exis- ten evidencias de las habilidades mas- culinas para el tejido, las prendas que se utilizaban en los rituales eran encargadas exclusivamente a las acllas, de la mis- ma forma que la preparación y reparto del resto de objetos y alimentos que eran necesarios para las celebraciones.
Resulta importante señalar que en la sociedad inca no existió ningún tipo de paradigma cultural que mostrara una cla- ra debilidad de las mujeres con respec- to de los varones, pues éstas realizaban todo tipo de tareas, incluso pesadas, que fueron destacadas siempre por los testi- gos españoles de la sociedad andina en el siglo XVI, que muchas veces obser- vaban sorprendidos las capacidades fí- sicas de la mujer andina.
Por otra parte, las notables alusiones a la pareja, tanto en el comportamiento de las divinidades como en el desarro- llo de los ciclos míticos incaicos, mues- tran que en el mundo sagrado incaico existía una perfecta complementariedad entre lo masculino y lo femenino. Por ello, en los textos que recogen la tra- dición andina prehispánica, se puede observar la existencia de parejas divi- nas, y se encuentra en la mayoría de los casos una contraparte femenina para
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INCAS, LOS HIJOS DEL SOL
Retrato de Coya con paisaje. Este lienzo anónimo peruano del siglo XVIII refleja la visión colonial sobre las antiguas consortes del inca, que le ayudaban a fijar su sistema de alianzas.
cada divinidad con atributos masculi- nos, como en el caso de Inti (Sol) y Ma- ma Quilla (Luna), identificados como una pareja celeste.
La pareja vital La complementariedad entre hombres y mujeres fue siempre importante en el Tahuantinsuyu. Por eso, tanto en el uni- verso simbólico incaico como en la vi- da social y política, la pareja fue siem- pre un elemento vital. El matrimonio marcaba el inicio de la vida adulta pa- ra la pareja andina y, por ende, el de sus obligaciones para con el grupo ét- nico y con el Estado. En este sentido, la novia, durante la celebración del matri- monio, era considerada un ser sagrado, ya que, una vez casada, cumplía las fun- ciones de reproducción y protección de los hijos, asegurando la estabilidad de parentesco del grupo al garantizar su crecimiento y, por tanto, su riqueza.
Por otra parte, existió entre los incas un “matrimonio normal”, realizado para constituir una pareja medianamente es- table, procrear y compartir la residencia, y un “matrimonio ritual”, realizado úni- camente con el propósito de ampliar el sistema de parentesco y en el que los in- volucrados no constituían una pareja es- table ni se esperaba que compartieran el lugar de residencia. De este modo, por ejemplo, el inca y el curaca, o señor local, “intercambiaban” mujeres al tiem- po que establecían provechosas alian- zas entre sus pueblos. Ésta fue una de las maneras que tenía el inca para in- crementar su poder, pues cuando no fue por guerra, fue a través de este inter- cambio como se fue delineando la su- premacía del Cuzco en los Andes.
Asimismo, las mujeres eran entrega- das por el inca como un don a los cu- racas, con el fin de actualizar las alian- zas existentes en una suerte de repar- to de las mismas, pues parte del pres- tigio de la autoridad andina se basaba en su posibilidad de entregar mujeres a manera de respaldo de las alianzas que celebraba y, de hecho, fue la manera más tangible de mantenerlas. De acuer- do con la información que nos propor- cionan las crónicas andinas, las mujeres que el inca entregaba a los jefes étnicos eran tomadas de los acllahuasis cuz- queños, a través de un sistema de re- clutamiento y reparto de mujeres des- tinado a cubrir esta práctica que, de al-
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guna forma, contribuía al equilibrio in- caico. A diferencia de lo que podría pen- sarse, las mujeres repartidas, así como las intercambiadas, tuvieron una posi- ción social importante tanto en el Cuz- co como en los grupos étnicos, pues constituían la garantía de las alianzas realizadas y de algún modo reforzaban el poder de las autoridades.
De ese modo, el inca, el más impor- tante y poderoso señor andino en la época del Tahuantinsuyu, se casaba con una mujer de cada grupo étnico, nor- malmente las hijas o hermanas de los curacas, al tiempo que dejaba como es- posa del curaca a una mujer cuzqueña, quedando así establecidas las relacio- nes de parentesco entre ellos. Ésta fue la herramienta que reforzó el poder y la riqueza del inca, debido a que tener una extensa parentela era garantía de riqueza y poder y fue precisamente el inca quien acumuló este tipo de ma- trimonios.
El poder de la mujer Si bien no es posible afirmar una pre- ponderancia femenina en el ejercicio del poder incaico, es claro que existió un equilibrio entre el poder masculino y el femenino. Existen evidencias que per- miten plantear la fuerte influencia fe- menina en el ejercicio del poder. Así, en el tema político, es visible la fuerte in- fluencia de la mujer en el proceso su- cesorio incaico, debido al tremendo im- pacto que tenían las madres y esposas de los candidatos a incas, al punto que podían cambiar la posición de los can-
Las acllas
Las acllas, denominadas también mama- conas, eran las mujeres reclutadas por
el Estado, cuyas funciones estaban relacio- nadas con los rituales y ofrendas a favor de los principales dioses. Se sabe que las acllas estuvieron separadas de sus grupos de pa- rentesco y que vivían juntas en los acllahuasi, donde fabricaban, por ejemplo, los tejidos de cumbi y preparaban chicha y pan de maíz, productos relacionados con los rituales, prin- cipalmente solares, aunque muchas veces el inca repartía estos valiosos tejidos entre los curacas cuando celebraba algún tipo de alian- za o cuando reclutaba mano de obra a través de las mitas. La función exacta de las acllas
dentro de la organización social o política incaica se desconoce, ya que muchas veces un mismo cronista afirma, por un lado, que las acllas eran mujeres que pertenecían al in- ca y que éste disponía libremente de ellas para entregárselas a los curacas; paralela- mente, se afirma que eran una suerte de vír- genes del sol destinadas exclusivamente al culto solar. Obviamente, estas imágenes es- tán asociadas con las distintas experiencias europeas sobre grupos de mujeres debido a que las entendieron simultáneamente como las vestales romanas, las monjas cristianas y las mujeres que vivían en los serallos mu- sulmanes.
Toilette de la oncena coya, según Huamán Poma de Ayala. La esposa del inca era sagrada y estaba vinculada con la luna.
didatos. Para convertirse en inca, no so- lo era necesario pertenecer a la elite y mostrar habilidades para gobernar, sino que era importante descender de una madre poderosa y, sobre todo, conse- guir una esposa cuyo poder, a través de su familia, permitiera desplazar a los otros candidatos. Ésta es probablemen- te la razón por la que Iñaca Panaca, la familia de los descendientes de Pacha- cútec, era la principal proveedora de es- posas de incas en los años posteriores a su gobierno, no por la belleza de sus mujeres, sino por la ventaja que daba al futuro soberano la alianza matrimonial con tan importante grupo, debido al prestigio del fundador. Asimismo, es también clara la relación de las mujeres
con el ejercicio de la reciprocidad y la redistribución y con la ampliación del parentesco, es decir, con la celebración de los rituales que permiten el funcio- namiento del poder.
Las habilidades de la coya La presencia del ámbito femenino den- tro del ejercicio del poder se dio siem- pre en pareja con las actividades rela- cionadas con lo masculino, ya que am- bos actuaban como elementos opuestos a la vez que complementarios entre sí.
Así, la coya, la mujer principal del in- ca, se elegía por su habilidad en el ejer- cicio de la redistribución, visiblemente expresada en la organización de la pro- ducción y reparto de objetos valiosos en los rituales y en la celebración de ban- quetes con miras a mantener el equili- brio social en el Tahuantinsuyu, pues una parte importante del equilibrio in- caico estaba asociada con el sosteni- miento de las alianzas con los grupos ét- nicos, dado que éstas garantizaban tan- to mano de obra para el Cuzco como ejércitos para mantener y ampliar la do- minación cuzqueña.
La coya, tradicionalmente entendida como una reina europea, era conside- rada, como el inca, un ser sagrado y así como el inca era vinculado con el sol, la coya estaba asociada con la luna y, de la misma manera que en el Coricancha, el templo cuzqueño destinado al sol, se guardaban las momias de los incas, en un recinto del mismo edificio dedicado a la Luna, estaban guardados los cuer- pos de las coyas.
En ese sentido, el inca y la coya ac- tuaban como seres opuestos y comple- mentarios entre sí y constituían la pa- reja primordial del Tahuantinsuyu, si- tuación que se entiende desde el mis- mo hecho de que el inca no podría ser soltero y que se casaba con la coya el mismo día en que se convertía en el go- bernante incaico. Además, de la mis- ma manera que existía un ejercicio dual en el poder incaico a través del gobier- no de dos incas cada vez, uno de Ha- nan Cuzco y otro de Urin Cuzco, exis- ten evidencias razonables para pensar en que la idea de dualidad funcionaba también para las coyas, por lo que exis- tían simultáneamente dos de ellas (ha- nan y urin) en el Tahuantinsuyu, en tan- to eran las esposas del inca Hanan y el inca Urin, respectivamente. ■
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INCAS, LOS HIJOS DEL SOL
MOMIAS Equipaje para la eternidad
La momia inca “Juanita”, también llamada la Dama de Ampato, expuesta en el Museo de la Nación de Lima.
Al igual que los egipcios, los habitantes de los desiertos andinos descubrieron, gracias al clima, cómo conservar a sus muertos. ALICIA
ALONSO describe los elaborados rituales funerarios de los incas y explica los cuidados diarios que recibían las momias de los emperadores
La recuperación de ritos y creen- cias de los pueblos nativos ame- ricanos comienza prácticamente a la vez que los relatos de ba-
tallas y conquistas que tanto militares co- mo religiosos enviaban a la metrópoli ya desde la primera mitad del siglo XVI.
La amplitud y diversidad del territo- rio andino, con más de 8.500 kilómetros de cordillera flanqueada por el Pacífico
ALICIA ALONSO SAGASETA es profesora titular de Historia de América, UCM.
y la cuenca amazónica, enseguida puso de manifiesto la variedad y diversidad de este nuevo continente, donde el mun- do de las creencias estaba íntimamente ligado a la naturaleza y así el Sol (Inti), junto con la luna, el rayo o las pléyades, aparecen deificados y convertidos en las grandes presencias celestes, protagonis- tas de mitos y leyendas. La tierra fértil, la Pachamama, el mar, o las montañas –los Apus y Achachilas del mundo andino–, aparecen dando estabilidad al mundo presente, al mundo del hombre.
En todo este entramado de equilibrios sobrenaturales, el hombre representó un papel fundamental y así los ayllus o cla- nes andinos, se organizaron como célu- las sociales de ayuda mutua, caracteri- zadas por el principio de reciprocidad. Pero la vida en los Andes no era fácil y esa cohesión de los grupos, esa “ayuda mutua en vida”, quizás fue la causa de que no se olvidara a los hombres des- pués de la muerte. La creencia, en el más allá, en un mundo donde los muertos lle- vaban una existencia muy semejante a la
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de los vivos, es una de las ideas más consolidadas en el mundo andino.
Algunos de los últimos hallazgos ar- queológicos, como los de la Laguna del Cóndor (Chachapoyas), los Señores de Sipán y de Sicán (costa norte del Perú) y el cementerio de Puruchuco (Lima), confirman las diferencias entre los dis- tintos sistemas de enterramientos que, en muchos casos, y dada la compleji- dad del ritual, llevan a pensar en prác- ticas llevadas a cabo por especialistas.
Algarabía de vivos y muertos A la llegada de los conquistadores al Cuzco, las crónicas de la época cuentan cómo la algarabía entre vivos y muertos era tal en plaza y calles, que no se di- ferenciaba a los unos de los otros, con-
firmándonos de este modo que la vi- gencia del culto a los antepasados, que se remontaba a períodos muy remotos, estaba todavía plenamente en vigor du-rante el gobierno de los últimos incas.
¿Cuándo surgen estos rituales de en-terramiento? Los primeros grupos ca-zadores, alrededor de 10.000 a.C., se trasladaban de un lugar a otro por el altiplano o la costa como bandas tras los rebaños de llamas, alpacas o ve-nados, y los restos humanos encontra-dos se correspondían con el abandono de los cuerpos allí donde morían o donde eran arrastrados por las alima- ñas. Sin embargo, a partir de 4.000 a.C., los cuerpos presentan alguna manipu-lación, al ser flexionados o recostados antes del rigor mortis, lo que lleva a
Fardo funerario de la región de Nazca, revestido de una túnica y dotado de una “falsa cabeza”, perteneciente a la cultura huari (Lima, Museo de Arte).
pensar en una clara intencionalidad fu- neraria. A su muerte, el hombre andi- no ya no es abandonado.
Hacia 2000 a.C., la organización de los grupos cazadores camina hacia la se- dentarización, lo que implicó la cons- trucción de poblados donde los entie- rros se efectuaban en el suelo de las vi- viendas. Buen ejemplo de ello podría ser Huaca Prieta, en la costa norte de Perú, una aldea de pescadores donde se depositaban los cuerpos en peque- ñas oquedades o agujeros en el interior de las casas.
Sin embargo, uno de los descubri- mientos más importantes para el estudio del rito funerario lo constituyen los en- tierros de la cultura Paracas. Localizada en la costa sur del Perú entre 2500 a.C. y 500 d.C., hemos podido conocer sus costumbres gracias a su peculiar forma de enterramiento. La vida en el desierto, aprovechando los oasis y ríos que des- cienden desde las altas cumbres hasta el océano, afectó a los ritos funerarios, ya que el entorno proporcionaba un siste- ma de deshidratación o momificación na- tural de los cuerpos que, una vez pro- tegidos y tratados adecuadamente, po- dían resistir el paso de los siglos.
Los paraqueños enterraban colectiva- mente a los suyos. Hombres, mujeres y niños eran flexionados hasta lograr una posición fetal, en que la cabeza lle- gaba a tocar las rodillas. En esta pos- tura, el individuo era colocado sobre una pequeña cestilla y envuelto en dis- tintas piezas de tela, según su categoría social, consiguiendo poco a poco una forma de “higo o fardo funerario”, que se ataba en el exterior para consolidar el envoltorio.
Las piezas de tejido podían variar su calidad; algunas eran de algodón natu- ral y confección simple a modo de re- des y lienzos; otras de piel de camélido, y las terceras y más refinadas, las de los inmejorables mantos de algodón de las elites paracas. Teñidos de mil colores, confeccionados con las técnicas más so- fisticadas de telar y cargados de innu- merables motivos decorativos, como pá- jaros, guerreros, dioses, han supuesto para la historia del Arte uno de los me- jores documentos para el conocimien- to de esta cultura. Por si fuera poco, la introducción de distintos objetos dentro y fuera del fardo, tanto de uso perso- nal –collares, pulseras, cajas de costura–
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MOMIAS, EQUIPAJE PARA LA ETERNIDAD INCAS, LOS HIJOS DEL SOL
El arqueólogo peruano Guillermo Cock, entre un grupo de momias de la recién descubierta necrópolis de Puruchuco-Huaquerones.
como ofrendas de comida, cerámicas, conchas de spondylus princeps, instru- mentos de música, etcétera, dan idea cla- ra de la complejidad del ritual.
A pesar de que la colocación de los fardos se hacía en una gran fosa o es- pacio funerario común, el estatus social de los individuos quedaba diferencia- do tanto por el número y calidad de las capas de tejido del envoltorio, como por las piezas de ajuar y ofrendas que le acompañaban. Los metales, general- mente aleaciones de oro y cobre, que componían sugestivas diademas, nari- gueras y adornos personales, indiscuti- blemente asociadas a las clases más al- tas de la sociedad.
Los cuerpos deshidratados permane- cieron en el interior, protegidos por las numerosas capas de algodón que los ais- laban y las condiciones idóneas que brindaba la arena del desierto. Así se convirtieron poco a poco en las cono- cidas momias peruanas.
Fardos personalizados Los descendientes de la cultura de pa- racas, los nazca, entre 500 a.C. y 500 d.C., proporcionaron a los fardos y a las
momias una identidad definida, lo que en la actualidad entenderíamos como una “personalización”, conseguida por la introducción de las “máscaras fune- rarias”, que ya no dejaron de utilizarse hasta la época incaica.
La máscara se colocaba en la parte su- perior del fardo funerario, en lo que co- nocemos como “cabezas falsas”, rellenas de algodón, ya que no coincidían en ab- soluto con la del individuo introducido
ción entre el contenido del fardo y su nueva apariencia fue tanta que, en nu- merosas ocasiones, los ropajes exterio- res de hombre o mujer no coincidían con el sexo del cuerpo momificado en su interior.
La costumbre de ataviar a los fardos se extiende hasta la época incaica y cuando los documentos de la época nos hablaban de momias, no se se referían sólo a los cuerpos, sino también a los
Los nazca añadían al fardo funerario una “falsa cabeza” rellena de algodón, sin relación con la momia en el interior en el fardo que se encontraba en su in- terior. Confeccionadas en todo tipo de materiales, madera, metal y tejido, la ma- yoría de ellas representa facciones hu- manas, aunque nunca reprodujeron el rostro del hombre al que pertenecían.
Los fardos fueron también para esta época ataviados o vestidos con prendas correspondientes a ambos sexos, que junto a sus máscaras y cabezas falsas les daban un nuevo aspecto exterior a mo- do de figura humana. Pero la disocia-
vestidos, engalanados con sus adornos. Así, algunas de las momias pasaron a
ser objeto de adoración, huaca, a las que se les pedía consejo, se paseaban por los campos para propiciar las buenas cose- chas o se les solicitaba protección.
No todas tuvieron este estatus, ya que no todos los habitantes de los Andes po- dían ser momificados de igual modo. La momificación como tal fue uno de los privilegios de elite de que gozaron los señores étnicos y, dependiendo de
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Un arqueólogo mostrando el rostro de una de las momias incas pertenecientes al grupo que fue recuperado en Puruchuco, Lima, en 2002 (Cordon Press).
su comportamiento en vida, el prestigio de su momia alcanzaba mayor o menor importancia y se prolongaba la duración y pomposidad de sus funerales.
La muerte y el más allá no parecen te- ner en los Andes el mismo sentido dra- mático que en otras culturas y, si bien todo el ritual funerario está cargado de sentimientos de pena, luto y recordato- rio del muerto, la idea de premio o cas- tigo para las almas parece proceder de la evangelización católica. Las almas no esperan un juicio final que determine su lugar en el otro mundo, sino que pueden vagar de un lugar a otro libremente. El
Arte de distintas culturas andinas, como moche, wari y chimú, representa esce- nas de ultratumba en las que la mayoría de las veces, los esqueletos bailan, ta- ñen instrumentos, ríen y se divierten tal y como lo hacían en vida. Lo que sí preocupaba era la idea de una buena muerte, recogida por los cronistas y por la tradición oral actual.
Cuando la muerte era por accidente, por un rayo, de parto, ahogamiento, et- cétera, el alma vagaba por la tierra mo- lestando a los vivos, lo mismo que su- cedía cuando sentía frío o hambre por descuido de sus parientes. Para reme-
diarlo, había que suministrarle ropa y ali- mento, a fin de evitar que se transfor- mara en un ánima en pena o un espec- tro molesto, causando daños, enferme- dades e incluso la muerte. Los mitos ac- tuales todavía recogen recuerdos ances- trales sobre la fragilidad del ánima, y có- mo puede ser robada por los seres que habitan en el fondo de los lagos y las la- gunas cercanas, donde se alimentan de ellas. De igual modo, los niños pueden perder parcialmente el ánima con el mal del susto, para lo que son necesarias la presencia y ayuda de un curandero.
Volviendo a los hallazgos arqueoló- gicos, entre los últimos acontecimientos relacionados con el mundo funerario que más han llamado la atención estos últimos años, encontramos los localiza- dos en la costa norte peruana, junto a la ciudad de Trujillo, donde el descubri- miento de algunas tumbas, sin saquear, de los señoríos mochica permite re- construir los magníficos funerales con todo tipo de detalles.
Muertos muy acomodados Lugares como Sipán, Sicán, Pacatnamu, El Brujo y San José del Moro nos van desvelando desde 600 d.C. la compleji- dad de esta cultura, sus desarrollos re- gionales y la increíble forma de preparar a sus líderes para el más allá. En grandes cámaras sepulcrales se introducía un gran ataúd, con el cuerpo extendido del gran señor, junto al que se disponían sus em- blemas de poder: armas, pectorales, to- cados, cetros, collares y orejeras. No fal- taban su máscara funeraria y un gran nú- mero de objetos de gran belleza, reali- zados en su mayoría en aleaciones de oro y plata con cobre, que confirman a los moche como los grandes guerreros del norte peruano; junto al ataúd prin- cipal, encontramos la presencia de dis- tintos cuerpos colocados ritualmente de forma ordenada, que posiblemente per- tenecían a criados, hombres y mujeres que, en la mayoría de los casos, fueron sacrificados para continuar sirviéndole después de la muerte.
Este rito de cosepultamiento, conoci- do como “necropompa”, donde la muer- te del gobernante condiciona la de al- gunos de sus servidores, aparece única- mente vinculado a los grandes señores, pero no al resto de los habitantes de la zona. En el caso del Señor de Sipán, lla- ma extrañamente la atención el acom-
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MOMIAS, EQUIPAJE PARA LA ETERNIDAD
Cortejo fúnebre de la cultura chimú, en madera, madreperla y textiles, que muestra a unos porteadores cargando con el fardo funerario que contiene la momia (hacia 900-1470).
pañamiento de un perro junto al ataúd del noble, con el mismo trato que si de un servidor se tratase. ¿Podría tener re- lación este hecho con los comentarios del padre Arriaga para la época de la conquista, cuando refiere que los muer- tos tenían que atravesar un puente acom- pañados por perros negros, criados pa- ra ese fin? Posiblemente, se tratara de esa misma costumbre retomada en tiempos incas de los pueblos de la costa, y su pre- sencia fue asociada con la hechicería, por lo que muchos de ellos se exterminaron en el proceso de “extirpación de idola- trías” en tierras peruanas.
Sangrientos rituales fúnebres En el siglo XIV, los incas aparecen ya como la gran fuerza que dominó los Andes desde Ecuador hasta Chile, Bo- livia y el noroeste argentino. La figura del inca era irrepetible en la historia de los territorios andinos, su persona go- zaba de los privilegios no sólo de ser el gobernante, sino, además, un ser di- vino, por lo que el respeto y la adora- ción a su persona iban unidas de for- ma indisoluble. Sus rituales funerarios, que conocemos por las crónicas, eran fabulosos.
La muerte del inca constituía una con- moción general no sólo para el gobier- no sino para todos los habitantes del Tahuantinsuyu: su dios había muerto. Las muestras de dolor y luto se hacían pa- tentes en todos los lugares. Las gentes se arrancaban y cortaban los cabellos y las cejas, se cortaban las mejillas hasta ha- cerlas sangrar, flagelaban sus cuerpos pa- ra hacer brotar la sangre, de gran signi- ficado simbólico, y dejaban sus orejas li-
A la muerte del inca, las gentes se arrancaban el cabello y las cejas, se rasgaban las mejillas y se autoflagelaban bres de sus adornos (orejeras), por lo que los lóbulos les caían hasta los hom- bros. Los gritos y lloros eran generales y se expresaban abiertamente. A conti- nuación, se realizaban plegarias, ofren- das y sacrificios en todos los oráculos y huacas (lugares sagrados) del imperio. Si todas estas muestras de tristeza se ha- cían cada vez que moría un inca, su du- ración y el número de sacrificios y ofren- das dependían directamente del com- portamiento que hubiera tenido en vida.
INCAS, LOS HIJOS DEL SOL
Las crónicas diferencian perfectamente los actos dedicados a cada uno de ellos con sus diferentes tratamientos. La luna marcaba las fases del ritual que se pro- longaba por meses y aun por años.
Respecto a los ritos de “necropompa”, las víctimas podían remontarse a un gran número, ya que la autoinmolación esta- ba permitida de forma espontánea al co-
nocerse la muerte del inca. Algunas va- sijas de cerámica moche representan es- te tipo de sacrificio.
Los acompañantes incluidos en la tum- ba eran también un número muy eleva- do, sabiendo que se les embriagaba y asfixiaba con polvos de coca. Sin em- bargo, la coya, la mujer del inca, que perpetuaba su dinastía, no era introdu- cida en este séquito de ultratumba, ya que ella misma, a su muerte, recibía ho- nores y ofrendas muy semejantes a las
de su marido. No así las mujeres secun- darias, que sí podían formar parte de los acompañantes.
Según las informaciones de Polo de Ondegardo, cuando los españoles en- contraron las momias de los antiguos in- cas descubrieron que su aspecto no po- día ser más radiante. Los cuidados a los que estas momias estaban sujetas eran dignos del propio inca en vida y todos sus parientes se encargaban de que así fuese para siempre. La momias eran la- vadas, peinadas y vestidas todos los dí- as del año, se les aplicaban betunes que las hidrataban y conservaban, y la co- mida y la bebida (chicha), nunca les fal- taban.
Las momias de los incas y de las co- yas fueron el centro de referencia de sus respectivos grupos de parentesco; se les consultaba y se les pedía conse- jo para las decisiones de gobierno y, desde sus capillas en el Templo del Sol (del Cuzco Coricancha), siguieron con- trolando, como si del propio inca se tra- tase, los destinos de las gentes del Tahuantinsuyu. ■
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Un mundo bañado en ORO Del asombroso urbanismo ciclópeo a la exquisita orfebrería que acompañaba a los nobles a la tumba, el Arte del antiguo Perú produjo formas sorprendentes. Emma Sánchez Montañés explica las técnicas, la estética y la exuberancia que deslumbraron a los conquistadores
Quién no ha oído hablar del rescate del inca Ata- hualpa a cambio de una habitación llena de objetos
de oro y plata? ¿Quién no ha visto una foto o un documental sobre Machu Pic- chu, la imponente “ciudad perdida” de los incas? Pero las manifestaciones ar- tísticas de los antiguos peruanos no se agotaron con la construcción de in- mensos muros de piedras perfectamen- te talladas, entre cuyas junturas no po- día entrar “ni el filo de un cuchillo”, ni con joyas maravillosas, enterradas en magníficas tumbas. También fueron ca- paces de realizar los más finos y ricos tejidos de toda la América antigua, de modelar las cerámicas de formas y de- coraciones más variadas, sin ayuda de torno y sin conocer los hornos cerrados, y de construir gigantescas ciudades y magníficos templos usando como único material el barro.
Perú es sorprendente por las fechas tempranas en las que se manifiestan al- gunos de sus logros culturales. Uno de los más llamativos es la aparición de la arquitectura que, en forma de templos y ciudades planificadas, se produce ya en torno a 2500 a.C. Ese sorprendente desarrollo arquitectónico revela la exis- tencia de una sociedad centralizada y
EMMA SÁNCHEZ MONTAÑÉS, profesora titular de América, UCM.
Quero de madera con forma de cabeza de jaguar con las fauces abiertas. Cultura inca colonial, hacia 1680-1720.
jerarquizada, capaz de organizar la fuer- za de trabajo necesaria para realizar esas obras públicas. Algunos arqueólo- gos hablan de jefaturas; otros, señalan incluso la existencia de Estados teo- cráticos. Es indudable que, en el anti- guo Perú, la religión aparece como el factor aglutinante de la sociedad, ya que el poder de los dioses se encon- traba unido al poder político y se ma- nifestaba en templos monumentales y
tumbas imponentes, en las que los dirigentes deificados se hacían en-
terrar acompañados de un fas- tuoso ajuar. En él, los tejidos, la cerámica y las joyas tenían una importancia de primer orden. En Perú, a diferencia de Mesoa-
mérica, no existió la escritura y el Ar- te se convirtió en vehículo de ex- presión y difusión de un muestrario de seres sobrenaturales que no sólo
se hacen presentes en forma de escul- tura y pintura mural asociada a la ar- quitectura, sino que, completando el programa iconográfico, utilizan otros so- portes para expresarse, completarse y difundirse.
Monumentos a los dioses Las primeras construcciones de carác- ter monumental se encuentran en la costa y parecen ser templos. En la sie- rra norte, en pleno período formativo, lugares como Chavín de Huantar apa- recen como ejemplo de centro de pe- regrinación y de culto. Los llamados Templos Viejo y Nuevo de El Castillo, organizados en galerías que se entre- cruzan a diferentes niveles, encierran representaciones de seres sobrenatura- les imponentes, en los que se entre- mezclan rasgos de felinos, serpientes, halcones, caimanes y otras criaturas ani- males y vegetales diversas. Esos seres se grabaron sobre monolitos en forma
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INCAS, LOS HIJOS DEL SOL
Cuchillo sacrificial chimú, con la efigie del dios Naym-Lap (siglos XIV-XV, Lima, Museo del Oro).
de lanzón o estela, alrededor de co- lumnas o sobre dinteles, componiendo un estilo muy característico, fuerte- mente convencionalizado y rígida- mente estructurado.
Si descendemos de nuevo a la costa, descubriremos que, a lo largo de los si- glos, el material básico arquitectónico fue el barro, en forma de ladrillos de adobe de configuración diversa, de ta- pial levantado mediante encofrado o de una especie de mampostería de piedras y barro. De mampostería recubierta de barro es la imponente Huaca de Gara- gay, en la costa central; de adobe, las imponentes construcciones de la costa norte, de las que sólo perviven gigan- tescas moles medio desmoronadas, co- mo la Huaca del Sol, y también los con- juntos urbanísticos de la costa central, como Cajamarquilla o Pachacamac. Pe- ro el apogeo de la arquitectura del ado- be podría ser Chan Chan, la capital del reino del Gran Chimú en la costa nor- te. Sus enormes muros de tapial llegan a tener hasta nueve metros de altura y tres de espesor y se encuentran deco- rados con gigantescos frisos de motivos geométricos o animales esquemáticos.
Perfecta geometría Pero la culminación de la perfecta geo- metrización del espacio la representa la arquitectura de los incas. La perfección de la talla de las piedras de los templos y palacios de Cuzco, las gigantescas ro- cas talladas en aparejo poligonal de las titánicas murallas de Sacsahuamán, o las ciudadelas de Machu Picchu o de Ollantaytambo revelan la existencia de un poder absoluto.
Los textiles tuvieron en Perú una enorme importancia, ya que las telas te- nían una función social de gran impor- tancia. Se regalaban a los altos digna- tarios, eran uno de los elementos más destacados en las ofrendas funerarias e incluso se quemaban como sacrificio para los dioses.
Las materias primas fundamentales fueron el algodón y la lana de los ca- mélidos andinos. Para los vestidos de la nobleza se usaba la lana de la vicu- ña, de color trigueño y difícil de ob- tener, por tratarse de un animal silves- tre. Las fibras, después de su hilado manual en un sencillo huso en forma de una varilla fina y un tope de ma- dera, podían teñirse con productos
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Uncu (especie de camisa) de lana de camélido y algodón, tejido entre 1440 y 1532. El vestido era similar para la nobleza y el pueblo llano, sólo variaba la calidad del tejido (col. particular).
Telares y tejidos
Elemento esencial del tejido es el te- lar de cintura, todavía en uso entre
las comunidades indígenas andinas. Las primeras evidencias de un tejido tren- zado en fibras vegetales se remontan a 5780 a.C., pero el uso del verdadero te- lar se confirma hacia 2000 a.C. Está com- puesto por dos palos de longitud varia- ble, dispuestos en paralelo y a los que se ata un cordón que sujeta los hilos de la urdimbre. Uno de los palos se ata con una cuerda a un lugar fijo y el otro se su- jeta con una correa a la cintura de la te- jedora. El lizo, una vara de sección circular, levanta alternativamente los hi- los de la urdimbre y permite que los hilos de la trama pasen por encima y por de- bajo de los mismos.
Entre la variedad de técnicas utilizadas por las tejedoras peruanas, aparece en pri- mer lugar, la “tela”, o tejido en el que los hilos de la urdimbre y de la trama se cru- zan de forma alternativa y regular en to- da su longitud. En el “tapiz”, tramas di- ferentes se elaboran en espacios limitados para componer figuras diversas. Se rea- liza así una decoración de carácter lineal y geométrico. Existen además muchas va- riantes del tapiz, según la manera en que las distintas tramas se unen o no entre sí. Para los tejidos compuestos o dobles, se utilizan dos o más grupos de tramas o de urdimbres, obteniendo la misma decora- ción por ambas caras, pero con los colo- res invertidos. Los motivos decorativos podían también bordarse una vez termi- nada la tela, lo que permite una gran li- bertad de tratamiento y la combinación de múltiples colores.
El tejido servía para realizar vestidos: el uncu, o túnica corta y una especie de capita, la llacolla, para los hombres; pa- ra las mujeres, el acsu o túnica larga y la lliclla o capa. La forma del vestido era similar para el pueblo llano y para la no- bleza; variaban la calidad de la materia prima y la decoración.
obtenidos tanto de plantas como de in- tejidos funerarios los que, desde los pri- sur. Los espectaculares mantos Paracas- sectos y moluscos. meros tiempos de su aparición, se de- Nazca se decoran profusamente con di-
Lo más sorprendente es la elaboración coran con sorprendentes seres que ha- seños de impresionante policromía. de mantos gigantescos, muchos rica- cen sin duda referencia al mundo míti- Unos son de aparente carácter natura- mente decorados, con la única finalidad co de los antiguos peruanos. lista, en forma de plantas, animales, de envolver los cadáveres y acompa- Ese universo fascinante alcanza su má- figuras humanas o cabezas cortadas, ñarlos en su última morada. Y son esos xima expresión en los tejidos de la costa pero destacan sobre todo los diseños
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UN MUNDO BAÑADO EN ORO INCAS, LOS HIJOS DEL SOL
Los incas almacenaban los recursos alimenticios en depósitos como éste, de Ollantaytambo, una buena muestra de la solidez de sus estructuras arquitectónicas.
fantásticos, generalmente producto de una transformación de animales y seres humanos o de la hibridación de ambos.
Cerámica hecha a mano Representaciones del mismo carácter aparecen también sobre otras manifes- taciones artísticas, siendo tal vez la más destacada de ellas la cerámica, que apa- rece en Perú en torno a 1800 a.C. y re- presenta una de las cumbres del Arte prehispánico americano. Los ceramistas peruanos, como los del resto de Amé- rica, no conocieron el torno, por lo que modelaron su cerámica a mano, direc- tamente o por medio del adujado o su- perposición de rollos de arcilla, y desde el Intermedio Temprano se generalizó en algunas culturas, sobre todo en el norte, el uso del molde.
La más característica forma peruana es la botella, con multitud de varian- tes, entre las que destaca la botella glo- bular con gollete estribo, de cuerpo más o menos esférico y caño curvo, con una proyección central vertical. Otra botella típica peruana es la de forma globular con dos picos y asa puente, y se en- cuentran también otras formas corrien- tes en el ámbito andino, como la bote- lla con caño vertical y un asa o las bo-
tellas dobles, que suelen tener incor- porado un silbato.
La decoración de la cerámica sigue en Perú dos caminos diferentes, pero que a veces se encuentran en la misma cul- tura e incluso en las mismas vasijas. Por un lado, existe una tradición pictórica que en muchos casos se apunta a la vi- brante policromía que hemos visto en los tejidos. La cerámica nazca representa probablemente el triunfo de esa deco- ración pictórica, fundamentalmente de carácter simbólico, en la que los seres fantásticos que hemos visto en los teji- dos reciben nombres como el del ser mítico antropomorfo, el boto (orca) mí-
ostentado por sus dirigentes y con los sacrificios. Tema común en el estilo naz- ca fue la cabeza humana; en muchos ca- sos, claramente un trofeo.
En el antiguo Perú se encuentra tam- bién una tradición de cerámica escultó- rica, en la que el cuerpo de la botella se transforma en una figura, humana, ani- mal o vegetal o en parte de la misma, o en la que ese mismo cuerpo de bote- lla se aplana y se convierte en una especie de escenario sobre el cual unas figurillas modeladas representan una escena.
La cerámica escultórica, combinada en muchos casos con pintura que com-
Los ceramistas peruanos, como los del resto de América, no conocían el torno, por lo que modelaban el barro a mano tico, el gato moteado, el pájaro horrible, la criatura serpentiforme o la harpía. Los nazca utilizaron la cerámica –y los tex- tiles– como soporte de transmisión de sus sistema de creencias, de sus seres sobrenaturales relacionados con las imponentes fuerzas de la naturaleza y con la agricultura y la fertilidad, creen- cias asociadas también con el poder
pleta o subraya determinados elemen- tos de la figura representada, se en- cuentra en todas las épocas y lugares de Perú, aunque es más característica de las culturas septentrionales. Y entre todas ellas la más conocida es la moche, aun- que su mensaje iconográfico se com- pleta también con cerámica pintada, de color muy sobrio, generalmente rojizo,
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Los tesoros de Perú, en dos exposiciones
que dibuja toda una serie de escenas plenas de movimiento y de estilo apa- rentemente realista.
Son escenas que nos aparecen aisla- das y fáciles de reconocer, una cacería, un combate, un encuentro amoroso,
Aríbalo inca de estilo imperial (1440-1532), decorado con motivos vegetales y animales.
pero que deben interpretarse como par- te de otras más complejas, cuyas ac- ciones pueden situarse en un mundo sobrenatural o real y cuyos actores, se- res míticos o dirigentes poderosos, que aparecen en escenas diferentes rela-
cionadas con el ciclo ceremonial y el agrícola, fundiéndose una vez más en el mensaje iconográfico el poder de los dioses y el de los reyes.
Muy características son también las ce- rámicas monocromas, generalmente gris- negro o negro pulido, cuya decoración se realiza por medio de incisión o mo- delado. Se encuentran desde épocas tempranas, donde destacan las podero- sas botellas chavín y cupisnique con su iconografía draconiana, y llegan hasta los tiempos tardíos, cuyas vasijas sicán y chimú representan la culminación de esa tendencia formal, sobria y de enor- me elegancia.
La mayor parte del contexto del arte cerámico es funerario. Se hicieron in- gentes cantidades de magníficas vasijas para acompañar a los difuntos a su úl- tima morada, aunque existe también to- da una importante serie de cerámica ca- racterísticamente ceremonial. De esta úl- tima función tenemos evidencias en los tiempos incaicos, con el uso de aríba- los y pajchas para libaciones, y pucus para ofrendas de hojas de coca.
Pero en algunas épocas la cerámica se vio relegada a ofrenda de menor im- portancia, reemplazada por otra mani- festación artística como distintivo de po- der de los muertos, pero también y ob- viamente de los vivos: la orfebrería.
Cuna de la orfebrería La orfebrería, el trabajo de los metales preciosos, es el Arte de aparición más tardía, siendo precisamente Perú la cu- na de esa técnica y arte. Las evidencias más tempranas del trabajo de metales,
El Museo Nacional de Arte de Catalu- ña (MNAC, Palau Nacional, Montjuïc,
Barcelona) mostrará de 24 de mayo al 31 de junio una ambiciosa exposición sobre las cul- turas de Perú, que constará de más de 300 piezas. Es la primera vez que un número tan elevado de obras de gran excepcionalidad sa- le simultáneamente del país andino.
El hilo conductor de la exposición, titu- lada Perú indígena y virreinal, es la evolución histórica de las formas artísticas peruanas desde el 1500 a.C. hasta la Ilustración en Lima, en el siglo XVIII.
La primera parte de la muestra se dedi-
ca a las culturas prehispánicas, divididas en cuatro grandes bloques: La época de Chavín (1500-500 a.C.), que incluye las culturas chavín, cupisnique y Virú; Las artes clási- cas (500 a.C.-500 d.C.), que comprende las culturas Mochica, Nazca, Paracas, Tiawa- naku y Vicús; Las épocas legendarias (500- 1300 d.C.), con elementos de las culturas Wari, Chimú, Chancay y Lambayeque; y Los Incas.
La segunda parte de la exposición se cen- tra en los desarrollos culturales que se pro- dujeron entre los siglos XVI y XVIII, co- rrespondientes al virreinato del Perú, y está
dividida a su vez en cinco partes, que abor- dan el sincretismo cultural, la definición de las nuevas ciudades; las artes plásticas, con especial atención a la orfebrería; la vida co- tidiana y los efectos de la Ilustración en la ciudad de Lima.
Otra exposición de 87 piezas de oro pe- ruano prehispánico se exhibirá en la Funda- ción Bilbao Bizkaia Kutxa, de 1 de abril a 16 de mayo, y en el Museo Arqueológico de Alicante, de 1 de junio a 31 de julio. La ex- posición Oro del Perú reúne pectorales y más- caras de oro de las culturas Moche y Lam- bayeque.
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UN MUNDO BAÑADO EN ORO INCAS, LOS HIJOS DEL SOL
Nariguera de oro, en forma de murciélago volando, de la cultura Moche (1000 a.C.-850 d.C.).
de oro laminado en trocitos minúscu- los, se remontan a 1500 a.C.
En Perú hay que hablar más pro- piamente de metalurgia, por su amplio conocimiento de los metales y el do- minio maestro de las aleaciones. El co- bre se utilizó para herramientas, armas y adornos para la gente corriente y en el sur se conoció el bronce hacia 600 d.C. Pero, para objetos preciosos, los antiguos peruanos usaron el oro, el “sudor del sol”, y la plata, las “lágrimas de la luna”, metales a los que dieron parecida im- portancia, y de los que apreciaban sobre todo su brillo y color, con el que juga- ban para producir tonalidades diversas. Raramente se emplearon el oro y la pla- ta en estado puro. La aleación de plata y cobre se conoce desde 700 a.C. Produ- ce un metal fuerte y resistente para ser martillado y al recocerse se elimina el co- bre superficial, logrando objetos que pa- recen de plata pura. La aleación de oro y cobre (tumbaga) facilita el trabajo de laminado y de fundido, y la mayor o me- nor cantidad de cobre logra colores di- ferentes, rojizos, rosados, incluso verdo- sos cuando el oro contiene plata como impureza natural.
En Perú dominó una estética de lámi- nas de metal. Uno de los efectos bus- cados por los orfebres peruanos era el impacto dramático a base de grandes ex- tensiones de oro, o plata, resplande- ciente, para lo que se cubrieron paredes enteras de templos y palacios con plan- chas de metal. Pero también, y dada la importancia del color y de la aparien- cia superficial, se doraban o plateaban los objetos apreciados como distintivos
de la nobleza por medio de diferentes procedimientos, incluso recubriéndolos de finísimas láminas.
Martillado, repujado y fundido De acuerdo con esa estética, las técni- cas dominantes en el antiguo Perú fue- ron las del martillado y el repujado, aun- que en épocas tardías los peruanos fue- ron también maestros en la fundición al vaciado, con ayuda de moldes abiertos, o de dos o incluso más piezas.
A lo largo de los siglos dominaron unas u otras técnicas, se dio preferencia a unos y otros metales, pero los hallaz- gos más espectaculares se han produ- cido siempre asociados a tumbas de eli- te. No olvidemos que de las obras pre- ciosas de las que nos hablan los cronis- tas, los objetos del rescate de Atahual- pa, las paredes de oro del Templo del Sol en Cuzco, el Coricancha, con sus jar- dines de plantas de maíz y llamas, no ha quedado nada, probablemente fundidos tras la conquista.
De tumbas proceden los adornos co- locados directamente sobre el cadáver, como las enormes narigueras nazca, lá- minas recortadas decoradas con cabezas de serpientes, o los collares de cuentas en forma de cacahuete, únicos en Perú y asociados al famoso Señor de Sipán, junto con imponentes orejeras circula- res de metal y mosaico de piedras se- mipreciosas. O las vasijas de oro y plata
que imitan formas de botellas de cerá- mica de Sicán, de donde proceden tam- bién los famosos tumis, rematados por
una imponente figura cuyo rostro apa- rece también sobre máscaras de oro en algunas momias y que se conoce como el Señor de Sicán.
Aunque la mayor parte de las obras de orfebrería de los incas no se haya con- servado, nos han llegado algunas muy características, como las figurillas de se- res humanos o de llamas, de oro y pla- ta, macizas o más comúnmente hechas de varias láminas de metal martillado que se utilizaban en las capacochas, sa- crificios realizados en fechas señaladas del calendario o en acontecimientos re-levantes en la vida de los incas.
Es en esas ceremonias en las que po-dríamos ver cómo las diferentes Artes se alían para configurar esa peculiar ico-nografía del poder peruano. Imaginé-monos al inca, ataviado con suntuosos vestidos tejidos, adornado con múltiples joyas de oro, vertiendo chicha sobre el terreno desde una vasija ceremonial de cerámica (pajcha), con el imponente fondo de la pared de un templo exqui-sitamente labrada. ■ PARA SABER MÁS
BRAVO, C., El tiempo de los Incas, Madrid, Alhambra, 1986.
DE LA VEGA, G,. Primera parte de los Comentarios Reales de los Incas, tomo CXXXIII, Madrid, Biblio- teca de Autores Españoles, 1960. LUMBRERAS, L. G., De los pueblos, las culturas y las gentes del antiguo Perú, Lima, Mosca azul, 1969. VV. AA., Los Incas y el antiguo Perú. 3000 años de Historia, Madrid, Quinto Centenario, 1991.
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I CAPfTTJLO IV
La organizaci6n de la sociedad
El dualismo El lnka La elite cusquena El curaca: senor emico Administraci6n incaica y local L, poblaci6n y la polftica poblacional
CAPfTULO V
Descripci6n del Cusco
CAP!TTJLO V1
L, religi6n incaica
Cosmovisi6n andina CaJendario Las huacas y lo sagrado El culto solar incaico
CAPiTULO VU
Arte y culrura
CAPfTTJLO Vlll
Los incas despues de la invasion espanola
Bibliografla basica
Introducci6n 95 95
100 105 109 112 116 I 123 Celcbres en la h istoria de las civilizaciones, los Andes aJbergaron
numerosas sociedades desde la prehiscoria hasca los inicios dcl si glo XVI, cuando la llegada de los espanoles, en los momentos de
133 la gran expansion geografica europea de esos tiempos, puso fin aJ 133 Tawancinsuyu, llamado desde entonces el imperio de los incas. Estos 140 formaron, asf, parre de la experiencia hisr6rica de la humanidad y, 142 desde los historiadore.s de Indias del siglo XVI, fueron incorporados 143 a la hisroriografla.
Habitaron el espacio andino. A lo largo de la region, entre Co lombia y Chile, la cordillera alcanza cumbres de ocho mil metros;
147 las mayores alturas se encucntran en las rcgiones mas occidcnrales de los Andes, entre Argentina y Chile, pero en aquellas wnas donde las diversas cordilleras se alejan una de otra, crecen los paramos en
159 el norre y la puna en el sur, como mesetas elevadas que configuran un paisaje espedfico de desierros de aJrura. Al oesre de los Andes
169 hay selvas tropicales en Colombia, el Ecuador y el norre del Peru, y luego, hacia el sur, sc extiende desde la cosca peruana hasta el Chile central , un variable desierro cosrero corrado por valles transversaJes, muchos de ellos secos pane del ano. Hada el este de los Andes se halla el excenso cerritorio banado por el rio Amawnas y sus afluentes. En este libro, dedicado a los Incas del Cusco y su tiempo, la presentaci6n
L
INTRODUCCION
del medio ambience andino no es mera cuestion de formula, puesco que la presencia de los Andes dio pautas espedficas a la dimibucion demografica en la region, y origino cambien modos de adaprncion cspedfica de la genre a una naruraleza migmeris en la cual y con la cual vivieron en ella y de cla. Cuando los espaitoles invadicron los Andes en el siglo XVl hallaron que la region era, a la ve-z., grandiosa y terrible, y fuc generandose con el riempo un escercotipo quc la idenrificada como inh6spita. Cienamemc, los cronistas dcl siglo XVl dejaron restimonio de la fcracidad de los valles inrerandinos, y cambitn hablaron de la bondad de sus temples, pero hicieron nocar al mismo ciempo las diflciles condiciones creadas por las grandcs alruras.
En la decada de 1930, el gc6grafo aleman Carl Troll habia llama do insisrencemcnre la arenci6n sobre la relaci6n que hallaba emre la puna y la alca culrura andina, rcsaltaban alli los cultivos y el pastoreo de altura. Ya los croniscas del siglo XVl -Pedro de Cieza de Le6n por ejemplo-, habfan desracado el hecho que los caminos incaicos – los caminos andinos en general- iban gcneralmence por las par ces alcas miencras que, por el concrario, los espafioles prefcrian las rutas mas bajas que cruzaban los valles. Esra narural preferencia de los curopeos era consccuencia de sus dificulcades de adapcaci6n a las alcuras, y ayud6 a gencrar la imagen de que los Andes eran una cierra inh6spira y dificil. Siguiendo las huellas de Troll, cspecialistas actuales destacaron canto la adapcaci6n de la poblaci6n andina a las -ronas alias -Carlos Monge la estudi6 en el Peru-, como tambien cl provecho que obtuvieron de las mismas; as(, John V. Murra pudo dcsarrollar una propuesca quc des1ac6 la u1ilizaci6n simul1anca de un maximo de pisos o niveles ecol6gicos por las sociedadcs andinas.
Ya en cl siglo XVl, el mencionado Cieza de Lc6n llamaba la acenci6n accrca de las clasificaciones geograficas que incrodudan o aprendian los europeos de emonces en los Andes; el ejemplo que ern ple6 erayungn, cermino que los europeos popularizaron mayormencc
JO
II fROOUCCJ6N
como refercntc a la costa, a la cual llamaron asimismo los l/nnos. Cieia comprob6 que el 1ermino era v:ilido para coda zona c.ilida y humeda, hall:irase en la cosca, la serranias o la selva amaz6nica; ccatabasc, asi, de un :mbiro ecol6gicamentc dclinido y no de un espacio geografico.
A lo largo dd ticmpo los incas adquirieron una imagen hist6rica, iniciada por los croniscas que convirrieron en his1oria los relaros que –con serias dificultades de comunicaci6n-obtuvieron; generalmen te se 1ra1aba de micos y ricuales, a craves de los cualcs la poblaci6n andina se explicaba a si misma. Utilizaron, a la vez, los croniscas, la propia rradici6n europca, hist6rica o mitologica, crasladandola al Nue vo Concinencc, ya los Andes por cierro. De cal manera, los hombres americanos, y los andinos, fueron ccansformados en descendientes de Noe, la geograffa americana se nutri6 de la recordada de los clasicos mediterr:ineos y de los viajeros mcdicvalcs a otros mundos. lncluso los dioses locales fueron idcmificados con las caregodas bfblicas, fuecan de la religi6n hebrea o de la gentiles.
La hisroriografla modcrna no excluy6 criterios tan arbitrarios como aqucllos. En el siglo XIX, los iniciadores de la arqueolog/a pod,an accptar que los incas, como los mayas y los azrecas, habdan formado parec de una antigua r= dmtpn"cida-Ephraim George Squier, por ejcmplo-. yen el siglo XX, un aucor como Louis Baudin alcanz6 fama y popularize una imagen sorinlistt1 de los incas. Muchas vcccs, como en el siglo XVI, la hisroriograHa sobrc las socicdadcs amcrica nas busc6 cxplicarlas con las ca1cgorias propias de la hiscoriografla curopca. As, como Europa habfa logrado una economia-mundo, cstablecfa una hisroria-mundo, generalizando la explicaci6n historica a codas las sociedades.
Esce libro quiere ser una incroducci6n a los incas, ordenando la informacion exisrcnce. Por su naturalcza sc han omit ido las notas, scfialandosc al final una bibliografla de rcxros cl:sicos de los siglos XVI y XVII, asi como una lisra basica de autores modernos.
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CAPITULO I
Los Andes, su historia y los incas
La hjstoria incaka
Sobre la hisroria del imperio de los incas se han presentado muchas propuestas dcsde que, en cl sig)o XVI, los croniscas cspaioles inda garon acerca de los gobernantes que Pizarro y su huesre encomraron en los Andes. lnicialmente, los cronisras clasicos arribuyeron a los incas codo el tiempo anterior a la invasion espaiola, responsabili zandolos de una parce de la consrrucci6n de la organizaci6n social que hallaron y, afirmando incluso, que antes de los incas solo habian
existido «behecrias• o grupos humanos poco organizados. Desde su perspectiva del siglo XYl europeo, los cronistas discutieron a la vez la probable duraci6n del imperio cusqueiio, considerandola a craves de una continuidad hisc6rica de larga duraci6n, como en el caso de los Comentnrios reales de Los !11c11s del Inca Garcilaso de la Vega ( J 609}, o de una rapida y violenta expansion de los incas en los Andes, como sugi riera por ejcmplo Pedro Sarmient0 de Gamboa en su Segunda parte de la din HiJtoria General /lamada Jndica (1572).
Esta djscusi6n sobre la antigiiedad del Tawancinsuyu escaba vin
culada a la juscificaci6n que los propios espaioles requerfan disponer acerca de su propia conquisra, la cual alcanzaba niveles de juscicia si
C".Al•fn.:l O I
los gobernances del area andina habfan sido usurpadores o «ilegftimos• detencadorcs del poder. Por cllo, en la discusi6n sobrc cl origcn de
los incas y la exrensi6n de sus conquiscas se hallaba en las cr6nicas hispinicas del siglo XVI la presencaci6n de un largo reinado donde los gobernames habian «hercdado• el poder de padres a hijos bajo pauras europeas y civilizado a los hombres andinos, codo lo cual «legidma•
ba• su podcr polftico. En concraposici6n, y segtn orras propuestas – como la de Sarmiento de Gamboa- , los incas eran ilcgfrimos usurpadores y violencos dominadores quc habfan subyugado a los «senorcs narurales» de la tierra. En esre contexro es diffcil avcriguar la verdad de aquclla hiscoria y cs prcciso indicar algunos elemencos que permitan emender lo que los cronistas recogieron oralmente de
los pobladores andinos de sus tiempos. Los cronisras recogieron rradiciones orales de divcrso tipo, miros y
esccnificaciones riruales mayormcnre, las cuales no csraban ordenadas o procesadas bajo las caregorfas hisc6ricas de la Europa del siglo XVI. Para obrener las informaciones que precisaban sobre la legicimidad del gobierno de los incas, los cronistas indagaron por los reyes antiguos y por sus hechos o conquisras. Trasladaron para ello a la America andina no solo las nociones de «legitimidad• y «hcrencia• existcntcs
en Europa, si no quc ident ificaron al Jnka con un rey eu ropeo. Intro• dujeron en los Andes la noci6n curopea de •monarqufa• quc suponia 1111 gobernante, lo quc cs discutido hoy dia cuando se aprecia que la
organiz.aci6n poUtica andi na fue mayormcnte dualista. Los cronisras incerrogaro n por una hisroria y recibicron miros y
cradiciones orales: los primeros hablaban del o rigen del mundo y, en casos mas elaborados, de diversas edades o csradios que el mundo habfa atravesado. Aparecfan en ellos los dioses q ue habfan participado en el o rdcnamienro del mundo, y cambifo los heroes fundadores quc
hab/an llcvado adelante las disposicioncs sagradas. En un universo mitico se p rcsenraba una imagen del pasado que no era hist6rica, y no
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LOS AN Dl:.!-1. ~U IIISTOIU, Y LOS INCAS
correspond/a, en consecuencia, a las carcgorfas remporales, espaciales y personales que la hisroria consagra; los croniscas ordenaron – re• ordenaron- esta informaci6n en forma cronol6gica, matizada por la presencia de los ,,rcyes•, es decir, los incas que habian gobernado
el Tawanrin.suyu, considerado as/ dcsdc cl pumo de vista hisr6rico y europco de los cronisras.
De esta manera se construy6 una hisroria incaica q uc ruvo vigencia hasta el presente siglo, cuando los estudios arqueol6gicos iniciados
en los Andes en cl XIX y desarrollados en el XX, y el recience desa• rrollo de la anrropologfa andina, hicieron ver las afirmaciones de los cronisras desde nuevos punros de vista. J-lace anos se habfa llamado la arenci6n sobre la calidad anrropo16gica de las cr6nicas, que a la ve2. escribian sobre los Andes dcsdc los puncos de vista de la hisroria rcnacencista; al mismo riempo sc hacfa cada vez mas diffcil consi• derar las afirmaciones hist6ricas de sus amores como provcnienres
de la informaci6n andina. Hoy la vision hist6rica de los cron istas puede ser mas f:icilmence discucible, aunquc durance mucho ticmpo rodav/a scgui r:in rigiendo muchos de sus csquemas, a falra de otros. Por cjcmplo, seguid siendo un importance punco de referenda la cronologfa propuesrn por dichos au cores para los ulrimos incas, aun a sabiendas de quc los mismos incas, presencados como gobernantcs monarquicos, formaba n pane de una emuccura dual del podcr, hoy en plena investigaci611.
Pero los c ronisras proporcio naron una invalorablc documenraci6n sobre la vida de la gence and ina, que rebasa a vcces la pura historia de) Tawantinsuyu, y ello se aprecia jusramenre en sus informaciones de caraccer etnografico, a veces enu nciadas al margen -a craves-de la hiscoria de los incas que buscaron cscribir para sus lecrores eu ropeos. Gracias a un enormc conjumo de informaci6n proporcionada por la documen caci6n oficial y privada de los propios espaitoles dcsde
el siglo XVI, y en concordancia con la quc aporraron en dccadas
IS
CArfTULO I
reciemcs la arqueologfa y la amropologia en los Andes, es posible complcmenrar y reordenar la informaci6n de las propias cr6nicas
acerca de los incas. La informaci6n sobrc los incas que puede hallarse en las cr6nicas y
ocros documenros coloniales no es uniforme. Desde los conraccos ini ciales, hubo de pasar algun ricmpo para que los espafioles adquirieran a lo mcnos los instrumemos lingiiisticos imprescindibles para recoger
y procesar la informaci6n quc la geme andina podia proporcionarles; a la vez, pas6 igualmeme riempo antes de que la genre andina, en posesi6n de inmumemos redprocamemc adquiridos a consecuen cia de la invasi6n espaiiola, escribiera en quechua o en espafiol una versi6n si no equivalence, sf en condiciones de ser procesada por leccorcs europeos. A ello sc debe que los propios cronistas hispanos
-los cronisras de la conquista- proporcionaran poca informaci6n sobre la historia de los incas, aunque en muchos casos dejaran daros emograficos de indudable valor, a la vez que iniciaran la elaboraci6n de esrereotipos, hist6ricos y culturales, por ejemplo, que han durado
cenrurias. No pudo evirarse en el siglo XVl que las cr6nicas incorporaran
como historias d iversos ciclos mfticos; campoco pudieron eludir los cronisras andinos, ya en proceso de aculcuraci6n, la inevitable conscrucci6n de una hisroria, si bien en los ulrimos puede ser mas evidence el craslado de caregorias hisr6ricas eu ropeas, y mas visible la permanencia de aquellos crirerios quc presid ian la rransmisi6n oral de
la informaci6n, cradicional esta en los Andes. Por ocro !ado, avanzado el proceso de colonizaci6n espaftola los cronistas adquirieron nueva y mas completa informaci6n. Una vez pasados los aios iniciales, en
que las cr6n icas se dedicaron fundamemalmente a la relaci6n de los hechos de los espaiioles – la gesta de la conquisra- se imeresaron mas por el Tawaminsuyu de los incas y se busc6 organizar una in formaci6n mas sisremacica sobre cl pasado andino. Esta rendencia
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LO S ANOf.S, ~l.' 1IISTORIA "I LO ~ INCAS
creci6 espedficamenre en los ricmpos de! virrey Francisco deToledo (I569- l 581), en los cuaJes se busc6 concretamcnte recoger infor maciones «oficiales•, producidas tanro por los descendienres de los
incas en el Cusco, como por medio de encuesras encre la poblaci6n. Pero rodo ello no vari6 la siruaci6n de los cronisras como recolcctores de rradiciones orales, y las cr6nicas conrinuaron siendo receptoras de conjuncos de miros y escenificaciones riruales, rransformadas en hisrorias. A su vez, los cronisras fucron empleando los escritos de sus predeccsores, urilizando topicos establecidos desde los primeros que
escribieron sobre los Andes, asumiendo estereotipos y manreniendo prejuicios de sus riempos. Los especia.listas han hecho visible quc los cronisras se copiaron consranrementc enrre si y redaccaron informa ciones similares, rapidamenre esrandarizadas en las versiones orales que corrfan en ,us ciempos. Reprocesar dicha informaci6n es una de las rareas fundarnentales de la hiscoria andina comemporanea.
Los cronistas fueron consciences de cranscribir mitos – los llama ron •f:lbulas• o •leyendas- cuando se craraba de los relatos aJusivos al origen del mundo o incluso de los inicios de! domimo de los incas en cl area andina. Ello ocurri6, quiza, porquc no podfan garanrizar
a sus propios ojos, ni a los de sus lecrores, la verosimilirud de las in formaciones que Jes eran transmitidas; ,in embargo, dudaron menos en transformar en hisrorias, cronologicamenre ordenadas, aqucllos relaros que aparcdan vinculados a las biografias personaJes de los incas. Hoy puedc verse, en las mismas cr6nicas, el re-,ago indudable de la rradici6n oral, cuando se revisa con nuevos ojos sus descripciones de los hechos de los incas. AJlf puede apreciarse, por ejemplo, la forma como un conjunro mfrico quc hablaba de una guerra que habria ocurrido entre los incas dcl Cusco y los chancas – habirances de la
zona del rio Pampas, al none de! Cusco– fue transformado en una historia que relataba la gesra de! vencedor y que los cronistas vincu laron a los inicios de la expansi6n del Cusco en los Andes. El ciclo
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CAP(11JIO I
de la guerra chanca, asimilado ya a los tiempos del lnka Pachacuti, se relacion6 rambien en las cr6nicas con una serie de modificacioncs en la organizaci6n del Cusco, genericamcntc vinculadas a Ia orga nizaci6n def Estado. A la vez, como las versiones que recibian los
cronistas eran mas cercanas a los riempos de los espanoles y podian ser complecadas o reorganizadas con ocras informaciones, fue mas racil de alli adelante a los propios croniscas ofrecer un mejor cuadro de la hiscoria de los sucesores de Pachacuti, hasta llcgar a la guerra entre Hu:lscar y Atahualpa, coincidente con los momentos en que los espailoles llegaban a los Andes.
Las versiones que los cronisras recibieron de sus informames an
dinos incluian asimismo represemaciones escenificables, o los relacos correspondiemes a las mismas. Los propios cronisras dieron cescimo nio de su exiscencia, atribuyc!ndolas a la formaci6n de una historia olicial, aunque tambien las identificaron con un tcatro andi no. Hay algunos dacos adicionalcs que pcrmiten aproximarse mcjor a esras escenificaciones y su sentido, pucs muchas de ellas continuaron rea lizandose durance la colonia espanola y ocurren aun en cl presence, altcradas sin duda por el tiempo y por las modificaciones culcurales introducidas y vividas en los Andes desde el siglo XVI. Un buen ejemplo del funcionamiento colonial de esas escenificaciones se halla
en las paginas de la Historia de la Villa Imperial de Porosi, escrira en el siglo XVIII por Bartolome Arians de Orsua y Vela, quien recopi16 informaciones escricas por ameriores habiranres espailoles de la misma ciudad desde el siglo XVI. Relat6 Arzans las fiestas que se celebraron con motivo del fi n de una de las guerras civiles encre espaiioles del siglo XVI, en las cuales parricip6 canto la poblaci6n hispanica como la andina de la propia ciudad de Pocosf:
Pasados los I 5 d,as en que los moradorc.s de Potosi solamente se
dedicaron a la asisrencia de los divinos oficios acompatando al San~ tfsimo Sacramenco que al descubierco se dedaraba por su pacr6n. a
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I.OS ANDES. SU HI.STORJA y I.OS 11°CAS
la Sanris11na Virgen y aJ ap6srol Sami.igo, tracaron de cominuar las ficsca.s con de~o~t~ciones de regocijos va.rios. y poniendolo en efecto lcs du:ron pnnc1pJo con ocho comedias: Jas cuarro primeras rcprc~ semaron con general aplauso los nobles indios. Fue la una eJ origen de los monarcas ingas d 11' ' I · c eru, en que muy a vivo sc reprc:-sem-6 cl mod~! _rnanera con que los seriorc:-s y sabios dd Cuzco introdujcron al fel,cmmo Mancco Cclpae I a la regia silla, como fuc reeibido por mga (que es lo mismo que grande y poderoso monarca) las I 0 . . , pro• ~ 1ncJas quc con 1:15 ~rmas sujcr6 a su dominio y la gran fie.sea quc hizo aJ sol en agradec1m1c-nro de su.s vietorias. La scgunda fuc los criunfos de Huayna Cdpac 11' inga dd Peru, los eualc.s consigui6 de las tres
na.~1ones: ch_angas, chunchu.s momafiescs y dd seiior de los colJas, a qu,en un~ pocdra despedida del braw poderoso de estc monarca por la.v1olcnc1a_de una honda, mcrida por las sienes le quir6 la corona, el remo y la v,do: baralla que se diode poder a poder en los camp0-s de
Harunco!Ja, estando el inga Huayna Cdpac encima de unas andas de oro _fino ~esde ''! cuales h.izo el riro. Fue la tcrcera, las ,ragedias de CuSJ H~ascar, 12 onga del Peru: reprcsem6se en ella las fiestas de su coronac16~, la gran cadcna de oro queen su ,icmpo sc- acab6 de labrar )'. dequ,en tom6 esrc monarca cl nombre, porqueCusi Hua.1car cs lo m,smo en cruccllano quc soga del conrenco; cJ lcvamamicnro de Atahuallpa hermano suyo aunque bastardo; la memorable bac,lla que
e,,cos dos hermanos sc d,cron en Quipayp:in, en la cual y de ambas parres muneron 150 000 homb es· .. , . d '
. . . • f , pns1on e in 1gnos u:.ramientos qu~ al 1nfd1z C~s1 Hua.scar le hicicron; riranlas que cl usurpador hi?.o en el Cuzco qu11ando la vida a 43 hermanos que alli ren,'a I · h. , y muerte ~umosa quc 1io dar a Cusi Hu3scar en su prisi6n. La cua.rca fu I r d I. . . • e a uina , e 1~~n~ 1.nga; reprcscnc6sc en clla la cnc.rada de los cspafioJes
al Peru; ~nso6n IOJUS':' que hicicron de Arahuallpa, 13' ing• de CSl'J
rr_ionarqma; los presag~os y admirables sellalcs quc c-n el cielo y aire sc, vi~ron a~rcs que le q~,c~en la vida: rir,1nias y lasrima que cjccutaron los cspanoles en los md,os; la maquina de oro y plara que ofrcci6
porquc no le quitascn J.1 vida, y mucne que Jc dicron en C:ijamarca. Fu,eron esta~ comcdias (a quienes cl capit:in Pedro Mendez y Bartolo me de Duenas les dan mulo de solo reprcsentaciones] muy especiales Y famosas, no solo por lo cosroso de sus tramoyas, propicdad de sus
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CAPITUL.01
uajes y novcdad de his1orias, ~ino tJrnbiCn por la clcg.rncia del verso
mixto dcl 1diom.L c::i~lc11ano con c1 in<li.rno.
Anade la descripci6n quc en otro momcnco de las fiestas apa• rcdan «proccsiones• andinas, dondc se mos1raba genre de divcrsas
partes, productos agrtcolas y animalcs; despues d~ ~llos nucvai:11cnte rodos los incas semados en andas y con sus rrad1c1onales vcsudos Y arriburos; en la lisrn de los ,,ltimos «( …J quien mas se seitalaba [ … ] era el soberbio Atahuallpa (que hasta en escos tiempos (siglo XVIII] cs renido en mucho de los indios como lo dcmuestran cuando ven
sus re1raros) f.•• 1». L~ version que ofrece An.ans de Ors,,a y Veb cienc directas rcmi-
niscencia.~ de los Commtnrios reales de /os Incas del Inca Garcilaso de
la Vega; sc ha insenado aqui co111pleta por su intcres, pue_s, precis~, en concordancia con los cronistas clasicos. l!Ue la poblacion and, na escaba acosrumbrada a rransmitir informaci6n sobrc el pasado mcdiante representaciones de esra narurale-z.a. Las cr6nicas clasicas
mencionaron que las mismas ceremonias se realizaban en las fiestas solcmncs del Tawanoinsuyu, e incluso quc cuando un nuevo lnka accedia al poder se le rcprcsenraba la «version olicial» de los hechos
de su prcdecesor. Cabe aiiadir quc son muchos los rcstimonios de cste ripo de
reprcsentaciones rcalizadas por la pobbci6n andina a lo largo de la C'..olonia y a,,n en cl prcscnte. Los aurorcs de anales coloniales y de las relaciones de liesras nos hacen conocer quc escenificaciones s imilarcs solian haccrse cuando un nucvo rcy asccndia al trono espanol, por cjemplo, yen otcas especiales solemnidades. Tambicn se ha dcjado
consrancia deq ue duranrc los siglos XVll y XVII I algunas deestas re prcsemaciones fueron escasamentc antcriorcs a algunas sublcvaciones andinas, y por cllo las auroridades coloniales locales recomendaron su supresi6n. Finalmence, se ha hallado rextos coloniaJcs que reproduccn
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IOS ANDFS. SU HISTORJA YLO~ JNCAS
talcs rcprcsenracioncs son en realidad los «libretos» hisp:inicos- , tal es el famoso caso <le la Trngedin de/fin de Atahuallpn, cuyo texto
quechua colonial ha sido rescacado en su toralidad. Una cuesti6n distinta e imeresante cs d tesrimonio que ofrece
Arulns dcl prcstigio quc ten fa la figura de Atahualpa end siglo XVTII, la cual se deriene a destacar enrre las «procesiones,., de Potosi. Ello
podrfa relacionarse con la anterior alirmacion de que la acusaci6n de «basrardfa» que sobre el hicieron recaer los cronisras espanoles, y que Arians recalcara, careda de significaci6n para la poblaci6n andina.
De cstc modo, sc suma a la informaci6n mitica, probablemente rcproccsada tambicn en las mcncionadas rcprcscmaciones, una version
que parecc ejemplificar el pasado – presentandolo como cjemplar y paradigmarico- y que complemema cienameme a las cr6nicas clasicas. E.~ muy probable que mucha de la informaci6n hisr6rica que presenran las cr6nicas re.~ponda a los relaros correspondiemes a esras escenificaciones, como parecfa ocurrir con los referenres a las conquisras incaicas. Tomando como cjcmplo a es10s ulrimos, puede apreciarsc quc los incas inician sus conquista1 por cl none, saliendo siemprc dcl Cusco y rcgrcsando a cl, continuandolas dcspucs en el senrido de las agujas del rcloj. Aun considerando quc hay vasianrcs en los rextos de las distinras cr6nicas, esa informaci6n permite explicar
una reprcsenraci6n ritual de las mismas conquisras. Parece, ademas, quc es1as conquisras, asf prcscntadas dcnrro de un conccx10 ritual, formaran una cspiral quc sc amplia, de ma.ncra quc al salir cada uno de los incas a in iciar sus p ropias conqu isras, sc prescnra como si vol vicra a conqu israr pueblos y territ0rios q uc sus prcdcccsores habfan conquismdo. Cada /11k11 podfa resumir de esta manera la his10ria de la formaci6n del Tawanrinsuyu.
De esras afirmaciones de las cr6nicas y haciendo abstracci6n de los
problemas de una discutible cronologfa, no siempre precisable por mcdio de tecnic;,s arqucol6gicas en vista del cono ticmpo que duro el
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Tawancinsuyu, puede incenrarse hoy una nueva imagen de la hisroria incaica, encendiendo corno provisoria la cronologia l' succsi6n de los propios incas, ya quc la unica informaci6n de la que se dispone es la discutible sucesi6n de sus guerras y conquistas. Es natural, de otro
!ado, que los cronistas organizaran la cronolog/a de la historia de los incas sobre la base de las biografias de los mismos, puesro que era lo comun en la hisroriografia europea del siglo XVI. Puede anadirse, en cambio, que una historia de los incas escrita hoy dia est:I en condi ciones de compulsar mucha informaci6n distinta a la de las cr6nicas, exisrenre en la numerosa documemaci6n administrativa producida duranre los tiempos coloniales y que no adolece del caracrer Cusco centrista de las cr6nicas clasicas. Estas, partiendo nuevamence de la
experiencia europea de sus aurores, supusieron que la informaci6n cusq ueiia era mas correcca, en tanco corresana y, de hecho, se model6 desde el Cusco la h isroria del area andina.
La informaci6n colonial a que me refiero est:1 consriru ida por documencos adminisrrarivos, visitas y relaciones, encuesras sobre la poblaci6n y los rerrirorios que ocupaba, incerrogarorios sobre lo quc producfan y la forma como lograban organ iza r su economfa, ccnsos e incluso documenros judiciales y notarialcs de la Colonia; en rodos los documentos indicados sc halla una informaci6n acerca de los habitanres dcl area andina, precisandose muchas veces su relaci6n con los incas dcl Cusco en forma ral que no siempre corresponde a la version de las cr6nicas clasicas. Compulsando este ripo de informa ciones en un conjumo mas amplio que el de las cr6nicas es posible dar una vcrsi6n de la historia culmral, econ6mica, social y religiosa del Tawanrinsuyu, ademas de unaaproximaci6n a su organizaci6n poHtica.
Debe reperirse, en ultimo rermino, que no es posible aislar la hisroria incaica de una hisroria andina de mas larga duraci6n puesro que, como ya se dijo, los incas consriruyeron un punto final de una larga rrayecroria de miles de afios interrumpida por la invasi6n espanola
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LO~ANOES,SU IIISTORIA YI OS INCA~
del area andina en el primer cuarro del siglo XVI, historia que con
tinu6 ~~pues de estc aconrecimienco en la vida de la poblaci6n que sobrev1V16 al colapso de la invasi6n y resisci6 la colonizaci6n en un largo proceso de aculruraci6n conrinuado hasra nuestros d/as.
Los antecesores de los incas en los Andes
Ames que los incas hubo una larga y compleja sucesi6n de organi zaciones andinas que, a craves de un arnplio riempo, hoy verificable en unos dicz mil afios, dieron forma a una sociedad org:lnicamente esrrucrurada, con visibles desarrollos en rerminos econ6micos, con una nurrida red vial y con una complejidad de relacioncs sociales que
desperr6 facilmenre la admiraci6n de los europeos quc llegaron a los Andes en el siglo XVl. Sin embargo, en un primer momenro fue di Heil para los espanoles distinguir enrre los incas y sus amecesores; no solamenre lo fuc por el hecho, mencionado anreriormenre, de que la
duraci6n y calidad del dominio de los incas cran relacionados por los aurorcs del siglo XVI con una justificaci6n de la conquisra espanola, sino porque los cronisras no esraban en condiciones de recogcr rodas las versiones cxistenrcs en los Andes, en las diversas poblaciones que alH vivfan, y asi proporcionaron mayormenre la vcrsi6n cusquefia, aun cuando muchos de ellos recogicron rambien sus daros fuera del Cusco, los organizaron denrro del margen de la «historia oficial• propuesra desde los primeros au cores de cr6nicas, rcperida y ampliada sucesivamcnre despues.
Cuando desde la segunda mirad del siglo pasado los viajeros y erudiros incursionaron en la arqueologfa e iniciaron esrudios m:is sistemaricossobre las anrigiiedades andinas, se inici6 una etapa donde la arqueologia abri6 los horizonres de la vida anterior a los incas. Ya
en el siglo XX, los esfuerws de los arque6logos se vieron coronados por multiples conclusiones que no solo explicaron la brevedad del
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dominio de los incas cusqueiios, sino que permicieron distinguir los discincos momentos de una larga craycc toria andina, cuyas mas anriguas evidcncias hablan de cazadorcs y recoleccores quc vivieron
en los AI,des hace unos die1. mil aiios – L~uricocha, Mochc- , y sc
habla incluso de varios miles de aftos ameriores. Los arque6logos dcnominaron al riempo de los incas •horizonre
rardio• u «hori,.ome inca•, conservando tambien la denominacion
dasica de lmpcrio inca ico o Tawantinsuyu. El cermino •horiwnte• seiialaba a.~i un pcriodo en q ue las diversas poblaciones andinas habian csrado rclacionadas por un poder central o por mcdio de patrones
cu lwrales rcconocidamcntc excensos en la region. Pucde hoy apreciarse q ue al momemo en que surgiecon los incas,
en el siglo XV de nucsua era, habfa en los Andes un conjunco – to davfa difrcilmcnce prccisable tamo en su numero como en su alcance
ccrricorial- de grupos emicos con disfmil grado de o rganizacion politica, entre los cualcs sobresalia el Chimor en la cosca norce dcl Peru actual. Alli sc habia desarrollado una agriculcura con ricgo que movia abundamc agua y alimemaba una poblaci6n nutrida, sc habfa consrruido nuclcos urbanos hoy cclebres, como Chan Chan, quc al cam.6 amplia extension y albcrgo una poblaci6n estimada enrre veinre mil y treima mil habitantcs. I,; abundance informaci6n •rqueologica sobre esca wna ha pcrmitido numerosas aproximaciones al arce y la simbologfa, a parci r de cllas sc ha supucsto un gobicrno tcocratico centcalizado y una o rganizaci6n politica quc colision6 con la de los incas en expansi6n J lraves de largas guerras q ue los c roniscas clasi
cos relataron sobre la base de una informacion predominancemente
cusqueiia. En la sierra norreia y central de! Pecu hab(a numcrosos grupos
etnicos quc no akan1,1ron los mismos niveles de dcsarrollodd Chimor y que no fueron campoco muy celebrados en las u6nicas, las quc se ocuparon mas de la forma como los incas los habfan conquistado. Una
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t.O:,, A.Nl>l!.S. SU l fl!ffORIA Y I .OS IN('A~
excepcion visible sc refiere a los huancas del valle dd Ma ncaro y a los
chancas de Huancavclica y Ayacucho. que sf fueron documcnrados en mayor mcdida que otros grupos; los u ltimas fucron abundancemente mencionados por un celebre con flicto que sosmvieron con los incas en los comienzos de la expansion de cstos, en el tiempo atribuido al gobierno del lnka Pachacuti. Los primeros, junco con orros grupos
del area norceiia de los Andes, fueron enumerados con cierco dctalle a lo largo de los telatos de las conquistas incaicas y, ademas, apace cieron ampliamente documcnrados por los espaiioles de! tiempo de la conquisrn. O tra cosa ocurri6 en las cronicas con la region de Q uito, identi fi cada por algu nos cron iscas como un • rcino• que fucra cardfamen1e conquiscado por los incas, y quc alcam,6 carcgoria propia
cuando en los momentos finales dcl Tawantinsuyu hubo una guerca enrre dos aspirances al poder: Huascar y Atahualpa, identificado el p ri mcco con el Cusco y el segundo con Quito.
Por otro lado, la informacion de las cronicas desracaba en la cosca ocros sefiorios o «reinos•, llamados asf segun la terminologfa mas en boga en la literacura curopca de la cpoca, que habfan sido incorporados al Tawantinsuyu durance su expansion, el caso de Chincha, en la cosca central dcl Per(1 actual, es qu iz:i el mas notable, y su imporcancia ha s ido mcncionada, ramo en relacion con su elevada poblaci6n, como
porquc cl curaca de C hincha se hallaba en Cajamarca acompanan do a Atal1ualpa en los momemos en que cstc fuern apresado por la hucstc de Francisco Piza ,-ro. Hacia cl ~ur andino, alrcdedor del Iago Titicaca, habfa ouos grupos aymara-hablames, entre los cuales des cacaban los lupaqa, hatuncolla y pacaxe, amplian1ente documentados en las cron icas yen los papeles coloniales, y cambien ocros grupos importances que se hallaban extendidos por el amplio territorio de
Charcas, hacia el suresce por el alripla no boliviano, cl none de Ch ile y el none acgcntino.
Todo estc conju nc o, que abarca c icrtamente muchos grupos
25
CAPtrULO I
mas, decallados hoy por la arqueologfa y la documenraci6n colonial,
consciruye aquella ins1ancia que los arque61ogos llamaron «peri~o incermedio rardio• o «esrados regionales•, ambiro que incluye 1ambu:n a los incas i(liciales en el Cusco y que uanscurre crono16gicarnente
encre los aiios 1,100 y 1,400 d.C. La informaci6n emogr:lfica que complcmenta la documenraci6n colonial indicada ha permitido asi mismo nuevas aproximaciones a las caracreristicas de la vida en esos
tiempos preincaicos. . . Previamence a codo lo anterior hubo una epoca de mterrelac16n
andina -entre Los aios 800 y I, I 00 d.C.- ocupada por Tiawanaku y por Wari; el ccntro de primero se hallaba en la region sureste del
Iago Titicaca yel del segundo en la sierra de Ayacucho. Ambos cenuos fueron identificados con dos grandes conglomcrados urbanos de esos nombres. Tiawanaku se conoci6 desdc los primeros momenros de la invasi6n espanola y figura reperidamen1e en las cr6nicas como _una ciudad arruinada y misreriosa; con el desarrollo de la arqueolog,a se
descubri6 que su antigiiedad era mayor que la de los incas Y alguna vez se pens6 que habia sido un imperio prcvio a estos, a~nque_ se le atribuy6 antigiiedades desmesuradas, cuya decadencia hab,a monvado una migraci6n andina hacia el norce, de la cual habria, surgido el ~usco incaico. Pero los esrudios mis recientes de los arqueologos prec1saron que Tiawanaku no se habia extendido por la sierra y cost:1 del Peru actual, sino a lo mas hasta el sur del Cusco y que, en camb10, cl desa rrollo coherente que se apreciaba en esra cnorme region hacia el norte del Cusco podfa ser idenrificado con Wari. A es1e periodo se atribuy6
0 una unificaci6n polltica, con caracrcrfsticas espedficas expans,vas militaristas, identificada primcro con un «lmperio Ttawanaku• Y pos teriormcnce compartida enue este y el «Imperio Wari». Tambien se le llamo «horizonte medio• dentro de la Hnea tc6rica que explicaba el desarroUo de los Andes por medio desucesivos horizonces intercalados
con periodos inrermedios,
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lOS ANDf..S, SU I IISrORIA YI OS INCAS
Uno de los puntos mas inreresanres de este periodo esra en la organizaci6n urbana yen la posibilidad de que muchos de los cami nos conocidos como incaicos pudieran perrenecer a esros tiempos. Como ejemplo de lo primero puede mostrarse las primeras epocas de la ciudad de Chan Chan, aparte dd clasico ccnrro urbano de Wari en Ayacucho, aunque la primera alcanz6 su maxima expresi6n en un
periodo posterior. Si bien no puede probarse el caracter militarisra de su expansion, sf es visible que se logr6 en este ciempo una gran uniformidad de criterios en d isrinros lugares de los Andes, los cuales abarcan desde los patrones de construcci6n hasra, posiblememe, la uniformizaci6n de las modalidades de uso de los recursos econ6micos y de la energfa humana. Todo ello ha favorccido la hip6cesis de una organizaci6n politica centralisra y expansiva en estc pcdodo.
Anceriormence a Wari-Tiawanaku hubo otro periodo quc 1rans
curri6 entre los siglos I y VIII d.C., al cual se ha llamado •pcriodo intermedio remprano• o de «culruras regionales» para diferenciarlo
de los horizonres unificadores del tipo anterior. Aqui desarrollaron muchas culcuras, destacando Moche (Mochica) en la cosca none del Peru actual, Cajamarca y Recuay en la sierra norcena, Lima en la cosra central, Ayacucho y Huarpa en la sierra cencro, y Nasca en la cosca sur. En la sierra surcfia desracaron algunas etapas previas y locales de Tiawanaku. Los grupos y las organizaciones de esca epoca son denominados gcneralmcntc de acuerdo con los nombres geograficos coloniales o accuales, careciendose de t0do tipo de informaci6n oral o emognlfica acrual -a excepci6n de algunos testimon ios lingiiiscicos parciales-, e incluso de informaciones de la epoca de los cronistas. Para esre perfodo de la vida andina la arqueologia ha hecho tambien
apom,s fundamentales, pareciendo sin embargo mis diffcil obtener coherencias comparables a las del periodo inrermedio tardio, puesco que nose cuenca con similares facilidades de informaci6n emografica o documental.
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<.Al'fTll n I
Mas anriguo que el pcriodo in1 crmedio temprlno se mcnciona cl i(horizontc tcmprano», «horizontc Chavln» o c,formativo-.., aunquc d
(1ltimo termino es algo mas amplio cronol6gicamentc, pucs abarcaria
-grono modo–los mil quinienros anos previos a nuestra era. mien eras que Chavfn en concreco tendrfa una duraci6n menor. Chavin dio nombre a este perfodo de la vida andina. Ubicado en cl Callcj6n
de Huaylas, cenrr6 su ambico nuclear en el conjunro ceremonial que lleva su nombre, cuyo estu<lio constituy6 un hito en la historia de la
arqueologfa peruana. Se conoci6 poco hasta este siglo, a pesar de que en las cr6nicas chsica, hahfa reforencias acerca de su ubicaci6n yen cl siglo XIX habfa sido visitado en varias oporrunidades y dcscritos algunos de sus principalcs monumcncos y cscu lruras en picdra. Sc pens6 en alg(m momcnco que Chavin habla sido una primcra forrna de organi1aci611 cstatal c incluso se le arribuyo camctcristicas expan sivas. Mas correcta parece ser la propuesta que lo considcra el mas conocido ejemplo de un nivel de desarrollo de la cultu ra andina en
el cual se hab/a generalizado la agriculrura. Muy poco sc sabe, sin embargo. de su organizaci6n social, salvo por deduccioncs compa rarivas y gcneric.1s.
Entre cl ticmpo de Chavfn (los 1,500 aiios a.C.) y los dicz mil a ,ios quc ofrcccn las cvidcncias :uqueol6gicas deb vida en los Andes. espacio temporal que la investigaci6n conccmponinca ticndc a hacer mas amplio. se desarroll6 una larga hiscoria del hombre andino. des de sus inicios, cuando provenience del none lleg6 a la region de lo, Andes cenrrales, hasca la aparici6n de las alras culturas en esta regi6n.
Su descripci6n va mas alla de los alca nces de esre libro. Es, pues, larga la vida dcl hombre en los Andes, y debe en cenderse
quc los incas no constituyeron una ruptura en su hisroria, sino mas bien quc cstos fueron posiblcs gracias a una aJnplia expcricncia ancerior. Poco cs, probablemente, lo que aporrnron de original los incas en lo, Andes, aunquc ello no disminuye en ningun caso su import,mcia en
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la historia; es la unica organ inci6n andina sobre la cual se dispone de amplios testimonios hisr6ricos acerca de la forma como esraba escablecida y de las pauca.~ que la regian, de la cual se conoce mas
sobre ~omo estaba organizada su economia, sobre la que sc sabe cada vez mas grac,~s a la concurrencia de multiples disciplinas. Hoy puede verse en los meas un momento de una larga cominuidad andina
ap'.eciab!e en una mayor duraci6n que los prccedi6 y sobrevivi6 ~ la mvas,on espaJiola del siglo XVI. Cicno es tambien que los incas llevaron a niveles quiz.a insospcchados antes de ellos a muchas de las
formas de organizaci6n andinas. aprovechando de esta m:mera su ex peri~ncia hisc6ri~; el lose aprccia mcjor en las formas de organizaci6n 111as1va y extens,va de la producci6n, quc suponfa llevar a extrcmos la reciprocidad y la rcdisaribuci6n como caractcriscicas b:isicas de la
c~onomfa Y las relaciones sociales andinas. Todo ello no pudo hacerse sm conR,cros, pero requiri6 de cicrcos consensos basicos, alcanzables
a parci'.,de una comun experiencia tradiciona!mente aceprnda por la poblac,on andma. La organizaci6n incaica ha dado rnotivo a la formu
la:ion de ?iversas utopfas recrospectivas, como aquellas que vieron en el fhwa11110suyu un excclenrc cjemplo de comunismo primitivo O de 1111 imperiosocialisca dcl pasado; rnmbien hasido caraccerizado como una organizadon esclavisca y tocalicaria. Todo csro reAcja, quiza mas de lo conven,cnce, la necesidad academica de probar decerminados supue'.cos teo, icos, tan europcoccntricos como los que presidieron la escmura de las cr6nicas en el siglo XVI.
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CAPJTULO 11
El origen de los incas
Sob re el origen de los i ncas existen numerosas versioncs, desde los micos recogidos por los cronistas del siglo XVI hasca las modernas explicaciones e h ipotesis propuescas por los especialistas, si bien en los ultimos aiios ha dejado de cenersc en consideracion como cema principal de invescigacion, cuando el asunco mismo de los orfgenes dej6 de ser mocivo de apasionamienco espccializado, como habfa ocurrido especialmence en el siglo pasado c inicios de! presence.
Los miros cusqueiios y la arqueologia concemporanea coinciden en seiialar el ambico del Cusco como aquel en q ue se origin6 el Tawancinsuyu – que significa ' las cuacro parces del mundo', 'codo el mundo'- , llamado imperio de los incas por los cron istas de! siglo
XVI. En el Cusco hay evidencia de una larga ocupaci6n humana y mil aiios antes de Crisco ya existfa la agriculcura. Sobre el desarrollo del Cusco previo al siglo )01 es poco lo que se conocc en forma cierca, al margen de la identificaci6n de la ceramica y de las formas arquitectonicas del lugar, que son anteriores a las clasicas formas in• caicas. $:ibese, sin embargo, que exiscicron allf antes de! surgimiento del Tawantinsuyu diversos grupos ecnicos, algunos de los cuales han
sido mcjor idencificados que ocros, encre cllos descacan los ayarmaca, mejor estudiados que los ocros grupos indicados en las cr6nicas, como
c.APtrutO II
son los alcavizas, sahuasiray, etcetera. Poco se sabe de ellos, aunquc apareccn con frecuencia en las cr6nicas y otros ccxcos coloniales, asi como sus nombres se indican entre los de aquellos pueblos cusque nos que ucilizaban adoracorios vecinos al Cusco o incluso ubicados dentro de la actual ciudad. Las vcrsiones miticas los mencionan,
diferenciandolos de los incas, a los que se considera como un grupo independience. Pcrsisce codavfa un confuso panorama al respecco, puesro que el cermino Inka suelc emplearse canco para designar per sonalmence a los gobernances, como tambien a los miembros de sus respeccivos grupos de paremesco- llamados generalmence panaqa-. Normalmente se distingufa a las panacas de los grupos de parencesco «normales», denominados ayllu. En el Cusco habia cambien diversos
ayllus, asimismo vinculados a los incas. Cuando los croniscas interrogaban accrca de los or[genes de los
incas recibicron informaci6n de acuerdo a las cacegorias andinas:
primeramence oyeron rclacos sobre cl origcn del mundo, y despues acerca del origen de los incas, que era su punco de especial interes, dado que de la particular sicuaci6n de la «dinastiai- incaica dependian cuestiones imporcances, como la legicimidad de la conquista espaio la. Nacuralmente, los croniscas romaron escas informaciones como f.ibulas, sin embargo, este es el orden cemacico en el cual aparecen los temasde los orfgenes: primeramence el dcl mundo-d ordenan1ienco del mundo-, y luego cl «origen• de los incas, por lo menos asi es en aquellos cronistas que escribicron mas dccalladamentc sobre el cema. Cicrcamente que el asunco fue cracado por aqucllos que lo hicieron antes de 1550, aunque sus obras fueron publicadas con poscerioridad;
pero los primeros que parecen habcr escrito con algun fundamento sobre la tradici6n oral del Cusco fueron Pedro de Cieza de Leon -quien escribi6 hacia 1550- y Juan de Becanzos -quien finaliz6 su obra en 1551-. Se prefiere cratar aqu[ el tcxco de Becanzos porque no solameme mvo una larga residencia en cl Cusco y sc cas6 con
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El ORJGEN OL LO~ INC"J~
mujer de la el ice cusquena, sino que aprendi6 el rimasimi de manera suficieme como para actuar como imerprete oficial.
Solo ahora se conoce el cexco inregro de la Suma y narracion de los incas de Juan de Becanzos, es visible quc las primeras p:iginas de su obra resumen o reproducen un mito de ordenaci6n del mundo y del origen de los hombres; posteriormeme habl6 sobre cl origcn de los incas. Sabre esre asunro se traca en los capftulos tcrcero y cuarto de su obra.
Resumiendo el texto de Betanzos, y despues de haber senalado el cronisca que Wiraqocha habia «ordenado» el mundo -Viraqochll puede ser enccndido como un modclo de divinidad, con manifes caciones divcrsas que pueden corrcsponder a cada parte de! mundo andino, como luego se ver.i-, y dispuesto que los hombres salicran de abajo de la tierra, brotaron de una cueva en Pacaritampu cuatro parejas: Ayar Cache-Mama Guaco, Ayar Oche [Uchu]-Cura, Ayar
Auca-Ragua Ocllo, y Ayar Manco-Mama Ocllo. Cada uno de ellos llevaba una •alabarda• de oro – 'T11p11 Yauri-, vest/an ropa fina bor dada en oro -cumbi- y llcvaban al cuello unas bolsas, tambien de
mmbi, con unas hondas de nervios -de camelidos- . Las mujeres usaban asimismo adornos de oro, por ejemplo los alfileres o prende dores -tupu- . De Pacarirampu, que el cronista traduce como 'casa de producimienco', fueron a un cerro nombrado Guanacaure y sus faldas fueron empleadas para sembrfos de papas. Desde la cumbredel Guanacaure, Ayar Cache tir6 unas piedras con su honda, quebrando cuatro cerros y haciendo cuatro quebradas en ellos. Ance esca demos traci6n de fuerza sus compancros decidieron librarse deel, y regrcsaron
a Pacaritampu so pretcxto de recoger algunos objecos de oro que alli habian quedado en la cueva de donde salieron originariamcnrc. Una
vez alli, ingres6 Ayar Cache a la cucva, cubriendo los resrantes la en uada de ella con una gran losa, quedando asi cnccrrado Ayar Cache; este rrat6 infructuosamenre desalir. Luego deello, volvieron los demas
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c,wlTULO ll
J Guanacaurc, donde csmvieron un ano. pasatlo cl cual se mudaron a otra qucbrada Hamada Macagua, mas cercma al Cusco. Desde alli dcsccndieron al valle del Cusco, donde vivia Alcavi-i.~ con un grupo
de creinca indios. Oejaron en Guanacaure a Ayar Oche «convcnido en idolo•, pues vol6 hasca el cielo para hablar con cl sol «su padre• – canto la versi6n de Betarr1,os como las de ocros croniscas considcran
a los Ayar como «hermanos•- – Ayar Ochc rrajo e~ enca~_go del sol de cambiar cl nombrc de Ayar Mango en Mango Capac. hnalmence
este ultimo, junco con su ultimo «hermano» – Ayar Auca- Yl~ cuarro mujeres, llcgaron al Cusco, dondc sc establecieron dcspues de negociar con Alcavi1..a, quicn acept6 su car:cccr de «hijos dcl sol•.
Antes de llegar al Cusco, los Ayar, ahora scis. habian pasado po'. un pequeno pueblo donde se sembraba coca y aji. Una vez csrnblec,dos en el Cusco, Manco Capac y sus hermanos hicieron una casa en cl lugar dondc dcspues se levantaria el Coricancha o «casa del sol». Luego
de ello, sembraron maiz. La vcrsi6n de los Ayar es rclacada rambien por orros cronistas Y
hay algunas pcquciias variantes en sus relaros: sc ocupan de clla, por ejcmplo, Pedro de Cic1..a de Lc6n – quien finalizo la segunda partc
de su Cr6nict1 del Pmi. aproximadamente a la par quc Beram.os- y el Inca Garcilaso de la Vega. La versi6n de los A)•ar sc present~, tanco e:1 Becanzos como en Cieza de Le6n. como la mas anrigua o quid la •mas
genuina» cxpresi6n de lo que los habitances del ~usco re~a~ron acerca de sus origenes m.is remocos. Cada pareja podna ser asun1lada ~ una de las cuauo panes en las que escaba dividido cl Cusco y camb,en el mundo; cada unade escas habfa sidosenalada en un mico anreri~rmen ce relacado por os cronisras indicados, que habla de la creac16n del mundo por Wiraqocha. fa cicrro que el cermino «creaci6n• puede inducir aqui a error: no sc rcficre a la crcaci611 judeo-cristian_a, quc
considcra quc la divinidad crc6 al mundo de la nada, sino ,ms b,~n se crata de una ,,ordcnaci6n dcl mundo• que sc enconrraba en ca6uca
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sicuaci6n. El relatn del mico vincula a los «fimdadores• del Cusco con los mccalcs sagrados, como el oro, rambien los asocia con derermina dos cultivos: papas, coca, aj(, finalmcnte ma/1.; se indica asimismo que Ayar Manco recibi6 su nucvo nombrc – Mango Capac- po,· dispo s1c1611 de la divinidad solar, aunque esta solo se hizo prcsente hacia
cl final dcl relato mismo. Tambien de la pane final del mito podrfa deducirse quc fucron dos de los hermanos varones los que llegaron al Cusco, y que ello podria cstar relacionado con las dos micades en que aparece dividido el propio Cusco – f/0111111 y Uri11- . Recienres escudios han incemado precisar las estruccuras internas de esce mico
de los •hermanos• Ayar, ejemplificado aqui en la versi6n de Juan de Bccamos, si bien cs rcpetido con variances por ocros cronistas. Debe rccorda'.sc quc la versi6n de Becanios go,a <lei prestigio de ser de las mas ~nuguas, de un lado, asf como tambicn, de ocro, las parciculares cond,c,ones de bilinguismo de que goz6 su autor.
L1 pri,~era pane del mico seiala un itinerario hacia cl Cusco, y solo dcspues de sembrar papas y de la «eliminaci6n• de Ayar Cache, enccrrado en la cueva originaria –devuelto, enconces, al subsuclo matri·,.- cs que se produce la vinculaci6n con «el sol su padre• en cl ccrro r.ua~1acaurc, cuando Ayar Oche sc convirci6 en p,edra despucs de haber ,odo al c,clo» y rcgresado dd mismo convenido en un men sajero solar quc invistio a Ayar Mango, notific.-lndole su cambio de nmnbre. Solo despues de cstablccidos en cl Cusco, los Ayar sobrevi v,e11tes sembraron mafz, con sem illas quc habian trafdo de la cueva de Pacarirampu. Puede apreciarse aquf un ordcn – ,una jerarqufa?- de producros: papas, coc.1, ajt, mah:, lo cual puede informar tambien
sobrc los rccursos b:lsicos del irea, que cienen imponancia en cuanro sciialan una visible complememariedad agrfcola, dado que cada uno de ellos se obtiene en 1.onas ccol6gicas disrincas.
Debe af1adirse que en otras versioncs, por ejemplo la de Cieza de Lc6n, se indica varianrcs no solo en los «aconcecimicntos• que el
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u..Ptru l O 11
miio rclata, sino en el orden y nombre de los personajes del mismo. Por cjemplo, en Cieza es el propio Ayar Cachi, encerrado en lacu_eva,
quien se aparece a los resrames . hermanos• Ayas como un en~1ado solar en las cumbres dcl cerro Guanacaure. Sin embargo, las vanantes de redacci6n no autorizan a considerar una versi6n distinta de la de
Betanzos, debiendo ser (mica la fuence de ambos croniscas. . .. Ocro ripo de miro de origen de los incas cs aquel quc cransmmo
cl Inca Garcilaso de la Vega, cuyos Comemnrios renles M los Incas fueron publicados cardiamente en 1609. En realidad, Garci!aso incluy6 cres vcrsiones en su obra; una de cllas coincide en term1nos
gcnerales con la de Becanws y, aparcnremente, Garcilaso solo_ em~le6 versioncs cusquenas. Una segunda version menciona un d1luv10 y, desechando la prolijidad dcl relaco por considcrarlo fabulcsco, el cronisra cusqueio indica solamcnce que «(… ccsadas las aguas se apareci6 un hombre en 1iahuanacu, que csca al mcdiodia del Cuzco, que fue ran poderoso que repanio el mundo en cuacro pa~ces Y los dio a cuacro hombres que Uamo reyes: cl primero se llamo Manco Capac, el segundo Colla, cl cercero Tocay y el cuarro Pinahua [ … •. A cada uno de esros correspondio una de las cuacro parres del Cusco
y del mundo. Aiiade que de Tiawanaku, Manco Qi.pa~ fue al ~u~~ y dio inicio al Tawancinsuyu. lnteresa anorar quc Garc,laso ad1ud1co
la primera version aqui anocada -la de los Ayar- .i los hab,cances de las parces norte y esce del Cusco, y la ulcima a los del sur Yoc~ce de la misma ciudad: como se ved, los dos primcros corrcspondenan a los sectores hann11 y los dos ultimos a los 11ri11 dcl propio Cusco:
En cambio, el mismo Garcilaso de la Vega privilegi6 en su cromca
un rclaco distinco, que ha sido muy difundido canto por la forma
como aparecc en esra cronica celebre, como cambi~n d_e~ido a quc la obra de su autor u,vo una nocoria difusi6n en vanos ,d,omas desde
su aparici6n inicial. . . Seg(,n cl relato de! Inca Garcilaso, el dios sol h110 sahr del Iago
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El ORJGE."1" OE LOS l!CAS
Titicaca una parcja de hcrmanos )' esposos: Manco Olpac y Mama Ocllo. La pareja habia recibido el encargo divino de dirigirse hacia el none llevando una vara de oro, que periodicamente debfan tratar de hundir en el suelo: cuando esta vara se hundiesc seria sefial de que la
divinidad habfa escogido el lugar donde debia establecerse la pareja. Ello ocurri6 en el Cusco y all, sc inscalaron Manco Olpac y Mama Ocllo; informaron entonces a los hombres de su origen solar y les enscnaron a sembrar el maiz y a tejer, enrre orras acrividadcs civili zadoras. En la version de Garcilaso de la Vega figura Guanacaurc, y-.i conocido por el lecror de! relaco amerior de los Ayar, como el lugar dondc sc hundi6 la barra de oro. Sc halbn en esra versi6n elemenros que aparecen en la anterior, como el indicado, pues Guanacau re es en ambos mitos cl lugar donde se produce la «rcvelaci6n solar.. Es posible que esca ulrima version de Garcilaso haya sido claborada para dar mayor consisrencia al origen de los incas, escableciendose en cl la sacralidad de la pareja originaria, el iminandose las ocras; bien pudiera
ser una elaboraci6n cardfa, como bien ind ica el propio Garcilaso, preparada por la misma elite cusqueiia.
En rodas las versiones anocadas se aprecia que Manco Capac o Ayar Manco aparecc vinculado al culcivo dcl mafz; conviene descacar quc la region del Cusco produce maiz de alca calidad, cuya condicion ~c reconoce en distances lugares de los Andes, aun en nucstros dfas; bucna parce de este maizse producfa en el vaJle dcl Urubamba, donde exiscen numerosas terrazas de culcivo -com(1nmcnrc dcnominadas nndenes-, incluyendo algunos circulares (Moray) que podrfan ha her servido como laborarorio para la experimencacion del culcivo
del maiz, puesro que se indica que pueden hallarse reproducidas, en dichos andcnes ci rculares, diversas condiciones climacicas -basica mente calor- corrcspondiences a discincas zonas y altitudes de dicho valle. Manco Capac aparece en la generalida<.I de las cronicas como
un arquecipo que disefia -modela- las biograffas de sus sucesores
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Gl"f'n.,'10 II
hasta la aparici611 de Pachacuti, el noveno fnko en la mayoria de las vcrsioncs, quicn •remodela cl mu ndo•, convirticndose en un nuevo arquecipo para los incas finales. Pachacuci es prescntado tambicn por
las cr6n icas como «hijo de Manco Capac•, lo que lo hace •iguaJ a el»; por ello los incas posreriores a Pachacuti se referiran a este de la misma manera que los anrcriore< se rcfccian a Manco Capac.
La organfa.aci6n inicial del Cu.sco y la formaci6n del Tawantinsuyu
La versi6n general de las cr6nicas del siglo XVI y <lei XV) I suponc u na primera «dinasrfa• de «reyes• incas, la llaman de Urin Cusco; a panir
de Inca Roca habrlase producido un cambio que llev6 a la formaci6n de una nueva dinasrfa denominada Honon Cusco (vease el cuadro I).
La primera ha sido identilicada con el •Cusco bajo• y la segunda con el «Cusco alto», las dos miracles q ue dieron su nombre a las mencio nadas dinasrfas. Las cr6nicas informan que cada fnka daba origen, al subir al poder, a una panaqa, o grupo de parenresco constiruido por sus dcsccndicntcs y familiares. La version de dos d inasdas ~u~csivas a sido discurida por diver.;os especialistas, proponicndosc d istintas formas de organi1aci6n, paniendose en unos casos de una situaci6n
que losesrudiossobre los mracaso seiiores emicos and inos ha hecho evidence: rodos los curacazgos ruvieron una organizaci6n dual de la
auroridad que, a consecuencia de la invasion espaf1ola se transform6 en dos lfneas paralelas de descendencia al obligarse a los curacas a demosrrar que eran h ijos •legitimos• de sus predeeesores en el cargo, tamo para las parcialidades ha nan como para las urin.
La genealogfa de los incas quc transmitieron los cronisras dividida en dinastfas se encuentra en el cuadro J. Se ha propucsto ordcnarlos en formas distincas: a) teniendo en consideraci6n cl cambio quc las mismas cr6n icas relacan haber ocurrido en los ciempos atribuidos al
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fl ORl(tl-~ Ot lO l!C…'i
l11kt1 Pachacuri, q uien aparece claramente como el iniciador de un
nuevo moment0 en la gencalogfa de los incas cusquciios, dando inicio a la gran expansion territorial del Tawantinsuyu, y es represenrado como un nuevo arquetipo que diseiiar/a el papel de los incas postcrio res a el, de iguaJ for ma a como Manco C-pac hizo con Jos anceriores a Pachacuri. b) En forma de dinasrfas para.lelas, aprovechando la
informaci6n q ue aparece en algu nos casos en las cr6nicas mismas, y rambien ucili1.ando las nociones correspondientcs al dualismo en
la auroridad incaica, apreciablcs en los curacas andinos. De acucrdo a la informaci6n de algunos cron istas. el jcsuita Jose de Acosta por ejcmplo, se ha postulado una diarq11ia en lugu de una mo1111rquft1; CMa formulaci6n se rcprescnca en e l cuadro 2. Aunque esta (1ltima propucsta afccta m~s a la organi1.aci611 dcl podcr <lei Cusco incaico, no afcccaria lJS imagenes clasicamencc conocidas que ubican cl ciem
po atribuido al lnko Pachacuti como aquel en q uc se inici6 la gran expansi6n <lei 1awantinsuyu. Esta ultima propuesta sc encucncra actualmcnce en discusi6n, ya que su formulaci6n no incluye coda via un reprocesamienro de las versiones de las cr6nicas, aunquc si se susrenta en la negaci6n de una historia incaica cal como fue narrad.1 por aquellas. Sin duda alguna, esce sera durance mucho tiempo un inrercsanre y debatido asunro.
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CU,ORO I
Hanon CuscoUrin Cusco Inca RocaManco Capac Yaguar GuacaSinchi Roca WiracochaUoque Yupanqui PachacuriMayta Capac Amaru Inca Yupanqui
Clpac Yupanqui Tup,c Inca Yupanqui
Guoyna C:ipac
Guascar
Atahualpa
CUADRO 2
Manco Capac
UrinHanan
Inca Roca Sinchi Roca
Yaguar Gu,ca 2 Capac Yupanqui
Viracocha 3 Lloquc Yupanqui
lnca Yupanqul
Pachacuti 4 Mayra C-lpac
Tupac Yupanqui 5 Tarco Guaman
Tupac Yupanqui II 6 Hijo dd anterior
Cuayna Capac 7 Tambo Mayta, Don Juan
Gu:iscar 8 Tambo Mayta, Don Juan
Fuente: Du•iols 1980.
FJ ORJGF.t-. OF 1OS INCAS
Muy poco es lo quc se sabe de la o rgan izaci6n inicial del Cusco incaico, al margen debs historias que rclacan los cronistas; es visi ble quc cl relaro de las cr6nicas csca alrameme influenciado por las caracccrfscicas y cacegorfas q ue presidian la elaboraci6n de la h isco
ria en la Europa del siglo XVI, as/ como tambien es comprensible quc los croniscas utilizaran modelos de la liccratura hisc6rica de sus ciempos o comunes en sus dfas, de esta manera los Comemarios a las guerras de las Galias o a la Guerra Civil de Julio Cesar, los rdacos de Tucidides, etcetera, sirvieron de modclo licerario a muchas cr6nicas, y tambien ocurri6 lo propio con las h isrorias y anales medievales y renacenristas, ucilizados am pliamcnre como modclos. No pud ieron escapar los cronistas a la tenraci6n de craslad:ir la experiencia curope-J a las nuevas tierras que empezaban a descubrir; por cllo aparccen en las cr6nicas como hechos cierros muchos 16picos mfticos curopeos o antiguos mcditcrraneos.
De igual forma proyectaron los autores dcl siglo XVI los mons truos mitol6gicos que poblaban los I/mires del mundo en los cexcos clasicos y medievales, a la America q ue descubrian, y seiialaron en
esta los lugares que la mirologla clasica y la europea medieval consi deraban. El parafso bfblico fuc ubicado asf en America; tambien los reinos micicos de las amazonas -del nombrc de cuya rein a, Califia, procede el nombrc de la aclUaJ California, y de cuyo gcnerico nombrc se denomin6 al gran rio de la America de! Sur- . Asimisrno ocurri6 con los buscados rcinos dcl oro y las propias mi nas del rey Salom6n; discurieron los cron istas europeos si el Peru era el Ophir biblico, y muchos autoces sc preocuparon por averiguar si los habicames de
America eran descendientes de amiguos migrances medicerraneos. Nose ciene mocivos concrecos para precisar que el Cusco inmediaco
a la formaci6n y expansion del Tawanti nsuyu fucra muy difcrente a lo que eran los grupos c!micos de la primera miracl dcl siglo XV en los Andes dd sur dcl Peru. Dcbi6 funcionar alla un sistema de
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. .c·,cra el ·,cccso a muluplc, re• • d d olog,ca quc perm• · complemencane a ec . . , ' d .da de c,cc sistema sc:
. ( xphcac,on mas ecen• cursos agropecu~nos ~1na e ) La rcscnc1a decuatro recursos en los hallanl en el capitulo sigment~ · p . pticstO que la papa. la coca,
. enos as1 1o exp ica. 1 mitos de ongen cusqu . d . d'ference origen ecologico: el aji y el mai1. alli mcnc1ona os _uen~n , , papas. esras ultimas
. al Cusco eran ncos en ma12 y los valles vecinos . . . d d sen las cercanas zonas altas; la podian obtencrse en d1St_101as ~ane :a~le abajo del rio Urubamba y el coca se producia en las uerras aias, confluencia de
. , En bucna cucnta, csta a,·, en zonas ramb1cn cercanas. . d d'no-llam,,s
. d , da canndad de gana o an t recursos, aiad,da una mo eral · • del Cusco inicial.
do sustcntar a econom1a yaIpacas-. pu I . . .. debc rc,altarsc un momcnto
S . . I rclato de a., cron1cas. I t scgu,mos e . , d I Cusco· la gucrra contra os
. la gran expansion c · , quc es prcv10 a · . 6 . da al none dd Cusco, mas
6chancas. Estos habitaban la rcg1 n u ,ca d Ayacucho I les deparramenros e
alla del rio Apurimac, encrc os actua . , lo los chancas per· . C vio en cl primer cap11u ,
y Hua.ncaveltca. omo se . I· bicados emre los ticmpos al numeco de «cstados reg,ona cs• u . La
renecen . . Wari los correspondicntes al Tawanunsuyu. s del predom101~ de Y h .
0010 agucrridos guerrcros. pero
cr6nicas mcnc,onan a los c. ancas_ c d, los incas puesto quc las •o el'l awanumuvu c · •Isicmpre en re act n con . . '. n proccd,an ocncralmente
. . al quc lo, cronisra;, re~og1cro " 1rad1c1ones or, es los chanus casi ,,nica•
rno· por eso se conocc a dd Cusco y su cnto • . , C . 0 y de sus conuovcrsias con e d elac,on con e 1 use mente a trav s e su r on los dem:s grupos cmicos andinos. los incas. lgual cosa ocurre cl I actos y conllictos cmre los
Hay dos versinnes que re a1an os com I . mpos de Inka L rimcra senala que en os ue
incas y los chancas. a P ' I ca Garcilaso de la Vega losIv,· h -aunque amores como e n \, ,raqoc a . I • s de su predeccsor Yahuar Hua·
. o ocumdos en os ano. prec,san com A H araca yTomay Huaraca,
ndados por sro uhca-. los c ancas, com~ ka Wira ocha abandon6 la ciutlad. rcfu invadieron el Cusco. E In q . on su hijo y hcredero, giandose en el valle vecino de Yucay 1umo c
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EJ ORIC.f"l Ill l.O IN('.AS
Inca Urcon. L,s cr6n icas relarnn la violencia de la invasi6n chanca y dcsracan quc vencicron a los cjcrciros incaicos. Abandonada la ciu dad del Cusco por el Inka Wiraqocha, fuc ocupada por los chancas
viccoriosos, que la saquearon y desrruyeron. Pero Wiraqocha habia tenido 01ro hijo, \amado Inca Yupanqui, que e.sraba •desterrado» dcl Cusco. Este ruvo una visi6n en la cual sc le aparcci6 el Sol y le orden6 que se constituyera en el Cusco y expulsara a los chancas. As, lo hiw Yupanqui, yen el Cusco las piedras se volvieron soldados para enfrencarse a los enemigos de los incas, venciendolos. Despues de derrotarlos, Yupanqui se dirigi6 en busca de su padre-Wiraqo cha-, quien rechazo el triunfo porno haber sido logrado por Urcon.
Este ultimo se enfrenco a Yupanqui y fue derrocado en medio de un conjunco de aconrecimient0s descriros en las cr6nicas como producro de intrigas palaciegas. Reconocido como !1Jka, y contando finalmente con el apoyo de su famoso padre, Yupanqui cambio su nombrc po rel de Pachacuci -cermino que ha sido genc!ricamencc traducido como 'el que renueva el mundo'-, y se dedica a reconscruir el Cusco y reformular su organi1.acion.
Una segunda y singular version la proporciona Pedro Gutierrez de Santa Clara, cronista muy conocido por sus escritos sobre las guerras ocurridas en el Peru entre los espaioles despues de la invasion del siglo XVI. Sus cclebres Q11inquen11rios o His1ori11 de las Guemu Civi/es del Pmi Fucron cscritos hacia finales dd siglo XVl o inicios dcl XVII. La versi6n de esrc auror pane de un supucsco gcneralmcnte diforentc al de los demas cronistas sobre la historia <lei Cusco. Los incas se origi naron en el Iago Titicaca, pero no se instalaron en el Cusco si no en Hatun Colla, al noroeste <lei Iago. Relata dicho aucor la vida de los primeros incas de la lista cradicionalmeme conocida, quienes habrfan
iniciado sus conquistas desde Harun Colla. Durance el gobierno de Wiraqocha, «se alzaron conrra el-el /11/ta-dos hermanos llamados
Guaman Guara1.a, y Aucos Guara1.1, y viniendo contra el desde la
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UPITUlO II
provincia de An<laguaylas, de donde cran senores tomaron rierras del Inkn•. Aqui surge rambien Pachacuti, el menor de los hijos dcl Inka Wiraqocha, quien venci6 a los chancas.
Despues deello, Pachacuti sali6 de Harun Colla a conquisrar hacia el norrc, en&encindose con el curaca del Cusco, a quien seguia mucha genre. Pachacuti vencio, pero qued6 malherido y muri6; manrenida en secreco su muerre, sedijo queel Sol se lo habia llevado. En el rexro
del cronisra, Pachacuti muere en Urcos y no llega a ocupar el Cusco. Sin embargo, afirma Gutierre-,. de Sama Clara, hasca ese momenro •no sc llamaban los senorcs del Cusco, ni de los dem:is pueblos desras provincias, sino curacas, quc quierc decir solamente senor•, pcro como cl sucesor de Pachacuti -Tupa Inca Yupanqui- llcg6 a cnrrar finalmenre en el Cusco, dispuso que los que habfan Uegado
con el se llamasen incas. Hay una visible diferencia encre esras dos versiones. En la primera,
el lnka sale del Cusco a combarir a los chancas, en la segunda, el Inkn vence a los chancas y derrora despues al curaca del Cusco, ocupando en consecuencia la dud.id. Am bas versiones coinciden en sef1alar que los incas procedian del Iago Titicaca, puesro que la primera se origina en las versioncs, antes visras, de los miros de origcn cusquefios, y la scgunda lo confirma implfciramcntc. Ambas vcrsiones difiercn explici tamcntc en lo quc a la fundacion u ocupaci6n dcl Cusco se refierc.
No hay duda que la primera versi6n proccdc direcramcntc de la cradicion oral cusquena, recogida alli por los cronisras; la segunda, en cambio, puede f:icilmence idenrilicarse con una version de «fuera
del Cusco•. A ello podria atribuirse la visible discrepancia, aunque debe destacarse que las cr6nicas escritas por hombres andinos-como Felipe Guaman Poma de Ayala o Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua- no discmen la amigua idcnrificacion de los incas con el Cusco. de acuerdo con la lfnca general de las cron icas. Sin embargo, debe aiiadirse un problema capital: exisren graves y
El ORJGtN Of IO.!, INUS
fundadas dudas acerca de si Pedro Guricr realmenre en el Peru est d b' d rez de Santa Clara se hallo
• an o •en ocumenrada s . 1Mcxico, de donde era oriu d p d d' . u presenc,a en informaci6n peruana n o. u~d e ,scunrse la proccdencia de su
, aunqucesev, enreq I d , Peni estaba en cons ran re co . ., ue a gentc c Mexico y del
municac,,:m en aq II , de los quc salieron del p , . ue a epoca, y muchos
eru en 1os nempos de I . . los conquistadores d as guerras Ctv1les deISanra Clara- -tema e .que se ocupa en deralle Gutierrez de
pasaron por Mexico anres de ir Es • ninguna seguridad sobre la proced . d a pana. No hay, pucs,
. enc,a e la info ·6 d cron,sca y, aunque es sab'd I rmac, n e esre • 1 oque osauroresdel , .
unos a orros, nada auroriza a cnsar . a epoca se cop,aban los incas que ofrece GutierrM pd S quCeld rcsumen de la historia de
"'6,, e anta arasea u •,-ni menos • na versJon correcta ' , 01,ts corrccca quc otras-lo , . .
un,co quc puedc afirmarsc acerc d I . de Santa Clara . a c a vers,6n de Gutierrez
es que rec,entes estudios · relaro de la hist • d I . perm,tcn aseverar que su
oria e os,ncasesunahabilm d.fiI ., Otro cronista: Diego Fernandez IJ d J p O rnc,on del rexto de
, • ama o e alentmo q . bli una cronica en IS?I Ell al . . . . , u,en pu c6
0· e1a 1as pos1b1l1dad d G .de Sama Clara d' . es e que unerrez hismria inca.ica. pu ,era proporc,onar una version altcrnativa de la
Las conqujstas incaicas
Las cr6nicas arribuyen a I . . territorio que consriru,y6osrT:•ces,vo~ meas las conquisras del amplio . e awan11nsuyu Como . d' ,
normente, las conquistas d I . . . se m ,co an re- e Os pnmeros meas p d . .al ,
. I en restrrngirsearea vecina al Cusc ue 0 , a gran expan · ' · · ·
atribuidos a Pachacut' . . . s,on se in,c,6 en los momenros 1• cicn anos antes de la · ·,
Ios tiernpos posreriores a I . . , d I ,nvas,on espanola, en a mvas,on e os ch .1los cusqueiios sobre aquell ancas Y a v1croria de OS.
La primera zona de exp ·, ans,on parecc haber sido la region del Iago
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CAPflt'lO II
Ticicaca. Los croniscas rclacan como el lnk11 Pachacuci -algunos aucores diran que fue Wiraqocha- se ali6 con los lupaqa – uno de
los mas importances grupos emicos del area- para poder veneer al poderoso «reino• de Hacuncolla. Los cexros de los cronistas del siglo XVI, rcpccidos abundanccmence en ocros cexcos e.spanoles de] ciempo de la colonia, descacaron la imporcancia de esca conquisca, que coloc6 a los grupos de la regi6n del Iago Titicaca bajo la supremada incaica. Luego, los ejercicos incaicosse dirigieron hacia el norce, conquiscando,
segtin las cr6nicas, hasca la sierra cencral, en el actual deparcamenco de Junfn. Lis c r6nicas relacan asimismo que durance un cierco ciempo, los csfucnos conjuncos de Pachacuri y de Tupa Inca Yupanqui, su sucesor, permiticron la expansi6n de los domin ios del Tawantinsuyu por la cosrn y sierra hacia el none, hasca llcgar a la rcgi6n de Quito;
con posterioridad, Tupa Inca Yupanqui alcanzo a conquiscar por el sur hasca Tucuman y el cencro de Chile. lgualmence, las cr6nicas
arribuyen a Huayna Capac las conquiscas finales en la zona andina (una visi6n grafica de esras conquiscas, de acuerdo a lo relarado en las cr6nie,1s, puede verse en el mapa).
Pero no coda la informaci6n es uniforme en las cr6nicas, espe cialmencc si sc le com pulsa con las dcscripciones mas localizadas proporcionadas por importances conjuncos documenralcs, como las Relacio11es geogrdjic11S dr Jndim, las visitas y ocras rclacioncs que sc retieren a grupos ernicos en pMcicular. Podcmos obrcncr, cnronces, versiones diferences, no canco en lo que a la cendcncia o lrnca general
de las expediciones se refiere, sino relacivas a la progresiva ocupaci6n del cerricorio. Sohre esre asunco hay dos tipos de problemas: unos sc refieren a la noci6n de rerrirorial idad y, en consecuencia, escan relacionados con la ocupaci6n de] espacio; orros, tienen que ver con la sccucncia de las conquisras aprcciable en los propios relaros de las cr6nicas.
El primer problema esr:i analizado por la invcscigaci6n de los
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LOS CAMINOS INCAICOS CHILE : lll Pny111 j(.;l!ji;°'m~, )
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ARGENl'INA o 700 -'00 60> IOO 1@I L ESCAl.A '"'
CAP(TJLO II
ultimas anos, y se ha logrado algunos aporces que pcrmicen encendcr mcjor la nocion del espacio. Desde luego, hubo en los Andes una vision simbolica de! espacio -la cual sera crarada en el capfculo
correspondiencc a la cosmovisi6n andina-, pero desde los ckmpos en que cscribian los croniscas predomino una imagen espac,_al que hablaba de un cerritorio polfcicamence o rganizado en •prov1nc1as» que correspondfan a los diferences grupos t'micos mencionados en las cronicas y, de hecho, escas consideraban las wnas de expans16n de los incas de acuerdo a las provincias que los mismos iban conquiscando. De esta manera, la Hnca general de las cron icas deja la impresi6n de
que dichas provincias ecan anreriores a la formaci6n dcl Tawanrinsuyu y que correspondfan a cada uno de los grupos ecnicos, igualm_encc preexistences como organizaciones policicas. Ello no parece c,eno en rodos los casos y, en ultimo exrremo, podda corresponder a una
divisi6n realitada durance cl Tawantinsuyu. En los estudios de los ulrimos anos se ha propuesto variances a csra
nocion de rerritorialidad, especialmente en las invesrigaciones de John V. Murra sobre gru pos emicos de la region del Iago Titicaca Y de la w na central del Peru actual (H uanuco). De ellas se dcsprende quc los hombres andinos ucilizaban el terrirorio no como unidades continuas, sino como un conjunro de ambitos ecol6gicamcnre difcrenres, en los cuales era posiblc la obtenci6n de diversos recursos. La poblaci6n de un solo grupo ecnico podfa cntonces escar distribuida en un espac10 muy amplio, compartido con ocros grupos emicos. Ello ocurre, por
ejemplo, en la region de! Iago T iticaca; es el caso de los lupaqa. Esros habitaban una regi6n nuclear al suroesre dcl Iago, pero con
rrolaban espacios ubicados a mucha distancia del nucleo mismo,_ ~n algunos de los cuales rcsidfa permanencemente pane de la poblac,on -en rcalidad pcquenos conjuntos de pobladorcs, como m1tmt1qku-
11a-, pero viajaban a ellos en forma peri6dica grupos mas numcrosos dcdicados a la sicmbra y cosecha -como mittn11i-, en momcntos
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fl ORJGJi.N OF LOS INCAS
decerminados del ano. Se configuraba de esta manera un territorio disconti~uo, do~de los lupaqa concrolaban wnas ecol6gicameme d1ferenc1adas y d1stantes a quince y veince dfas de camino a pie; Ios exrremos de cse ambito aparenremenrc desmcsurado se hallaban en
la costa del oceano Pacifico y en las zonas bajas sicuadas al esrc del alciplano Pcru-boliviano. Las zonas intermedias no esraban ocupadas por los lupaqa y las areas «perifericas• enunciadas podian serocupadas s1mulcanean1ente por ocros grupos ernicos; eran pues, mu lciemicas.
Orros grupos de la misma region de! Iago -y los alriplanicos en genera!- empleaban sisremas similares para cl control de multiples ecolog1as y el logro de una complemenraricdad quc asegurara la provisi6n de difercnces recursos.
Esrn forrna de cmpleo de! territorio no era privaciva de los pobla dorcs vccinos al Iago Titicaca, sino que la cnconrramos en otras zonas, por ejcmplo Huanuco, donde los chupaychu disponian asimismo de imbitos siruados a variable d istancia, si bien esta era mucho menor que la existence en el ambiro lacustre. Al pareccr, era gencralizado en
los Ai1des el control de recursos en discinras y no vecinas regiones, ecol6gicamenre difercnciadas, y esta noci6n colisiona necesariamcnre con la imagen de •provincias» o cerrirorios conrinuos y aislados, en los cuales cada grupo emico ejerda un contro l indiscucido.
Esra situaci6n era mas compleja aun al interior del :imbito nuclear de los propios grupos ernicos, como se ha hccho evidenre en cl caso citado de los lupaqa, pucs cada uno de los «pueblos» descritos en la documenraci6n hisp:inica del siglo XVI controlaba espacios variados, distribuidos en la misma wna nuclear yen los rerritorios que anres
paredan pertenecer a cada u no de los siere pueblos o «cabeceras• regisrradas en el area lupaqa. De la misma forma, puedc apreciarse que un ny/111 o grupo de parenresco podfa escar disrribuido en varios ambicos y, especialmemc, como una consecuencia de la invasi6n es panola, en difcrenres red11ccfo11,s-nombre que se dio a los pueblos
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<.APh l ll' ll
or!?niz.ados por los cspaiolcs pare rcdiscribuir a la poblaci6n andina,
bajo cricerios eu ropeos . . . . De cstc modo, cl ,crritorio de una umdad ctm~ no cstaba co_ns-
tituido por un cspacio continuo, ~ino por un con1unw de espac,~s,
ccologicameme delimitados, que podian hallanc a variada d1~canc1a.
El segundo problema mencionado sc rcfierc a la cronol~g,a ~c las
conquisras, la cual aparecc en las cr6n icas como una secucncia orgam_ca en cl relato mismo; pcro analizada c,ta con mayor dcrallc'. pcrm1cc
apreciar a algunos de los incas conquisiando 1.onas ameriormcntc
arribuidas a las conquisrasdc susamcccsorcs. lal cosa ocurrccon uno
de los ultimos incas, l luayna C:ipacquien, en algunas cr6nicas, ligura
conquist:mdo tierras muy cercanas al Cusco_ mismo. Ocur~e que las
cr6nicas parecen cransmitir cl relaco de un mual d_e conqu,sc_a. Revisando algunos cronisras -por ejemplo, C,cu de Leon, Sar
miento de Gamboa O Cabello Balboa- cs posible apreciar quc dcsde
Pachacuri las conquistas de los incas sc manilicstan siempre e~ una
scrie de cxpcdiciones que sc mueven en cl scmido de las agu1as de
un reloj, considerando que cada una de cllas sale del Cusco Y regresa
a cl. Ello sc adecua mas al rclato de un ritual de conqu,sca, quc no a
una hiscoria de las m,smas. Los cronistas dejaron nocicias acerca de
quc cada /11/ca hacia rtpmrmar la version de los hechos gloriosos de
su ameccsor, como p,irce de las ccremonias de su ascenso al poder.
De alli sc gencr6 una relaci6n cstrecha cntrc hisroria y rcprcscnca-
·6n explicada en muchos casos como un teatro; se ha mcncionado Cl , CSCC ' ta vigencia colonial y conremporJnca de rcprcsentacioncs meas
quc 1ransmi1en informaci6n sobre el pasado. Es muy posiblc, cntonces, que los croniscas recibicran d_c los
pobladorcs andinos los rclaros correspondicntcs a reprcscmac,~ncs
ritualcs y 110 hiscorias :ti uso occidental; ello exphca me1or por que las
vcrsioncs de las cr6rncas acerca de las conquistas mc:ucas preseman un
ordcn ~table y que, como ya indique, remiccn al movimienco de las
agujas de un reloj, pareciendo amplinrse con las sucesivas conquiMJs
y dando la imprcsi6n de un movim,cmo en cspiral. 1·110 sc asemeja
mas al relaro de 1111 ricu.d quc al de una scrie de expediciones de ,uccsivos gobernances.
Aunquc las cr6nicas preliercn dcs1acar IJs conquis1as como hechos
militarcs, nos informan a la ,·ez de mecinicas disri111,1s y no exclu•
yenres. Puede verse la expansi6n del lawaminsuyu como el csrablc
cimiemo de una scric de rclaciones de reciprocidad y rcdis1ribuci6n.
I .as cr6nicas relaran que la marcha de los cjercicos dcl /11/c11 era acom
paiadJ de un numcro considerable de cargadorcs que llevaba11 ropa,
gc11eralmemc de lana, y mros r<-cUNh aprcciados, por ciemplo coc.i,
o 111111/11 -Spondyl11J, concha marina muy apreciada para ofrendJs
mualcs-. fa10s b,cncs eran dimibu,dos porcl l11k11 como uno de lo;,
pri mcros ac10s, que i ncluso reemplazaba el conflic10 con una •alianz.i•
cmrc un grupo cmico dcrermmado y el Tawanrinsuyu de los inca;,.
Esre •rcgalo• puedc ser asf enrcndido como una forma de iniciar una
relaci6n redisrriburiva, que no excluia, por cieno, la compulsion, y
pcrmitc enrender la subsccucnrc obligaci6n de los grupos ~micos, incorporados al Tawanunsuyu, de enrregar mano de obra en forma
peri6dica y por pl.uos limirado, -mwa-, que pcrmitia al 'Jawan tinsuyu, ., su vez, genera 1111 nucvo cxccdenre rcdisrribuible.
Es de,.de b 6pcica de relacioncs asi cs12blccid.1s que debe obscr•
varse la vida del Tawaminsuyu y su r.lpida expansi6n en los Andes,
y asi cs mis visible que la organi1.acion polirica incaica emplc6 viejas
mec:inicas de redisrribuci6n ampliamenre usadas dcsde mucho ricmpo
antes de los incas, lo cual favorecio su vcloz cxpansi6n. Muchas veccs rel,tran las cr6nicas y otros documenros los marrimonios rcali1.ados
enrre d l11/c11 y las hiias o hermanas de los curaca; andinos, asf como
rambicn los enlaces emrc los ultimo, y mujeres de la familia dcl
gobername cusqueno. Estc tipo de ali,111zas macrimoniruc~ se hallaba
emechJmentc vinculado con cl esrablccimicnro de la$ obligacioncs
50 51
–
CAPl'TL'LO II
redprocas y, en consecuencia, rambien las redistributivas. Si los regalos, ameriormeme indicados, dan fe de! inicio de relaciones,
los marrimonios de esra lndole dejaban clarameme establecido un conjumo de relaciones que arciculaba la vida de! Tawaminsuyu de los incas, escabilizando las vinculaciones del Cusco con los grupos ecnicos.
Las paucas no fueron iguales en codas parces, y el Tawancinsuyu supo variar sus crirerios para adecuarse a las diferemes regiones y grupos ecnicos; sin embargo, primaron en codas parces las nociones rediscri bucivas que inclufan la encrega de mano de obra y la redisrribuci6n de dererminados bienes por el Cusco.
52
- Structure Bookmarks
- r
- I
- ¾,
- I
- I
,
LOS INCAS- Culturas Preincaicas
Los incas no formaron la civilización andina. La heredaron y luego la
desarrollaron. Primero se encontraban varias culturas que llamaremos
pre-incaicas que podemos dividir en 3 grandes regiones (geográficamente
hablando): La Costa, La Sierra y La Selva Boscosa.
La Costa: Una franja desértica.
De aquí provienen las tribus que fueron
antecedentes de los incas.
En la costa encontramos la cultura:
CHAVIN
Probablemente la cultura Chavín
procediera originariamente de una
cultura selvática, que fue la que aportó
los elementos selváticos que tanto la
caracterizan, la típica iconografía Chavín:
La figura del jaguar, el caimán, la
anaconda, animales oriundos de la
pluviselva tropical
Cada una de las culturas tuvieron sus
propias costumbres.
Épocas de la cultura Chavín, también llamada Horizonte Temprano
Época Urabariu (época
antigua): 1200-800 a.C. Se
realizó la construcción del Templo Viejo.
Época Ofrendas: 800-
600 a.C.
Época Chakinami:
600-400 a.C. Se
realizó la
construcción del Templo Nuevo.
Época Rocas o
Janabarriu: 400-200
a.C. considerada la
más característica de
la cultura Chavín
Aquí podemos ver el viejo
templo y el nuevo templo
L a Cerámica: Se caracterizó por ser de color negro
brillante, gris y marrón.
Chavín.
Cerámica chavín
Población y sociedad:
Se organizó el Ayllu y aparecieron las clases
sociales.
El Ayllu era una institución social, económica,
política y religiosa que surgió en la era
preincaica. Es lo que podemos entender como
una aldea, donde todos sus miembros están
emparentados.
Cultura Paracas. aC. 200 al dC. 100
Los restos arqueológicos se
localizan en la península de
Paracas, a 18 Km. Al sur de
Pisco (Ica).
Esta cultura fue descubierta
en 1925. Es famosa por sus
tejidos donde envolvían a sus
muertos y por sus momias.
Vemos como el culto de las
momias de los incas viene
directamente de las culturas
como esta que les antecede y
que se encontraban en la
costa peruana
Realizaron cirugías cerebrales.
También conocido como
Intermedio Temprano
Chiripas 1500- 100 a.C Intermedio Temprano
La Cultura Chiripa, es una de las
culturas más antiguas del Collao,
cuyos restos aparecen en la
península de Taraco, ( Bolivia) en
las riberas del Lago Titicaca.
La Horca del Inca es una estructura de
piedra de la cultura chiripa, pre incaica
Mapa cultura chiripa
Vicús
Ubicada en los valles y en la costa de
Piura, que se desarrolló desde el
500 a. C. a 500 d. C También abarcó
una pequeña parte al norte de
Lambayeque.
La cerámica de gran plasticidad
llamó mucho la atención de
arqueólogos y coleccionistas y
ha sido muy criticada por sus
temas eróticos. Los misioneros
católicos españoles justificaban
la conversión obligada de los
indios que encontraron en el
Perú al indicar que su cerámica
era de pecadores.
Mochica – d.C 100 al 700 Intermedio Temprano
La cultura Mochica se desarrolla en la
costa norte del Perú. Tiene como
antecedentes la cultura Vicú.
Tuvo como escenario geográfico los
valles de Chicama, Moche y Virú.
Tenían grandes templos como las
pirámides de Trujillo, una cerámica
muy realista, usaban sistemas de
regadío y el poder dependía de quién
controlaba el agua.
Le rendían culto al maíz.
Cultivaron gran cantidad de plantas
tales como el frijol, maíz, calabaza.
Su principal logro fue la cerámica muy realista.
Pirámide Moche y
cerámica Moche
Cultura Nazca 200 dC al 500 dC
Tuvo como centro principal los valles
de ICA.
Se caracteriza por la belleza de sus
huacos (nombre dado a la cerámica
que se encontraba en las tumbas de
los indios precolombinos. La palabra
“huaca” quería decir sagrado en
Quechua). Utilizaron tonos diferentes,
es una cerámica polícroma y pictórica
con la forma globular.
También se caracterizan por su uso
del regadío y sobre todo por las lineas
trazadas en la tierra, que solo se
pueden ver desde el aire. Estas líneas
se ha dicho que pueden haber sido
dibujos creado para venerar a los dioses que traían el agua de la sierra.
En la cerámica, sin duda podemos decir
que es donde las culturas Nazca y la
Mochica alcanzaron sus mejores éxitos.
Intermedio Temprano
Cultura Huari o Wari 600 al 1200 dC
Floreció en el centro de los Andes
llegando a expandirse hasta los
actuales departamentos peruanos de
Lambayeque, por el norte y Arequipa
por el sur.
Fardo funerario
Tihuanaco 1500 aC al 1200 dC.
Tiene como escenario la meseta del
Collao a 21 Km. En la vertiente oriental
del Lago Titicaca hasta la costa . El lago
Titicaca era un lago sagrado para los
incas, los cuales decían que habían
surgido de ese lago.
Una de sus más importantes restos
arquitectónicos es el palacio de
Kolasayasa y la escultura de la puerta del
sol.
Puerta del Sol Palacio de Kolasayasa
Los chimúes surgen al decaer el Imperio
Wari entre los años 1100 y 1400 d.C.
Ocuparon los territorios que antes
ocupaban los mochicas y por ello se
considera que están estrechamente
emparentados.
Fue la cultura más destacada.
La capital del reino Chimor estaba en
Chanchán, una aldea costera cerca de
Trujillo que se convierte en el corazón
del imperio costeño.
Chimú 1000- 1500 d.C
Ruinas de Chanchán
Vasija de bronce
Intermedio Tardío
Cultura huanca 1200 – 1460 d.C
Los huancas fueron muy
pobres en sus manifestaciones
culturales. La cerámica fue de
rústico acabado y de un solo
color.
La Cultura Huanca fue una de las más poderosas del mundo andino
entre los años 1200 a 1460. Era un pueblo altivo y belicoso que ocupaba
las actuales provincias peruanas de Jauja, Concepción y Huancayo. Se
formó al decaer el expansionismo de la cultura Huari
Intermedio tardío en la sierra
La cultura Lima 100-650d.C Intermedio temprano
Se desarrolló principalmente en el valle
del río Rímac, llegando hasta los ríos
Chillón y Lurín. Es coetánea con las
culturas Moche y Nazca.
Aunque no se distingue por su
sofisticado arte como las demás, si
destaca por los complejos
arquitectónicos como Cajarmaquilla y
por el origen del templo Pachamac.
Pachacamac
EL IMPERIO INCA – EL INCARIO
Hay una leyenda que explica el origen de los incas en el valle del Cuzco : El dios Sol , Inti, y la diosa Luna , Quilla, compartían un amor imposible debido a que nunca se podrían
encontrar, pero existía una profecía que decía que un día ambos se amarían y de ese
encuentro nacería un niño y una niña en el Lago Titicaca . La leyenda continúa diciendo
que un día apareció en le lago Titicaca un joven guapo que llamaron Manco Cápac junto a
una doncella hermosísima, llamada Mama Ocllo.
El Imperio incaico fue un Estado
gobernado por los incas (emperadores),
que se extendió por la zona occidental del
subcontinente entre los siglos XV y XVI.
Fue la etapa en que esta civilización logró
su máximo nivel organizativo y su
territorio, conocido como Tahuantinsuyo.
El imperio comenzó a formarse a
partir de la victoria de los quechuas
liderados por Pachacútlec frente a la
confederación de estados chancas en
el año 1438 de nuestra era.
El Dios Sol padre de los incas.
De acuerdo al mito de
Pachamanac se dice que el
hombre provenía de cuatro
estrellas que cayeron a la tierra.
Según la leyenda, fueron cuatro hermanos los fundadores de la familia Inca. Manco
Capac considerado como héroe y un dios, fue el fundador del Cuzco, la ciudad capital
del imperio Inca. A partir de Manco Capac se le sucedieron 13 incas en el gobierno, el
último fue Atahualpa quien reinaba cuando llegaron los españoles.
Manco Capac
Los incas se establecieron en el valle de Cuzco (en el sur de Perú) poco antes
del año 1300. En menos de 200 años, los incas pasaron de ser una sencilla tribu
a formar un poderoso imperio. A partir del siglo XIV, el imperio inca, cuya lengua
principal era el quechua, ( que aún se sigue hablando hoy día en el altiplano
andino), comenzó a expandirse desde su base en el Cuzco hacia toda
Sudamérica.
La sociedad Inca la
conformaban dos
estratos sociales:
los nobles y el
pueblo. Debido al
enorme territorio,
ésta condición
social, además de
ser hereditaria, era
indispensable para
mantener el orden
La nobleza estaba conformada por cuatro grupos: los nobles por parentesco, los nobles por
paisanaje ( por vivir en la capital ) , Los nobles provincianos (miembros de la nobleza de los
territorios anexados, y los nobles por privilegio ( que se habían destacado en la guerra o en
el arte de la construcción). Los españoles llamaban orejones a los nobles porque usaban
aretes grandes para distinguirse de las clases más bajas.
La clase sacerdotal
La clase sacerdotal también
estaba jerarquizada. Por su
estatus también eran
considerados nobles y solo
podían ser sacerdotes los
que provenían de la nobleza.
El Pueblo o la clase popular
El pueblo se componía de
pastores y campesinos, que le
debían obediencia a los
gobernantes. Tenía el pueblo
obligación de aportar un tributo a
las clases más altas que se
pagaba con trabajo o mano de
obra. Los campesinos no podían
irse de su pueblo sin permiso del
Inca ( el supremo rey) o los nobles.
Tenían que servir “la mita” o sea el
trabajo obligado en las tierras de
los gobernantes.
Para identificarlos y asegurarse
que estaban viviendo donde les
tocaba vivir usaban mantas tejidas
con diseños que los identificaban
También estaban los Yanacunas,
eran sirvientes o una especie de
esclavos. prisioneros o
delincuentes
.
El tributo
Formaba una parte muy importante
del imperio, era la forma de
manutención de los nobles. Estaba
basado en el sistema de reciprocidad
del mundo andino. El noble tenía el
deber de darle de comer al pobre
mientras el le trabajaba .
Trabajar el Estado Inca era obligatoria para todos los
hombres mayores de 18 años. La mita se podía realizar de
diversas formas, a través de servicios domésticos, cultivos
de tierras, construcción de caminos, servicios de correo
(chasquis) o en el ejército.
Chasquis o mensajeros
La mita, era el sistema de
retribución,nunca se hacia individualmente
sino en conjunto y de manera rotativa, es decir no se explotaba a todos.
El Ayllu, socialmente
El ayllu es la forma andina del clan, para mejor entenderlo. Eran
miembros de una misma comunidad con deberes mutuos y
familiares. Era una sociedad patriarcal pero sin embargo las
mujeres tenían un papel muy importante en esta sociedad y los
jóvenes matrimonios se iban a vivir en la casa de la madre.
Los miembros del ayllu tenían
vínculos sanguíneos y descendían de
un antepasado común por ende
compartían una pacarina (lugar de
origen).
Se casaban entre los miembros de un mismo ayllu, pero no podían recurrir al incesto.
Debían casarse con un miembro de otra familia nuclear perteneciente a su mismo ayllu. La
exogamia y el incesto sólo era permitido a la clase dominante. El ejemplo más evidente de
esto era el incesto entre el Inca, o sea el Rey, y su hermana. Otra diferencia entre los
matrimonios era que, a nivel del pueblo, se practicaba la monogamia. La práctica de la
poligamia estaba prohibida entre el pueblo, so pena de castigos. La poligamia estaba
permitida solo en las clases altas.
El Ayllu, economía
El ayllu además de ser la base social
andina también fue una unidad de
producción económica. Los miembros del
ayllu compartían tierras, las cuales
debían de trabajar en conjunto para
asegurar su sustento (debemos de tener
presente que en el ayllu un individuo no
valía por si mismo, sino por pertenecer a
una comunidad). El trabajo dentro del
ayllu era recíproco, si querías que te
ayuden debías de ayudar (hoy por ti,
mañana por mi). Esto estaba basado en
el sistema andino de reciprocidad en el
cual todos los seres tenían relaciones
claras de dependencia con otros. Al
llegar los españoles este sistema se va a
derrumbar causando caos social.
La economía y el comercio fue la base de expansión del imperio incaico
Los ritos Algunos de los ritos más importantes:
Matrimonio: cuando el varón cumplía
25 años se podía casar.
El matrimonio en la nobleza era muy
diferente. Aquí no solo se permite el
incesto, sino que un príncipe inca no
nacido del matrimonio entre hermanos,
no podía heredar el reino.
Esto lo conocemos como incesto real.
Ayusca: festejo del nacimiento.
Rutu-chico : primer
corte de pelo y uñas a
los 3 o4 años
Huara-Chico: a los 14
años cuando el varón
inicia su madurez, a
esta edad el joven
comienza a usar el
taparrabos o Huara.
En las chicas era el
Quico-chico o primera
menstruación
Papa-rico: el ritual de la muerte.
Las viudas vestían de negro y
no podían volver a casarse
hasta haber pasado un año.
El incario practicaba técnicas agrícolas heredadas de sus antepasados.
El control de la producción
y distribución alimenticia
estaba en manos del
Estado. El Estado era
dueño de la tierra, de los
rebaños así como de los
metales.
La agricultura
Gran parte de las
plantas alimenticias
que cultivaron los
incas eran oriundas
de México: el maíz, frijol, calabaza,
pimiento.
Ni la leche ni los huevos eran alimentos comunes y la
carne era consumida en pequeñas cantidades. El
cuyo ( cobaya ), un pequeño animal, era y sigue
siendo, una de los alimentos preferidos. Esta especie
es oriunda de los andes.
La papa es oriunda del Perú y era consumida junto al
maíz como base de la alimentación
Cuyes. (conejillo de
Indias) Tienen un alto
valor proteico
Ritos y creencias religiosas
Había una estrecha relación entre los rituales y la producción de
alimentos. La ceremonia de la T’inka sigue practicándose , especialmente
en la cordillera andina. Es una ceremonia que implora por cosechas
abundantes, salud, crecimiento de la población y de mejores rebaños.
El culto a las momias, era una fuerza
que ataba a los individuos , al jefe , a la
tierra y todos los que vivían en los
ayllus. Para los incas las momias eran
sagradas y las veneraban, llegaban
incluso a tenerlas en sus casas. El culto
a la momia real era muy importante
pues al morir el Inca su cuerpo era
momificado y se diseñaba un
patrimonio para mantener los que iban
a cuidar este cuerpo. Como resultado el
reino se dividía más y más y el Inca
tenía que salir a conquistar más tierras.
El concepto de la muerte no se parece
al concepto nuestro, sin embargo hay
una estrecha relación entre la momia y
los santos católicos.
¿Cómo afectó al imperio el ritual de momificación?
La aparición del culto del antepasado
real, al final del imperio, está
relacionada en cierto sentido con el
crecimiento del imperio y también con
su caída. Hay un vínculo muy evidente
entre la herencia partida y el
expansionismo de pequeños reinos.
La herencia partida dejaba al
emperador recién entronizado con
muchos privilegios pero una gran
pobreza de propiedades pues al morir
el Inca lo momificaban y se asignaba
parte de los ingresos del imperio a
mantener a las personas asignadas a
cuidar a la momia. De esta manera se
entiende que cada Inca iniciara
acciones bélicas para anexar gente y
tierras para su panaca
La panaca era el Ayllu Real, o
sea, todos los descendientes
de un mismo emperador
excepto el heredero que
debía crear su propia
panaca.
La expansión del imperio fue tan rápida que los incas agotaron las
tierras durante sus conquistas a los pequeños reinos. Los derechos
de propiedad de un emperador difunto despojaban de tierras y de la
mano de obra necesaria para labrarla a los vivos.
La poligamia de la clase alta también
favoreció el rápido crecimiento de los
ayllus reales. Una serie de reinos más
pequeños, cada uno de los cuales
consistía en un rey muerto, con sus
propiedades, los miembros de su panaca
y las tierras que estos poseían se
convirtió en un territorio de múltiples
guerras entre los pequeños reinos.
Cuando llegaron los españoles, solo
tuvieron que recoger los restos de un
imperio debilitado por una costumbre
ancestral y sin sentido para los
conquistadores. Imperio Inca
Huáscar y Atahualpa no llegaron a establecer panacas debido a la guerra
civil incaica y la invasión española de 1532. La guerra civil fue por la
sucesión del trono entre los dos hermanos Atahualpa y Huascar. Huascar
fue asesinado en 1532 y Atahualpa poco después fue capturado por
Pizarro . Aunque los españoles pusieron a su hermano Manco Inca
Yupanqui en el trono, Atahualpa es considerado el último emperador Inca. El último de los hermanos, Tupac Amaru I fue descuartizado en la Plaza de
Armas del Cusco, en presencia del Virrey Toledo el 24 setiembre de 1572,
acabando definitivamente con la dinastía de los Incas.
Dos siglos después, uno de sus
descendientes, José Gabriel
Condorcanqui Túpac Amaru II, lideró
un levantamiento indígena en 1780
contra la continua presencia española
en América, siendo nombrado Inca-Rey
Tupac Amaru I
Angelina Yupanqui (nombre en cristiano de
Cuxirimay Ocllo), debió ser una mujer muy
bella y educada por una panaca real del
Cuzco. Hija del Inca Huayna Cápac, y por
tanto hermana de Atahuapa, con sólo 10
años fue elegida para que fuese la colla
(esposa) del inca Atahualpa, y madre de los
futuros incas. Pizarro la incluyó a ella en el
lote de oro y plata que exigió a Atahualpa
por perdonarle la vida.
Pizarro se casó primero con Inés su
hermana y luego con Angelina que le dio un
hijo llamado Francisco Pizarro Yupanqui.
Caminos del Inca es el nombre que se les da al extenso sistema de
caminos construido durante el Imperio Inca por los servidores del Inca.
Convergen en la ciudad del Cuzco. Fue usado por los conquistadores
españoles para dirigirse a Bolivia, Chile y las pampas cordilleranas
argentinas
Durante el incanato, todos los caminos de Sudamérica conducían al Cuzco (que en
idioma quechua significa 'ombligo del mundo'), la metrópoli inca más importante
de Sudamérica, heredera de una tradición cultural milenaria.
Cuzco o el reino entre las nubes.
Para destruir Cuzco sirvieron las armas de fuego . para fundarla ,
según la leyenda hizo falta una vara de oro , que la pareja de
semidioses , Manco Capac y su consorte y hermana Mama Ocllo ,
debieron hundir en buena tierra.
Cuzco
Machu Pichu fue un santuario religioso para los incas.
Machu Pichu
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RaicesLa España Medieval, Frontera de la Cristiandad Fernando Domínguez Reboiras Albert-Ludwigs-Universität Freiburg Raimundus-Lullus-Institut – [email protected] La Europa cristiana es un bello ente de razón que se ha ido forjando en la cabeza de los historiadores como secuela de esa obligación profesional de dividir y delimitar los acontecimientos históricos, reduciendo a conceptos simples estructuras sociales y culturales muy complejas. Se la llama también «cristiandad occidental» para distinguirla del «oriente cristiano» aquella parte de la cristiandad, también en Europa, bajo el dominio de Bizancio sin influjo directo del Papa de Roma. En la historiografía centroeuropea se viene identificando el Occidente cristiano con el sacro Imperio romano-germánico cuya cabeza visible era en lo temporal el emperador y su cabeza espiritual el papa de Roma. El conflictivo eje emperador-papa se complicó con las pretensiones de la casa real francesa de presentarse como protectora del Papa y aprovecharse de las ventajas que tal preferente trato suponía para sus pretensiones de dominio del área mediterránea. En resumidas cuentas, la historia de la cristiandad occidental hasta la ruptura de su pretendida unidad con la Reforma protestante, se cuenta en los libros de historia de los países de Centroeuropa como un tira y afloja entre los dos poderes, el civil y el eclesiástico, es decir, entre el emperador y el Papa. Una historia de conflictos que se centra en un área geográfica limitada a Alemania, Francia e Italia. Todo el acontecer político fuera de este reducido espacio se ve como periférico complemento de ese conflicto central. La historia de los otros países europeos se estudia casi exclusivamente en función de esa confrontación o como mera ilustración de la misma. Si la historia política sigue ese esquema, en el campo de la historia cultural esa visión unitaria de la cristiandad medieval tiene como punto de referencia la Universidad de París, que era el centro indiscutible del pensamiento cristiano en los siglos medievales. La cultura de la cristiandad occidental tiene a partir del siglo XII en París su última y definitiva referencia. La simple necesidad de querer ver la cristiandad occidental como algo compacto y perfectamente delimitado reduce el horizonte de nuestra visión de la ciencia y cultura medievales e impide ver la Europa medieval como algo más complejo y diversificado. En el marco de una visión francogermánica de la cultura medieval juega el área geográfica del Mediterráneo occidental un papel secundario. Dentro de esa visión centroeuropea que pretende ver la cristiandad como un todo armónico la periferia mediterránea sería algo que no toca al meollo y a la esencia de aquella pretendida unidad de religión y destino. Desde esta perspectiva sería el Mediterráneo un punto de encuentro de diferentes culturas y religiones que tocaría sólo de una manera accidental y exterior el concepto redondo que se fue formando de la Europa cristiana. Ese escenario, enormemente conflictivo donde la cristiandad hubo de enfrentarse con los enemigos de la fe común europea sería, siguiendo esa concepción, más impedimento que forja de esa pretendida unidad de la cristiandad occidental. Todo lo tocante al sur de la cristiandad quedaría decididamente al margen del devenir histórico que galvanizó la formación de Europa. Europa se habría formado en un espacio central interior e íntimo, mientras lo ocurrido en sus márgenes y frentes externos seria algo accidental que enmarcó pero no determinó el devenir histórico fundamental. La investigación sobre la Edad Media y el pensamiento medieval en los últimos treinta años ha roto decididamente con esa visión parcial y rudimentaria. Nuestra visión de la Edad Media no se contenta con la bella quimera de una cristiandad medieval unida y cerrada, ejemplo de armonía y estabilidad ideológica La apertura y ampliación del horizonte hacia la periferia europea permite fijar la atención en aspectos olvidados o marginados en el idealizado panorama anterior permitiendo englobar todas las manifestaciones culturales de los siglos medievales y no sólo aquellas controladas y dinamizadas por una exigencia de unidad y ordenamiento jerárquico. Este necesario cambio de perspectiva tiene un fundamento objetivo y subjetivo. Se puede constatar, por un lado, un cambio en el objeto mismo pues la nueva historiografía, relativizando el devenir político, ha abierto nuevos campos de observación que nos muestran un objeto más complejo, variado y lleno de contrastes. Por otro lado, podemos constatar una nueva forma de acercamiento a ese objeto sin presupuestos y exigencias ideológicas partiendo de una visión más global por encima del raquítico horizonte dictado por historias de signo nacionalista. Está claro que, bajo las premisas de una visión centroeuropea menos diferenciada, todo lo que ocurrió en la península ibérica durante la Edad Media, aunque no carece de interés, no tiene nunca ni puede tener un carácter definidor y decisivo para el desarrollo de la historia europea en su conjunto. Ocuparse de la historia de España responde únicamente al imperativo de redondear una visión total del marco europeo. Una actitud de este tipo crea una tendencia interpretativa propicia a generalizaciones y simplificaciones pues el trato detallado y diferenciado de los hechos que daría su verdadera dimensión real complicaría las visiones unitarias preconcebidas. Por eso se han cimentado con respecto a la historia de España una serie de tópicos que, como todo tópico, no son fruto de una reflexión sobre los hechos, sino el resultado de adaptar esos hechos a una visión generalizada y terminada. En los países centroeuropeos se ha fomentado en los últimos siglos una visión de España como ejemplo de fanatismo e intolerancia religiosa, donde la Inquisición española sirve para demostrar el carácter marginal del cristianismo ibérico y su influjo negativo de cara a una pretendida evolución más tolerante y abierta de la cristiandad europea en los siglos que siguieron a la Reforma. Curiosamente se va dibujando en la historiografía centroeuropea de los últimos decenios otra imagen extrema de España como un ejemplo jamás repetido de tolerancia y convivencia de las tres religiones del área mediterránea: judaísmo, cristianismo e islam. Esta paradójica confrontación de dos visiones extremas de cara a la realidad cultural y religiosa de la península ibérica parece estar pidiendo una explicación de cómo se pasó de una sociedad ejemplo de tolerancia y convivencia pacífica a una sociedad ejemplo de intolerancia y represión ideológica. Sobre el origen y las consecuencias de tan extrema dicotomía no ha sido hecha, que yo sepa, una reflexión a fondo. Hasta qué punto se podría justificar la necesidad o urgencia de tal reflexión es sumamente cuestionable. Un análisis de esos tópicos pondría muy pronto de manifiesto que las actitudes del cristianismo peninsular no fueron tan extremas como se pretende hacer ver. Seguramente no fue tan tolerante la pretendida tolerancia ni tan intolerante la pretendida intolerancia. Una reflexión sobre esta temática resulta más interesante si se atiende al origen y evolución de ese tópico y no tanto a su pretendida realidad. El motivo y contexto de tales afirmaciones es siempre más interesante que la verificación del contenido real de las mismas. En otras palabras: más interesante que la constatación de una extrema tolerancia o intolerancia en una época concreta del devenir histórico español es descubrir las razones que llevaron a admitir la existencia de tal esquema interpretativo. *********************************************************************************** España fue durante muchos siglos un país de frontera en la cristiandad occidental. Apurando esta afirmación se puede decir incluso que España era la única región de la cristiandad occidental que vivía en contacto directo con otras religiones. Ese contacto entre las religiones en España no fue sólo de signo conflictivo sino que tuvo desde el siglo VIII hasta el siglo XV manifestaciones de convivencia e intercambio muy dispares. Desde la diáspora mozárabe hasta los levantamientos moriscos del siglo XVI el cristianismo español hubo de ensayar, por pura necesidad, una serie de modelos de convivencia entre los miembros de varias religiones. Esos modelos eran reacción a situaciones históricas y planteamientos sociales muy diversos. Las consecuencias de tales esfuerzos tuvieron necesariamente resultados muy diferentes. El simple hecho de que los cristianos en España vivían en contacto con el Islam y en un orden social donde los judíos jugaban un papel decisivo en los centros urbanos, tanto bajo dominio musulmán como cristiano, tuvo enormes consecuencias para la identidad personal de cada individuo cristiano dentro de aquella sociedad plurirreligiosa. Un cristiano en el norte de Francia tenía necesariamente otra visión del mundo que la del cristiano en la Córdoba musulmana o, más tarde, en la frontera del reino nazarí de Granada. El infiel para el francés era un ser humano fuera de la sociedad cristiana, una persona que no creía en todo aquello en lo que se fundamentaba su existencia, pero una persona, sobre todo, de la que adivinaba su existencia pero que jamás había visto. Ese cristiano, fuese culto o analfabeto, podía vivir cien años sin encontrar una persona no cristiana. Para el cordobés, en cambio, era el infiel una persona de carne y con la que se encontraba a diario en la calle y de quien podía necesitar asistencia médica, a quien compraba el pan o las berenjenas, o con quien de niño había jugado a las canicas. Esta sencilla realidad no se puede olvidar al plantearse las diferentes visiones de la humanidad dentro de una generalizada e hipotética cristiandad occidental. Desde que Juan de Mariana inventó el término «reconquista» para definir la expansión de los reinos cristianos peninsulares hacia el sur lleva éste una carga ideológica sumamente equívoca. Esos reinos cristianos, en principio enemigos del Islam, pusieron en práctica, por razones de supervivencia, una generosa política de asentamientos y repoblación dictada por motivos económicos muy concretos dejando en segundo término consideraciones de carácter religioso. Los fueros de las ciudades admitían y garantizaban el libre ejercicio de la religión. Judíos y musulmanes podían vivir en paz y sin temor a ser perseguidos. Las complicadas estructuras jurídicas y sociales de esa difícil convivencia ofrecían una amplia superficie para conflictos de todo tipo. La tolerancia, aun siendo real, no se fundaba en las premisas del concepto moderno de tolerancia. La tolerancia religiosa tiene hoy en día su fundamento, o bien en la indiferencia religiosa, o bien en el respeto a la dignidad y libertad de la persona humana, conceptos ambos que no caben dentro de una visión medieval del mundo. En la España medieval funcionó una tolerancia política que nunca estuvo dictada por reverencia a las demás religiones o por respeto a la libertad de los otros creyentes, sino, simplemente, por la necesidad de integrar dentro del sistema político una existente realidad social. Esta tolerancia no supuso una mezcla o asimilación de las religiones. Los jerarcas de las tres religiones lucharon decidida y eficazmente por el mantenimiento de las diferencias. Tampoco la Iglesia se preocupó por fundamentar teóricamente la situación de hecho: de un lado sacaba todas las ventajas que aquella circunstancia singular le ofrecía y por el otro trataba de crear las condiciones para su eliminación. En frase de Américo Castro la tolerante estructura social medieval en España fue el «resultado de un modo de vivir y no de una teología». La Iglesia y los representantes de los otros grupos religiosos estaban teóricamente en contra de aquel orden y no hacían nada por conservarlo. La Iglesia oficial, en simbiosis con el poder civil, aceptaba esta situación sin canonizarla. La consecuencia inmediata de tal situación fue una sociedad multicultural que se diferenciaba enormemente de los postulados de la uniforme cultura cristiana en Occidente, determinada fundamentalmente por un ideario clerical, es decir, por los intereses de curas y frailes. El grado de literalidad y formación científica de los judíos, cristianos y musulmanes fue, a lo largo del Medioevo español, muy diferente. Durante el dominio árabe fueron los musulmanes y su clase dirigente la que determinó las nervatura cultural en la península ibérica. En todas las manifestaciones culturales, desde la arquitectura a la música, la cristiandad española se adaptaba a su entorno. Con el dominio cristiano la cultura de los musulmanes, casi todos en menesteres agrícolas y artesanales, fue descendiendo paulatinamente, aunque no hay que olvidar que esos musulmanes sabían leer, pues por exigencias de su religión tenían que recitar los textos coránicos. La población judía fue conservando un alto grado de cultura y fueron desempeñando en la sociedad multirreligiosa bajo dominio cristiano una función de portadores de cultura, ejerciendo oficios que exigían un alto nivel de alfabetización. La cultura judía registró en la España medieval una verdadera edad dorada. En sus aljamas no sólo se cuidaban las ciencias relacionadas con el estudio de la Biblia, su alto nivel cultural motivó que numerosos judíos ocupasen en la administración de los estados cristianos puestos clave y ejerciesen una enorme influencia en las finanzas y estructuras administrativas de los mismos. También hubo judíos en otras partes de Europa. Fuera de España, sin embargo, vivían marginados y tuvieron que esperar al siglo XIX para emanciparse y afirmarse dentro de la sociedad. La conocida tesis de Américo Castro sigue siendo válida: mientras la historia de la Europa medieval se puede exponer sin nombrar a los judíos, la historia de España no se puede explicar sin considerar la acción e influjo de las aljamas judías. Frente al alto nivel cultural de los judíos, se constata con claridad un alto déficit cultural en las masas cristianas. La cristiandad española era una sociedad de frontera, una sociedad que había encontrado su identidad en la lucha contra el infiel. La ideología de la clase dirigente estaba dictada por las armas y no por las letras. El catálogo de virtudes del cristiano español correspondía a una mentalidad militar y a un ideario castrense sin concesiones hacia manifestaciones de carácter cultural o humanístico. Al término de la primera gran expansión de los reinos cristianos a finales del siglo XIII, la cristiandad española hizo enormes esfuerzos por recuperar la tradición cultural musulmana y afirmar su hegemonía política en el campo de las letras. Con el apoyo de intelectuales judíos se procedió, sobre todo bajo Alfonso X, el Sabio, a una traducción y asimilación del acervo cultural árabe. Esta acción no sólo supuso un enorme empuje a las estructuras jurídicas de los reinos hispánicos, sino también en la literatura y en las artes plásticas. La labor cultural de los cristianos españoles, sobre todo en la traducción de la ciencia árabe, influyó en Europa y fue, sin duda alguna, la mayor aportación de España a la cultura europea. Esta cultura cristiana, empapada de tradiciones musulmanas y judías, que se fue estableciendo en España se diferenciaba substancialmente de la cultura clerical tal y como se desarrollaba en la Europa cristiana bajo los postulados teológicos y jurídicos de las universidades de París y Bolonia. La cultura de los reinos cristianos descuidaba sus vínculos con la cultura de la cristiandad europea. Sobre todo en el pensamiento jurídico se ignoraban sacrosantos principios de la tradición civil y canonística de corte cristiano. Los juristas de la curia romana y la ciencia oficial desconfiaban de los fundamentos jurídicos del orden social de la cristiandad española. La famosa fundación de un colegio para estudiantes españoles en Bolonia, promovida por el influyente cardenal Gil de Albornoz, tenía como finalidad primaria la formación de juristas según el espíritu del derecho romano cristiano tal como se concebía y se venía dictando en los medios intelectuales de la jerarquía eclesiástica. Con ello se pretendía frenar el camino especial y las estructuras originales de la sociedad hispana cuyo derecho estaba influenciado por las concepciones del derecho judío e islámico, que imperaban todavía en numerosas estructuras vitales de la sociedad hispana. También las compilaciones de Raimundo de Peñafort, que tanto éxito tuvieron en la formación del Derecho eclesiástico, contribuían a dejar en claro las bases jurídicas de la sociedad cristiana y a crear un cuerpo jurídico único y válido para toda la cristiandad bajo la clara y decidida superioridad del obispo de Roma. El golpe decisivo a la estructura multicultural en España lo dieron los frailes mendicantes. Los dominicos y los franciscanos dependían directamente de Roma y estaban exentos de la jurisdicción territorial de los obispos. Toda su labor pastoral estaba dictada por los postulados monárquicos y exclusivistas del Papa romano. La formación intelectual de los frailes estaba dictada por la Universidad de París, donde muy pronto se hicieron fuertes, determinando decisivamente el desarrollo de la cultura cristiana occidental. Desde un punto de vista estrictamente cristiano, la cultura que se desarrollaba en España bajo el influjo de la ciencia árabe y judía no estaba en consonancia con los ideales unitarios de la cristiandad. El orden social que se imponía en España era un escándalo más allá de los Pirineos. Sobre todo, el trato que se daba a los judíos era criticado dura y constantemente desde la Curia romana. En España no se regulaba la convivencia y el trato con los judíos con la rigidez que se imponía en Europa. Tampoco se dictaron normas sobre su vestimenta y obligaciones de tipo social. Los europeos constataban en España un estilo de vida que difería fundamentalmente del estilo de vida cristiana en el resto de Europa. Cuantos más extranjeros visitaban España tanto más cundía el escándalo y la incomprensión sobre formas de vida extrañas al resto de la cristiandad. Pero fue, sobre todo, cuando los españoles empezaron a atravesar los Pirineos, donde se dejaron constatar más esas diferencias. La representación de lo español como algo no acorde con lo europeo surge preferentemente en las repúblicas marineras de Italia cuando los «hispani» procedentes de la franja mediterránea de la península ibérica, comienzan a mostrar sus pretensiones de dominio en las islas del Mediterráneo occidental. Poco a poco, se va formando en Europa una actitud de reserva frente a todo lo hispano. Los europeos comienzan a ver en España un país de frontera no del todo cristianizado con costumbres que califican, por el mero hecho de no darse en el resto de Europa, de no cristianas y contaminadas de islamismo y judaísmo. Con el término «español» se denomina todo lo que resulta extraño y se sale de la norma. Aún hoy en alemán para decir que una cosa nos suena a chino se utiliza, en lugar de «chino», e1 término «spanisch». Los viajeros del resto de la cristiandad occidental constatan en aquella tierra, para ellos tan lejana como hoy para nosotros la China, raras reglas de conducta. En las cortes y en las ciudades anotan raras costumbres y comportamientos orientalizantes que, unidos a una presencia masiva de miembros de otras religiones, causan extrañeza, admiración y, en espíritus pusilánimes, temor por la pureza de la fe. El lema «Spain is different» se hizo realidad en las conciencias europeas mucho antes que lo hiciera suyo la propaganda turística. La imagen de España toma las conturas clásicas de una representación colectiva sobre una nación y cualidades diferenciales de un pueblo. Las afirmaciones sobre los hombres de la península ibérica son cada vez más tajantes y negativas. En ellas se expresa el miedo a perder aquella idealizada identidad cristiana y el claro orden jerárquico que ella implicaba. Esa representación negativa se hace lugar común en la literatura oral y escrita de los pueblos europeos. El español es un mal cristiano, una mezcla de judío, cristiano y moro, un medio judío, un medio moro o un cristiano judaizante. Esta imagen se propaga sobre todo cuando la casa real de Cataluña y Aragón comienza a poner en práctica sus pretensiones imperialistas por el mar Mediterráneo. Aquellos mercaderes, aventureros, marineros y guerreros a sueldo que merodeaban por los centros del comercio marítimo en la Italia septentrional o entraban a sangre y fuego por tierras de Grecia y Sicilia eran «hispani» y como tales se les denominaba y temía. Las brutales aventuras del caballero de origen germánico Roger de Flor o de aquel caballero calabrés Roger de Launa al mando de mercenarios catalanes entraron en la historia de los pueblos que las sufrieron como obra de españoles. Esos «españoles» desdecían en los centros donde prevalecía la refinada cultura de la naciente burguesía mercantil italiana. Aquellos «hispani» por donde pasaban imponían nuevos criterios de dominio destruyendo la formal y rígida estructura de su entramado social. Al español se le odia y se le identifica con un objeto ya anteriormente odiado y despreciado en la cristiandad: el judío y el moro. Los italianos veían en la raza española rasgos de las odiadas razas judía y mora. Los españoles pertenecen a un pueblo impuro y proceden de una sociedad no del todo ortodoxa, una sociedad no del todo integrada en la sociedad cristiana. Esta representación del español, que con tanto cuidado y fidelidad a las fuentes ha descubierto el investigador sueco Sverker Arnoldson y magistralmente ha interpretado Pierre Chaunu, es el comienzo de algo que se puede, o no se puede, llamar «leyenda negra». Sea negra o blanca, fue una representación colectiva que tuvo una larga cola. Esa imagen nacida en Italia se propagó por el norte de Europa como secuela de las guerras de religión. Se utilizó como propaganda bélica para desprestigiar al enemigo español. Con ella se pretendía frenar la expansión de una nación periférica defensora del Papa identificándola con las odiadas razas no cristianas. Para el europeo es España una tierra de raza inferior y dudosa ortodoxia. Esta representación colectiva se fue afianzando y reforzando porque en ella se iban recogiendo solamente aquellos aspectos que apoyaban los prejuicios ya admitidos. Así, en la propaganda antiespañola de los franceses durante las guerras de Italia, el rey de Aragón es un «fis de marran et marrane». Para el poeta alemán Opitz los españoles son «scheubliche Maranen, Scheinchristen und Dreckskerle» (horripilantes marranos, cristianos sólo en apariencia y tipos puercos). Martín Lutero, por ejemplo, prefería ver Alemania dominada por los turcos que por los españoles. Es decir, Lutero prefería verse bajo el dominio de los árabes otomanos que bajo los judíos o árabes magrebíes. En resumidas cuentas: la cristiandad occidental veía en España una tierra donde no se había logrado plenamente la cristianización. Cuando esos mediocristianos comienzan a dominar con sus ejércitos el norte de Europa, se levanta la conciencia cristiana de esas naciones y deja al descubierto tendencias nacionalistas y racistas recubiertas de un manto religioso. Esta visión tan negativa e insistente hería de lleno la conciencia y el orgullo de los cristianos españoles. La nobleza hispana, que siempre se preocupó en demostrar su ascendencia gótica, se consideraba tan cristiana como el que más. ¿No habían luchado durante siglos en la vanguardia de la fe defendiendo y extendiendo las fronteras de la cristiandad? El altivo hidalgo español que constataba esa imagen negativa por Europa adelante no podía comprender como alguien podía dudar de la pureza de su cristianismo. Sin este contexto malamente podríamos llegar a comprender con que seriedad y extrema consecuencia los españoles se dedicaron durante siglos a demostrarle al mundo la pureza de su sangre cristiana. Todo un género literario que floreció en los siglos XVI y XVII y que se podría denominar «Laudes seu defensio Hispaniae» se dedicó a contrarrestar esa propaganda negativa sobre las gentes de España. Este tipo de literatura tuvo su corona en la magna y hoy, por desgracia, poco leída y reconocida versión latina de la Historia de España del jesuíta Juan de Mariana, quien página a página va construyendo una idea de España en claro contraste con las representaciones negativas relativas a su nación que el había conocido todavía muy joven en sus estancias en Italia y Francia. Esta defensa de España solía comenzar con la demostración de la pureza cristiana de raza y fe de los habitantes de la península ibérica llamados por Dios a ser punta de lanza en la lucha por la expansión del cristianismo. Todo el impresionante tinglado de los estatutos de limpieza de sangre y aquella burguesía traicionando sus orígenes en una costosa carrera por conseguir cartas de hidalguía, es decir, todas aquellas cosas relativas al linaje que marcaron la convivencia española en los primeros siglos de la modernidad son, en gran parte, reacción a este herido orgullo de raza. Los españoles querían demostrar al mundo la integridad de su religión. Integrarse plenamente en Europa significaba eliminar el pasado judío y musulmán que la especial situación de frontera había impuesto en la sociedad española, es decir, los hechos diferenciales de la cristiandad española frente a la europea. Con cierto tono provocativo se podría decir que España dejó de ser una sociedad abierta a otras culturas y religiones en el momento en que pretendió, a toda costa, integrarse en la cristiandad europea. Una cristiandad que defendía un modelo de sociedad cerrado, totalmente cristiano, sin concesiones a otras religiones o formas de vida. El modelo europeo de cristiandad acabó con todos los intentos de integración de las otras comunidades religiosas y sus secuelas culturales en el cuerpo social español. La sociedad española pretendió cristianizar sus estructuras según la normativa europea de sociedad cristiana. Los modelos ensayados en España estaban en abierta contradicción con la visión clerical y exclusivista de la cristiandad europea. Europa exigió de España la reconquista de su identidad cristiana sin concesiones a formas de convivencia o formas de cultura que ponían en entredicho la intolerante concepción exclusivista del «orbis christianus» donde sólo cabía una alternativa: creer en Cristo o morir. España dejó de ser tolerante cuando se quiso adaptar al modelo de cristiandad propugnado en Europa. En frase de Pierre Chaunu: «la intolerancia entró en España con vientos que venían de fuera». La progresiva integración de la España medieval en la cristiandad europea tiene un paradójico epílogo. Aquella zona de la cristiandad a la que se le imputaba una cierta negligencia en aceptar las reglas sociales comunes a la cristiandad medieval se convierte, durante los primeros siglos de la Edad Moderna, en defensora a ultranza de todos aquellos presupuestos que tanto le había costado recuperar. Cuando una Europa dividida en naciones se preocupaba y luchaba por intereses particulares, interesándole un pito todos los programas de carácter universal que Roma y su clerecía seguían declamando, seguía España creyendo y esperando contra toda esperanza que se podían defender los sacrosantos valores de una cristiandad unida en un destino común. En el altar de la defensa de esos valores universales no se dudaba en sacrificar otros valores civiles y entorpecer el desarrollo de los derechos y libertades del individuo, tal y como imponían los nuevos tiempos. Aquella España, que apenas había conocido la Inquisición medieval, desarrolló en la Edad Nueva una nueva Inquisición cuyo inicial objetivo fue erradicar todo el substrato judío en su cuerpo social. Un perfecto control ideológico que se puso al servicio de unos ideales obsoletos que ningún estado en su entorno se atrevía ya a hacer suyos. |
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CISNEROS y LA REFORMA DEL RITO HISPANO-MOZÁRABE*
Ramón Gonzálvez Ruiz Catedral de Toledo
1. EL RITO HISPANO-MOZÁRABE
La liturgia que se usó comúmnente en las iglesias de la Península Ibérica hasta fines del siglo Xl se ha conservado en numerosos códices de letra visigótica y, por ese motivo, es uno de los ritos latinos del occidente cristiano mejor conocidos, Considerada desde hace tiempo como una reliquia viviente, se ha perpetuado hasta nuestros días en la Capilla Mozárabe de la Catedral de Toledo y en dos parroquias personales. Por su antigüedad y riqueza es tenida por una de las creaciones más originales del espíritu hispánico de todos los tiempos. Su gran caudal eucológico y litenlfio, reflejo de la creatividad de los siglos de la Tarda Romanidad y de Alta Edad Media, ha sobrevivido hasta hoy gracias a la clarividencia del cardenal Cisneros.
En el transcurso de los siglos ha recibido diversos apelativos. Después de la invasión musulmana fue conocida generalmente con los nombres de mozárabe y de toledana. El primero de ellos se le aplicó, por razón de que fueron los mozárabes, es decir, los cristianos que vivieron bajo los musulmanes en la España medieval, quienes la conservaron y transmitieron. Por los mismos siglos se la llamó también toledana, porque la sede de Toledo había ostentado una verdadera primacía eclesiástica en todas las tierras de la antigua Hispania y sus prácticas litúrgicas y canónicas vinieron a ser como el módulo por donde se regían las otras diócesis peninsulares. Con el advenirrúento del humanismo español en el siglo XV, sin que se perdiera la palabra mozárabe, se introdujo la denominación de gótica, pues se entendía que su creación se debía a los grandes Padres españoles de aquella época. Más específIcamente se atribuyó
* Conferencia pronunciada en el Congreso sobre la «Cisneros y la Biblia Complutense», cclchrado en la Loyola University, Chicago (USA), 7 a 12 de junio de 1999.
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a los Padres sevillanos san Leandro y san Isidoro; de ahí que después de la reforma cisneriana se le añadiese el calificativo de isidoriano, cuyo alcance real comprobaremos después en este trabajo, Estos nombres coexistieron con los otros hasta el siglo de la Ilustración, bien entendido que en Toledo se prefelÍa siempre el de mozárabe. Johannes Pinius, que realizó su Jter Hi5panicum en 1721 y residió largos meses en Toledo, captó bien el problema terminológico y pretendió integrarlos, agrupándolos a todos'. Posteriormente se añadió el título de visigótica. En el siglo XX algunos historiadores han puesto en cuestión la exactitud de las anteriores denominaciones y han preferido la de hispánica, porque los estudios históricos sobre sus olÍgenes pusieron de manifiesto que no fueron los visigodos los creadores de este venerable rito, sino que ellos lo recibieron ya formado en sus estructuras básicas, aunque sí 10 perfeccionaron y lo unificaron. Hoy predomina un cierto eclecticismo y se suele emplear conjuntamente el término compuesto de hispano-mozárabe para designarlo. Este criterio ha prevalecido en la última reforma, de manera que con ese nombre han salido a la luz los libros litúrgicos de la edición oficial, producto de las profundas revisiones de la década pasada. Quien más tesón puso modemamente en la cuestión del nombre fue el benedictino dom Brou, el cual, sin embargo, en sus trabajos posteriores no fue siempre fiel a sus propias convicciones:?:.
En este Congreso que tiene como punto focal al cardenal Cisneros y su obra, mi trabajo se va a fijar en tomo a la reforma de aquel rito que él promovió afanosamente cuando llegó a la mitra de Toledo. Creo que 10 que diremos después sobre su tarea restauradora no sería plenamente inteligible, si no damos antes algunas pinceladas introductorias sobre la historia y las características principales del rito hipano-mozárabe.
2. LA FORMACIÓN DE I~A LITURGIA HISPANA
En la Edad Media fue creencia común que el rito practicado en las parroquias mozárdbes de Toledo había sido instituido por los dos santos
Johanncs PINIL'S, TractafLlS historico-chronojogicus de Liturgia Hispanica, COflliea, Isidoriana, Mozarabica, Tbletana, Mixta (Antverpiae 1729), Una versión española de esta ohra, debida a don Pedro Camino y Velasco. párroco de la iglesia moárahe de san Sehastián de Toledo, se conserva inédita en la Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha. Cfr. Francisco ESTEVE BARBA, Catálogo de los manuscritos de la Colección Borbón-Lorenz.ana (Madrid 1942) núm. 223. Louis BROlJ, «Liturgie 'mozarabe' ou Iirurgie hispaniquc?», }<.'phemerides Liturgicae 63 (1949) 66-70.
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hermanos, Leandro e Isidoro, obispos de Sevilla en los siglos VI y VII. La tradición es probablemente de origen toledano. El primer cronista que la recoge es don Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo en la primera mitad del siglo XIII'- Pero quien dejó constancia de la razón en que se fundamenta dicha creencia fue el canciller don Pedro López de Ayala en sus crónicas escritas en torno a 1400. Con la apelación a la teoría de las dos variantes que reclamaban a los dos obispos sevillanos como el origen de sus ritos, el canciller pretendía dar una explicación del singular fenómeno litúrgico que él mismo había observado en las parroquias mozárabes de Toledo. Existían entonces seis parroquias mozárabes en la ciudad. Dentro de la unidad sustancial del rito, tres de ellas seguían una tradición propia y las otras tres otra un tanto diferente. Las divergencias eran llamativas como, por ejemplo, el que en el grupo que seguía la tradición A celebraban cinco domingos de adviento y las que seguían la tradición B celebraban seis. Las diferencias se advertían también en la disposición de las lecturas, en los dípticos, en las antífonas, en la fracción del pan y en otros muchos pormenores de no pequeño momento. Había que justificar esta sorprendente disparidad ritual y nada mejor para ello que acogerse a la autoridad de estos dos santos de indiscutible prestigio como punto de arranque de cada una de estas variantes. El canciller de Castilla parece que se hizo eco de una leyenda popular largamente difundida, cuyos principios se remontan probablemente al siglo XII4
Johannes Pinius, el primer tratadista que abordó el problema de los orígenes de la liturgia hispana desde una perspectiva metodológica rigurosa, señaló que su formación tenía que estar esencialmente vinculada al proceso de cristianización de la Península, porque la celebración de la fe es un paso inmediatamente posterior al de su aceptación. Con mucha frecuencia el evangelizador era también el ministro del culto. El planteaITÚento de Pinius era correcto. Pero los testimonios históricos y arqueológicos de los tres primeros siglos que han llegado a nosotros son tan escasos y fragmentarios que se hace sumamente difícil reconstruir con seguridad las etapas iniciales de la propagación del cristianismo en España. Basados en indicios de significación dudosa para nosotros, algunos historiadores
3 Rodrigo JIMÉNEZ DE RADA, De rehus Hispaniae, Lib. IV, Cap. 111. Patrum Toletanorum Opera, ed. Lorenzana, III (Madrid 1793) 77. Traducción castellana con el nombre de Historia de los Hechos de España. Introducción, traducción, notas e índices de Juan FERNÁNDEZ VALVERDE (Madrid, Alianza Editorial 1989) 163.
4 Ramón GONZÁLVEZ RUIZ, «El canciller don Pedro López de Ayala y el problema de las dos tradiciones del rito hispánico», Liturgia y música mozárabes (Toledo 1978) 105-111.
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modernos han propugnado como indiscutible el origen romano del cristianismo peninsular desde mediados del siglo III, mientras que otros se han inclinado más bien por un origen africano, o, mejor, cartaginés, Hoy se piensa más bien en una procedencia geográfica múltiple de los primeros evangelizadores que llegaron al territorio'. Por tanto, se rechazan las teorías que daban por incuestionable que la evangelización venía en exclusiva sea de Roma, sea de Cartago, sea de Oriente. Aunque no sabemos prácticamente nada del estado del culto cristiano en la Península durante los tres primeros siglos, se supone que cada uno de los propagadores del evangelio llegados de fuera difundieron los ritos litúrgicos vigentes en sus puntos de procedencia. Así pues, las primeras prácticas litúrgicas afincadas en la Península pueden tener un origen sumamente variado y en esta fase embrionaria todas ellas coexistirían sin fricciones, modificándose paulatinamente y adaptándose a las peculiaridades locales. Las huellas de esta situación son aún perceptibles en la liturgia hispana, pues se advierten en ella int1ujos de la romana, de la galicana, de la ambrosiana, de la africana de Cartago, de la copta y de la bizantina. Pero, a decir verdad, tales síntomas no son explicables exclusivamente por el origen de los misioneros, sino también por el hecho, bien comprobado, de que en tiempos posteriores todas las iglesias de Oriente y Occidente, sobre todo éstas últimas, intercambiaron textos eucológicos mediante el trueque de libe/li missarum, los cuales eran adaptados después con más o menos modificaciones a las situaciones locales. En este sentido la liturgia hispana no sólo tomó préstamos de los usos de las liturgias hermanas, sino que, a su vez, dejó sentir su int1ujo en todas las otras del Occidente latino, porque sus libel/i también circularon con profusión. Estos intercambios son más bien posteriores a la época teodosiana.
La historia de la liturgia hispana, cuyas estructuras fundamentales estaban ya firmemente constituidas antes del año 400, demuestra que se dio un proceso histórico en el que, partiendo del hecho inicial de la disparidad litúrgica de las diversas iglesias hispanas, se fue avanzando con pasos firmes hacia la unificación de la liturgia. El instrumento fundamental de esta evolución fueron los concilios celebrados en la España romana y visigótica, asambleas en las cuales se reunían y conocían los obispos y en las que se manifestaban con mayor evidencia las disparidades litúrgicas.
Manuel SOTOMAYOR, «Los testimonios históricos más antiguos del cristianismo hispano», Historia de la Iglesia en t:spaña, dirigida por R. GARCiA-VILLOSL¡[),, I (Madrid 1979) 35-80.
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En ellos se advierte una primera etapa en la que las sedes metropolitanas jugaban e! papel unificador respecto de las diócesis sufragáneas. El proceso pasó a tomar una dimensión superior cuando el asunto se incluyó en la agenda de un concilio de rango nacional. porque a los padres conciliares les parecían un escándalo las discrepancias existentes entre las distintas diócesis españolas en esta materia. Esto tuvo lugar en el Concilio IV de Toledo de! año 633. presidido por san Isidoro de Sevilla. Dicho concilio legisló abundantemente en temas litúrgicos. con vistas a consumar la ansiada unificación que ya había comenzado. (Canon 11: De uno ordine in ministeriis vel officiis in cunctis ecclesiis celebrando)6.
En unos tiempos en que las comunicaciones eran tan dificultosas. el proceso de la asimilación de las nonnas legales era sumamente lento. Por eso. no debe sorprender que el decreto de unificación litúrgica emanado en el Concilio IV de Toledo no tuviera un efecto inmediato. La implantación de este tipo de medidas requería tiempo y gastos considerables, como se ha podido comprobar modernamente con motivo de la refonna introducida por el Concilio Vaticano 11. Las mudanzas en unas estructuras eclesiásticas de naturaleza tan conservadora como es la liturgia, necesitan de unos plazos bastante dilatados, no solamente para copiar y renovar lós libros litúrgicos, sino también para introducir y asimilar psicológicamente las novedades.
Lo prescrito por e! Concilio IV de Toledo no había llegado aún a su culminación final cuando tuvo lugar la invasión de la Península Ibérica por los musulmanes en el año 711. Este acontecimiento produjo tales trastornos políticos y sociales que por necesidad tuvo que afectar también al proceso de unificación litúrgica. Por lo pronto quedó bruscamente interrumpida la magnífica serie de los concilios nacionales, en que se reunían periódicamente los obispos para deliberar acerca de cuestiones políticas y religiosas. Con la llegada de los invasores las cristiandades españolas quedaron bastante incomunicadas entre sí y se les plantearon asuntos mucho más urgentes que atañían a la propia supervivencia del cristianismo, de forma que el proceso de la unificación litúrgica quedó relegado a un segundo lugar. Mientras que la refonna ya estaba consumada en unas regiones peninsulares a principios del siglo VIII, en otras no se había llegado al término previsto. De esta manera, a partir de entonces se consolidaron las dos variantes litúrgicas dentro del rito hispánico, variantes que son conocidas comúnmente por los liturgistas, como ya hemos dicho,
José VIVES et al., Concilios visigóticos e hispano-romanos (Barcelona-Madrid 1963) 188.
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con los nombres de tradiciones A y B. Es una persuasión bastante común entre los historiadores la convicción de que la primera es propia de Toledo y la segunda de Sevilla y de la región bética. Ya hemos señalado que entre ellas hay numerosas diferencias rituales'.
3. EL RITO HISPÁNICO EN LA ERA MOZÁRABE
Los musulmanes llegados a la Península fueron una minoría en comparación con la población autóctona. En una sola batalla decisiva derribaron las estructuras políticas de la monarquía visigoda. Para afianzar sus conquistas, se constituyeron en casta militar dominante y en dueños de la tierra, que pasó a ser Dar al-Islam. Por conveniencia y por influjo de la tradición coránica, emprendieron una política de relativa tolerancia en asuntos religiosos, al mismo tiempo que explotaban económicamente a los vencidos con impuestos moderados, pero permanentes, como si fueran extranjeros protegidos. Las masas indígenas, que ya estaban cristianizadas casi en su totalidad, pero con una impregnación catequética todavía superficial, se encontraron de pronto desprotegidas de los poderes públicos. En cuanto a los vencidos, unos se mostraron complacientes y colaboraron con los invasores, otros resistieron a la espera de la llegada de tiempos mejores y otros finalmente islamizaron sin escrúpulcs. Los que prefirieron mantenerse fieles a su fe recibieron un estatuto jurídico de protección como gentes del libro, que les aseguraba una cierta libertad religiosa en el interior de sus iglesias, a cambio de la prestación de tributos personales y reales. Estos últimos fueron llamados mozárabes.
Los cristiano" de los pequeños reinos del norte, pocos en número, a veces divididos y con tropas muy escasas, iniciaron la recuperación de las tierras de sus mayores por medio de la guerra. Después de muchas alternativas y de frecuentes reveses militares, en el siglo Xl lograron invertir el equilibrio de las fuerzas en su propio favor, aprovechando la debilidad de los enemigos. La reconquista de Toledo en 1085 supuso la incorporación de la mitad del territorio de la Península al señorío de los reyes cristianos castellanos"' Los mozárabes de Toledo, todavía muy
7 Jorge PINELL, «Liturgia hispánica», Diccionario de Historia de la Iglesia de España 11 (Madrid 1972) 1.305.
8 Bemard F. REILLY, El Reino de León y Castilla bajo el Rey Alfonso VI (1065-1109) (Toledo 1989) 183-206.
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numerosos, llevaban en esos momentos trescientos setenta y cuatro años bajo la dominación musulmana.
Aquella fue una época de grandes cambios en España y en toda Europa. La toma de Toledo por los cristianos provocó una fuerte reacción de la España musulmana sureña contra los disidentes religiosos internos, los cuales fueron expulsados en masa de sus territorios. De esta forma los mozárabes andaluces huyeron hacia los reinos cristianos, especialmente hacia Toledo y sus alrededores, donde fueron bien acogidos. Se conocen los nombres de seis obispos y de otros muchos dirigentes religiosos que arribaron a la ciudad en un éxodo que duró más de un siglo. Venían acompañados de sus comunidades y cargados con sus libros, reliquias y objetos de culto". Los que se asentaron en la ciudad recibieron tres parroquias personales, sin demarcación territorial, para que practicasen su peculiar tradición litúrgica de origen bético. Por su parte, los mozárabes nativos de Toledo disponían de otras tres parroquias personales, para que en ellas diesen culto a Dios según la suya reunificada'o De esta forma sin ninguna dificultad convivieron en Toledo durante siglos las dos tradiciones de la liturgia mozárabe hasta el pontificado del cardenal Cisneros.
Pero todo esto no sucedió sin notables contratiempos. Porque unos años antes de la conquista de Toledo el papa Gregario VII había iniciado una profunda reforma de la iglesia universal. Dentro de sus planes entraba la idea de recuperar a la iglesia española, demasiado periférica y autónoma, para sujetarla firmemente a la romana. De él partió la iniciativa de suprimir en los reinos de España la liturgia hispánica e implantar la romana. El papa fue obedecido en los dominios de los reyes cristianos, pero el rey castellano no pudo implantar el cambio en las tierras musulmanas y así los cristianos mozárabes siguieron practicando su rito imperturbadamente. Por otro lado, Alfonso VI no extendió el decreto del Concilio de Burgos de 1080, en que se ejecutaba la orden papal, a los mozárabes acogidos a su reino. Con el paso del tiempo, los mozárabes de Toledo y sus contornos, huidos o no de al-Andalus, por la vía de la costumbre, convertida después en derecho, pudieron seguir con la práctica de su rito ancestral en la España cristiana sin ser molestados.
9 Ramón GONZÁLVEZ RUIZ, «Toledo. último reducto del mundo mozárabe», Los mozárabes. Una minoría oh'jdada (Sevilla, Fundación El Monte, 1998), 47~86.
10 Julio GONZÁLEZ GOl"ZALEZ, «Los mozárabes toledanos desde el siglo XI hasta el cardenal Cisncros>" Historia mozárabe (Toledo, 1978), 79-90.
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4. LOS MOZÁRABES EN EL REINO CRISTIANO DE TOLEDO
La vida de las comunidades mozárabes de Toledo en los siglos XII y XIlI constituye uno de los fenómenos históricos más extraordinarios de la Edad Media española. Se habían arabizado en el sentido cultural, pero no abandonaron jamás la fe cristiana heredada de sus antepasados. Hablaban el árabe como lengua materna y lo estudiaban en sus escuelas, pero, al mismo tiempo, sus dirigentes dominaban el latín y todos ellos se expresaban también corrientemente en el romance castellano de la calle. Su bilingüismo en los dos idiomas cultos del tiempo (el latín y el árabe) les permitió servir de puente entre ambos mundos y así prestaron un servicio de inestimable valor a la obra de las traducciones arábigo-latinas que llevó a cabo la Escuela de Traductores de Toledo en dichas centurias.
Los mozárabes de Toledo se organizaron civilmente como una comunidad autónoma en el interior de la vida ciudadana. gozando del privilegio de ser gobernados según sus leyes por sus propios alcaldes y magistrados. A su lado vivían otras minorías cristianas igualmente privilegiadas. como los castellanos. que eran los más numerosos, y los francos venidos de tierras extranjeras. También convivieron en armonía con los vecinos judíos y musulmanes, comunidades no cristianas de menor entidad poblacional, pero igualmente privilegiadas". Los siglos XII y XIII son la época dorada de los mozárabes toledanos".
Con el tiempo, los mozárabes de Toledo comenzaron a diluirse en el seno de la masa cristiana castellana mayoritaria y a perder algunos de los rasgos propios de su identidad como grupo social. Durante el siglo XIII muchos mozárabes toledanos marcharon a Andalucía a repoblar las tierras recién arrebatadas a los moros. Hacia 1300 dejaron de escribir sus documentos en árabe. Sabemos también que por ese tiempo sus escuelas habían descuidado en parte la misión de transmitir adecuadamente la educación de los jóvenes aspirantes a la clerecía mozárabe. La crisis escolar repercutió gravemente en la observancia del rito, de forma que en algunas de sus iglesias parece que hubo clérigos adscritos que desconocían su liturgia, los cuales celebraban, por simple comodidad, según los usos de la liturgia romana. La enérgica intervención del arzobispo don Gonzalo
1 [ Ángel GONzALEZ PALENCIA, Los mozárahes de Toledo en !os siglos XII )' XIII. 4 vols. (Madrid 1926-1930).
12 Francisco J. HERNÁNDEZ. «Los mozárabes del siglo XII en la ciudad y en la iglesia de Toledo», To!etvm 16 (1985) 124.
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Pétrez, que era de origen mozárabe, salvó por el momento a la liturgia hispánica del peligro inminente de extinción. Contó con la colaboración de un destacado personaje, Jofré de Loaysa, que era arcediano de Toledo. Con las adecuadas medidas se renovaron los cuadros de la clerecía, se copiaron nuevos libros de culto y se infundió un nuevo impulso a la vida de las comunidades hacia fines del siglo XIII".
Desde entonces la marca de identidad de los grupos mozárabes dejó de ser la lengua y pasó a serlo casi en exclusiva la pertenencia al peculiar rito litúrgico de sus parroquias. De ellos nos da noticias el canciller don Pedro López de Ayala en el siglo XIV, como ya dijimos anteriormente, pero apenas sabemos nada de la vida de estas comunidades cristianas en una centuria tan marcada por grandes trastornos sociales, como la peste negra y la guerra civil en Castilla. Sabemos que las estructuras parroquiales mozárabes permanecieron inmutadas, pero es seguro que el número de sus feligreses no cesó de disminuir.
Para la primera mitad del siglo XV nos queda el testimonio de don Juan Vázquez de Cepeda, obispo de Segovia (1398-1437), un hombre buen conocedor del mundo de los mozárabes y él mismo relacionado con Toledo. Aunque oriundo de Tordesillas, es muy probable que hubiera desempeñado algún beneficio en las parroquias mozárabes toledanas, pues conocía muy bien su liturgia y tenía a gala celebrar en ocasiones solemnes según sus nonnas ceremoniales. Imbuido ya claramente por el humanismo y ante el estado de postración del rito mozárabe en Toledo, intentó salvarlo mediante un procedimiento muy similar al que pondría en práctica Cisneros a comienzos del siglo siguiente. Uno de los finnes propósitos de la vida de este hombre de buenas intenciones radicó en hacer algo por la recuperación del oficio mozárabe, ya que «es venido en oblivio e olvidanza, por manera que en una iglesia de Toledo do se guarda el dicho oficio los clérigos non saben cantar nin ordenar el dicho oficio». Por eso, él dispuso en su testamento que con sus bienes se creara una capilla en Santa María de Aniaga, que habría de ser servida por ocho clérigos y cuatro sacristanes, los cuales celebrarían según las prescripciones del oficio mozárabe. Se trataba de crear fuera de Toledo un hogar de adopción para el venerable rito hispano, servido por clérigos de formación romana, por tanto, sin conexión
13 Ramón GONZÁLVEZ Ru!z, «El arcediano de Toledo Jofré de Loaysa y las parroquias urbanas de Toledo en 1300;.), Historia Mozárabe (Toledo 1978) 91-148. Completar estos datos con los que aparecen en mi obra Hombres )' Lihros de Toledo (Madrid 1997) 382-385.
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con mozárabes de sangre, que en su diócesis de Segovia no existían l '. El proyecto de este obispo ejemplar, lleno de buena voluntad, no obtuvo el éxito deseado, a pesar de que dejó confiada su fundación a la reina de Castilla. Pero al menos tuvo el mérito de llamar la atención sobre los riesgos que se cernían sobre la supervivencia del antiguo rito hispano. De forma indirecta Vázquez de Cepeda infonna del estado de decaimiento de la venerable liturgia hispana en Toledo, al asegurar que las parroquias mozárabes habían llegado a un grado extremo de pobreza. Y no era eso lo peor, sino que sus servidores desconocían las ceremonias y el canto. Ambas cosas se encontraban en sus libros litúrgicos, copiados siglos antes en letra visigótica, que muchos ya ni siquiera sabían leer.
Todos los datos históricos que poseemos de la segunda mitad del siglo XV no hacen otra cosa que acentuar el pesimismo sobre el debilitamiento generalizado del antiguo rito hispano en Toledo. Así, en el Sínodo de Alcalá de 1480, el arzobispo don Alonso Carrillo, inquieto político pero convertido en reformador al final de sus días, aseguraba que el oficio mozárabe había «venido en grand detrimento e disminución», decadencia que él atribuía al hecho de que los beneficios de las parroquias mozárabes no se conferían ya a clérigos bien instruidos en sus ceremonias y los que las sabían ni las practicaban ni las enseñaban a los otros. En suma, comprobamos que las corruptelas de fines del siglo XV coincidían con las que ya había señalado el arzobispo don Gonzalo Pétrez a fines del XIII: Abandono del oficio propio por el romano y negligencia en la enseñanza que se impartía a los jóvenes en las escuelas parroquiales. Las parroquias no funcionaban bien, porque la enseñanza en las escuelas mozárabes no se ajustaba a las fórmulas tradicionales. El remedio propuesto por el sínodo consistía en declarar inválidas «de aquí adelante» todas las provisiones de beneficios en las parroquias mozárabes a clérigos que desconociesen las ceremonias propias de su oficio lS
. Era un enérgico toque de atención a un problema de fondo.
Había también, en la raíz, otras causas profundas: la escasa dotación económica de los beneficios de las parroquias mozárabes y el reducido número de los feligreses que cotizaban con los diezmos para su
14 Texto en: Juan MESEGUER FER~ÁNDEZ, «El cardenal Jiménez de Cisneros. fundador de la Capilla Mozárabe}), Historia Mozárabe (Toledo 1978) 183-188.
15 José SÁNCHEZ HI:RRERO, Concilios Provinciales y Sinodos Toledanos de los siglos XIV y XV (Universidad de La Laguna 1976) 314, Canon 17: también en MESEGUER FEKN.."iOEZ,
o.c.,189.
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mantenImiento. Los beneficios situados en las iglesias mozárabes habían dejado de ser atractivos para los clérigos. Quienes finalmente los obtenían no eran los mejor preparados ni los más dinámicos. El problema se había convertido en un círculo vicioso de muy difícil solución.
La estancia de los Reyes Católicos en Toledo con motivo de las Cortes de 1480 fue aprovechada por los clérigos mozárabes para recabar de los soberanos una orden regia. a fin de que los oficiales reales no pusiesen cortapisas para que los feligreses mozárabes pagasen los diezmos de sus fincas rústicas. dondequiera que éstas se encontrasen. a las parroquias urbanas de Toledo a las cuales estaban adscritos 16
En una materia tan sensible como la economía no valían todas las medidas. Había que estudiar bien la situación y dictar disposiciones realistas. justas y posibles. Esto es lo que pretendió introducir el cardenal Mendoza, con la implantación de un nuevo estatuto dentro de un riguroso respeto al derecho común y a los privilegios particulares. Los mozárabes gozaban desde tiempo inmemorial de la facultad a admitir como parroquianos propios a cualesquiera cristianos de Toledo, fuesen del rito que fuesen. El cardenal, mediante un decreto, exhortó a los feligreses de las parroquias latinas de Toledo a que se inscribiesen como mozárabes, pero sin que pudieran sobrepasar el número de diez por cada una de ellas y siempre que no fuesen los más altos cotizan tes del diezmo, con el fin de que no quedaran mermados los ingresos de las parroquias de rito latino l7 Como las parroquias latinas de la ciudad eran veinte, el máximo de feligreses que hubieran podido pasarse al rito mozárabe podía ascender a doscientas personas, pero es probable que no encontrara muchos voluntarios dispuestos al cambio. La ordenanza de Mendoza estaba, sin duda, llena de sabiduría y de buena voluntad. Fue confirmada por el papa Inocencia VIII, pero ni aún eso bastó para resolver la endémica dolencia en que se debatía la comunidad mozárabe toledana en los años finales del siglo xv. El cardenal Mendoza, buen conocedor del resultado que el nuevo arte de la imprenta había obtenido en el campo de las bulas de indulgencia, dio también un fuerte impulso a la edición de los libros de culto l
', necesarios en la Catedral y en las parroquias.
16 MESEGUER FERNÁNDEZ, O.C., 154. 17 Texto en MESEGUER FERNÁNDEZ, O.C., 190-193. 18 Ramón GONZÁLVEZ RU1Z, «Las bulas de la Catedral de Toledo y la imprenta incunable
castellana», Toletvm (1986) 11-180.
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5. CISNEROS y LOS MOZÁRABES TOLEDANOS
Cuando en 1495 Fray Francisco Jiménez de Cisneros fue designado para ocupar el puesto de arzobispo de Toledo, ni la situación de la diócesis en general ni los problemas de los mozárabes en particular le podían ser desconocidos. En primer lugar, porque él había comenzado siendo clérigo secular en Toledo, en cuya diócesis había nacido y en la que obtuvo beneficios eclesiásticos. En segundo lugar, porque como fraile franciscano y después como provincial de la provincia franciscana de Toledo, había pasado mucho tiempo en la ciudad y en sus entornos y se había dedicado con ahínco a la obra de la reforma de la custodia franciscana de Castilla". Aunque, siendo ya arzobispo, los ineludibles compromisos políticos con la corte real le condujeron a diferir durante dos años su entrada oficial en la capital de la diócesis, empuñó muy pronto y fmnemente las riendas del gobierno por medio de personas de su confianza. Él estaba al tanto de todo lo que sucedía por medio de la correspondencia que mantenía con sus vicarios y agentes en la ciudad.
La primera disposición que tomó en asuntos que afectaban a los mozárabes toledanos iba en la misma dirección en la que habían insistido los dos prelados anteriores, a saber: confirmar ,el derecho de las iglesias mozárabes a ampliar el número de sus feligreses a costa de los miembros de las parroquias latinas. En estas primeras medidas se mostró profundamente continuista y poco innovador. Es probable que la iniciativa de rogarle que les reconociese este derecho partiese de los párrocos mozárabes, los cuales quizás apoyaban todavía su confianza en estos remedios tradicionales. El documento está dado en Talavera y lleva una fecha muy poco posterior a la primera llegada del arzobispo en la ciudad de Toled020
Por las Actas Capitulares sabemos cómo se preparó esta primera visita que Cisneros hizo a Toledo. El 4 de agosto de 1497, en vista de que ya habían pasado casi dos años de la elección del nuevo prelado y que éste seguía en la corte, el cabildo tomó la iniciativa de nombrar una delegación de canónigos, compuesta por el contador mayor y el arcediano de Alearaz, «para besar las manos al señor ar<;obispo e le suplicar que venga a visitar su iglesia e otras cosas de parte del cabildo». Ya debían tener noticia de su buena disposición, porque el mismo día nombraron una comisión para estudiar «las cosas que son menester para el re<;ebimiento del señor ar<;obispo,,21. Las últimas disposiciones sobre normas de etiqueta para el
19 José GARCíA ORO, El Cardenal Cisneros. Vida y empresas 1 (Madrid 1992) 28-51 20 Texto en MESEGUER FERNÁNDEZ, O.C. 194-195, núm. 4. 21 ACT. AC 2, UIS (1497 agosto 4).
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solemne acto se adoptaron el mismo día 22 de septiembre de 1497, horas antes de su llegada22
, Los primeros días de su estancia debieron estar dedicados al ineludible protocolo de ser cumplimentado por parte del clero y de las autoridades municipales, Pero ya el día 26 de septiembre tuvo lugar una sesión capitular, presidida por Cisneros y dedicada al estudio de las cuestiones más urgentes. En ella platicaron mucho sobre distintos asuntos concernientes a la Catedral y le entregaron un memorial de las cosas que estimaban más necesarias. Antes de concluir la sesión y ausente ya el arzobispo, todavía nombraron una comisión de cuatro personas, «para que vayan a comunicar con el señor arzobispo ciertas cosas contenidas en un memorial e suplicarle por el remedio dellas»". En el transcurso de la misma sesión les había anunciado su propósito de convocar inmediatamente un sínodo en Alcalá y solicitó su colaboración. Ellos eligieron a sus representantes para la asamblea en la sesión del día 2824
• La permanencia de Cisneros en Toledo no fue muy prolongada, porque el 5 de octubre ya había salido de la ciudad y se encontraba en Talavera, de donde debió partir apresurademante en dirección de Alcalá de Henares y de la corte, porque le reclamaban asuntos de naturaleza política, derivados de la muerte prematura del príncipe heredero Juan de Aragón, primogénito de los Reyes Católicos. Cisneros no volvería a pisar Toledo con un poco de sosiego hasta seis meses después, en la primavera de 1498, en compañía de los reyes".
A pesar del apremio del tiempo, debió ser en la estancia de 1497 cuando tuvo lugar un acontecimiento que afectaría grandemente al porvenir de la liturgia hispánica y de la propia comunidad mozárabe. Lo cuenta Juan de Vallejo, biógrafo y secretario de Cisneros, con un cierto lujo de detalles. Se trata de la visita que hizo a la Biblioteca Capitular. Ésta había sido fundada como entidad diferenciada del tesoro por el arzobispo Tenorio a fines del siglo XIV Estaba situada en el tramo medio entre el claustro bajo y el alto, sobre los locales de la escuela catedralicia. Por una escalera interior los profesores accedían a su recinto, donde los libros estaban todavía situados sobre bancas y sujetos con cadenas. Las bancas habían sido
22 Estas medidas se referían al protocolo que se habría de guardar en la salida fuera de la ciudad a lomos de caballos y mulas y en el orden de preferencia para saludarle: Primero las dignidades, a continuación los canónigos, después los racioneros y finalmente los capellanes. Cf. ACT, AC 2, f 119 (1497 septiembre 22).
23 ACT, AC 2, fll9v (1497 septiembre 26). 24 ACT, AC 2, fll9v (1497 septiembre 28). 25 Las normas sobre el protocolo que habían de guardar en el recibimiento se estudiaron en
cabildo con mucho detenimiento. Cf. ACT, AC 2, f.147 (1498 abril 2).
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colocadas en sentido perpendicular a las ventanas, por donde entraba la luz natural, única que estaba pennitida, A la Biblioteca habían confluido muchos códices a lo largo de toda la Edad Media, producto, por lo general, de donaciones generosas de personas eclesiásticas de la propia Catedral, arzobispos y canónigos, Ya a fines del siglo XIII la Biblioteca contaba entre sus fondos con un conjunto de diecisiete libros «mozarabiscos», que son descritos de fonna genérica en un inventario de la época y entre los cuales es seguro que había algunos pertenecientes a la liturgia hispánica", En 1455 se hizo otro inventario general de la Librería por el docto canónigo Rodríguez del Durazno con criterios realmente modernos, tanto por lo que afecta a la clasificación por materias como a la descripción material de cada una de las piezas, inspirados en las prácticas de la escuela de París y en el ambiente del humanismo italiano27
, A raíz de este inventario y antes de la llegada de Cisneros a Toledo, el cabildo ya había adoptado la costumbre de designar a un capitular para que custodiara el rico depósito, tuviera limpia la estancia y abriera el local diariamente a las personas que deseasen estudiar'B
En uno de aquellos días de la última decena de septiembre de 1497 tuvo lugar la visita de Cisneros a la Librería, como parte de una primera gira de inspección general de todo el edificio y de sus di'stintos departamentos, Sus acompañantes le mostraron algunos códices antiquísimos, de letra gótica o mozárabe, que conservaban los textos del oficio litúrgico celebrado en su iglesia desde los tiempos de san Isidoro y san Ildefonso, padres de la Iglesia que vivieron en la época visigótica, añadiendo los guías que iban con él numerosos detalles recibidos por tradición, No solamente le ponderaron su antigüedad, sino también su valor como herencia propia de la iglesia toledana, No sabemos quién o quiénes le sirvieron de guías en aquel recorrido,
De esta manera Cisneros tomó contacto con los libros de la vieja liturgia hispana, Añade Vallejo que el arzobispo quedó tan impresionado por su contemplación que mandó llevar cuantos pudo de aquellos libros a su palacio, para examinarlos y leerlos con detenilfÚento, Y él cree que de aquella visita salió la decisión de dar a conocer los textos del oficio y misa mozárabes por medio de la imprenta, Con la fonna expeditiva que le caracterizaba, continúa
26 He intentado identificarlos en mi obra Hombres y Libros de Toledo, ya citada, 764-773,
27 Se conserva original en Madrid, Biblioteca Nacional, Ms. 1 3596. Hay copias en la misma Biblioteca bajo los núms. 13471 y 13630.
28 María José Lop OríN, «La Labor cultural y educativa del Cabildo Catedral de Toledo a fines de la Edad Media», Ensayos humanísticos: Homenaje al profesor Luis Lorente Toledo. Coordinador. Rafael VILLENA ESPINOSA (Cuenca 1997) 268-271.
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Vallejo, mandó llamar al genovés Melchor Gorricio, para que se hiciera cargo de la impresión, Este conocido mercader de libros tomó tan a pecho el encargo que, sin levantar la mano del trabajo, en menos de un año pudo mostrar impresos los libros que le habían sido encomendados".
En su vivaz narración, Juan de Vallejo nos muestra, simplificado, el esquema de una de las disposiciones de Cisneros que en lo sucesivo habrían de quedar más y mejor grabadas en la memoria de sus admiradores. Tal vez el secretario no tuvo un conocimiento completo de cómo sucedieron las cosas o con el tiempo los recuerdos se borraron parcialmente de su memoria. Lo cierto es que el relato de los hechos, aparte de no estar exento de errores, es un compendio de varios acontecimientos sucesivos. En primer lugar, Vallejo inserta la visita de la Biblioteca Capitular entre los anales de 1502. Pero esta fecha es insostenible, por contradictoria, ya que para entonces estaban impresos tanto el misal como el breviario mozárabes. La visita a la Librería y la decisión de imprimir los libros tuvo que haber sido mucho antes de 1499, pues en 9 de enero de dicho año salió ya impreso el misal. Vallejo añade una precisión cronológica, que podemos dar por verosímil: desde que Melchor Gorricio tomó a su cargo el trabajo hasta la impresión se tardó menos de un año. Todos estos datos nos llevan a situar la visita de la Librería en septiembre de 1497, como referencia simbólica de la firme decisión de editar la vieja liturgia hispánica. Resolución que se vería complementada por nuevos contactos en la segunda visita de abril de 1498.
No debemos perder de vista que hay que intercalar toda una secuencia de hechos entre la visita de Cisneros y la salida del primer libro impreso. Tenemos noticias indirectas del proceso que se siguió por las referencias, muy breves, que nos han dejado las Actas Capitulares y el más importante de los colaboradores del proyecto, el canónigo Alonso Ortiz. Este notable humanista ya había mantenido relaciones personales con el nuevo arzobispo en julio del año 1496, pues fue designado por el cabildo para ir a saludarle con motivo de ser la vez primera que el nuevo prelado pisaba las tierras del arzobispado de Toledo. En este viaje fue acompañado por un personaje destacado, don Francisco Álvarez de Toledo, maestrescuela de la Catedral y fundador de la Universidad de Toledo, hombre de plena confianza de Cisneros, pues le confió la vicaría general. Para entonces Ortiz ya era conocido como editor de libros litúrgicos. Dado el temperamento expeditivo de Cisneros, es muy probable que la entrevista no se redujese a
29 Juan DE VALLEJO, Memorial de la vida de fray Francisco Jiménez de Cisnems. ed. Antonio DE l.A TORRE y DLL CERRO (Madrid 1913) 57.
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un mero acto protocolario, sino que tuviese carácter también informativoJo.
El contenido de las conversaciones no nos es conocido. Pero las disposiciones adoptadas por Cisneros son mucho más amplias que la simple anécdota que nos ha conservado Vallejo, pues no se limitaron a la impresión de unos libros, sino que fue toda una vasta operación de reforma del rito y requirieron un largo proceso de maduración, que debió llevar muchos meses. Los pasos fueron, al menos, los siguientes:
Primeros contactos personales de Cisneros con Alonso Ortiz en el verano de 1496.
-Visita a la Librería en septiembre de 1497. -Informes sobre de la situación de los mozárabes, de sus parroquias y
de sus libros de culto. -Decisión de imprimir los libros corrientes del rezo: misal y breviario. -Creación de una comisión de peritos en liturgia y en paleografía. -Instrucciones dadas a los peritos por el arzobispo sobre los criterios
que habrían de inspirar la reforma. -Búsqueda de los mejores códices existentes. -Trabajo de compulsa, adaptación y copia de los textos que se iban a
dar a la imprenta. -Designación del editor Melchor Gorricio. -Trabajo de impresión en la imprenta de Pedro de Hagenbach, alemán,
para el misal mozárabe. -Nueva decisión sobre la impresión del breviario. Las providencias que habría de adoptar el arzobispo respecto de la
comunidad y clero mozárabes de Toledo no se limitaron a facilitar la celebración de la liturgia mediante la edición de nuevos libros. También relegaban al olvido a los viejísimos códices, ya fatigados del uso, cuyas últimas copias se hicieron en tomo al año 1300, como efecto de la intervención del arzobispo don Gonzalo Pétrez". Cisneros estaba dispuesto a salvar el rito para la posteridad. Esto, en su intención, incluía la creación de la capilla mozárabe dentro del ámbito de la Catedral, de la cual dicho rito había vivido separado y hasta se puede decir que distanciado hasta entonces.
30 ACT, AC núm.2, f.103 (J 496 julio 21). El viaje fue accidentado, porque a Ortiz se le murió el caballo. Unos meses después el cabildo creyó de justicia compensarle con la cantidad de 2.000 maravedís. para ayuda a comprar otro animal. Cf.ACT, AC 2, f. 107 (1496 octubre 21).
31 Ramón GONZÁLVEZ RU1Z, «El arcediano Jofré de Loaisa y las parroquias urbanas de Toledo en 1300», Historia Mozárabe (Toledo 1978) 141-144.
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En esta cascada de operaciones habría que incluir además otros pasos posteriores, como son la sustitución de los códices por los impresos en la misa y en el rezo del oficio y finalmente la recogida de los códices de las parroquias en la Biblioteca Capitular. Este último acto, que se sepa, no ha quedado documentado de manera formaL La única noticia que hasta ahora se posee procede del secretario Vallejo, Es posible que la recogida de los códices tuviera lugar en 1502, como efecto de la impresión del breviario y por ese motivo el diligente secretario consignó la visita de Cisneros a la Librería en dicho año,
El complejo itinerario que acabo de describir fue recorrido en su totalidad en el corto espacio de pocos años. Si no ofreció mayores dificultades, se debió a que, como sabemos por otras fuentes, en el proyecto hacía ya algún tiempo que venía trabajando Alonso Ortiz, doctor por Salamanca y canónigo de Toledo.
6. EL DOCTOR ALONSO ORTIZ
En los anales de la historia figuran aquellos personajes que se han distinguido por la grandeza de sus empresas. Pero en muchas ocasiones las personas sobresalientes deben compartir sus glorias con hombres de menor relieve social, que son los colaboradores y ejecutores de los planes de aquéllos. No es preciso rebajar a unos para enaltecer a otros. Cada cual tiene su propia excelencia. Cisneros acometió con resolución numerosas empresas. Nunca tuvo un colaborador favorito y exclusivo. Al contrario, acertó a escoger las personas adecuadas para cada una, supo impartirles unas directrices generales y confiarles su ejecución, sin coartar su libertad, aunque siguiendo de cerca todo el proceso.
La restauración de la liturgia mozárabe, ya en trance de desaparición, exigía una intervención inmediata y así lo debió comprender el arzobispo. Para su realización encontró en la iglesia de Toledo al hombre adecuado. El doctor Alonso Ortiz no era ni mucho menos un desconocido. Al contrario, le informaron de que ya había estado al servicio de los dos arzobispos anteriores, colaborando en materias relacionadas con la liturgia. Para un arzobispo que no hubiera sido Cisneros los trabajos realizados por el doctor Alonso Ortiz bajo sus inmediatos predecesores podían haber constituido un obstáculo, porque la llegada de un nuevo prelado supone con cierta frecuencia el relevo completo de las personas que han prestado servicios al anterior. Pero Cisneros debió ver en él al hombre competente, trabajador y eficaz que necesitaba y lo ganó para sus planes.
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Alonso Ortiz es uno de tantos clérigos toledanos que están a la espera de un buen estudio biográfico. Ni su vida, ni su obra escrita, ni su biblioteca, ni sus estudios litúrgicos son todavía suficientemente conocidos·u . AquÍ vamos a resumir cuantas noticias de tipo biográfico se han podido recopilar.
Algunos autores le han confundido con el doctor Bias Ortiz y, por eso, le han hecho natural de Villarrobledo. Pero el doctor Alonso Ortiz no era natural de dicha villa albaceteña, sino de Toledo, donde vivió y murió. Era medio hermano de Francisco Ortiz, «El Nuncio», del cual no se sentía demasiado orgulloso ni identificado con sus locas andanzas. Al «Nuncio» muchos contemporáneos le tenían por converso, mientras que Alonso presumía de ser cristiano viejo, como consta por disposiciones de su testamento. El hermano mayor, Francisco, también clérigo y canónigo de Toledo, tuvo una vida apasionada, frívola y tarambana, consumida entre continuos riesgos y lances de fortuna, hasta que al final de sus días sentó la cabeza". Alonso fue la otra cara de la moneda: estudioso, serio y ordenado.
Nació en Toledo en un año que no se ha podido fijar con precisión. Consta que en 1467 era subdiácono, orden eclesiástica a la que se ascendía por lo general con poco más de veinte años de edad. En esa fecha aún no había terminado sus estudios universitarios, pues era solamente bachiller en Derecho. Todo esto nos lleva a situar la fecha de su nacimiento en tomo a 1445. También era ya titular de la parroquia toledana de Nombela, pero por entonces no abrigaba la intención de ordenarse de presbítero ni de servirla personalmente. Por esta razón se dirigió al papa Paulo n, solicitando una dispensa para diferir su ordenación, en tanto que estuviera en el estudio, en Roma o al servicio del arzobispo". Entre los proyectos de su vida no figuraba el de sepultar su juventud dentro del estrecho horizonte de una parroquia rural, sino que apuntaba a volar mucho más alto.
Cursó estudios en la Universidad de Salamanca, donde obtuvo el doctorado en ambos derechos, canónico y civil, una cumbre académica a la que pocos llegaban y los que la alcanzaban lo hacían generalmente pensando en dedicarse a la docencia. El doctoramiento debió tener lugar en
32 Una pequeña biografía con datos hi~tóric()s contrastados en las fuentes puede verse en: Ramón GONZÁl.VEZ RU1Z, «El Mundo de la Catedrab, Piedras Vivas. La Catedral de Toledo 1492 (Toledo 1992) 41-42. Es del todo insuticiente la de José VIVES, en DHEE m, 1843-1844, que contiene errores de bulto sobre su naturaleza y año de su muerte.
33 Vid. Ramón GONZÁLVEZ RUIZ, op. cit., 39-41. 34 Archivo Vaticano. Reg. Vat 528, f. 24. Publicado por Vicente BELTRÁN DE HEREDIA,
Bulario de la Universidad de Salamanca (12/9-1549) III (Salamanca 1967) 128-129, núm. 1215.
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tomo a 1470, pero los avatares de la vida le apartaron de la enseñanza y también del ejercicio de la profesión de jurista. De su paso por la prestigiosa universidad salmantina guardaría siempre un recuerdo agradecido.
A pesar de su decidida vocación por el estudio, no dejó de lado la preocupación por conseguir buenos beneficios eclesiásticos, como hacían casi todos los clérigos de su tiempo. Todos ellos buscaban cuanto antes un acomodo en las estructuras beneficiales de la Iglesia, que por entonces eran las únicas existentes. Muchos se sostenían con sus rentas y, a veces, también se costeaban con ellas los estudios en las universidades. Por eso no sorprende que Alonso Ortiz comenzase a acaparar desde joven beneficios eclesiásticos. No pudo escapar a la corruptela general del cumulismo, que era un achaque común del estamento clerical. En los puestos altos de este estamento se ingresaba por nobleza de sangre o por letras y él no contaba con más recursos que sus brillantes títulos académicos. Es seguro que desde el principio tuvo conciencia de su valía personal. Nadie le regaló nada, sino que todo se lo debió a su propio trabajo y constancia. El ascenso en la carrera eclesiástica le supuso notables esfuerzos, porque partió de posiciones sumamente modestas, recorriendo una escala siempre ascendente de puestos de honor. Siendo todavía un joven bachiller en Decretos, como antes he diCho, fue nombrado párroco de Nombela, parroquia rural alejada de Toledo que conservaría hasta su muerte y que sirvió por medio de un teniente. Retuvo también hasta el final de su vida la parroquia de Pelahustán, localidad muy cercana de Nombela. Ambas son mencionadas en su testamento y en ellas poseía bienes personales". La documentación que manejo lo presenta además como párroco de Santa Leocadia la Vieja de la ciudad de Toledo, a la cual es posible que atendiera por sí mismo por causa de su habitual residencia". Consiguió también una ración en la Catedral y una capellanía en la Capilla de los Reyes Nuevos". En 1477 aparece como canónigo extravagante, un beneficio puramente honorífico, que no generaba rentas, pero le aproximaba al cabildo catedralicio, al que indudablemente aspiraba". Como vemos, recorrió casi todo el escalafón eclesiástico.
Finalmente en 14 de noviembre de 1473, alcanzó una canonjía toledana por provisión directa del papa Sixto IV, pero esto constituiría para él el punto de partida de serias contrariedades. Dicha canonjía había
35 ACT, E.3.H.l.l, Sup1.27, f.9-15 (1507 mayo I3 Toledo). 36 ACT, E.8.G l.3b (1475 septiembre 25 Toledo). 37 ACT. E.8.el.1O (1485 febrero 8 Toledo). 38 ACT, E.7.G1.3a (1477 junio 17 Toledo).
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pertenecido antes a Marcos Martínez, familiar del cardenal español don Juan de Mella y, por ese motivo, su provisión había quedado reservada al papa, en virtud de una bula de Pío II de 10 de abril de 1460, Pero en su camino se interpuso un poderoso personaje toledano, llamado don Juan de Morales, deán de Sevilla, el cual, por procedimientos probablemente simoníacos, consiguió que el cabildo de Toledo le adjudicase a él la posesión de la canonjía vacante, El doctor Alonso Ortiz hubo de marchar a Roma, para proseguir allí personalmente la defensa de sus derechos conculcados, Entablada la demanda, los tribunales de la curia romana le dieron la razón, Ortiz, experimentado jurista, consiguió una tras otra tres sentencias favorables a su causa. Pero ni siquiera con ellas en la mano pudo ver asegurado de momento el reconocimiento pacífico de sus derechos. El procurador en Roma de don Juan de Morales, llamado Fernando de Illescas, intentó una maniobra anticanónica, presentando una súplica, sin mención alguna de las reservas pontificias, ante don Francisco Fernández de Toledo, antiguo deán de Toledo y a la sazón obispo de Caria, que desempañaba el alto cargo de datario del papa. Pretendía de esta manera fatigar con trabajos y con gastos adicionales al porfiado doctor toledano, mientras le hacía saber que la expedición por la cámara apostólica obviaría estos obstáculos, pues se trataba de un organismo romano que a veces sorteaba a la cancillería pontificia. Pero avisado el papa por el datario y por el cardenal de san Sixto (Juan de Torquemada), se anuló la concesión por la cámara. El último acto de toda esta ardorosa contienda fue la bula Cum in provisionibus de Sixto IV, por la que de forma definitiva se reconocía a Ortiz su derecho a la canonjía toledanaw. El cabildo de Toledo, rendido ante la evidencia, despojó de la posesión a su competidor y se la adjudicó a él4D
• Seis años de su vida había pasado el doctor Alonso Ortiz en Roma pleiteando por sus derechos. Es seguro que este período romano de su vida (1473-1479) no había pasado en balde para él.
La prolongada estancia en Roma le sirvió para tomar contacto con las corrientes más vivas del Renacimiento de fines del siglo Xv. El paso por Roma era para algunos contemporáneos una experiencia intrascendente, sin consecuencias personales, pero otros, al contacto con los nuevos aires de renovación general, regresaban a sus países de origen con una nueva forma mentis, que los marcaba ya para siempre. El doctor Alonso Ortiz se
39 Archivo Vaticano, Reg. Vat. 670, f. 204–205 (1479 abril 3 Roma). Publicada por BELTRÁN
DE HEREDlA, Bulario 111, 262-264, núm. 1247. 40 ACT, AC 1, f.99v (1478 febrero 2). Cf. Ramón GoNZÁLVEZ RUIZ, «Las bulas de la
Catedral de Toledo y la Imprenta incunable castellana» Toletvm. 18 (1986) 24-25.
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encontraba, sin duda, entre estos últimos, como se deduce con toda evidencia de los estudios a los que se dedicó con preferencia durante el resto de su vida,
Uno de sus planes más acariciados fue la creación de una rica biblioteca personaL En ella debió invertir sumas elevadas de dinero procedentes de las rentas de sus beneficios, Junto a preciosos manuscritos, adquirió también muchos impresos, Él asistió en su vida al rapidísimo desarrollo de la imprenta en su etapa incunable, arte del que debió tener conocimiento en Italia, pues fue uno de los muchos clérigos españoles que pululaban por Roma, cuando los prototipógrafos italianos de origen alemán realizaron sus primeras impresiones, acogidos a la protección del cardenal español don Juan de Torquemada41
. De allí trajo consigo multitud de libros y otros los adquirió en España. No hubo intelectual alguno en Toledo que superase su riqueza bibliográfica. El acopio de libros que iba haciendo tenía un destinatario final: la biblioteca de su amada universidad de Salamanca, que padecía una gran penuria. Varios años antes de morir mandó redactar el documento formal de donación de todos sus libros''. El acta notarial lleva fecha de 1497, pero la cesión efectiva de los libros se hizo en dos momentos sucesivos muy posteriores, porque él se había reserVado el usufructo durante su vida: una entrega de trescientos doce volúmenes tuvo lugar en 1505 y otra de seiscientos ochenta y seis en 1508. Entre las dos ascendieron a un total de novecientos noventa y ocho volúmenes". En su testamento de 1508 volvió a ratificar la donación y además añadió la abultada suma de 80.000 maravedís, que destinó para la compra de rentas con los que celebrar la fiesta de San Agustín y para el reparo de los libros.
Algunos de los libros entregados a la universidad de Salamanca se han identificado por las notas del donante, pero otros muchos desaparecieron en diversas circunstancias fortuitas e incluso se vendieron. Ni en Toledo ni en Salamanca se ha encontrado el inventario con la descripción de los libros, por lo que todavía no se ha podido reconstruir en su integridad su rico legado bibliográfico. Pero, puesto que él no fue un simple bibliófilo, sino que su biblioteca refleja sus centros de interés personales, el hallazgo del
41 Ramón GO:-¡¿A.LVEZ RU1Z. «Las bulas … ». 144-153. 42 Guy BFAUJOlJAN. Manuscrits scientifiques médiévaux de l'Université de Salwnanque el
de ses 'colegios mayores' (Bordeaux 1962). 43 Jacobo SAKZ HI".R7I1JD!. «Un capítulo oscuro de la historia de la Biblioteca universitaria
de Salamanca: La donación de libros de Alfonso Ortiz», 'Quien hubiese tal Ventura'; Medieval Hispanic Studies in honour of Atan Deyermond. Ed. by Andrew M. BERESFORD
(Queen Mary and Westfield College, London 1997), 179-192.
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inventario sería un documento de capital importancia para descubrir su perfil intelectual. La falta de este documento es todavía más sensible por lo que respecta a nuestro conocimiento de la obra reformadora del rito hispánico que llevó a cabo por encargo de Cisneros, ya que entre sus libros se encontrarían presumiblemente códices y fuentes históricas utilizadas por él y que han desaparecido. El interés subiría de punto si a través de su biblioteca se pudieran detectar conexiones o afinidades con los escritos de los grandes filólogos italianos del Quattrocento, como Lorenzo Valla o Angelo Poliziano y, en general, con el fenómeno renacentista de la pasión por el estudio de los monumentos literarios de la antigüedad. En todo caso, fruto de su estancia en Roma es el hecho de que Ortiz ya nunca más ejerció la lucrativa profesión de jurista, para la que estaba bien preparado, sino que se dedicó por entero a la composición de sus obras y a ediciones de textos litúrgicos. Éstas le exigían una preparación muy específica para abordar el examen crítico de los códices visigóticos y el análisis de las estructuras de la antigua liturgia hispánica. El trabajo en estas complejas materias no estaba al alcance de cualquier aficionado.
Aparte de sus trabajos litúrgicos de los que nos ocuparemos enseguida, bueno será dejar aquí mención de sus obras. Un escrito de juventud es su Liber Dialogorum Alfonsi Orriz, dedicado al arzobispo Carrillo de Acuña, que se conserva inédito44
• Todavía en plena época incunable dio a la imprenta, reunidos en un solo volumen, cinco tratado,; Tratado de la herida del Rey, Tratado consolatorio a la Princesa de Portugal, Oración a los Reyes en latín y en romance, Dos cartas mensajeras a los Reyes, una que embió la cibdad, la otra el Cabildo de la Yglesia de Toledo, Tratado contra la carta del pro/honotario Lucena (Sevilla 1493)45. Escribió también un regimiento de príncipes para el malogrado hijo de los Reyes Católicos, bajo el título de Diálogo sobre la educación del Príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos. Tradujo y editó una versión de Las Meditaciones muy devotas del bienaventurado Sant Anselmo (Toledo 1504). A ruegos de la Reina Católica tradujo también el Arbol de la vida, de fray Ubertino de Casale, que se conserva incompleto en Salamanca y nunca fue impreso.
Como autor de piezas litúrgicas, compuso un nuevo oficio de San Eugenio, titulado Historia Beatissimi Eugenii dedicado al cardenal
44 Biblioteca Capitular de Burgo de Osma, Ms. 40. Cf. Timoteo RoJO ORCAJO, Catálogo descriptivo de los códices que se conservan en la t~'anta Iglesia Catedral de Burgo de Osma (Madrid 1929).
4S Existe un ejemplar en la Biblioteca Capitular de Toledo, Impreso 70-6.
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Mendoza". Y también un oficio de San Ildefonso, titulado Oificil/m Toletanum beati Ildefonsi nuper editum ab Alfonso Ortiz, impreso, como suplemento, al final de la edición del Breviarium Toletanum (Sevilla 1493)47.
La actividad intelectual del doctor Alonso Ortiz se centró en dos tipos de obras, litúrgicas y literarias, escritas en latín y en castellano respectivamente. Tanto en el campo de la historia de la liturgia como en el de la literatura castellana ocupa un puesto indiscutible. De ellas y de su autor se han ocupado los historiadores de ambas disciplinas, pero irónicamente unos y otros se han ignorado entre sí, de modo que lo que unos han aportado a su perfil biográfico no es conocido por los otros.
Alonso Ortiz desempeña el papel de introductor y destacado cultivador de ciertos géneros literarios en la prosa castellana de fines del siglo XV, como son el discurso u oración, la epístola consolatoria y el diálogo. Es patente en él la influencia del humanismo italiano y en especial la de los Soliloquios de San Agustín, santo al que profesó en vida una gran devoción, como sabemos por su testamento. Su vida ha sido objeto de estudios por parte de los historiadores de la literatura4R y varias de sus obras han sido reimpresas y publicadas modemamente49•
Para completar la biografía de nuestro personaje añadamos aquí algunos datos más, que hemos podido encontrar en el Archivo Capitular de Toledo. Un buen número de estos documentos nos lo muestran ocupado, a lo largo de muchos años, en la creación de un patrimonio urbano, con objeto de acumular rentas suficientes para la dotación de una capellanía de cuatro misas semanales que fundó en la Catedral. Esta fundación fue aceptada por el Cabildo y se anejó al altar de Santa Marina, que estaba muy próximo a su sepultura. También fundó en Nombela una capellanía dedicada a San Agustín. Dejó heredades y rentas al Hospital de la Misericordia de Toledo,
46 Edición en José JAN1Nl-Ramón GO:-'¡ZÁLVEZ, Manuscritos lilúr¡:;icos de la Catedral de Toledo (Toledo, Diputación Provincial 1977), Apéndice IV, 297-303.
47 JAN1Nl-GONZÁIVEZ, op. cit., 40, nota 2. 48 Giovanni Maria BERTIJI, «Alfonso ÜrtiD>, BSS 24 (1947) 99-102; Ana María AR¡NCÓN,
Antología de humanistas espai10les (Madrid, Editoria Nacional 1(80) 243-244. eit. por Ángel GÓMEZ MORI".NO, Esparla y la Italia de los humanistas. Primeros ecos (Madrid, Gredos,1994) 176. nota 275 y 213, nola 356.
49 Carol A. COPEl"HAGEN, «Las Cartas mensajeras de Alfonso Ortiz: ejemplo epistolar de la Edad Media», El Crolalón. Anuario de Filología Española l (1984) 467-483; Giovanni Maria BERTlNl, «Un diálogo humanístico sobre la educación del Príncipe don Juan», Fernando el Católico y la cultura de su tiempo (Zaragoza 1961) 37-62. eie por GÓMEZ
MORENO, op. cie
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para casar doncellas. Estos y otros pormenores aparecen en su testamento, otorgado en 13 de mayo de 1507, cuando ya estaba gravemente enfermo. En él hay también una puntual relación de las numerosas personas que estaban a su servicio, algunas de las cuales fueron niños adoptados o criaturas que le dejaron a la puerta de su casa para que se hiciera cargo de ellos. Todos estos gestos nos lo muestran como una persona muy humana, hondamente preocupada por los más débiles. Se mandó sepultar en la misma sepultura de su madre, frontero de la puerta del sagrario, dentro de la Catedral"l.
El libro oficial del cabildo toledano consigna la fecha de su muerte en 15 de mayo de 1507 en una brevísima nota: «Este día fale,ió el doctor Alonso Ortiz y el racionero Frías»". En aquellos meses la pestilencia hacía estragos en la población toledana, por lo cual unos días después el cabildo decretó que los beneficiados de la Catedral pudiesen salir libremente de la ciudad y buscar lugares más saludables.
7, LOS PRECEDENTES DE LA REFORMA LITÚRGICA
Desconocemos por completo de dónde le venía a Ortiz la vocación por los temas litúrgicos. Ciertamente sus estudios jurídicos no implicaban de por sí la competencia que requerían dichas materias. Es probable que sus preferencias se debiesen, en parte, a una inclinación personal, al ambiente humanista en que se movió en Salamanca, Roma y Toledo y, quizás, a una posible colaboración anterior, no documentada, en empresas similares.
En tiempos del doctor Ortiz la Catedral de Toledo disponía de los servicios de uno o varios expertos en materias litúrgicas, porque la iglesia madre era el modelo de las restantes iglesias de la diócesis en estos asuntos. Esta función, que también se ejercía en relación con las diócesis sufragáneas, venía desde tiempos muy antiguos y perduraba en el siglo XV, como se echa de ver en los textos del Sínodo de Alcalá de 1480".
A la llegada de la imprenta, fueron los eclesiásticos quienes primero comprendieron la utilidad de aquella innovación en la forma de escribir los
50 ACT. E.3.H.I.I, Supl. 27 (dos copias iguales). f. 4-7v y 9-15 (1507 mayo 13 Toledo). ante el notario Alfonso MartíneL de Mora.
51 ACT. AC 3. f. 51v (1507 mayo 15). 52 José SÁNCHEZ HERREJW. Concilios Provinciales y Sfnodo.' Toledano.' de los siglos X/V y
XV Lo religiosidad cristiana del e/cro y pueblo (Universidad de La Laguna, 1976) 314. Constitución 19.
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libros. La diócesis de Segovia, que había celebrado un Sínodo en Aguilafuente en junio de 1472 fue la pionera en toda España. Su obispo Juan Arias Dávila, deseando dar difusión al documento aprobado en la asamblea sinodal, mandó hacer la impresión a Juan Parix de Heidelberg, impresor alemán activo en la ciudad. La Sinodal de Aguilajúente, actualmente conservada en la Biblioteca de la catedral de Segovia, se convirtió de este modo en el primer impreso español conocido'l.
Al año siguiente el arzobispo Carrillo convocó un concilio provincial en la localidad de Aranda de Duero. Asistieron todos los obispos sufragáneos, incluso Arias Dávila, el prelado de Segovia. No consta que sus constituciones, redactadas en un elegante latín por Pedro de la Puente, secretario del arzobispo, recibieran el honor de pasar a la imprenta. Pero es seguro que en aquel concilio se habló de la imprenta y se tomaron decisiones por parte de los toledanos asistentes, si damos crédito a la noticia que nos han conservado los prefacios de un misal y de un breviario toledanos impresos algunos años después. En las constituciones conciliares publicadas el día 5 de diciembre de 1473 no queda ninguna referencia expresa a todo esto, pero lo cierto es que los más conspicuos miembros de la clerecía (<<a nostris sapientioribus») de la diócesis de Toledo que asistieron al Concilio pensaron que había que proceder a la impresión de un misal y de un breviario. Desconocemos a quién se le hizo el encargo de copiar los originales, cuánto tiempo duraron los trabajos preparatorios, a qué impresor se recurrió y en qué año salieron de las prensas. Sabemos, no obstante, que la idea del proyecto y su realización tuvieron lugar en tiempos del arzobispo Carrillo. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados. Los entusiastas del nuevo procedimiento quedaron corridos, porque hubo que pagar bien cara la novatada. Ambos libros salieron plagados de erratas y prácticamente inservibles. Nos ha transmitido estas noticias el presbítero toledano Juan de Biedma, afirmando que los libros impresos contenían tantos errores que redundaban en deshonor de Dios y de la religión". La impresión se hizo pensando en las iglesias parroquiales, más faltas de recursos, no en la Catedral.
53 Hipólito ESCOLAR, Historia Universal del Lihro (Madrid, Fundación Gennán Sánchcl. RuipéreL, 1993) 3h4-36S; Antonio OORIOZOLA, «Los libros impresos por Juan Panx en Segovia y Toulollsc y los atribuibles a Turner y Parix en esta última ciudad (1472-1478)>>, Homenaje {/ don Agustín Millan's Cario 1 (Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria 1975) 281-306; Carlos ROMERO DE LECEA, El SinodaL de Aguilqfuentel: Facsímil de! incunable. 11: Aportaciones para su estudio (Madrid 1965).
54 Ejemplar del Misal Toledano de Biedma en CTB. Impreso XO-l; Breviario Toledano.
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A pesar de todo, aquellos libros debieron difundirse muy ampliamente por la diócesis toledana, porque tenemos noticias de que después se tomaron respecto de ellos unas medidas verdaderamente rigurosas. La preocupación por la corrección de los libros sagrados en esta época de transición del códice al incunable llevó al Sínodo de Alcalá de 1480, presidido por el arzobispo Carrillo, a decretar una revisión general de todos los libros de las parroquias de la archidiócesis, «por estar los libros errados e viciosos en las palabras sustanciales del baptismo o de las otras que la y glesia instituyó para solenidad e forma dello e del catecismo». Del texto del sínodo no se desprende con claridad que se tratara de libros impresos, pero el hecho de que los errores estuvieran tan universalmente difundidos por las iglesias de la diócesis nos induce a pensar en libros salidos de la imprenta. La preocupación por subsanar estos errores se debía a los escrúpulos surgidos entre los miembros sinodales de que los clérigos ignorantes pudieran fiarse de sus textos y de esta forma incurrieran en errores que afectaban a la validez del bautismo y de los otros sacramentos, ya que las erratas se encontraban en las mismas fórmulas sacramentales. La vasta operación de corrección de los libros lanzada por el Sínodo debía ser llevada a cabo en término de tres meses por lós arciprestes y los vicarios y, para controlarla, se fijaron dos únicos centros en toda la diócesis, Toledo y Alcalá, con una persona competente al frente de cada uno de ellos. La revisión afectaba, sobre todo, al libro Manual o de administración de los sacramentos, que solía ir como apéndice del misal, pero el Sínodo contemplaba también el canon de la misa. Los dos responsables dispondrían de un modelo correcto, para que por él «enmienden los libros de sus iglesias e den copias a los curas de sus arciprestazgos e vicarías, para que aquella forma guarden en dar e administrar el dicho sacramento»55.
Concluida la ingente obra de depuración, se impuso muy pronto la idea de una nueva impresión de ambos libros. Encargaron de ella al presbítero Juan de Biedma, que debía ser un clérigo experimentado, pero no pertenecía, según parece, a la plantilla de la Catedral. Las tareas preparatorias se iniciaron por orden de Carrillo, pero éste falleció el I julio de 1482 y el nuevo prelado don Pedro González de Mendoza le renovó el encargo. También estos dos libros fueron pensados para uso de los clérigos dispersos por las parroquias e iglesias de la diócesis y no para la Catedral. Cuando se imprimieron ambos libros, Biedma se dirigió en su prefacio al nuevo prelado al que saludaba como el «optimus archinauta» (en el misal:
55 SÁNCHEZ HERIUofl.O, op. cit., 318, Constitución 25.
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arginauta, errata manifiesta), que habría de conducir a buen puerto la obra comenzada por su antecesor Carrillo de Acuña, Biedma asegura que puso en la obra sus cinco sentidos, que no aborró esfuerzos para que tanto el misal como el breviario salieran perfectos en la forma y en el fondo. A fe que casi lo consiguió, pero no pudo evitar que ya en la primera línea de sus Episto/as (en las dos, en la del Misal y en la del Breviario) apareciese el apellido de su patrono como Mandoza en lugar de Mendoza. Buscaron un impresor de confianza. Esta vez se recurrió a un acreditado impresor extranjero, Juan Herbort de Silingenstat, alemán, que trabajaba en Venecia. Salió responsable económico de la impresión el mercader francés Antonio Penan!. El breviario lleva este colofón: «Explicit breuiarium ecclesie Toletane hispaniarumque metropolis. Impressum Veneciis per Johannem Herbort de Silingenstat, alamanum. Anno Domini M CCCCLXXXIII die XIX kalendarum ianuarii».
8. EL PRIMER TRABAJO DEL DOCTOR ALONSO ORTIZ
Entre la obra de Juan de Biedma y la de Alonso Ortiz hay una gran distancia cronológica, la que va desde 1483 hasta 1499, unos dieciséis años. A pesar de ello, también hay entre ambos una aparente y probable continuidad. Ortiz ya residía en Toledo como canónigo cuando Biedma acometió sus tareas. Es tentador suponer que desde un puesto modesto de colaborador en la sombra estuvo también implicado en la empresa de su antecesor, pero no tenemos base documental para apoyar esta hipótesis. Como quiera que fuese, hay que afirmar que Ortiz marcó tanto una continuidad como una ruptura con lo realizado hasta entonces por Biedma. Ortiz, en efecto, se estrenó también con la edición de un misal mixto toledano, pero el planteamiento de sus trabajos de reforma del rito mozárabe supone un distanciamiento abismal respecto de las tareas escasamente críticas que le habían sido encomendadas a Biedma.
La edición de Biedma, cuya magnitud nos es desconocida, estaba pensada, como ya se ha dicho, en función de las necesidades de las iglesias de la diócesis. Pero en muchas de ellas y más aún en la Catedral, por la belleza incomparable de las miniaturas, muchos clérigos continuaban utilizando con preferencia los libros manuscritos en las celebraciones. Muchos de estos libros se encargaron a los copistas e iluminadores al mismo tiempo que se mandaban hacer los impresos. Las iglesias con fuertes recursos se decantaban por los códices copiados a mano. La propia Catedral mandó copiar en los fines del siglo XV algunos de los más bellos ejemplares
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que se conservan, entre ellos el llamado Misal Rico de Cisne ros". Se había comprobado que el impreso suponía un abaratamiento sustancial de los costos a cambio de una renuncia al lujo. Hubo quien pretendió compaginar ambos procedimientos, iluminando libros impresos, pero el experimento no tuvo mucho éxito y pronto se abandonaron los intentos.
De todas las instituciones eclesiásticas de Toledo, la Catedral fue la última que se determinó por la impresión de un misal. Tardó mucho en tomar la resolución, pero al fin lo hizo movida probablemente por el ejemplo de su prelado, decidido partidario de las nuevas técnicas. El encargo al doctor Ortiz debió partir del arzobispo junto con el cabildo. En la Prefatiuncula que encabeza el misal, afirma, en efecto, que lo había emprendido por mandato del prelado franciscano (<<tuo iussu»). En el colofón se dice que hubo unos diputados del Cabildo, los cuales con gran diligencia leyeron y enmendaron la obra, antes de que las prensas tiraran la edición. Por estos años conocemos la existencia de correctores oficiales del cabildo especialmente habilitados para el examen y enmienda de los libros manuscritos, pero éstos no debieron intervenir hasta la etapa final del misal impreso. El trabajo previo de organización del libro recayó personalmente sobre Ortiz, sin colaboradores, a no ser puramente materiales. Él, que conocía bien el anterior misal de Biedma, vuelve a las acostumbradas lamentaciones sobre los errores del anterior misal impreso, no sabemos si en referencia al misal salido del concilio de Aranda o al de Biedma. Ortiz se conforma con una pudorosa alusión genérica al impreso en años pasados «<superioribus diebus»), que los eruditos, dice, apenas pueden utilizar sin peligro de tropezar en sus yerros. Pero frente a su edición deben desaparecer y ser exterminados los libros anteriores engañosos. Y no se refería sólo a los errores tipográficos, sino también a otros aspectos internos. En primer lugar, al ajuste y distinción de las unidades del texto (introitos,
S6 La decisión se tomó a raíL de la primera estancia de Cisneros en Toledo: eL ACT, AC 2, f. 121v: (1493 noviembre 3): «Este día llamados por cédula los dichos señores para platicar en las cosas espirituales dcsta sancta Y glesia, ordenaron que se faga un missal para el altar mayor desta sancta Y glcsia, el qual sea muy hueno e syn remisiones e que entiendan en la ordenación dél los señores visitadores y obrero y con ellos el señor Sepúlvcda j >, Sobre el Misal Rico véase el estudio de Anna MUITADA TORRrJJ.AS,
El Misal Rico de Ci.meros (Real Fundación de Toledo 1992), 21, en que no aparece con claridad la fecha de la decisión. Es indudable que las Actas dan la impresión de una iniciativa del cabildo, pero dicha iniciativa estaba basada en un memorial que Cisneros y el cabildo habían estudiado conjuntamente un mes antes del asiento, como he puesto de manifiesto en este trabajo.
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colectas, lecturas, antífonas, etc.), bien separadas las unas de las otras; también a las rúbricas para orientación ceremonial de los usuarios; a los párrafos divididos por puntos y períodos; y fmalmente a las remisiones de unos folios a otros, que Ortiz eliminó en su mayor parte de forma sistemática y que en las ediciones anteriores, por su afán de abarrar espacio, se habían convertido en una inextricable red que volvía locos a los pobres presbíteros. Resumiendo, podemos decir que el trabajo de Ortiz se limitó a tomar un texto ya establecido y, por así decirlo, canonizado, y a disponerlo en fonna mucho más clara y racional, a introducir signos gráficos para separar los párrafos y a suprimir remisiones para evitar el hojeo continuo del libro. Aparte de una tipografía sumamente legible (tipo 150 G), utiliza el punto final con valor de fin de la oración, al que sigue una mayúscula; los dos puntos, para separar los miembros de la oración; y el punto bajo con un pequeño signo quebrado superpuesto para la interrogación. Tal simplicidad de recursos con una letrería muy regular encuadrada en una caja perfecta, componen una página de aspecto sumamente agradable. Su tarea, pues, consistió principalmente en poner una esmerada diligencia en cuanto a la apariencia tipográfica de este libro, que resultó bellísimo en verdad y ha sido considerado como «uno de los más espléndidos misales de la cristiandad»".
El libro recibía en el colofón el título de Misal Mixto Toledano de la Santa Iglesia de Toledo, es decir, de la Catedral. La tenninología litúrgica utilizada (misal mixto) alude a su contenido, porque no se trataba de un misal puro, sino que englobaba al mismo tiempo misas y oficios. Fue impreso en Toledo en las prensas del maestro Pedro Hagenbach, alemán, a expensas del noble empresario Melchor Gonicio, de Novara, elIde junio de 14995
".
9. LA REFORMA DE LA LITURGIA MOZÁRABE
Pedro Hagenbach trabajaba con gran rapidez, tanta que, después de dar fin al Misal Mixto Toledano y antes de ponerse a la obra de impresión del misal mozárabe que salió a primeros de enero de 1500, había tenido tiempo de publicar dos libros en el verano de 1499. Por estas fechas, Alonso Orliz debía llevar ya muy adelantados sus trabajos sobre los libros
57 Julia MÉNDEZ APARICIO, «Impreso~ de Pedro Hagenbach que se conservan en la Biblioteca Pública de Toledo», TOLETVM. Boletín de la Real Academia de Belfas Artes y Ciencias Históricas de Toledo 12 (19X 1) 13.
SR Ejemplar en RCT, Impreso 80A.
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mozárabes, pues sabemos que él había comenzado sus tareas bajo el pontificado del cardenal Mendoza (t 1495), El original del misal mozárabe lo debió entregar a comienzos del verano, porque su composición tipográfica le llevó a Hagenbach parte del verano y todo el otoño de 1499. Por lo tanto, parece probable que Alonso Ortiz, que con anterioridad había recibido de Cisneros la confirmación del encargo para la reforma de la liturgia mozárabe, tuvo que paralizar los trabajos del misal mozárabe para dedicarse al del Misal Mixto Toledano. Cabe también la hipótesis de que simultaneara los esfuerzos en ambos proyectos, puesto que para la liturgia mozárabe contaba con la ayuda de tres párrocos mozárabes, cuyos nombres él mismo nos ha transmitido. Estos tres colaboradores (<<prebentibus ad id opem michi») son mencionados con elogio por Ortiz como los más expertos existentes por entonces en Toledo: Antonio Rodríguez", Alfonso Martínez y Jerónimo Gutiérrez, párrocos de las iglesias mozárabes de Santa Justa, Santa Eulalia y San Lucas respectivamente. Este grupo de trabajo, supervisado de cerca, pudo estar ocupado entre tanto en labores de copia y compulsa, mientras Ortiz concentraba sus afanes en el Misal Mixto Toledano.
Todo lo que sabemos hasta ahora sobre las 'relaciones entre Cisneros y Alonso Ortiz para la reforma y la posterior impresión de los libros litúrgicos mozárabes se contiene en el Prefatio del Misal y en la Prefatiuncula del Breviario, que Ortiz antepuso a cada uno de estos libros. Son noticias únicas y preciosas, donde constan las directrices que le fueron marcadas por su superior. No podemos perder de vista que la impresión de ambos libros comportaba una previa labor de reforma, que habría de reflejarse en la edición. De esto Ortiz era plenamente consciente, a juzgar por los verbos que emplea para describir la obra que se le había encomendado: su misión se basaba, en primer término, en renovar (<<renovare») y restaurar «<restaurare») el rito como labor previa antes de culminar en la fase final, que consistía en dar a la luz pública ("in lucem promere decreveras») una liturgia antigua y arcana, remozada. Los verbos empleados en el Prefatio del Misal implican una tarea de puesta al día de todos los textos litúrgicos. Más
59 Se llamaba Antonio Rodríguez de Toledo, era clérigo diocesano y, después de un examen de idoneidad, fue presentado unánimemente para párroco de Santas Justa y Rufina por los otros párrocos del rito mozárabe. Le dio la colación canónica el cardenal don Pedro González de Mendoza: E.3.B.1.12, núm. 1 (1485 septiembre 10 Peña de Martos, Jaén). En e~te mismo legajo se encuentran diversas colaciones de beneficios mozárabes entre los años 1485-1570.
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explícita aún es la afirmación contenida en la Pre/atiuncula respecto de los oficios diurnos y nocturnos, cuya reforma hubo de acometer por mandato del arzobispo (<<tuo iussu aggressus sum reformanda»).
Una de las decisiones más trascendentales que se vio obligado a adoptar desde el principio fue la opción por una de las dos tradiciones, la A o toledana y la B o bética, alternativa de profundas consecuencias para la obra que se pretendía realizar. Esta opción inicial implicaba dos efectos inmediatos: a) el abandono a su suerte de una de las dos tradiciones y b) la unificación de las seis parroquias desde el punto de vista litúrgico bajo la tradición elegida. Parece que no hubo oposición por parte de las parroquias afectadas. En el equipo de clérigos mozárabes que ayudaron a Ortiz había párrocos de las dos tradiciones: Santas Justa y Rufina (B) y Santa Eulalia (A). Se eligió la tradición B, quedando la A relegada a los códices y de jacto abolida. Ni en el Prejat;o ni en la Pre/atiuncula ha quedado una alusión explícita a esta medida fundamental tomada en los comienzos, si prescindimos del título de ambos libros en que se dice que se trata del rito reformado «secundum regulam beati Y sidori», expresión que para él y sus colaboradores era suficientemente clara para designar, la tradición B. No sabemos en qué razones se apoyaron para preferir la una a la otra. Janini apunta la hipótesis de que tal vez influyera la obra de San Isidoro De ecc/esiasticis o!ficiis, en la cual el santo doctor describe con mucha minuciosidad las plegarias de la misa". Dada la trascendencia de la materia, es muy probable que remitieran la decisión final al mismo Cisneros. Pero que tenían conciencia de lo que hacían queda patente por la mencionada expresión que figura reiterada en los respectivos colofones de ambos libros, el misal y el breviario: «secundum regulam beati Ysidori». Esta declaración, tan aparentemente innocua, ha constituido un misterio inexplicable durante siglos y ha traído al retortero a los historiadores de la liturgia hispana hasta nuestros días. Comenzó a hacerse luz cuando, ya en la segunda mitad del siglo XX, el benedictino catalán dom Jordi Pinell descubrió la existencia de las dos tradiciones en los códices y cuando yo mismo poco después exhumé para la ciencia litúrgica la Crónica del canciller Ayala, en la que cada una de las dos tradiciones A y B era atribuida respecti vamente a cada uno de los dos santos hermanos de Sevilla Leandro e Isidoro6 ] .
En el Prejatio del misal mozárabe nos ha dejado Ortiz unas breves referencias a las órdenes recibidas de Cisneros para proceder a la reforma
60 JA;-IINI-GONZÁLVE/., op. cit., 43.
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del rito. Dado el estilo clasicizante de la prosa latina de Ortiz, no siempre es posible comprender el alcance real de cada una de sus expresiones. Fueron cinco normas generales, que significaban, de hecho, otras tantas etapas en el itinerario del proyecto. Hélas aquí con las mismas palabras del autor:
1) «Quatenus summa cum diligentia missarum in primis solemnia recenserem». La frase quiere decir, al parecer, que el primer objetivo consistía en hacer con sumo cuidado un elenco o un censo de las misas del rito, es decir, comprobar qué había en los viejos códices de las parroquias. Esta fase implicaba una inspección comparativa del contenido litúrgico de varios códices, para elaborar un índice sistemático de misas, dentro siempre de la Tradición B.
2) «Que vero a characterum ruditate dimissa iamdiu fuerant, stili non mutatu ductu, reficerem sevataque verborum dignitate antiquorum maiestatem custodirem». He aquí una licencia condicional dada a Ortiz por Cisneros. Licencia para rehacer o retocar ciertas piezas parcial o totalmente, siempre que respetara el estilo original consagrado por la antigüedad. Parece que se refería no sólo al estilo literario, sino, sobre todo, al estilo litúrgico. Dónde y cómo Ortiz hizo uso de las facultades concedidas es asunto discutido y que en buena parte está todavía por averiguar. Janini ha iniciado el caminoó2
•
3) «Nam que pre se antiquitatem ferebant intacta es se iusseras et tandem sic actum est». Para él la antigüedad constituía un valor absoluto y debía ser respetada. Se daba por supuesto que todos los elementos que llevasen el sello genuino de la antigüedad eran auténticos y debían ser mantenidos, mientras que había que prescindir de las adherencias de tiempos posteriores. Esta norma se refería indudablemente a los aspectos litúrgicos. Ortiz asegura que así se hizo, pero para distinguir los textos y rúbricas antiguas de los parches modernos había que hilar muy fino, porque para llevar a cabo esta tarea se requería un conocimiento muy profundo del estilo de cada una de las piezas litúrgicas.
4) «Nam dispersis in ordinem redactis, viciis abrasis, dubiisque enucleata veritate lustratis et ceu abolita multa resarciens, tuo iussu, ut valui, omnia illustavi». Aquí entraba toda una labor crítica de introducir un orden racional en las piezas, poner suplencias, enmendar lugares corruptos, hacer correcciones, elegir entre las lecciones variantes de uno u otro manuscrito,
61 Ramón GONzALVEZ RU1Z. «El canciller don Pedro López de Ayala y el problema de la~ dm tradiciones del rito hispánico», Liturgia y música mozárabes (Toledo 1978) 105-111.
62 José JAN1NI. Liha Missarum de Toledo 11 (Toledo 1983) LXIII-LXXII.
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eliminar formas gráficas viciosas, solucionar dudas. En fin, toda una tarea de depuración filológica, que requería una especial habilidad.
5) "Ut autem ecclesiastica eorum (= de los mozárabes) officia neminem de cetero laterent litteris latinis, explosis goticis, nobili viro Melchiori Gorricii Nauariensi imprimenda tribuisti». El doctor Ortiz repite en varias ocasiones que la impresión de los oficios eclesiásticos mozárabes tenía por objeto ponerlos a disposición del público, para conocimiento de los eruditos y letrados. Pero para acceder a ellos existía una barrera infranqueable, a saber, los caracteres góticos en que estaban escritos, un tipo de letra arcana y casi sacralizada, que los mozárabes mantenían con tenacidad, por creerla procedente de los propios Padres visigodos. A pesar de que este rasgo manifestaba una evidente antigüedad, el arzobispo no lo dudó. La impresión tipográfica habría de hacerse, abolidos los góticos, utilizando solamente caracteres latinos.
Bajo estos criterios fielmente observados se hizo la reforma. Su primer truto, el misal mozárabe, está fechado en las prensas de Pedro Hagenbach en Toledo el 9 de enero del año 1500, a expensas del librero y mercader Melchor Gorricio, de Novara, como ya hemos dicho. Hay una nota en las Actas Capitulares, que, por su interés, quiero reproducir aquí. El' 12 de agosto de 1500 un acuerdo capitular dispensaba a Ortiz de la presencia física en el coro, por estar dedicado a la corrección del misal mozárabe. Dice así: «Este día mandaron los dichos señores que cada e quando el señor Alonso Ortiz, canónigo, dixere que está ocupado en corregir el missal mozárabe, le escrivan»6.1. Este curiosísimo registro nos pennite conocer que la operación de corrección del misal mozárabe todavía duraba siete meses después de que le fuera puesto a la obra el colofón con le fecha. Se da por descontado también que el paso siguiente del proceso, es decir, la impresión sobre el soporte de pergamino o de papel, tampoco había comenzado en agosto de aquel año, sino que se estaba todavía en el período de corrección de pruebas de imprenta. Por consiguiente, una conclusión evidente se desprende de estas noticias y es que la fecha que figura en el colofón del misal responde sólo al momento en que se terminó la composición tipográfica.
El breviario mozárabe, que saldría dos años y medio después, lleva en el colofón la fecha del 25 de octubre de 1502 en las mismas prensas y por cuenta del mismo empresario italiano. El equipo de trabajo capitaneado por Ortiz había invertido todo ese tiempo en las tareas previas de la reforma de este complejo libro litúrgico.
63 ACT. AC 2. f. I~I (1500 agosto 12).
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10. EL ALCANCE DE LA REFORMA
En este apartado de mi trabajo desealÍa dar repuesta a un problema fundamental de carácter litúrgico que ya ha sido planteado con anterioridad: ¿Es posible rastrear los motivos que pesaron sobre Cisneros y Ortiz para tomar la resolución de adoptar para sus ediciones la Tradición B y desechar la A del rito mozárabe? Me parece que una contestación adecuada a esta interrogante, que nunca fue revelada por Cisneros como mecenas ni por Ortiz como ejecutor, depende en buena medida de otras cuestiones previas de tipo cultural, en particular del descubrimiento de la conformación mental de las dos personas implicadas en la reforma. La empresa de la reforma del rito hispánico sólo adquiere su pleno sentido si la situamos en el contexto de su tiempo y en el marco singular del talante reformista de sus actores principales.
Muchos historiadores han pensado que la intervención del arzobispo se debió a la penosa situación en que encontró a los mozárabes cuando fue llamado a regir la sede toledana. Antes de tomar decisiones sobre ellos, dispuso de una buena información sobre la vitalidad del rito, de las parroquias y de la comunidad mozárabe, com? de un todo. Consta que a fines del siglo XV, el estado de cosas de todo ese conjunto (rito, parroquias, comunidad) había llegado a un punto casi insostenible. Los testimonios que nos quedan son dramáticos. Las parroquias mozárabes seguían siendo seis, como en los tiempos áureos del siglo XII. Nada había cambiado aparentemente en cuanto a las estructuras eclesiásticas, pero el implacable curso del tiempo las había erosionado de tal modo que algunas se encontraban al borde mismo de la extinción. Tres de las parroquias habían llegado al límite de la supervivencia. La de San Sebastián contaba con un solo parroquiano, la de San Lucas con dos y la de San Marcos con tres, aunque en algunas de ellas estaban inscritos nominalmente ciertos feligreses residentes en los núcleos rurales del contorno, pero sólo a efectos del pago del diezmo''''. En cambio, las otras tres parroquias, sin atravesar una época de prosperidad, disponían de fieles bastantes para justificar su supervivencia. Por tanto, la situación de la mozarabía toledana era en su conjunto realmente lamentable y estaba pidiendo a gritos unas medidas urgentes, si se pretendía de veras su recuperación. La debilidad económica de las parroquias mozárabes y el agotamiento de la comunidad arrastraban irremediablemente al rito hispánico hacía su ocaso. Que este estado de cosas influyó en el ánimo de Cisneros es indudable, pero la explicación
64 FERNÁNDEZ MESEGUER, op. cit., pág. 158.
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basada únicamente en la pobreza económica me parece insuficiente. Otro prelado dotado de una sensibilidad diferente hubiera procedido por la vía del derecho canónico a suprimir las parroquias innecesarias. De hecho, el doctor Alonso Ortiz no alude a motivos fundados en la decadencia material por la que atravesaban las parroquias mozárabes en aquellos años, sino al estado de postración del rito.
Para buscar las razones profundas que impulsaron a Cisneros por el camino de la restauración no disponernos de otras fuentes que el Prefatio del misal y la Prefaliuncula del breviario mozárabes, redactados por Ortiz. Una pista indirecta y menos segura consiste en echar mano de los escritos de algunos contemporáneos, para ver cómo sus autores enjuiciaron la reforma cisneriana. Veámoslo a la luz de ambas fuentes:
a) Los prólogos de Alonso Ortiz
En el contexto histórico de la Castilla de fines del siglo XV el triunfo del humanismo se podía considerar ya corno un fenómeno tan fuertemente implantado que se había tomado irreversible. Las señas de identidad de la corriente humanística, cuyas raíces brotaron en Italia, respondían, entre otras manifestaciones, a un culto apasionado por todos los aspectos gloriosos de la antigüedad patria, fueran literarios, artísticos o de cualquier naturaleza. Petrarca consideraba que la grandeza de Italia residía en haber sido la cuna de Cicerón y de Virgilio, contemplando bajo una óptica nacionalista a estos dos grandes escritores del clasicismo latino65
• Los escritores y mecenas de la Península Ibérica, sin menoscabo de la admiración que sentían por los autores nacidos en la otra Península mediterránea, darían la réplica reivindicando la herencia de los grandes Padres visigodos como un patrimonio nacional. El cultivo de los sludia humanitatis está estrechamente vinculado al orgulloso despertar del sentimiento nacionalista. La contemplación de los velera vesligia de la cultura propia, fueran ruinas, monumentos literarios, hazañas o hechos colectivos honrosos, reverberaban sobre la más honda fibra emocional de aquellos hombres. Es más, por el hecho de que dichos vestigios pertenecían a la herencia antigua del país se convertían en normativos y canónicos para cualquier nuevo proyecto. El amor a las glorias patrias es un componente esencial del Renacimiento, en Italia primero y en España después. Cisneros y sus colaboradores, imbuidos de admiración reverencial por el pasado
65 Ángel GÓMEZ MORLNO, España y la Italia de los humanistas (Madrid, Gredos 1994) 134.
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español, buscaron exhumar las antigüedades nacionales, para deleite de los entendidos, ante los que había que alardear de que España en nada cedía a las glorias italianas.
En esta perspectiva, el antiguo rito mozárabe, ya casi apagado en su hogar toledano, es contemplado con nuevos ojos por estos hombres como un legado cultural y religioso heredado de los mayores, que es preciso recuperar. El Renacimiento conduce en España a otros muchos renacimientos, literarios, artísticos, políticos, educativos. Entre ellos, no me cabe duda, al de la liturgia hispánica.
En su Pref'atio del misal mozárabe Ortiz ha deslizado suficientes síntomas de la nueva cultura que se ha impuesto definitivamente con el triunfo del Renacimiento. El más llamativo de todos, si no me equivoco, es aquel en que, no sin un punto de arrogancia, designa al que cree fundador de una de las dos variantes del rito hispánico como <<Isidorus nostef». Aquí hay evidentemente una resonancia literaria de los humanistas italianos «<Virgilius nostef») y una rotunda afirmación de hispanismo frente al nacionalismo de los antagonistas italianos. Cisneros y Ortiz tienen conciencia de que San Isidoro es el más universal de los escritores antiguos nacidos en Hispania y además uno de los fUlldadores de la civilización europea que les ha precedido. En su visión retrospectiva, su limpia mirada no se encuentra todavía ofuscada por las ideas más o menos deformadoras que los historiadores han introducido posteriormente, como pueden ser las periodizaciones históricas. Para ellos es un valor todo aquello que se presenta bajo el signo de la antigüedad. Ya hemos señalado anteriormente que uno de los criterios impuestos a Ortiz a la hora de la reforma fue el del respeto absoluto para todo lo antiguo «<quae prae se antiquitatem ferebant intacta esse iusseras»).
A los ojos de Cisneros y de Ortiz San Isidoro pertenecía al mundo antiguo tout court. Hasta ellos había llegado la vieja leyenda de los dos santos hermanos hispalenses Leandro e Isidoro como autores y fundadores de las dos tradiciones de la liturgia hispánica. Esta atribución no procedía de los propios mozárabes, sino que era un préstamo tomado de los latinos. Recordemos que, sin apartarse del patrón romano-galicano impuesto en el siglo XI por Gregorio VII, la ley o la costumbre medievales reconocían a cada iglesia diocesana el derecho a introducir variantes en sus celebraciones, según las propias necesidades devocionales y según su propio calendario. En España se produjo una gran diversificación de variantes litúrgicas dentro del rito romano, normalmente una por cada diócesis y aún una por cada orden religiosa. La terminología litúrgica en uso durante la Edad Media se hace eco de este hecho tanto en los libros litúrgicos manuscritos como en los impresos.
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Dicho fenómeno es propio de la liturgia latina o romana. Pongamos algunos ejemplos tomados de Toledo desde los comienzos hasta el final de la Edad Media. En el testamento del arzobispo don Juan de Medina de Pomar (1248) figuraba un breviario secundurn consuetudinern Burgensis ecclesie''''. Don Gonzalo Pétrez, arzobispo de Toledo, poseía en 1285 un ordinario secundurn consuetudinern ecclesie Burgensis67
• En inventarios medievales de Toledo, algunos libros litúrgicos de rito latino son descritos como de la regla Toledana. A fines del la Edad Media continuaba usándose el mismo vocabulario, aumentado con otros sinónimos. El espléndido misal del arzobispo Carrillo, iluminado por el bachiller Cano de Aranda en 1478, empieza con este título: Missale rnixturn secundurn consuetudinern ec/esiae ToletanaeO' • El misal toledano impreso en Venecia en 1483 se llamó Missale rnixturn secundurn ordinem el regularn sancle ecc/esie Toletane (Imp.80-I)'N El breviario de Juan de Biedma, comenzado bajo el pontificado de Carrillo e impreso en los primeros años de Mendoza es descrito en el colofón como Breviarium secundurn morem Ecc/esiae Toletanae. Esta terminología (ardo, consueludo, regula, mas) era común entre los cultivadores de la ciencia litúrgica de la Edad Media y servía para identificar la iglesia en la cual cada libro litúrgico era recibido como canónico. La rica variédad de tradiciones peculiares dentro de la misma familia romana no pasó a los libros litúrgicos posteriores a 1563, porque fue abolida de un plumazo por el uniforrnismo propugnado por el Concilio de Trento. Desde entonces la liturgia ha pasado a ser en la Iglesia católica algo rígido y uniforme, pero hasta entonces había habido en las iglesias locales una cierta autonomía creadora, que por legítima era respetada.
Si la floración de variantes en la liturgia latina fue un fenómeno corriente durante toda la Edad Media, por la misma razón las dos tradiciones dentro de la liturgia mozárabe eran vistas como ajustadas a derecho, por estar sancionadas por una costumbre inmemorial en el seno de las comunidades parroquiales de Toledo. Todo induce a pensar que las variantes del rito hispánico no son más que una réplica de la liturgia mozárabe calcada de la latina. Si existían variantes en la romana, ¿por qué no habría de haberlas también en la liturgia mozárabe?
66 Ramón GONZÁLVEZ Rlnz, Hombres y Ubros de Toledo, 214, núm. [14]. 67 Ramón GONZÁLVEZ RUlZ, op. cit., 556 68 JANINI-GONZÁLVF2, Manuscritos litúrgicos. núm. 234, 260-261. 69 JANINI-GoNZÁLVEZ, op.cit., 41.
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La apelación al patronazgo de los santos sevillanos por parte de los mozárabes era tan procedente como la de los libros litúrgicos romanos a las iglesias diocesanas. Nos preguntamos por qué los mozárabes se acogieron a dichos santos. Este es un punto sobre el que. al no haber documentos escritos, es lícito discurrir por la vía conjetural. Las comunidades mozárabes de Sevilla y sus entornos que vinieron con sus obispos a instalarse en la zona toledana en el siglo XII practicaban con toda probabilidad la tradición B. Para todo el mundo cristiano de la Península, pero en especial para los mozárabes la figura de San Isidoro era un punto de referencia indispensable. Sus restos habían sido trasladados a León en 1063. Tal vez para justificar las diferencias litúrgicas que los separaban de los mozárabes nativos de Toledo, recurrieron a la autoridad de San Isidoro, de cuya iglesia procedían. Al mismo tiempo, quizás por un reflejo de mimetismo, el grupo mozárabe de Toledo se acogería, por su parte, a San Leandro, haciendo causa común con gentes emigradas de otras partes de al-Andalus. Así surgieron, creemos, las seis parroquias mozárabes de Toledo divididas mitad por mitad desde el punto de vista litúrgico. Parece seguro que la piadosa fábula tomaría cuerpo en tomo a los siglos XI y XII, al hilo de las migraciones forzadas de los mozárabes andaluces hacia el centro de la Península. Consta que ya estaba plenamente desarrollada en la primera mitad del siglo XIII, como lo atestigua el arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada70 y en pos de él el canciller don Pedro López de Ayala.
Cuando a fines del siglo XV se planteó con urgencia la reforma del rito hispánico, la leyenda hacía siglos que había dejado de ser una tradición oral y gozaba del prestigio que le atribuyeron los grandes cronistas castellanos que la habían dado cabida en sus obras. En consecuencia, Cisneros y Ortiz la aceptaron sin la menor dubitación. Ellos y sus contemporáneos unánimemente sostenían que cada una de las dos variantes tenía por autor, en el más estricto sentido de la palabra, a uno de los santos hermanos de Sevilla. La reputación de sus autores las convertía en vestigios de la antigüedad, venerados e intocables.
Como ya hemos dicho, a San Isidoro se le adjudicaba la Tradición B y a su hermano San Leandro la A. Puestos a escoger y en plena victoria de los ideales renacentistas en Castilla, ni Cisneros ni Ortiz debieron dudarlo demasiado: había que elegir la obra del más insigne y del más universal de
70 Rodrigo JIMÉNEZ DE RADA, Historia de los Hechos de España. Introducción, traducción e índices de Juan Fernández Va/verde (Madrid, Alianza Editorial, 1989) Libro IV, Cap. IlI, 163.
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los doctores antiguos de España, San Isidoro, aquel que podía exhibirse con honor frente a otros escritores foráneos. El nombre de San Isidoro de Sevilla era una bandera de afirmación hispánica que podía desplegarse sin sonrojo por el mundo.
Alonso Ortiz tuvo plena conciencia de lo que hacía: en repetidas ocasiones asegura que la reforma del misal y del breviario que ha emprendido bajo el patronazgo de Cisneros se ajusta a la «regla de San Isidoro». Porque lo que modernamente se ha llamado la Tradición B no es otra cosa en su boca mas que la regla de San Isidoro. Los dos santos hermanos de Sevilla dejarán de estar emparejados, cuando en adelante se trate de la liturgia hispánica. La liturgia que sale de la reforma de Ortiz recibirá también y con toda propiedad desde entonces el nombre de isidoriana.
Los síntomas de la nueva cultura renacentista, a pesar de la brevedad del Prefatio de Ortiz, aparecen por doquier en sus escasos párrafos. U na de las declaraciones más importantes del reformador es la que se refiere a los objetivos que Cisneros ha perseguido con ella. El párrafo latino es de una gran expresividad: "Ut incipiant nostrates maiorum suorum mouimenta (sic, probablemente por monumental incultis charáteribus hactenus obstrusa, ingenii tui igniculo respicere et proprius intueri». Lo que Cisneros ha pretendido es poner a disposición de nuestros compatriotas (nostrates) los monumentos de sus antepasados, que hasta ahora estaban ocultos bajo la pesada losa de unos caracteres gráficos bárbaros. Se trata, por tanto, de una operación de rescate de una herencia nacional que ha estado como sepultada y oscurecida hasta el presente. Finalmente sale al dominio público gracias a Cisneros. Nuestros coterráneos podrán desde ahora contemplarla de cerca y estudiarla a la luz del talento del gran mecenas. Y tendrán derecho a sentirse orgullosos de los monumentos que crearon sus mayores.
Hay en el Prefatio del misal mozárabe otra insinuación clarísima de la mentalidad propia del Renacimiento, compartida en este caso por Cisneros y Ortiz. Se encuentra en la frase donde éste último vuelve a repetir el mandato del arzobispo para que la obra impresa apareciera con los caracteres latinos y fueran desterrados los góticos «<1 itteris latinis, explosis goticis, imprimenda»). Retengamos las dos palabras latinas: «explosis goticis». El significado del verbo «expIado», usado aquí en participio pasivo, es abuchear, denostar con gritos y silbidos a los malos actores por parte del público, para arrojarlos de la escena. Se trata, por tanto, de una desaprobación enérgica, de una condenación radical de algo que es en sí detestable y negativo. Lo que debía ser eliminado de la liturgia mozárabe reformada eran los caracteres góticos en que estaba escrita. Si antes
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encontramos a estos signos gráficos tachados de incultos por Ortiz, ahora aparecen designados como góticos. Gótico en el lenguaje de un humanista es un término de connotaciones fuertemente peyorativas, con el cual se adjetivaba a todo lo bárbaro, lo despreciable, es decir, a todo lo que no es clásico ni digno de una persona cultivada71 Así, lo único que en la liturgia hispánica merece un rechazo tajante por parte de los reformadores es el tipo de letra gótica, cuya invención, para mayor baldón, los humanistas atribuían a Wulfilas. obispo y primer misionero, que convirtió a los godos al cristianismo arriano en el siglo IV, es decir, al autor de la más importante de las herejías antiguas.
b} El doctor BIas Ortiz y su obra Summi Templi Toletani Descriptio
Un autor ilustrado llamado BIas Ortiz, que vivió los últimos años de Cisneros y desde 1524 residió como canónigo en Toledo, publicó en 1549, a requerimiento del entonces príncipe Felipe, la primera guía turística que se conoce de la Catedral toledana". En ella describía minuciosamente cada una de las cosas notables que se hallaban en su recinto, añadiendo datos históricos, estadísticas y curiosidades de todo tipo, que nos informan sobre muchos aspectos de la vida religiosa de Toledo en la primera mitad del siglo XVI. Uno de los capítulos del libro mejor elaborados lo dedicó a la Capilla Mozárabe, que en aquellos años ya funcionaba con regularidad. BIas Ortiz nos ha transmitido una bella narración de la obra reformadora de Cisneros, omitiendo la anécdota de la visita a la Biblioteca Capitular, pero añadiendo interesantes puntualizaciones sobre el iter de la reforma. Buscó, dice, primero las personas más expertas en la materia. Después mandó recoger todos los códices litúrgicos de las parroquias, los cuales estaban escritos en caracteres góticos, conocidos como de letra toledana y mozárabe. Ya entonces muy pocos eran capaces de leerlos. Los mandó transcribir en caracteres de imprenta, al alcance de todos. Una vez impresos los libros, dio un paso más con la fundación de la Capilla Mozárabe en un ángulo de la Catedral. A los capellanes les dio unos sabios estatutos y dejó por patronos al cabildo y al arzobispo conjuntamente.
Los aspectos más interesantes sobre los que versa el relato del doctor BIas Ortiz son dos: 1) La situación en que Cisneros encontró el rito
71 Régine PERNOL'I), Para acabar con la Edad Media (Palma de Mallorca, Medicvalia. 1998) 23. 69-70.
72 La CatedraL de Toledo 1549, sexún el doctor BIas Ort¡'z. en su ohra «Descripción Gráfica de la catedral de Toledo» ( Toledo 1999).
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mozárabe en los comienzos de su pontificado; y 2) las causas que le movieron a reformarlo.
La decadencia del rito, dice BIas Ortiz, fue paralela al estado de postración de la comunidad mozárabe. La pobreza de las parroquias era consecuencia directa de la paulatina disolución de la minoría mozárabe en el seno de la masa castellana mayoritaria. Muchos mozárabes habían olvidado sus raíces culturales (lengua, hábitos, status jurídico). La conglutinación social del grupo por medio del rito, único distintivo que les quedaba en el siglo XV, también se había ido aflojando, a medida que muchos, indiferentes o ignorantes, se pasaban al rito latino por enlaces matrimoniales, por traslado de domicilio o por pura comodidad personal. Los párrocos mozárabes, que eran sus líderes religiosos naturales, tampoco se mostraron a la altura de las circunstancias, pues con una negligencia clamorosa permitieron la introducción del rito romano en las parroquias mozárabes, de tal manera que raramente se celebraba en ellas según las normas tradicionales. BIas Ortiz asegura que en las parroquias mozárabes la liturgia hispánica sólo se practicaba ya en las fiestas y en algunos días especiales del año. En suma, cuando Cisneros llegó a Toledo como arzobispo por vez primera, el rito había llegado al final·de su ciclo vital y estaba a punto de desaparecer.
BIas Ortiz ha dejado una sumaria descripción del talante de Cisneros en relación con su intervención en la reforma del rito. En ella el autor incluye las razones que, a su parecer, le movieron a acometer la empresa de la restauración. Doy el pasaje en la versión castellana, atribuida al maestro Cedilla:
«y assí, como todo el rito se viesse ya inclinado al ocaso y para fenecer, el arzobispo don Francisco Ximénez de Cisneros, como era varón tan fervoroso y devoto venerador de la religión y estudiosíssimo observador de las antiguas ceremonias, tomó el cuydado y aplicación de restaurar éstas,,".
De esta breve cita se deduce que los motivos que indujeron a Cisneros a tomar sobre sí la tarea de restaurar la liturgia mozárabe fueron, en parte, externos a su persona (el estado de postración del rito). Pero la mayor parte de las razones que le impulsaron a la acción procedían de él mismo, porque eran debidos a su propia manera de ser, a su temperamento personal, a su formación intelectual y a su sensibilidad moral (su fervor, su celo religioso y su veneración de las tradiciones de los mayores).
Lo que BIas Ortiz acertó a expresar de una forma tan gráfica no era una opinión suya, sino el común sentir, compartido por los mejores
73 BIas ORT1Z. op. cit.. pág. 241.
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intelectuales toledanos de aquel tiempo. Conviene recordar que el párrafo en cuestión se encontraba entre los papeles del Dr. Juan de Vergara, el máximo exponente del erasmismo español y hombre de la confianza de Cisneros, hasta el punto de que alguien ha pensado que procedería de su pluma. Estaba destinado a servir para la biografía de Cisneros que nadie mejor que Vergara, su secretario de cartas latinas, hubiera podido escribir, pero después terminó en uno de sus seguidores y fue incorporado casi sin retoques a la obra de Alvar Gómez de Castro"-
Así vieron los hombres de su tiempo al cardenal Cisneros. Bajo la capa de un lenguaje retórico estas palabras describen lo que nosotros llamaríamos hoy la fisonomía típica de un hombre del Renacimiento español. A su profundo sentimiento religioso se unía un culto ferviente por todas las cosas de la antigüedad, dice BIas Ortiz. Este es un punto clave. Así como los italianos concebían el Renacimiento como el rescate de los valores del clasicismo latino, dando por supuesto que todo aquel acervo cultural pertenecía a su herencia nacional, los mecenas españoles buscaban con un afanoso patriotismo la recuperación de las glorias de la antigua Hispania. Cisneros entiende que una de ellas y no la menos insigne es la antigua liturgia hispano-mozárabe. La restauración de aquella joya de los Padres visigodos sólo adquiere pleno significado en el marco de su tiempo, dominado por las corrientes de la nueva cultura del Renacimiento.
11. UNA EMPRESA Y UNA GLORIA COMPARTIDAS
Las tareas editoriales de Ortiz constituyen para nosotros unos logros admirables de la técnica tipográfica, no sólo por la belleza de la impresión de los libros, sino también por la solidez del método adoptado en el trabajo, por los resultados conseguidos en la compulsa de los códices y por el avance de la crítica textual. Gracias a sus esfuerzos, aquellos viejos códices, que guardaban los arcanos de una liturgia paleocristiana, entregaron sus secretos y, abolida la inescrutable letra gótica, pasaron al dominio de los eruditos y a ser los libros oficiales de la comunidad mozárabe de Toledo. Con ligeros retoques. la obra de Ortiz ha llegado a nosotros y ha permitido
74 Alvar GÓMEZ DE CASTRO, De rebus xesfis a Francisco Ximenio Cisnerio, Archiepiscopo Tá/etano libro ocIO (Compluti 1569), folios 39v-43, 51-S1v, donde el autor sigue la cronología de Vallejo y toma párrafos enteros de Bias Ortiz.
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la supervivencia del rito durante medio milenio, hasta la reciente nueva refonna patrocinada por el cardenal don Marcelo González Martín.
Ortiz tuvo plena conciencia de lo que hacía y de cómo ante la posteridad compartiría con Cisneros la gloria de una proeza felizmente cumplida: "Tuis igitur industrie et impensis diu senio periclitata officia hysidoriana legentur. Quae in omnium notitiam peruentura apud pasteros charitatis tue studia et meas labores recensebunt»JI. El párrafo latino aquí reproducido alude al tópico, tan caro a la sensibilidad de los renacentistas, de la fama personal como una fonna de supervivencia que habría de acompañar a sus nombres, el de Cisneros y el suyo propio, en la memoria de los siglos futuros.
Cada uno de los dos protagonistas puso de su parte lo que le correspondía. A Cisneros como mecenas le tocó asumir como propia la iniciativa del proyecto, diseñar las líneas de actuación y afrontar las expensas de la ejecución «<nostra etate propriis sumptibus restaurare ac in lucem promere»). El doctor Alonso Ortiz, que se consideraba a sí mismo como el menor de los servidores de Cisneros, fue el responsable de la más dura parcela de toda la operación: de la reliazación material de la obra al frente de un equipo de competentes colaboradores (<<quam profecto durissimam prouinciam mihi servorum tuorum minirho mandare non dubitasti» ).
75 Prefatiuncula del Breviario Mozárabe.
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- CISNEROS y LA REFORMA DEL RITO HISPANO-MOZÁRABE*
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AKAL • HISTORIA DEL MUNDO PARA JOVENES
TOLEDO y LAS TRES CULTURAS
Olga Perez Monzon Enrique Rodriguez-Picavea Matilla
Si existe alguna ciudad en el mundo que refleje de manera ejemplar Ia confluencia de las tres culturas principales del mundo meditemineo medieval, esta es sin duda Toledo. El periodo de convivencia cultural y religiosa de musulmanes, judfos y cristianos en Ia ciudad del Tajo se inicia a principios
Vista general de Toledo. Toledo ocupa una situaci6n estrategica en un meandro o recodo sobre el rio, accidente natural que
contribuye notablemente a su seguridad y acrecienta su caracter de lugar inexpugnable.
del siglo v m con la invasion islamica, y se extiende hasta fi nales del siglo xv con la expulsion de los judfos por los Reyes Catolicos. Este Iibro pretende analizar el significado historico de esta sfntesis cultural desarrollada en la Toledo medieval.
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1. Etapas de dominio politico en el Toledo de las tres culturas
Dominio musulman (711-1085)
La etapa de dorninio musulman sobre Toledo se inici6 el mis mo aiio en que las tropas de Tariq cruzaron el estrecho de Gibraltar y derrotaron al ejercito visigodo de don Rodrigo (711). En poco tiempo, los musulmanes llegaron a la ciudad de! Tajo, que encon traron casi despoblada y sin resiste~, ya que la mayorfa de sus pobladores cristianos habfan huido~n cambio, los judfos perma necieron en Toledo y colaboraron con los musulmanes, raz6n por la cual debieron recibir algunos cargos de responsabilidad
La primera fase de] dominio musulman sobre Toledo se ca racteriz6 por las frecuentes sublevaciones protagonizadas por sus habitantes contra el poder central, que como sabes era detentado por Cordoba, revueltas que se explican por la participaci6n des tacada de la mayorfa de la poblaci6n, que era descendiente de los hispanorromanos, bien convertidos al islam (muladfes) o bien fieles al cristianismo (mozarabes). Dichas sublevaciones fueron duramente sofocadas por los emires omeyas cordobeses, y una de ellas acab6 en la tristemente famosa «Jornada del foso» del afio 807, en la que murieron decapitados los mas importantes
Los reinos de taifas de al-Anda/us (mediados def siglo XI).
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muladies de Toledo, pasando a la leyenda local bajo la denomi reino asturiano serfa gravemente derrotado por e l ejercito de! naci6n de La noche toledana. Medio siglo despues de estos emir de C6rdoba en Guazalete. No obstante, a pesar de las repre acontecimientos, un ejercito de toledanos aliado con tropas de! salias, los aires de independencia de los toledanos continuaron
Plano de la Toledo
musulmana, segun Julio
Porres. En su
configuraci6n se distinguen
claramente los nucleos
basicos de la ciudad: la
residencia def gobernador
(al-hizam), fa ciudad
propiamente • AOCWlto musulman
• EdiflCOOI musulmanesdicha ~ EdiflCOOI pre-musulmaneslmadinat) con
Muralas pre-musulmanas laciudad de
~ Construcdones dudosas /os judfos = Galles probables /Madinat Edifiaos con desbno probable
al-Yahud) ye/ – Juderla arrabal Puntos clave de la Cludad islamlca de Toledo
(rabat).
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con nuevas sublevaciones de muladfes. lncluso, entre finales de! siglo rx y principios de! X, Toledo estuvo en poder de rebeldes bereberes, aunque de nuevo volvi6 a manos muladfes.
/ Por fin, Toledo fue sometida a la obediencia de! poder central (de al-Andalus en la epoca de Abd-al-Rahman III (912-961), fun dador de! califato de C6rdoba. Entonces se inicia su papel de centro mtelectual, enriquecido por la convive~cia pacffica de tres culturas: la cristiana, la judfa y la musulrnanl!:J
Mas tarde, los primeros afios del siglo XI conocieron el desa rrollo de una profunda crisis polftica que culrninarfa en 1031 con la fragmentaci6n de! califato de Cordoba en una treintena de rei nos independientes conocidos como taifas. La mas extensa de es tas taifas, que ocupaba la mayor parte de la meseta meridional, con capital en Toledo, fue un reino gobemado por la dinastfa bereber de los Banu Di-I-Nun, que tuvo su perfodo mas floreciente durante los treinta y tres afios de! reinado de al-Mamun (1043-1075). Pero tambien la corte de este rey conocio una gran actividad cultural, en la que participaron destacados cientfficos, musicos y poetas. El as pecto exterior de la c iudad se benefici6 de este ambiente culto con nuevos jardines, en los que el agua era un componente esencial, constituyendo el entomo mas adecuado para los lujosos edificios que se construyeron entonces.
Por otra parte, al-Mamun impuso su predominio polftico so bre los restantes reinos musulmanes, anexionandose el territorio de las taifas de C6rdoba y Valencia. En cambio, frente a los rei nos cristianos su situaci6n era diferente, ya que tenfa que pagar unos tributos especiales denominados parias para conservar su independencia. En este contexto, cuando en 1072 el rey de Leon, Alfonso VI, despues de haber sido derrotado por su hermano Sancho II de Castilla en Golpejera, decide refugiarse en Toledo, es favorablemente acogido por al-Mamun, ya que era al monarca leones al que tenfa que pagar las parias.
Sin embargo, durante el reinado de al-Qadir, sucesor de al Mamun, la taifa de Toledo entro en una fase de crisis y disturbios que fue aprovechada por cristianos y musulmanes para anexionar se parte de su territorio. Es asf como la taifa de Valencia vuelve a independizarse, y C6rdoba pasa a depender de la taifa de Sevilla. Ante esta crftica situacion los musulmanes toledanos se dividieron en dos bandos: los partidarios de solicitar el apoyo de Alfonso VI, convertido ahora en rey de Castilla y Le6n, con al-Qadir a la cabe za, y los que vefan la necesidad de pedir apoyo a otros musulma nes. En un primer momento triunfaron estos ultimos, que
consiguieron expulsar a al-Qadir y establecer en el trono de Toledo al rey de Badajoz, al-Mutawakkil. Sin embargo, este ulti mo no pudo consolidarse en el poder, y abandono la ciudad de Toledo para regresar a su reino originario. Ent.onces se inicio el se gundo mandato de al-Qadir, que volvio a enfrentarse con graves problemas internos. Mientras tanto Alfonso VI, probablemente con el consentimiento del rey toledano, puso sitio a la ciudad del Tajo, tomando las fortalezas mas proximas y arrasando sus cam pos circundantes. Ante su insostenible situacion, al-Qadir decidio en 1085 entregar la ciudad de Toledo al monarca castellano-leones mediante un pacto y la promesa de recibir el reino de Valencia.
Dominio cristiano (1085-1492)
Por lo tanto, resulta fundamental subrayar que el dominio cristiano de Toledo se inicio en la primavera de 1085, no por conquista militar, sino por acuerdo pact.ado. El pacto de rendi cion de la ciudad se referfa fundamentalmente a la situacion en que quedaban los musulmanes bajo sus nuevos sefiores:
– Los musulmanes de Toledo podfan permanecer libremente en la ciudad con todos sus bienes y familiares, debiendo pagar a Alfonso VI identico tributo que antes daban a sus reyes.
– Los pobladores de Toledo que quisiesen podfan marcharse de la ciudad, llevandose ademas todos sus bienes muebles. En caso de que alguno de los que se habfan marchado deseara vol-
Alfonso VI, que se titul6 «emperador de las dos religiones», segun el Cartulario de la catedral de Santiago de Compostela (siglo xm).
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ver a la ciudad, lo podrfa hacer libremente con todas las propie dades que tuviese.
– La mezquita mayor de Toledo permanecerfa para el uso y culto religioso de los musulmanes.
– Alfonso VI se reservaba el alcazar, la Huerta de! Rey y el tesoro de al-Qadir.
La entrada en Toledo de Alfonso VI tuvo gran repercusi6n psicol6gica entre musulmanes y cristianos. Para los primeros su ponia una perdida irreparable, ya que por vez prirnera una ciudad musulmana pasaba intacta a poder de los cristianos. Para estos ultimos tenia sin embargo un doble valor: se recuperaba la capi tal del antiguo reino visigodo y, al mismo tiempo, se conquista ba, tambien por vez primera, todo el territorio de un reino musulman. Para reflejar esta nueva realidad Alfonso VI adopt6 el tftulo simb6lico de «emperador de las dos religiones».
En cualquier caso, afio y medio despues de la conquista el pac to se incumpli6 en uno de sus puntos fundamentales: la mezquita mayor musulmana fue convertida en catedral cristiana yen sede del nuevo arzobispado. i,Que determin6 este cambio de actitud?
Las fuentes de la epoca, cristianas y musulmanas, ofrecen distintas versiones de los hechos. Las primeras hacen responsa ble de este hecho a la reina y al arzobispo electo, mientras las se gundas responsabilizan directamente al propio monarca. En el relato de los hechos se indica incluso que tropas cristianas vio lentaron la mezquita mientras estaban orando los musulmanes.
Al margen de la total veracidad de estas fuentes, que en algunos puntos se contradicen entre sf, un hecho es claro: revelan la imposi ci6n del nuevo poder dominante y una inicial intolerancia hacia otros cultos y religiones que fueron relegadas a segundo piano. En efecto, la reconversion de la mezquita iba tambien en contra del cle ro local mozarabe, que habfa conservado en otro lugar de la ciudad su propia catedral durante el perfodo de dominaci6n musulmana.
Por lo que se refiere a la organizaci6n de la nueva sociedad cristiana, Alfonso VI se encarg6 de la entrega de fueros especial mente dirigidos a castellanos, francos y mozarabes, que recogfan las normas para el funcionamiento de cada comunidad y las for mas de resolver las causas judiciales.
En los afios sucesivos, ya lo largo de] siglo xu, Toledo fue u~a ciudad esencialmente fronteriza, cuyos campos y murallas se v1eron sometidos a numerosos ataques de almoravides primero y almohades despues. Solamente su inmejorable emplazamiento natural Y la solidez de sus defensas salvaron a la ciudad de una
nueva conquista musulmana. Pero el peligro que suponfan los ejercitos musulmanes no se alej6 definitivamente hasta la impor tante victoria cristiana de las Navas de Tolosa (1212) frente a los almohades, que situ6 en Sierra Morena la frontera. Fue entonces precisamente cuando, libre de los ataques musulmanes, Toledo recogi6 los mejores frutos de su riqueza cultural, simbolizada es pecialmente en la epoca de Alfonso X el Sabio.
Desde la segunda mitad del siglo xm y sobre todo en el XIV se produce en Castilla como en toda Europa una grave crisis econ6- mica reflejada, entre otras cosas, en un descenso de la poblaci6n. una subida de los precios y un estancarniento de la agricultura. La ciudad de Toledo se encontraba inmersa en esta crisis general, agravada por otros acontecimientos como la peste negra de media dos <lei siglo XIV, que tambien se hizo sentir aquf con fuerza. Por si fuera poco, Toledo sufri6 un proceso de empobrecimiento, al ser uno de los principales escenarios de la guerra civil castellana entre Pedro I y Enrique II de Trastarnara. La ciudad permaneci6 fie! has ta el final al prirnero de los monarcas y pudo sostenerse por sus ex traordinarias defensas, pero el triunfo definitivo <lei segundo en 1369 trajo como consecuencia el pago de una importante cantidad de dinero por parte de los toledanos, que recay6 especialmente en los judfos de la ciudad por el apoyo que habfan prestado a Pedro I. Las consecuencias de esta guerra civil pesaron sobre Toledo du rante varios afios, y la recuperaci6n econ6mica fue muy lenta. La crisis <lei siglo XIV culminarfa con el sangriento asalto a la juderfa toledana, que fue practicarnente exterminada.
En el siglo xv, Toledo se vio inmersa en los mas importantes acontecirnientos polfticos de la Corona castellana. Los mas signifi cativos tuvieron corno objetivo la persecuci6n de los judios que se habfan convertido al cristianismo, denominados por ese motivo «conversos». Especialmente relevante en este sentido fue la revuel ta de Pedro Sarmiento en 1449, que promulg6 un edicto para impe dir que los conversos ocuparan cargos publicos y provoc6 que la ciudad fuera excomulgada por el papa. La insurrecci6n tuvo enton ces fuertes repercusiones en toda la politica castellana.
Finalmente la etapa de! dominio cristiano sobre las tres cultu ras de Toledo acabarfa de forma radical con la expulsion de to dos los judios espafioles que nose convirtieran al cristianismo, decretada por los Reyes Cat6licos en 1492. La presencia de los mudejares en Toledo aun se prolong6 una decada mas, pero su final serfa igualmente traumatico, al ser expulsados por los mis mos monarcas en el afio de1502.
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2. Los grupos culturales y religiosos
Los musulmanes
Resulta un error bastante frecuente englobar bajo el califi cati vo de arabes a todos los musulmanes que vivfan en al Andalus. En real idad la sociedad hispanomusulmana es taba formada por tres grupos diferentes: arabes, bereberes y neomu sulmanes o muladfes. Los arabes constitufan la parte mas mino n taria entre los musulmanes, pero eran al mismo tiempo los que mayor poder tenfan. Los bereberes, procedentes de! norte de Africa, superaban en numero a los arabes y tenfan en sus manos gran poder mi!itar. Y el tercer grupo estaba integrado por aquellos cristianos que habfan decidido convertirse a! is!a mismo, constituyendo asf la parte mas numerosa de la pobla cion musulmana, pero tambien Ia que ocupaba un escalon mas bajo en la estructura social. Se Jes conoce igualmente bajo la denominacion de muladfes o «renegados». En principio, la ma-
yor parte de estos neomusulmanes eran campesinos, aunque hubo mas cada vez entre los trabajadores y artesanos de las ciu dades. La razon fundamental para su cambio de rel igion era una considerable mejora en su posicion economica y social. Precisamente estos nuevos musulmanes fueron los principales protagonistas de las numerosas revueltas de Toledo frente al poder central de Cordoba; con ellas intentaban conseguir una mayor participacion polftica.
En cualquier caso, y a pesar de sus diferencias in ternas, el conjunto de musulmanes constitufa el grupo privi!egiado en la ciudad de Toledo entre los afios 711 y 1085, diferenciandose cla ramente de los grupos no privilegiados -cristianos y judfos que debfan pagar un impuesto especial por profesar religiones di ferentes al islam, aunque estuvieran toleradas por ser como esta ultima religiones de! «Libro revelado». Por fin, la sociedad isla mica contaba con un importante numero de esclavos, que podfan
Exterior de/ templo de/ Cristo de la Luz. Antigua mezquita de barrio, fundada en torno al afio 1000 por la fami/ia Hadidi, consagrada para el cu/to cristiano en 1182 tras su entrega a /a Orden def Hospital de San Juan de Jerusalen.
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Los musulmanes permitieron a la poblaci6n mozarabe practicar el viejo rito cristiano visigodo en determinados templos, los llamados
templos mozarabes. San Sebastian (foto) fue uno de ellos.
ser liberados si se convertfan al islam. De este modo se fonn6 un grupo de libertos, que en la mayorfa de los casos permanecfan ligados a sus antiguos amos.
Hacia el siglo XI, precisamente la centuria que marca el fin del dominio islamico en Toledo, las diferencias culturales entre los tres grupos musulmanes se hicieron menos patentes, aunque las diferencias sociales aun permanecfan. Para entonces, Toledo era una ciudad tfpicamente musulmana, con la mezquita mayor, situada en la zona donde se levanta la actual catedral, ademas de una media docena de mezquitas pequei'ias, dos palacios reales, un alcazar y un recinto fortificado tfpicamente islamico.
Los mozarabes
Este grupo estaba compuesto por cristianos que hablaban ara be y estaban impregnados de la cultura y las costumbres islami cas. Literalmente el termino mozarabe significa arabizado.
En una primera fase estos mozarabes vivieron bajo la domi naci6n musulmana, y fue entonces cuando se «arabizaron». Sin embargo, eran musulmanes s61o en el aspecto cultural, ya que si-
guieron practicando el cristianismo, con sus obispos y sacerdotes propios y no menos de seis iglesias en el recinto de la ciudad de Toledo, una de ellas al )ado de la mezquita mayor musulmana. Pero estos mozarabes toledanos no vivfan concentrados en un barrio o zona de la ciudad, como sucedfa por ejemplo en Valencia, o en la propia Toledo con los judfos, sino que convi vfan con la poblaci6n musulmana.
En un primer momento una parte de los mozarabes no acept6 de buen grado la dominaci6n musulmana. emigrando hacia la zona cristiana, pero cuando su numero se vio reducido por las conversiones al islam o la emigraci6n, los que se quedaron se adaptaron mejor a la nueva situaci6n. Estos mozarabes toledanos fueron, junto a los muladfes, los principales protagonistas de las revueltas contra el poder central de C6rdoba, buscando una ma yor autonomfa polftica que les permitiera mejorar su condici6n socioecon6mica. Sin embargo, no podfan acceder al poder polfti co, ya que, a diferencia de los muladfes, !es estaba vedado por no ser musulmanes. Por otra parte, los cristianos que querfan conser var algo de autoridad sobre sus correligionarios debfan introducir se en la jerarqufa eclesiastica, con lo cual no podfan tener descendencia que asegurase la continuidad de su poder. En conse cuencia, buena parte de la clase dirigente mozarabe, especialmen te las mujeres, fue absorbida por la aristocracia musulmana. Al margen de la administraci6n religiosa, la aristocracia mozarabe s61o podfa aspirar al puesto de jefe de su comunidad. responsable de la recaudaci6n de impuestos frente a las autoridades mu ulma nas. Este personaje estaba ademas auxiliado por un juez especial para dirimir los conflictos entre cristianos segun la ley visigoda.
Con la entrada de los cristianos en Toledo, los mozarabes vieron confinnadas sus costumbres y )eyes, al permitfrseles con tinuar practicando el rito cristiano visigodo en sus parroquias, cuando en el resto de la Penfnsula ya se habfa establecido el rito cristiano romano. Por otra parte, se !es confirm6 la utilizaci6n de! Fuero Juzgo o ley visigoda tradicional. Ademas, cobraran fuerza como grupo cultural al ver incrementado su numero en primer lugar por las conversiones de algunos musulmanes al cristianis mo y, sobre todo, a mediados del siglo XII, por la emigraci6n de mozarabes de Andalucfa, que, como los judfos, bu yen de los al mohades, secta musulmana que no reconocfa la protecci6n a las tres religiones del «Libro revelado». Sin embargo, la mayorfa de estos nuevos mozarabes no se estableci6 en la ciudad de Toledo sino en general en sus campos circundantes, a fin de repoblar los
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territorios que habfan abandonado los musulmanes. Por otra par te. algunos de los comerciantes y artesanos de! barrio de Ios fran cos se «mozarabizaron» al casarse con mujeres musulmanas.
La mayor parte de la poblaci6n mozarabe de Toledo y su co marca circundante se dedicaba a la agricultura. Se trataba de campesinos que habfan asimilado las tecnicas de cultivo islami cas, pero que durante los siglos XII-XITI sufrieron un proceso de empobrecimiento progresivo a traves del cual una buena parte de sus tierras pas6 a poder de grandes propietarios laicos o eclesias ticos. Junto a estos agricultores, habfa tambien mozarabes que, como musulmanes y judfos, desde antes de la conquista cristiana se dcdicaban a las actividades artesanales, y continuaron con ellas cuando Toledo se convirti6 en el principal centro artesanal )' c imercial de! reino castellano.
Durante los siglos x:u-xm los mozarabes toledanos conservaron signos de su identidad cultural, ya que siguieron escribiendo sus d01.:umentos en arabe. Sin embargo, a mediados del siglo XIV los monirabes habfan abandonado practicamente el uso de la Iengua arabe. En cualquier caso. las capas dirigentes de los mozarabes Io graran integrarse en la sociedad castellana alcanzando los puestos mas elevados de Ia rnisma. Asf, por ejemplo, los descendientes de
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Illan Perez, alguacil de Toledo en el siglo XII, ocuparan desde el si glo XIV un puesto destacado en la alta nobleza castellana, y en el si glo xv daran lugar a los linajes de los condes de Orope a y Ios duques de Alba. Otros linajes mozarabes consiguieron que cuatro de sus representantes llegaran a ser arzobispos de Toledo, el cargo eclesiastico mas importante de Espana, entre finale de! siglo Xlll y mediados del XIV. Por su parte, las mujeres mozarabes solfan in gresar con frecuencia en el monasterio de San Clemente de Toledo, que se convirti6 asf en nucleo casi exclusivo de monjas arabizadas.
Los judios
Los judfos que quedaban en Toledo cuando tuvo lugar la inva sion musulmana eran supervivientes de las persecuciones de la epoca visigoda. A estos judfos se les fueron uniendo otros veni dos de toda partes, atrafdos por la nueva tolerancia religiosa que casi siempre practicaron los musulmanes. Lo cierto es que los ju-
lzquiera: La juderia toledana (madinat-al yahud) ocupaba el sector oeste de la ciudad y estaba protegida par el denominado «castillo viejo de las judfos», fortaleza existente desde epoca islamica a la que se uni6 un nuevo castillo desde la segunda mitad de/ siglo XIII.
Derecha: Los judios, ta/ y coma vemos en la ilustraci6n, solian emplear voluminosas tunicas y caracterfsticos tocados c6nicos, asi coma dejarse barba. Cantiga 108.
– Recino~
– Aac:inlOdt ll)Ydtrfl;
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Arriba: La Cantiga cuenta la historia de un caballero que, tras gastar toda su fortuna, acude a pedir dinero a un prestamista judfo. Este,
tocado con un gorro c6nico, cuenta el dinero antes de entregarselo,
Ab . . . . me~id~ en una talega, al caball~ro cristiano. a1o. la ded1cac16n de /os 1ud1os al comercio favorec16 su fama de
usu~eros Y, en ultimo termino, la animadversion de/ resto de la poblac,6n. En la foto vemos c6mo un judfo cambista esconde bajo
su cama un area donde ha guardado todo su dinero. Cantiga 25.
dfos espaiioles acogieron como una verdadera liberaci6n el fin de la monarqufa visigoda, y desde el principio consideraron a los musulmanes como sus aliados. En la practica, sin embargo, como en el caso de los mozarabes, los judfos se encontraban en situa ci6n de inferioridad frente a la clase dirigente musulmana. No obstante, a diferencia de los mozarabes, algunos de estos j udfos fueron ocupando determinados puestos de mando. Asf, es proba ble que los judfos se hicieran responsables de! gobiemo de Toledo inmj!diatamente despues de la conquista musulmana de la ciudad. ~ actitud de apoyo a los conquistadores islamicos otorg6 a
los juofos muchas ventajas como la libertad de culto religioso en sus sinagogas, la existencia de escuelas propias y la conservaci6n de buena parte de sus bienes, costumbres y practicas de gobier no. Por lo demas, parece que la actividad principal de los j udfos era el comercio, especialmente de esclavos, en el que actuaban como intermediarios entre la Espana cristiana y la musulman~
A pesar de todo, desde el siglo IX los judfos toledanos vi vieron en la denominada Madi11at al-Yahud o «ciudad de los j udfos», separados mediante un muro de los habitantes musul manes y mozarabes.
Esta separaci6n practicada en el interior de la ciudad de Toledo, como en otras muchas ciudades de la Espana medieval, se mantuvo en la fase de dominio cristiano. Se trataba de una di visi6n realizada en funci6n de la religi6 n basicamente, aunque por extensi6n tambien repercutfa en toda la cultura de! pueblo ju dfo. Se toleraban en efecto la religi6n, las costumbres y la cultura judfa, pero con la condici6n de que los judfos viviesen separados de! resto de la poblaci6n, para que no pudieran «contaminar» con su ~ ligi6n a los cristianos.
~a zona de la ciudad donde habitaban los j udfos es conocida como juderfa, termino que nunca debe confundirse con la aljama, organizaci6n institucional (religiosa, jurfdica y social) por la que se regfa una comunidad judfa, en la que debfan incluirse elemen~ basicos como la sinagoga, el cementerio, la escuela y la carnicerf_o/
AI frente de! gobiemo de las aljamas judfas estaban los viejos y adelantados, e legidos entre las famil ias mas ilustres, cuya fun ci6n principal era impartir justicia. Los jefes religiosos de la alja ma eran los rabinos, personajes encargados de la ensefianza de la Tradici6n y la Escritura.
La discriminaci6n fisica de los judios se completaba con algu nas disposiciones j urfdicas como la prohibici6n de convivir con cristianos, el deber de permanecer en sus casas el Viernes Santo o
la im alidez de sus testimonios contra los fieles cristianos. A cam b10 sc !es permitfa celebrar sus ritos los sabados y demas fiestas, posecr sus libros religio o y conservar las siaagogas ya existen tes. aun4ue sm tener po ibilidad de edificar otras nuevas.
Durante la primera fase del dominio cristiano, la comunidad jud1a toledana se consolid6 como la mas rica e influyente de toda la Corona Castellana. En el siglo XII la ocupaci6n econ6mica de los Judios de Toledo era fundamentalmente agrfcola. orientada al cultivo de cereales y viiiedos. Junto a estos agricultores, habfa judi<h que desempeiiaban actividades artesanales. como albaiii les. carmceros. L cribientes. molineros. panaderos y tintoreros. Ya desde los primeros momentos encontramos tambien a deter minados judios ejerciendo cargo de autoridad. como los de al guac JI (de legado de! alcalde), almojarife (recaudador de impucstos y administrador de! patrimonio real), almojarife ma yor (consejero de finan1as del rey) y embajador o emisario en corte<, extranjeras. Pero fueron sobre todo los judios relaciona do<, con las cuestiones fiscales los que provocaron las protestas mas frecuentes del pueblo cristiano.
El comercio era con iderado como una actividad generaliza da y compatible con otra profesiones. Los propios agricultores y artesanos vendian sus productos en mercados establecidos al aire libre. Igualmente se conoce la existencia de judfos cambistas, que ejercfan el comercio con lo extranjeros. Sin embargo, ya desde el
Arriba izquierda: La especial carga fiscal que pesaba sobre los judios favoreci6 su conversi6n al cristianismo. Bautizo de judio. Cantiga 25. Arriba derecha y abajo: La Cantiga 12 describe un asalto a la Judena toledana realizado por los cristianos. Estos, incitados por el arzobispo de Toledo ante el rumor difundido de que querian crucificar un muneco de cera, entraron en la juderia y mataron a algunos de sus miembros.
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siglo xm, la ocupacion mas frecuente de los judfos toledanos fue la de prestamista, actividad que era muy rentable, ya que los soli citantes de los prestamos eran de todas las procedencias religiosas y sociales, de los agricultores hasta el propio monarca. No obstan te, como veremos, durante el reinado de Alfonso X e l Sabio, Ia aportacion mas significativa de Ios judfos toledart's fue su dedi cacion a las ciencias y a las traducciones de textos-J
En cualquier caso, la a ljama j udfa de Toledo adquirio poco despues del inicio del dominio cristiano gran prestigio intelec tual, moral y religioso entre las restantes comunidades judias. No es de extrafiar por tanto que, probablemente desde el siglo XII,
To ledo empezara a conocerse como la Jerusalen espafiola, debi do a su esplendor y a la solidaridad de los judfos toledanos con sus correligionarios de cualquier zona geografica.
Por otra parte, los j udfos eran considerados como siervos del rey, pero dotados de independencia para establecerse donde qui sieran y regirse segun sus !eyes y tradiciones. Y a cambio de la proteccion real debian pagar un impuesto especial, como ya ha bfan hecho con las autoridades musulmanas. Ademas de este tri bu to, los judfos ten fan q ue pagar, igual que los c rist ianos, impuestos al concejo de Toledo, asf como los diezmos de las iglesias correspondientes. A todos estos tributos se unfan los 30 dineros anuales que debfan entregar a la catedral de Toledo como recuerdo de la cantidad por la que Judas vendio a Cristo. En este contexto economico desfavorable, los reyes castellanos facilita ban la conversion de j udfos al cristianismo, pero si un cristiano se convertfa al judaismo era castigado con la pena de muerte.
La proteccion de los reyes y el pago de tributos no libro, sin embargo, a los judfos toledanos de sufrir las persecuciones del pueblo cristiano. Durante los tres primeros siglos de dominio cristiano las persecuciones no fueron excesivamente numerosas, y respondieron a situaciones muy concretas en el contexto de un
c}ima general de tolerancia. I..__ La primera de estas persecuciones contra los judfos de Toledo
ruvo Iugar despues de Ia importante derrota castellana de Veles, acaecida en I I 08 J manos de las tropas almoravides. El pueblo cristiano, bien poryue responsabilizo a los judfos de la derrota en la bata lla O por la intervencion de estos ultimas en la compra de prisio neros para venderlos como esclavos, ataco encolerizado Ia juderfa toledana, masacrando a sus pobladores. Despues, a princi pios del ultimo cuarto del siglo xn, se produjeron nuevos destrozos, saqueos y matanzas en la juderfa toledana, cuya vfctima mas cono-
cida fue el historiador Abraham ben David, que murio con fama de santidad. Poco despues, durante los preparativos de la campafia de las Navas de Tolosa de 1212, los cruzados extranjeros que habfan venido a combatir contra los musulmanes atacaron la misma jude rfa, que tuvo que ser defendida por caballeros de Toledo~
Despues del clima de paz reinante en el siglo xm, la siguiente centuria conocio un progresivo crecimiento de! antijudafsmo, que provoco varias matanzas en juderfas de Navarra y Catalufia. A mediados de! siglo XIV, en el contexto de una grave crisis eco nomica y de Ia guerra civil castellana, volvieron a producirse nuevas matanzas de judfos toledanos, que ademas debieron pagar fuertes sumas de dinero a los vencedores del bando Trastamara. Sin embargo, como en el resto de la Penfnsula Iberica, la perse cucion mas importante se produjo en el 1391, ya que la juderfa toledana foe completamente exterminada tanto por cristianos como por musulmanes, movidos por la codicia y la venganza contra algunos judfos, recaudadores de impuestos o enriquecidos por la usura. Los pobladores hebreos fueron entonces obligados a convertirse al cristianismo, pues en caso contrario eran asesina dos. Despues de aquello, claro esta que muy pocos judfrn, toleda nos perrnanecieron fieles a sus creencias y practicas religiosas.
A lo largo del siglo xv, la disminuida comunidad judfa de Toledo se enfrento con nuevas persecuciones, que tarnbien afecta ron a los que se habfan convertido por fuerza al cristianismo pero segufan teniendo costumbres judfas. Tras la predicacion de San Vicente Ferrer en Toledo, miles de personas se dirigieron contra la juderfa, tomando por la fuerza la s inagoga de Santa Marfa la Blanca, que fue inmediatamente convertida en iglesia. Finalmente. la historia de los judfos toledanos, como la del resto de sus correli gionarios hispanos, terrnino tragicamente con la expulsion decreta da por los Reyes Catolicos en 1492. Solamente a Ios que se convirtieron al cristianismo se les perrnitio quedarse, pero contra los conversos se habfa creado desde 1478 la lnquisici6n espafiola, que se encargarfa de su represi6n en los siglos siguientes.
Los castellanos
La denominaci6n de castellanos hace generica referencia a todos aquellos pobladores procedentes del reino castellano-leo nes: gallegos, leoneses y castellanos propiamente dichos. Lo cierto es que la mayor parte de los nuevos pobladores cristianos que acudieron a Toledo despues de la entrada de Alfonso VI en
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la ciudad eran concretamente naturales de! reino de Castilla que, desde los primeros momentos, afirmaran su preponderancia sa bre el resto de los habitantes de Toledo. Esta diferencia cuantita ti va y sabre todo cualitativa qued6 tambien reflejada en el numero de parroquias: frente a seis parroquias mozarabes de rito visigodo. en el siglo XII existfan 21 parroquias de rito romano, que atendfan a francos y castellanos.
Muy pronto Alfonso VI entreg6 a los castellanos un fuero propio o conjunto de !eyes y privilegios especfficamente referi dos a ellos. Ademas se conoce la presencia de jueces y alcaldes dedicados exclusivamente al gobierno y administraci6n de justi cia entre los castellanos.
La mayorfa de dichos castellanos procedfa de la cuenca de! Duero, la tierra de Campos, Ios valles de! Pisuerga y de! Carrion y la zona burgalesa. Frente a ellos, resulta escasa la presencia de navarros, aragoneses y catalanes.
Los francos
De manera general, el termino franco se aplica a cualquier poblador procedente de! norte de los Pirineos, aunque lo cierto es
El temp/a de San Salvador demuestra c6mo numerosas construcciones religiosas musulmanas se reutilizaron y adaptaron coma temp/as cristianos. En concreto esta mezquita fue transformada en iglesia en 1158 par decision personal de la mujer de Alfonso VII.
que la mayorfa de los francos que se instalaron en Toledo venfan de! sur de Francia. Junta a ellos tambien se conoce la presencia de algunos ingleses e italianos. Las actividades que desarrollaron estos francos se orientaron fundamentalmente en dos direccio nes: el comercio y la ocupaci6n de cargos eclesiasticos.
Los francos tenfan una importante tradici6n de dedicaci6n al comercio en la Penfnsula Iberica, tanto es asf que el sentido de Ji bertad o franquicia viene asociado a los burgos de comerciantes francos establecidos en el Camino de Santiago. En Toledo. con el apoyo de Alfonso VI, vieron una buena oportunidad para dedi carse a las actividades mercantiles. Por eso se conocfa la zona donde se concentraban un buen numero de tiendas como calle de los Francos, la que actualmente se denomina calle de! Comercio. No todos los francos vivfan sin embargo en esta zona, aunque 16gi camente la mayorfa de los mercaderes preferia instalarse en ella.
En los fueros de Toledo los francos aparecfan con los mismos derechos que mozarabes y caste llanos, reconociendose asf el equilibria entre las tres comunidades cristianas. Como a mozara bes y castellanos, tambien a ellos se Jes reconoci6 un fuero pro pio, que posibilitaba la elecci6n de determinados cargos judiciales para resolver sus asuntos internos. En general, los francos estaban
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Arriba: Era frecuente la conversion al cristianismo de la poblaci6n musulmana. En la ilustraci6n vemos c6mo un moro, completamente desnudo, recibe las aguas bautismales que vierte sabre el el sacerdote. Abajo: Las actividades cientfficas y culturales reflejan, asimismo, la coexistencia cultural de la sociedad medieval. La Cantiga 88 muestra a un medico explicando su dictamen a una clientela formada par judios, cristianos y musulmanes.
bien situados, y tendieron hacia la fusi6n rapida con los castellanm, o, en menor medida, con los mozarabes. Luego, en el siglo xm su presencia como grupo con entidad propia ya era muy escasa.
El grupo de francos que acudieron a ocupar cargos eclesi,b ticos era mas reducido, aunque tambien mas poderoso. Con cl apoyo de Alfonso VI, pero sobre todo de su mujer la reina fran cesa Constanza, un grupo nutrido de cluniacenses acudi6 desdc los primeros momentos con intenci6n de imponer el rito roma no y las nuevas directrices de la reforma gregoriana. Con ello se enfrentaron al clero local mozarabe, que pretendia segu1r practicando el rito visigodo. Fueron ellos tambien lo principa les responsables de que la mezquita mayor musulmana se con virtiera en catedral cristiana, con la consiguiente oposic16n de la poblaci6n islamica. En definitiva, hicieron de Toledo una ca pital religiosa. Ademas, el clero franco ocup6 durante un siglo los mas importantes cargos eclesiasticos: el arzobispado de Toledo, el cabildo de la catedral, las parroquias latinas, lo~ obispados mas cercanos a Toledo y algunos monasterios tolc danos, como el de San Servando.
Los mudejares
La comunidad mudejar estaba formada por todos los musul manes que vivieron en Toledo bajo el dominio cristiano. Pero hay que aclarar que desde los primeros momentos estos musul manes toledanos estaban claramente diferenciados en dos gru pos: los libres y los esclavos.
Los primeros musulmanes que permanecieron en la ciudad del Tajo tras la entrada de los cristianos lo hicieron en virtud de un acuerdo entre Alfonso VI y el rey musulman de Toledo. al-Qadir. Por este pacto los musulmanes debfan pagar los im puestos correspondientes a los pobladores no cristianos, pero a cambio se les garantizaba la posesi6n de todos sus bienes y la libertad de culto, con especial referencia a su mantenimiento
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en la mezquita mayor. Este clima de tolerancia religiosa inicial se explica por el deseo de) monarca castellano de que los mu sulmanes continuaran con sus actividades econ6micas e inte lectuales, para no interrumpir la vida de la ciudad. No en vano el propio Alfonso VI habfa vivido anteriormente en la cone mw,utmana de Toledo, dandose a sf mismo de forma simb6lica el t1tulo de «emperador de las dos religiones». Sin embargo, s6lo un afio y medio despues de la entrada de los cristianos en la ciudad, la mezquita mayor fue convertida en catedral por iniuativa de los clerigos francos, lo que suponfa la violacion del pacto firmado por Alfonso VI.
Ante estos acontecimientos, los musulmanes que permanecieron en la ciudad fueron escasos en numero. Muchos habfan emigrado en el mismo momento de la conquista, incluso un poco antes, debido a que el derecho islamico prohibfa residir entre infieles siempre quc fuera posible no hacerlo. Por este motivo la mayorfa de los in telcctuales, religiosos y musulmanes fieles que no se habian ido antes encontraron una excusa en la transformacion de su mezquita mayor en catedral cristiana. Por otra parte, en el carnpo, la emigra cion de los musulmanes fue casi total. En consecuencia, durante los iglos Xll-Xlll ta poblaci6n mudejar toledana que permanecia en la ciudad era muy reducida y se encontraba bastante empobreci da. Estas condiciones de vida provocaban a su vez nuevas migra c10nes hacia territorios cristianos donde su situaci6n era mas vcntajosa, o tarnbien muchas veces a las tierras de al-Andalus.
A pesar de su escaso numero, o acaso por ello, a lo largo de la Edad Media la poblacion mudejar toledana no tuvo que vivir en una zona de la ciudad perfectamente delimitada, como suce di6 con los judios, sino que convivio con el resto de la poblacion cristiana. La mayorfa de las mezquitas fueron convertidas en iglesias cristianas, pero la vida religiosa de los mudejares parece no haberse interrumpido nunca, por muy pocos que fueran. Dcsde la segunda mitad del siglo XII el centro religioso de la alja ma mudejar estuvo situado en la mezquita de las Tornerfas. Para dirimir las cuestiones internas los musulmanes toledanos tam bien tenfan su propio alcalde.
La mayor parte de los mudejares toledanos se dedicaba a las actividades artesanales o al pequeiio comercio, destacando como olleros y alfareros o en oficios relacionados con la manipulacion de) metal , como Ios de herrero y cuchillero. En cualquier caso, lo que siempre resalta es la modesta condici6n econ6mica que detentaban.
A partir del siglo xw el numero de mudejares de Toledo au menta considerablemente. Este hecho es consecuencia directa de la llegada de numerosos cautivos musulmanes procedentes de las guerras libradas por los monarcas castellanos frente a los gober nantes de al-Andalus. Una buena parte de estos esclavos fue uti lizada como mano de obra en los campos toledanos, aunque tambien podfan pasar a forrnar parte del grupo de mudejares li bres mediante la compra de su libertad o por concesi6n de sus propietarios. Asf, muchos de estos esclavos fueron ayudados por musulmanes libres a traves del pago de la cantidad necesaria para lograr su liberacion. De esta forma, a partir sobre todo del siglo XIV, el grupo de mudejares libres empezo a cobrar mayor irnportancia. Cierto, sin embargo, que la formula mas habitual y rapida para que estos esclavos islamicos lograran su liberaci6n era su conversi6n al cristianismo.
A pesar de la convivencia pacffica con los cristianos, las )eyes castellanas recogen un importante conjunto de prohibiciones para Jos mudejares, segun las cuales no se Jes permitfa convivir, comer, beber, baiiarse o tener relaciones sexuales con los cristianos: y tarnpoco podfan desempeiiar cargos publicos, ejercer la medicina, tener esclavos cristianos, llevar armas o usar nombres cristianos.
o obstante, en la practica cotidiana esta no rmati va legal no e llevaba a efecto en numero as ocasiones. Los mudejares. al
no estar dedicados al prestamo o la recaudaci6n de impuestos. no suscitaron el odio y las persecuciones que padec ieron los ju dfos. La convivencia con los cristianos toledanos era por tanto bastante tolerable. Sin embargo, en ocasiones se fomentaba la conversion de) mudejar al cristianismo mediante la entrega de cantidades de dinero. En el siglo xv el clima para las comersio nes de mu ulmanes se hizo mas propicio. Finalmente, a princi pios de) siglo xv,, precipitados los acontecimientos por la cafda del reino de Granada, los mudejares debieron optar cntre una emigraci6n en condiciones muy diffci les o aceptar el bautismo. El resultado fue que practicamente todos se convirtieron al cri'> tiani mo. Cuando en 1502 los Reyes Catolicos decretaron la cx pulsi6n de todos los musulmane s que no se convirticran al cristianismo, la cornunidad mudejar dej6 de existir para s1l!m pre. A partir de ese rnomento, y hasta su expulsion en el primer tercio de) siglo xvu, vivieron convertidos a la fuer,a en cri',tia nos, aunque en el fondo fieles a Im, creencias y cm,tumbres mu sulmanas. Pero estos conversos ya reciben, desde el punto de vista historiografico, la denominacion de moriscos.
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I j
I I I I
I
3. La actividad cultural
La ciencia andalusi en Toledo
De los casi cuatro siglos de dominio musulman en Toledo, solo tenemos noticias acerca de la actividad cientifica de los ul timos cincuenta afios, pero nada sabemos de las fases de pre ponderancia sobre la ciudad del emirato y el califato de Cordoba. Fue precisamente a la cafda de este ultimo en 1031 cuando Toledo, como otras ciudades de al-Andalus, aprovech6 la llega da de los sabios cordobeses. La ciudad del Tajo se especializ6 fundamentalmente en las «ciencias de los griegos» o «ciencias intelectuales», como matematicas, medicina, astronomfa, astro logfa y alquimia, mientras Sevilla destacaba en poesfa, Cordoba en geograffa e historia y Denia en estudios sabre el Coran. Asf, tras la extincion de! califato, llegaron a Toledo nu merosos astronomos, medicos y filosofos procedentes de
El astrolabio es un antiguo
aparato emp/eado para
medir la altura de los astros.
Tambien podfa utilizarse para el
c6mputo de/ tiempo, asi coma
para objetivos astrol6gicos,
dada la creencia de que la
situaci6n de los astros influia en
los comportamientos
humanos. Astrolabio de/ periodo taifa,
anverso.
Cordoba. De todos ellos el mas destacado fue Ibn Wafid, que lleg6 a ser visir -ministro del monarca musulman-, lo que nos da una idea del prestigio alcanzado por estos cientificos en la sociedad andalusi. Ibn Wafid era miembro de una importante farnilia cordobesa, y ejercio, al parecer con gran exito, la medi cina basada en el remedio de la dieta alimenticia. Experimento la aplicacion de la botanica en la «Huerta del Rey» toledana, contando con el apoyo decidido de al-Maroun, y escribio ade mas un tratado de astronomia y una de las obras mas importan tes de la medicina andalusf hasta aquel momento: el Tratado de Las medicinas simples, que se inscribe en una tradici6n medica con gran influencia botanica. Esta obra pudo ser conocida un siglo despues en Occidente gracias a la traducci6n realizada en Toledo por Gerardo de Cremona.
Desde luego la obra de Ibn Wafid no es un producto aislado, sino mas bien el reflejo de una gran actividad cultural desarrolla da en los cfrculos intelectuales toledanos bajo la dinastfa de los Banu Di-I-Nun; actividad que se centraba en la consideraci6n de la astronomfa, las matematicas y la medicina como expresion profunda de la erudici6n. En este contexto intelectual se encua dra el sabio cordobes Ibn al-Bagunis, formado en aritmetica. geometrfa y logica, quien en Toledo se dedic6 a enseiiar a jove nes filosofos la esencia de la medicina a traves de Ia lectura de los tratados de Galena. Sin embargo, a diferencia de Ibn Wafid. no se entregaba a la practica de la medicina.
En el marco de esta epoca de esplendor cientifico toledano cabe tambien mencionar la figura de Azarquiel, que perfecciono el astrolabio y el reloj de agua, y es el principal responsable de las Tablas toledanas de astronomia, que corrigieron las medicio nes de Ptolomeo y situaron el meridiano de referencia en Toledo. Gracias a la traducci6n de estas Tablas, realizada en la corte de Alfonso X, su conocirniento sera fundamental para la astronomia hasta la revolucionaria aparicion de Copemico.
En consecuencia, resulta bastante coherente que sea en este ambiente toledano donde se escriba entre 1065 y 1070 la primera historia andalusf de las ciencias o Libra de Las generaciones de Las naciones, debida a Sa' id, que desempeii6 el puesto de cacti o juez civil. El hilo conductor de la obra es la idea de que s6lo la
ciencia garantiza la continuidad entre las naciones. La historia de la ciencia, segun este autor, comienza en la India, la civilizaci6n considerada mas oriental, y finaliza en el extremo mas occiden tal, al-Andalus, pasando en el transcurso del tiempo por persas, caldeos, griegos, romanos, egipcios y judios. Los arabes son con siderados como los receptores de toda la ciencia anterior, y Ia Espana musulmana el punto final de esta evoluci6n y un lugar, en consecuencia, privilegiado.
Los traductores de Toledo
El mejor fruto cultural de la convivencia de judios, cristianos y musulmanes en Toledo se materializ6 en los siglos XII-XUI,
cuando la ciudad del Tajo se convirti6 en el mas importante cen tro de traducciones de todo el Occidente medieval. A este perfo do de espec ial riqueza cultural los historiadores lo han denominado tradicionalmente como «Escuela de Traductores de Toledo». Sin embargo, en los ultimos aiios algunos autores ban llamado la atenci6n sobre la inexactitud de) termino escuela para referirse a esta realidad. Las razones que se argumentan son fun damentalmente dos:
– No existfa un sistema de enseiianza regulado y continua do Solamente se conocen algunas manifestaciones esporadicas y aisladas.
– Tampoco existfa un apoyo y patrocinio institucionalizados por parte de los arzobispos de Toledo. Estos ultimos vefan con buenos ojos la presencia de traductores en el cabildo catedralicio, pero no dirigieron los equipos de trabajo, ni promovieron pro yectos conjuntos. La iniciativas, apoyadas o no por los arzobis P<f:: eran realizadas a tftulo individual.
1 En cualquier caso, durante los siglos XIl-Xtll Toledo fue el principal centro de traducciones de toda la cristiandad occiden tal, ya fuera mediante figuras aisladas y esporadicas o a traves de autenticos equipos de traductores que trabajaban en colabo raci6n El fen6meno de las traducciones y el ambiente de acti vidacVcultural convirtieron a Toledo en foco de atracci6n para numerosos intelectuales europeos. Este importante intercambio cultural pudo realizarse en Toledo gracias a la convivencia de tres culturas durante cuatro siglos. El fruto de esta conviven cia cultural se recogi6 en los siglos XII-XIII, debido a la exis tencia de mozarabes y judfos 'Ille conocfan la lengua arabe y la latina, permitiendo asf el contacto intelectual entre Oriente
Aunqueel astrolabio fue inventado por los griegos, fueron los musu/manes quienes lo desarrollaron y perfeccionaron notablemente, transmitiendo todos SUS
conocimientos a Europa. Astrolabio def periodo taifa, reverso.
y Occidente a traves del mundo islamico. Al mismo tiempo, Europa occidental pudo conocer las mas significativas aporta ciones del mundo islamico mediante traducciones realizadas en Toledo de las obras de Averroes y A vicena, pero tambien de al gunas de las mas destacadas obras de fil6sofos y cientfficos griegos.
De este modo, la ciudad de Toledo actu6 durante los siglos ~•-xm como autentico puente cultural entre Oriente y Occidente. vLa presencia de los traductores permiti6 recuperar numerosas
obras clasicas de Arist6teles, Galeno y Ptolomeo, textos que ha bfa perdido el mundo occidental, y que, traducidos al arabe, y gracias a la labor de los sabios toledanos, de nuevo podfan leer!>e en lengua latina. A esta transmisi6n del saber clasico los cientffi cos de Toledo unieron la traducci6n de las principales obras de Ia ciencia islamica. Todo este saber escrito, traducido al latfn, se di fundi6 por Europa occidental en una epoca que conoci6 un ver dadero «renacimiento cultural» asf como e l origen de las universidades. En consecuencia, el papel de los traductores tole danos en el resurgimiento de la cultura del Occidente europeo re-
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Estatua de Averroes en
Cordoba. Este fil6sofo
andalusf tuvo gran influencia en la cultura de
Europa occidental
gracias a la traducci6n de
sus obras principales
realizada en Toledo.
sulta ser de capital importancia. Sin embargo, es necesario desta car que otras zonas peninsulares, como el val le del Ebro, Cataluiia, Navarra y Segovia, tambien actuaron como interme diarios culturales entre Oriente y Occidente a traves de la traduc ci6n al latin de algunas obras clasicas que se conservaban en arabe. Aun asf, los principales beneficiados de este trasvase cul tural no serfan los reinos hispanicos, sino los centros cientfficos mas destacados de Francia, lnglaterra e Italia.
El primer gran perfodo de las traducciones en Toledo se ini cia con Juan de Sevilla, un mozarabe, o quiza un judfo, cuya acti vidad se desarrolla entre L133 y 1142. Su trabajo mas conocido fue la traducci6n al latfn del tratado de Qusta ibn Luqa titulado De la diferencia entre el espfritu y el alma, realizado a instancias del arzobispo de Toledo don Bernardo, a quien esta dedicada la obra. El resto de sus traducciones conocidas son obras astrol6gi cas fundamentalmente.
Durante Ia segunda mitad del siglo XII las traducciones tole danas experimentaron gran impulso gracias a dos personajes pertenecientes al cabildo catedralicio de Toledo: Gerardo de Cremona y Domingo Gonzalvez. El primero de ellos, natural de Cremona, en Lombardfa, estudi6 filosofia en Italia y se interes6 por Ptolomeo, cuyas obras no estaban traducidas al latfn. Buscando textos en arabe de este autor fue a Toledo, donde aprendi6 el idioma, y posteriormente se dedic6 a las traducciones latinas de originales arabes ode textos griegos traducidos ya al arabe. En total se documentan mas de setenta traducciones reali zadas por Gerardo de Cremona, que tambien se dedic6 a la ense fi anza de la astronomfa y la astrologfa mediante la lectura comentada de textos, ayudado tal vez por un colaborador mo1a rabe. Por su parte, Domingo Gonzalvez era arcediano de Cuellar. en Segovia, ya partir de 1162 se traslad6 a Toledo, colaborando en la traducci6n de obras filos6ficas con un cierto maestro Juan, quiza miembro tambien del cabildo toledano. El propio Domingo fue autor igualmente de algunas obras de las mismas caracterfsti cas, entre las que se encuentra De la divisi6n de lafilosoffa, un in
tento de establecer una clasificaci6n de las ciencias y los nue OS saberes en el que se concedfa mayor relevancia a la medicina.
La actividad traductora en Toledo tuvo un nueva fase flore ciente entre finales del siglo Xll y principios del xrn, coincidente en parte con el arzobispado de Rodrigo Jimenez de Rada, una de las figuras mas destacadas e influyentes de su epoca, que partici p6 en la campafia de las Navas de Tolosa y escribi6 varios libros sobre historia hispanica. El primero de los traductores de esta nueva fase fue Marcos de Toledo, nacido en la propia ciudad del Tajo; probablemente se trata de un mozarabe, ya que aprendi6 la lengua arabe en su juventud. Tras estudiar medicina en alguna universidad de Italia o Francia, a requerimiento de maestro~ y alumnos volvi6 a Toledo para traducir al latfn lo que los arabes habfan transmitido de la obra del medico griego Galeno. Tai vez conociera en persona a sus ilustres predecesores Domingo Gonzalvez y Gerardo de Cremona; en cualquier caso, continu6 la costumbre toledana de traducir originales arabes, al ofrecer la version latina de un tratado de medicina del siglo IX. Ademas, el propio arzobispo de Toledo encarg6 a Marcos una nueva traduc ci6n de! Coran y de un tratado de teologfa musulmana, para que los intelectuales cristianos conocieran mejor las obras fundarnen tales de la doctrina islamica y asf pudieran combatirlas adecua darnente desde el punto de vista ideo16gico.
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Coincidiendo con los ultimos aiios en la actividad traductora de Marcos llegaron a Toledo dos intelectuales extranjeros. El mas importante de ellos fue Miguel Scoto, natural de Escocia como in dica su apellido. En 1217 tradujo al latfn, con la colaboraci6n de un j udfo, una obra de astronomfa que el andalusf al-Bitruyi habfa escrito a finales de! siglo XII. Probablemente realiz6 tambien en Toledo la traducci6n de! gran compendio zool6gico de Arist6teles. Por otra parte, no se sabe con seguridad si corresponde a su perfo do toledano la traducci6n de una obra de Averroes o forma parte ya de la importante actividad desarrollada en la corte imperial de Federico II a partir de 1220. El segundo de los extranjeros llegados a Toledo durante la misma epoca fue un can6nigo de Padua llama do Salio, que tradujo obras de astrologfa en colaboraci6n con un personaje de nombre David, probablemente judio.
A mediados de! siglo XIII se inicia el ultimo perfodo de es plendor de las traducciones toledanas, que se extendera hasta fi-
lzquierda: El Coran es el libro sagrado de la religi6n musulmana, utilizado no s6lo para cuestiones religiosas, sino tambien como normativa social. En la fotograffa un fragmento de/ Coran, procedente de un manuscrito de epoca almohade (siglo XIII),
Derecha: lnscripci6n hebrea de la sinagoga de/ Transito. A diferencia de las otras dos culturas que convivfan en Toledo, los judfos siempre fueror un grupo minoritario, raz6n por la cua/ el uso de la lengua hebrea qued6 reducido a practicas religiosas, cierta literatura y la comunicaci6n entre miembros de la misma comunidad.
nales del reinado de Alfonso X el Sabio (1252- 1284 ). La figura individual mas sobresaliente de la fase inicial de esta epoca es Hermann el Aleman, que trabaj6 sin colaboradores en Ia traduc ci6n de importantes obras filos6ficas de Arist6teles y A verroe<, entre 1240 y 1254. Despues se pierde la pista de su acti vidad , hasta queen 1266 fue nombrado obispo de Astorga, cargo q ue desempeii6 hasta su muerte.
Pero tambien el propio rey Sabio impuls6 persona lme nte numerosas traducciones de obras de astronomfa y astrolog ia utilizando para ello la experiencia acumulada por Ios sabw, toledanos. Es indudable que la obra e mprendida en la cortt: , ,. ledana de Alfonso X supera el ambito de las traducc11ne-., pura alcanzar el de la creaci6n intelectual propia y origin,11 Sm e m bargo, serfa dificil comprender este florecim ie nto c ultural s in la existencia de una larga tradici6n cientffica l l edana de de la epoca de al-Mamun y de! intercambio cultunl que significaron
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AlfonsoX recibiendo a dignatarios
eclesiasticos. La producci6n cientffica de la
cone de/ rey Sabio fue el
mejor ejemplo
de la sintesis cultural entre
judios, musulmanes y cristianos.
las numerosas traducciones reali zadas desde el siglo XII.
Durante el reinado de Alfonso el Sabio la mayor parte de las traducciones se centran en obras astron6micas, y sus principales responsables son los judfos toledanos. En este cam po cientffico destacan las traducciones de las principales obras de Azarquiel y A vicena, asi como la elaboraci6n del llamado libro def saber de Astronom(a, que recoge aportaciones de los cientfficos que trabajaban en la corte toledana. El propio monarca, gran aficio nado a la astronomfa, foment6 este trabajo, y colabor6 en algu no de estos textos cientificos. Sin embargo, conviene aclarar que el concepto de originalidad medieval es distinto al nuestro, ya que necesariamente habia que incluir el tratamiento de las obras escritas sobre el tema en cuesti6n por Jos grandes autores.
E l contenido de la producci6n cientffi ca en Ia corte de Alfonso X refleja indudablemente la convivencia de cristianos,
judfos y musulmanes en los reinos hispanicos medievales. La labor desarrollada por el monarca y sus colaboradores tuvo dos facetas. En primer lugar, constituye un precedente de recopila ci6n cientffica de caracter enciclopedico. Y en segundo lugar, supo ne la culminaci6n de) papel de intermediarios entre Oriente y Occidente desempeiiado por los reinos peninsulares a traves de las traducciones.
En definitiva, el significado de las traducciones hispanas -especialmente simbolizadas en Toledo- trasciende los siglos centrales de la Edad Media para llevar su influencia al Renacimiento italiano, donde la recuperaci6n y el conoci miento de los autores clasicos no pueden entenderse sin el es fuerzo realizado por los sabios toledanos, que traspasaron de este modo el rico legado intelectual dejado por Jos griegos Y musulmanes.
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AKAL • HISTORIA DEL MUNDO PARA JOVENES
. TOLEDO Y LAS TRES CULTURAS
Olga Perez Monzon Enrique Rodriguez-Picavea Matilla
6. El arte toledano Los edificios simbolicos de las tres culturas
Cada un a de las tres religiones q ue cohabitaron en e l Toledo medievaJ tenfa su templo especffico: los musulmanes, la mezquita; los judfos, la sinagoga; y los cristianos, la iglesia.
Edificios diversos con una peculiar arquitectura y simbolo gfa, cuyos elementos clave comentaremos a continuaci6n.
El is/am: la mezquita La mezquita es el lugar donde los fieles musulrnanes se reu
nen a orar. Es, por tanto, un centro de oraci6n, y no la casa de Dios, como ocurre con la iglesia cristiana.
Ademas de esta funci6n religiosa, Ia mezquita podfa desem peiiar una funci6n docente -servfa de escuela- y otra publica -en su recinto se realizaban Ios nombramientos oficiales y se administraba justicia- .
En la arquitectura de la mezquita, cuyo primer modelo fue la casa de Mahoma en Medina, distinguimos dos partes: el patio y la sala de oraci6n.
El patio es un espacio abierto, normalmente rodeado por ga Ierfas porticadas, donde suele situarse la fuente para los baiios ri tuales y el «aJminar», torre desde donde se avisaba a los fieles para los distintos rezos diarios.
En cuanto aJ patio, permite el acceso a la sala de oraci6n, am plio espacio —cuadrado o rectangular- dividido en varias naves por filas de columnas. En este recinto recibe una especiaJ decora ci6n el muro de la «quibla», orientado hacia la ciudad santa de la Meca, donde los musulmanes debfan dirigir sus oraciones.
lzquierda: Latorre de Santiago de/ Arrabal, en su estructura de planta cuadrada con nuc/eo central en torno al cua/ se distribuyen las escaleras, sigue el modelo habitual de los alminares islamicos. Algunos autores creen que se levanta sobre un alminar. Centro: La sinagoga de Santa Maria la Blanca es uno de los templos judios mas antiguos conservados en territorio peninsular. Aunque todos los estudiosos situan su construcci6n entre los sig/os x11 y x111, no coinciden por completo en su identificaci6n. Unos la asocian con la «sinagoga nueva", erigida por el tesorero de Alfonso VIII; otros con la «sinagoga mayor», levantada por un consejero de/ mismo monarca, y otros con la sinagoga de AI-Halikim, obra de 1271. Abajo: Puerta oeste de la catedral dedicada a San Ildefonso, patron de Toledo. Segun la tradici6n, a este santo, que fue obispo de la ciudad castellana, se le apareci6 la Virgen, con una muchedumbre de angeles y le entreg6 una esplendida casulla.
En la misma pared se localiza un pequeiio nicho semicircular donde primitivamente se situaba el califa o seiior de los cre yentes.
En toda ciudad -y jC6mo no! en Toledo- existfan diversas mezquitas de barrio u oratorios privados, asf como un templo principal, la mezquita mayor.
El judafsmo: la sinagoga La sinagoga es el edificio principal de oraci6n para los judios.
Su planta, aunque no presenta una tipologfa tan normalizada -tan fija en su forma y di tribuci6n- como la mezquita, suele mantener la orientaci6n al este, hacia la ciudad de Jerusalen. Este muro oriental recibe una especial decoraci6n, yen el se
lzquierda: A pesar def sentido etnico con que se ha denominado esta expresi6n artfstica, las obras de arte mudejares fueron realizadas tanto par cristianos coma par musulmanes. En la imagen, puerta mudejar de San Andres. Derecha: El 1/amado «aparejo toledano» -mampuesto mezclado con hiladas de ladrillo- pertenece a una antigua tradici6n constructiva local revitalizada par el arte mudejar. En la foto, fachada y torre de la iglesia de Santa Leocadia.
suele situar un nicho o hueco, para guardar el Arca o el Iibro de la Ley.
Otros elementos frecuentes en las sinagogas son los p(ilpito<,. la existencia de pequeiios lugares acotados, presuntamentc reser vados a las mujeres, y unas pequeiias camaras que se destinan al estudio de la ley judfa.
El cristianismo: la iglesia La iglesia cristiana es la «casa de Dios», y por tanto un Ju
gar sacralizado. Su arquitectura. tipol6gicamente. adopta Ja planta centralizada o si no la basilica!. La basilica! csta forma da por naves paralelas, separadas por arquerfas quc confluyen en la cabecera o abside. parte fundamental de la iglesia cristia-
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Arriba: El yeso es un material barato, facil de trabajar, muy adherente a las superficies y susceptible de utilizarse para todo tipo
de decoraci6n. Las yeserias, al policromarse, ofrecen una «falsa» imagen de suntuosidad y riqueza, ta/ como observamos en el
interior de la sinagoga de/ Transito. Abajo: Para la conversion de la mezquita en la iglesia cristiana de/ Cristo de la Luz -segun puede verse en la fotograffa- se cerr6 el muro de la quibla y se ados6 a la planta de/ edificio islamico -de
forma cuadrada compartimentada en nueve espacios por cuatro columnas- un abside o cabecera semicircular.
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na. que suele estar orientada al este -el punto cardinal por donde sale el sol-, por la identiticaci6n cristiana de Dios-luz. D1cha asociaci6n de la divinidad con la luz se hace mas evi dente en cl periodo g6t ico, durante el cual su edificio emble matico. la catedral. orada us muros con grandes vidrieras que convierten cl interior del templo en un «espacio coloreado», un «espacio "agrado» o reproducci6n terrena de la Jerusalen cele<,te
Otros elementos frecuentes en el templo cristiano son la torre o camp;.mano, asi como lo pulpitos y la decoraci6n escult6rica y pictonca que inunda portadas, capiteles y retablos, cuyo lenguaje expresa las creencias cristianas.
Arte mudejar. Comun manifestacion de las tres culturas
La conqu1sta cristiana de Toledo supuso el contacto directo con una importante ciudad islamica de estructura urbana plena mente detinida. con un amplio repertorio de edificios destacables. Ambos elementos – urbanismo y arquitectura- despertaron el asombro} admiraci6n en la nueva poblaci6n dominante, que aun no habfa conocido el tlorecimiento de sus ciudade y cuyas clases privilegiadas solian habitar inh6spitas y austeras fortaleza situa das en el campo.
A este temprano deslumbramiento por la cultura islamica se sum6 una circunstancia coyuntural: Ios problemas econ6micos de la repoblaci6n, que frenaron la inic iativa constructiva y obligaron al empleo y utilizaci6n de edificios anteriores: por ello las mezqui tas tras una ceremonia de con agraci6n, se transforman en iglesias, y los alcazares e n palacios tras una sencilla toma de posesi6n. Hay, por tanto, una primera fa e de entusiasmo }' asimilaci6n de la tradici6n musulmana por parte de los cristianos.
Esta impronta islamica profunda quedara atenuada al pervivir en una cultura occidental donde los mecenas mayoritarios son cristianos y estar al servicio de una religi6n ajena al islam, hilo conductor de Ia tradici6n musulmana.
La expresi6n artistica que retleja esta feliz coexi tencia cultu ral es el llamado arte mudejar, un producto tfpicamente hispanico al ser fruto de una circunstancia hist6rica exclusiva y pecul iar: la convivencia durante siglos de mu ulmane , cristianos y judfos en el territorio de la peninsula.
Caracteristicas def mudejar Dos elementos destacan en toda obra mudejar: los materiale
empleados y la importancia concedida a la decoraci6n. Frente al uso de la piedra. material noble y costoso con que
se fabrica la catedral, la construcci6n mudejar opta mayoritaria mente por el empleo del ladrillo y el mampue to – aparejo tole dano-, materiales faciles de obtener que abaratan sen iblemente el precio de la obra.
La decoraci6n es un aspecto fundamental y basico en toda construcci6n mudejar, en absoluto accesoria. Ricas yeserfas, azulejo multicolores, vistosas techumbres de madera y repetiti vas arquerfas de ladrillo recorren superficies e inundan muros, ocultando la autentica estructura del edificio y la pobre naturale za de sus materiales.
La importancia dada a la decoraci6n en la obra mudejar es un principio heredado de la tradici6n oriental, al igual que el gusto por los ritmos compositivos repetitivos que recubren superficies enteras y la tendencia a compartimentar el espacio.
El ladrillo en la obra mudejar se emplea con sentido constructivo y decorativo; con ladrillos se alzan las paredes y los muros, y tambien los juegos decorativos que ornamentan los edificios mudejares. En la foto, un detalle de la puerta occidental de Santiago def Arrabal.
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Los motivos ornamentales empleados son tanto islamicos -geometricos, epigriificos, temas de lazos y estrellas- como occidentales – motivos naturalistas g6ticos-. La misma pro cedencia multiple tienen las soluciones estructurales adoptadas por el arte mudejar.
La combinaci6n de todos estos elementos no dan pues una obra ni islamica ni occidental, sino mudejar, con una identidad y autonomfa propias.
En cuanto a los judfos, participaron del mismo caracter mu dejar de Toledo y patrocinaron importantes obra.; de este estilo, aunque en su configuraci6n s61o se aprecian elementos estilfsti cos de procedencia islamica y cristiana, tal como hemos seiiala do anteriormente.
lzquierda: El abside en la
obra mudejar recibe una
similar decoraci6n al
resto de/ edificio, a base
de sucesivas arquerias
ciegas, como observamos en la cabecera de/ templo de San
Anto lin. Derecha: El emp/eo de
cubiertas de madera ofrece
varias ventajas: su poco peso,
su facil reparaci6n y su
m6dico coste. Con este
material se elaboran
comp/ejas estructuras,
como la que aun conserva /a
sinagoga de/ Transito.
Arte religioso La ciudad taifa de Toledo era una urbe populosa donde la po
blaci6n musulmana mayoritaria convivfa pacfficarnente con im portantes grupos de judfos y mozarabes. Las mezquitas, por tanto, altemaban su silueta con sinagogas e iglesias donde la po blaci6n mozarabe podfa practicar su liturgia; estas ultimas eran normalmente de procedencia visigoda, ya que los mozarabes te nfan prohibido elevar nuevos santuarios.
Las tropas castellanas se adueiiaron asf de un amplio con junto de edificios -la entrega pactada de Toledo evit6 su de-,. trucc i6n masiva- que respetaron y conservaron, bicn manteniendo su inicial funci6n -corta fase marcada por l,t transformaci6n de la mezquita mayor en catedral- o bien ade
La costumbre de decorar a/tares con azulejos o tejidos vistosos fue usual en las iglesias medievales, ta/ y como recogen diversas ilustraciones de las Cantigas. Cantiga 151.
cuandolos al nuevo culto. Las mezquitas se info convirtiendo progresivamente en iglesias -de las once que hubo en Toledo al menos nueve sufrieron este cambio- y los templos mozara bes se fueron adaptando a la vigente liturgia cristiana romana.
S6lo un siglo despues de la conquista, conseguida la pacifica ci6n de la zona circundante y con mejores expectativas financie ras, el nuevo poder cristiano iniciara la construcci6n de nuevos edificios desde sus cimientos, y tanto en las refonnas realizadas en los edificios preexistentes como en las nuevas empresas cons tructivas el estilo dominante sera el mudejar.
Este estilo, por tanto, unifica la construcci6n religiosa toleda na. i,Por que todas las iglesias parroquiales y las ennitas se erigen en mudejar?; i,que determin6 el empleo de este estilo tambien en las nuevas sinagogas judfas?; j,por que se elige mayoritariamente esta tecnica, frente al trabajo de canterfa empleado en la catedral? Las razones de esta preferencia fueron multiples y variadas.
Gran importancia tienen las de caracter econ6mico y social, como el bajo precio de los materiales, el buen oficio de los alari fes y su modesto salario. Estos «ahorros» fueron importantes en la adopci6n general del e tilo mudejar, dada la precaria economfa de las iglesias, que debfan entregar parte de sus rentas para la fi nanciaci6n de la catedral.
Pero en esta preferencia por e l mudejar tambie n subyace una opci6n estetica, existiendo una decidida voluntad de cons truir en un estilo que, apoyado por los reyes, los noble y e l cle ro, refleja, como ningun otro, la coexistencia cultural de la Toledo medieval.
La evoluci6n del mudejar expresara, asimismo, la evoluci6n de la sociedad toledana, distinguiendose dos grandes fases o perfodos.
El primero alcanza hasta mediados del siglo XIII, y esta domi nado por influencias anteriores, islarnicas y visigodas. Los templos se superponen a antiguas estructuras, de ahl el empleo de arcos de
Arriba: La sinagoga de Santa Maria la Blanca, de cinco naves escalonadas en altura, participa de las mismas caracteristicas que /os otros edificios mudejares: austeros exteriores, dominio de/ ladrillo, empleo de techumbres de madera y esplendidas yeserias que, como se aprecia en la foto, estan dominadas por la geometria y la influencia islamica. Abaja: Secci6n transversal de la sinagoga def Transito, construida por Samuel ha Levi, tesorero de Pedro I, lo que prueba las buenas relaciones entre el monarca y los judios.
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La «Huerta def Rey», segun un grabado de Villaamil. Distintos viajeros al describir este palacio destacaron la
belleza de sus jardines, con multiples y raras especies que a/gun poeta compar6 al parafso.
herradura, columnas y cabeceras rectas, aun observables en San Lucas o San Sebastian. La segunda fase, desde mediados del siglo XJ/1 hasta finales del xv, denota una influencia occidental cada vez
mayor, que determina el empleo de arcos de medio punto. y apun tados, pilares y cabeceras absidiales o poligonales, como vemos en Santiago del Arrabal o en el convento de Santa Fe.
La cabecera recibe una especial decoraci6n en los templos mudejares, y se recubre con series repetitivas de arquerfas ciegas. El mismo sentido decorativo aparece en puertas y celosfas. De nuevo encontramos aquf la «fusi6n mudejar», porque a una plan ta tfpicamente occidental -el abside es el elemento mas impor tante en un templo cristiano- se superpone una decoraci6n netamente islamica.
Pero la impronta musulmana no s61o se aprecia en la orna mentaci6n de los edificios, pues un elemento tan caracterfst1co como la torre o el campanario debe su estructura al almrnar isla mico. Y el mismo origen denota la generalizaci6n del empleo de techumbres de madera que, dado su poco peso, aligeran notable mente la estructura del edificio.
Asimi mo participan de la impronta mudejar otro~ elementos de papel secundario. como los pulpitos – cada vez mas impor tantes, por el objetivo cristiano de conversi6n de los «infieles»-, los sepulcros y los frontales de altar. Todos ellos adomados con yeserfas y azulejos polfcromos, empleados con el mismo sentido repetitivo y manifestando en su abundancia eso que se llama el «horror vacui» -el horror al vacfo–.
Por lo demas, los principios artfsticos enunciados rigen tam bien las construcciones de lo templos jud.fos, de los que nos han quedado dos ejemplos excepcionales: la s inagoga de Santa Marfa la Blanca y la sinagoga del Transito.
En todo lo anteriormente expuesto podemos observar c6mo el equilibrio cultural del Toledo medieval que dio origen al arte mudejar, fue decantandose progresivamente hacia el Iado occi dental, que terminara por imponerse en el siglo xvi. La penetra ci6n de las formas renacentistas y el rechazo a la «moda oriental» determinara finalmente la erradicaci6n del estilo mudejar.
Arte civil. Palacios mudejares La fastuosidad y el lujo que la leyenda atribuye a los palacios
musulmanes, adquiere realidad cuando las tropas cristianas con quistan Toledo y conocen las construcciones del rey taifa al Mamun: los llamados palac ios de Galiana, residenc ia del monarca en el al-Hizam, y la «Huerta del Rey», finca de recreo situada extramuros de la ciudad.
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Todos Ios testimonios literarios coinciden al resaltar la mag nificencia del desaparecido palacio de Galiana. Un poeta egipcio lo defini6 como «un castillo ante el cual Las mismas estrellas se quedan cortas». Al margen de exageraciones o juegos metaf6ri cos, queda clara la riqueza de estos palacios, formados por dis tin tas estancias profusamente engalanadas con tapices, alfombras, cortinajes, b6vedas ricamente decoradas y un mobi liario de exquisitas maderas y finos objetos de cristal labrado y plata. Las habitaciones, que recibfan los sugestivos nombres de sala reverenciada, de la intirnidad, de! aseo o de los perfumes, se disponfan en tomo a patios adomados con jardines, fuentes y es-
lzquierda: Fachada def palacio de los Toledo y Ayala, convertido desde 1477 en convento de Santa Isabel. Para resaltar la importancia de la portada, esta se labra en piedra, frente al ladrillo y tapial empleado en el resto de los muros. Derecha: Taller def Moro (siglo x,v). Resto de una primitiva edificaci6n palaciega, que recibe su nombre def traslado def taller de canteria de la catedral, manteniendose la distribuci6n de habitaci6n central, con alcobas en los extremos.
tanques con leones de oro, y lagunas aderezadas, a su vez. con ingeniosos artilugios mecanicos.
Tai boato y ostentaci6n produjo la admiraci6n de los monarcas cristianos, que desde Alfonso VI hasta Alfonso XI emplearon las construcciones de al-Mamun como residencia. Del mismo modo, la nobleza castellana, secundando la actitud de la realeza, sigui6 al al zar sus palacios el modelo hispanomusulman. Las grandes familias de Toledo competiran por poseer las mejores mansiones, llamadas por sus contemporaneos «casas giienas» o «casas principales», y en varios casos, por la posterior cesi6n de sus duefios, estos edifi cios fueron el origen de algunos conjuntos conventuales.
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El palacio de Fuensalida, actual sede de/ gobierno auton6mico, conseNa su disposici6n en torno a un patio central.
Siguiendo la influencia islamica y conforme a su sentido in timista de la vida privada, esto edificios son austeras construc ciones al exterior, sin identidad diferenciada, a excepci6n de las portadas, donde campean los escudos de sus propietarios. Estas se suelen labrar en piedra, y normalmente repiten un esquema similar de arco y dintel enmarcado por pilastras o columnas.
Los palacios mudejares se distribuyen en tomo a un patio cen tral siguiendo dos posibles esquemas. En el primer modelo, el mas antiguo, el patio es rectangular y las estancias, dispuestas en los Ia dos menores, siguen el esquema musulman de sala alargada con alcobas en los extremos, como observamos en el Taller del Moro y en el Sal6n de Mesa. En el segundo esquema, el patio es cuadrado y las habitaciones, normalmente precedidas por galena , se distri buyen en todos sus !ados. El palacio de Fuensalida, construido en la primera mitad de) siglo xv, a pesar de las reformas que ha sufri do, sigue siendo el mas bello ejemplo de este tipo.
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Arriba y abajo: Los palacios mudejares cubren sus paredes con vistosas y ricas yeserfas polfcromas. Estas pueden adoptar un repertorio decorativo islamico (escritura arabe, motivos geometricos) o mas cercano a la inf/uencia occidental (el naturalismo g6tico explica la presencia de figuras humanas, animates y vegetaci6n real). Las dos fotos corresponden al palacio de Suero Tellez de Meneses Y def condestable Davalos, actual Seminario Menor.
Las yeserfas cumplen la misma funci6n que las tapices, pero a mas bajo precio. En la foto, detalle def Arco de/ Obispo (siglo xiv). La figura central, sentada a la musulmana y coronada con mitra, ref/eja la mezcla de costumbres, habitual en el Toledo medieval.
Menos restos han quedado de los jardines que adornaron es tos edificios y que, por herencia de la cultura islamica, eran es pacios fundamentales en toda residencia noble. Eran de dos clases. El exterior, situado en la parte trasera del ed ificio, con arboles, vegetaci6n agreste y animales; y el interior. con cuidada flora cultivada en el patio de las casas, como espacio id6neo de paseo y vida familiar.
Los jardines islamicos, y por tanto tambien los mudejares, iban siempre asociados al agua libremente esparcida en alber cas y estanques o, de forma mas racional, en fuentes que solfan conducirla mediante pequeiias canalizaciones a las estancias re sidenciales.
En cuanto al interior de los edificios tambien queda transfor mado por la decoraci6n que recubre muros, techos y suelos. El rit mo repetitivo de la misma. su abigarramiento, vivacidad e impacto colorista producfan una irreal sensaci6n de lujo y de riqueza, y el entusiasmo y la sorpresa de todo el que visitaba e tas residencias palaciegas.
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II
La catedral de Toledo se construye en g6tico, modelo extrano a la ciudad con un origen claramente frances. No podemos olvidar que /as estancias de/ arzobispo Jimenez de Rada en Francia le permitieron conocer directamente los grandes ejemplos galas.
La catedral g6tica, simbolo y expresi6n de la cultura dominante
En el aiio 1226 se coloca la primera piedra de la futura cate dral toledana. El nuevo edificio se construye en g6tico, estilo occidental de origen frances que era ajeno a la tradici6n mude jar imperante en la ciudad. Dicho estilo se busc6 deliberada mente para sorprender, impactar e introducir un elemento discordante con el tejido urbano caracterfstico. Esta elecci6n estetica conlleva una clara intenci6n polftica: la catedral simbo lizaba en efecto la consolidaci6n de! nuevo poder episcopal – obra impulsada por el arzobispo do n Rodrigo Jimenez de Rada- y real -la capilla mayor del te mplo se concibe como pante6n de los reyes-.
El caracter simb6lico de la catedral qued6 acrecentado por su emblematico emplazamiento, en un espacio «sacralizado» desde antiguo, en el mismo lugar donde estuvo la basflica visigoda de Santa Marfa, sede de los concilios toledanos, y la mezquita ma yor de la ciudad.
La actitud transigente de Alfonso VI, que perrnjti6 mantener el culto musulman en la mezquita mayor, dur6 apenas un afio, ya que el 18 de diciembre de 1086 el edificio se convierte en cate dral. Ya hemos visto la explicaci6n que sus contemporaneos die ron de este hecho y que, en ultimo termino, refleja el triunfo de la nueva religion dominante y del rito latino, que a traves de los clerigos francos se querfa imponer desde Roma.
De esta forma, durante los ultimos afios de l sig lo XI Y el siglo XII, las 11 naves que configuraban la planta rectangular de la mezquita se emplearon para el culto cristiano.
Esta situaci6n se mantuvo hasta los primeros afios del Xlll ,
cuando la coincidencia de varios hechos favorecieron la construc ci6n de un nuevo templo: concretamente, el estado ruinoso del edificio de la antigua mezquita, la victoria de las Navas de Tolosa
( l212) que alejaba e l peligro aJmohade de las fronteras toledanas, la importancia simb61ica de la ciudad, antigua capital del reino godo del que los reyes castellanos se consideraban herederos, y la subida a la mitra toledana de don Rodrigo Jimenez de Rada. . El arzobispo don Rodrigo (1209- 1247) era un hombre de s6-
hda formaci6n, educado en Paris, con enorme poder e influencia
lzquierda: En la edificaci6n de la catedral g6tica intervinieron un ta/ maestro Martin, presunto tracista de/ edificio, y Pedro Perez, discipulo de/ primero y continuador de su obra. Derecha: La catedral de Toledo es un edificio de planta sa/6n o con crucero no destacado, de cinco naves y con doble giro/a -deambulatorio en torno al altar mayor- magistralmente cubierto por tramos triangulares y rectangulares.
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El otro gran edificio g6tico de Toledo es la iglesia de San Juan de /os Reyes, construida a finales def
siglo xv por /os Reyes Cat61icos como lugar de su sepultura. Este fin funerario, yen ultimo termino propagandfstico, explica la reiterativa
presencia de escudos y emblemas alusivos a su reinado,
elementos que tambien decoran las vestimentas de los pajes situados en la cabecera de/ templo.
por su amistad con papas y reyes, y un firme impulsor de la edi ficaci6n de un nuevo templo acorde con la importancia de la di6cesis toledana. Para ello no escatim6 esfuerzos, obteniendo el apoyo decidido de la realeza y del papado. Asf el monarca caste llano Fernando ill le concedi6 la prerrogativa de poder emplear la cabecera de la catedral como pante6n real , hecho que daba indu dable prestigio al edificio. Y una bula papal favoreci6 su financia ci6n, al perrnitirle emplear durante cinco afios una tercera parte de las rentas de las iglesias de la di6cesis en el nuevo proyecto cate dralicio.
La catedral toledana es un ejemplo tipo de catedral g6tica, y su «esqueleto» reproduce los elementos caracterfsticos de un edificio de este estilo donde, por un perfecto equilibrio de fuer zas y una correcta distribuci6n de los empujes, los muros pueden oradarse por grandes vidrieras.
La obra catedralicia se inicia por la capilla mayor, ya termi nada en 1238. Mientras tanto continua el culto en el edificio de la antigua mezquita que sera absorbido por las naves de la cate dral, iniciadas en la segunda mitad del siglo xm. Distintos paro nes y alteraciones del proyecto inicial prolongaron su edificaci6n hasta el siglo xv, cuando se cierran las b6vedas de las naves Yse esculpen las ultimas fachadas.
La catedral simboliza el dominio del poder cristiano, do minio que se advierte al levantar su templo mayor sobre la principal mezquita musulmana y al decidir construirla en un estilo ajeno a la tradici6n toledana. Pero aun asf, ni el edi ficio g6tico por excelencia se libra de la influencia aut6ctona, apareciendo en su crucero arcos lobulados y cruzados, proba blemente como recuerdo-homenaje a unos exi stentes en la antigua mezquita mayor.
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AKAL • HISTORIA DEL MUNDO PARA JOVENES
TOLEDO y LAS TRES CULTURAS
Olga Perez Monzon Enrique Rodriguez-Picavea Matilla
7. Toledo, ciudad de la tolerancia
Por todo lo visto hasta ahora, resulta indudable que Toledo fue durante la mayor parte de! perfodo que estamos analizando una ciudad de tolerancia cultural y religiosa. Tolerancia entre musulmanes, judfos y cristianos que permiti6 la pacffica convi vencia de estas tres comunidades y un rico y variado intercam bio cultural.
Ahora b1en, esta realidad, que hemos podido constatar a lo largo de estas paginas, ha creado un mito que situa a Toledo como ciudad modelo de la tolerancia por excelencia. Sin em bargo. es conveniente que reflexionemos sobre el significado real de la tolerancia toledana entre principios de! siglo VIII y fi nales de! siglo xv.
En primer lugar debemos sefialar la existencia de las condi ciones necesarias que posibilitaban la convivencia pacffica de las tres culturas mencionadas: cristianos, judios y musulmanes pu dieron organizarse socialmente segun sus propias formas de vida y costumbres. Ademas, los tres grupos culturales gozaron de li bertad religiosa para practicar sus propios cultos en edificios de dicados especfficamente a ta! fin, ya fueran iglesias, mezquitas, o sinagogas.
Sin embargo, esta tolerancia te6rica, que es efectivamente real, no siempre tuvo reflejo en una convivencia igualitaria y pa cffica en la practica cotidiana. Esto sucedi6 porque siempre hubo una cultura mayoritaria que domin6 sobre dos culturas minorita-
En diversas ilustraciones def Libro del Ajedrez, Dados y Tablas de AlfonsoX el Sabio encontramos jud{os y musulmanes (foto) o musulmanes y cristianos jugando conjuntamente, signo evidente de la coexistencia y convivencia cultural de la epoca.
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I
rias, y porque la cultura mayoritaria siempre tolero a las otras dos, pero de una manera discriminatoria.
A continuacion analizaremos el desarrollo de estos dos facto res a lo largo de! perfodo cronologico que estamos estudiando.
En efecto, a lo largo de la convivencia de las tres culturas en Toledo existen, como hemos visto, dos etapas de dominacion po litica, religiosa y cultural: musulmana (7 11-1085) y cristiana (1085-1492). Ambas culturas actuaron durante el perfodo de su dominacion como culturas mayoritarias y predominantes frente a las otras dos. Por el contrario, la cultura judfa nunca detento el poder politico dominante, actuando a lo largo de todo el perfodo como minorfa.
Tanto musulmanes, primero, como cristianos, despues, acep taron y toleraron la existencia de comunidades de religion y cul tura diferente a la suya, pero tolerancia no significa igualdad religiosa y cultural, sino la admision de una realidad ya existen te cuya prohibicion o expulsion comportaba mayores problemas que su permanencia. Eso sf, a cambio de esta tolerancia las mi norfas religiosas y culturales eran discriminadas frente a la ma yorfa dominante: debfan pagar tributos especiales por su condicion religiosa, no tenfan posibilidades de acceder al poder polftico, y en ocasiones sus miembros eran obligados a vivir en determinadas zonas de la ciudad, debiendo soportar el predorni nio religioso de! grupo dominante y sufriendo la influencia de la cultura mayoritaria, que acabarfa imponiendo su lengua y sus costumbres a los grupos minoritarios. El ejemplo mas claro de esta ultima circunstancia, aunque no el unico, lo constituyen los mozarabes. Finalmente, los grupos minoritarios conservarfan como rasgos propios su religi6n, la lengua – normalmente para uso sagrado- y algunas costumbres. Sin embargo, formaban parte minoritaria de una sociedad mayoritariamente musulmana o cristiana.
La consecuencia de todo lo anterior fue que los grupos no do minantes serfan cada vez mas minoritarios, ya que para sus miembros era mas conveniente pasar a formar parte de! grupo mayoritario a traves de la conversion religiosa -como sucedi6 cori los muladfes, componente predorninante entre la poblaci6n musulmana de Toledo-. Estas conversiones fueron fomentadas tanto por musulmanes como por cristianos, ya que ambos creian profesar la religi6n verdadera y superior, prevaleciente en todas sus manifestaciones frente a las otras dos, a pesar de la toleran cia. En estas circunstancias, solamente intelectuales y religiosos
convencidos decidieron perrnanecer fieles a su religion mmorita ria y salir de Toledo para poder practicarla plenamente. Esto ex plica, en cierto modo, la escasa importancia de los mozarabes y mudejares toledanos respectivamente bajo la dominacion musul mana y cristiana. Solamente la comunidad judfa no se planteaba la posibilidad de salir de la ciudad, ya queen cualquier otro lugar hubieran sido igualmente considerados como grupo minoritario.
Pero ademas de esta tolerancia te6rica, discriminatona en la practica, la convivencia de las tres culturas en Toledo conoci6 momentos esporadicos de marcada intolerancia. En este sentido conviene distinguir claramente entre el perfodo de dominaci6n musulmana y el de dominaci6n cristiana.
En el primero de ellos no conocemos ninguna manifestaci6n destacada de esta intolerancia, casi siempre de caracter religioso. Bien es cierto que nuestro conocimiento sobre este perfodo es muy escaso, debido a la escasez de las fuentes documentales, por lo que no se pueden descartar completamente estas manifestacio nes. Por lo que sabemos, tanto mozarabes como judfos pudieron seguir practicando libremente su religi6n en iglesias y sinagogas. Al mismo tiempo, somos conscientes de que algunas iglesias fueron transformadas en mezquitas para el culto islamico. Sin embargo, tambien es cierto que la poblaci6n cristiana descendi6 considerablemente y que ya no necesitaba tantas iglesias, mien tras que la poblaci6n musulmana aumentaba considerablemente y estaba necesitada de nuevos edificios religiosos en los que al bergar a su cada vez mas numerosa comunidad.
De la misma manera, el hecho de que durante la etapa de do minio cristiano, algunas mezquitas fueran convertidas en igle sias, puede tambien justificarse por el considerable aumento de la poblaci6n cristiana, acompaiiado por la huida mayoritaria de la poblaci6n musulmana de Toledo. Sin embargo, el caso mas sig nificativo lo constituye la conversi6n de la mezquita mayor mu sulmana en nueva catedral cristiana, acaecida de forma violenta en 1086, en contra de los pactos realizados entre Alfonso VI Y los gobemantes islamicos el aiio anterior. Este acontecimiento provoco la huida de la mayor parte de los musulmanes que aun permanecfan en Toledo. Se inauguraba asf la etapa de predomi nio cristiano con un signo evidente de intolerancia e imposicion religiosa, que anunciaba el nuevo componente esporadico que caracterizarfa el perfodo comprendido entre 1085 y 1492.
Es cierto, sin embargo, que la mayor parte de ese perfodo se caracterizo por un clima de convivencia pacffica. No obstante, ya
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en el siglo XII se produjeron dos importantes actos de intolerancia religiosa, con matanzas incluidas, contra la comunidad judia tole dana, que se convirtio en objetivo casi exclusivo del pueblo cristia no a la hora de expresar sus odios y rencores. A partir de mediados del siglo XIV, esta intolerancia religiosa comenzo a percibirse co mo un sentimiento cada vez mas generalizado entre la poblacion cristiana, con lo que los brotes de violencia se hicieron cada vez mas frecuentes, destructivos y sangrientos, acompafiados de la conversion de sinagogas en iglesias cristianas y la casi total ruina de la juderfa toledana. Desde el siglo xv esta intolerancia afecto tarnbien a los judios que se habfan convertido a la fuerza al cristia nismo, desembocando en la expulsion de todos los judios espafio les en 1492. A partir de ese momento, la presion cristiana se centrarfa en el grupo cultural mudejar, finalmente tambien expul sado en 1502, con el objetivo de conseguir la unidad religiosa en los territorios gobemados por los Reyes Cat6licos.
A la vista de estos acontecimientos podemos concluir que la etapa de dominio musulman en Toledo fue mas tolerante con las culturas minoritarias que la etapa de predominio cristiano. Sin em bargo, dentro de esta ultima cabe distinguir dos fases. La primera,
Detalle de la puerta de los Leones (catedral de Toledo) con la escena milagrosa de los j udfos que al tocar el feretro de la Virgen para derribarlo dejaron sus manos pegadas a el.
que se extiende desde finales de! siglo XI hasta mediados de! XIV,
se caracteriza por un clima generalizado de tolerancia y conviven cia pacffica, salpicado de manifestaciones puntuales de odio e in tolerancia, que responden mas a circunstancias concretas que a un sentimiento duradero. Desde mediados de! sig]o xrv, sin embargo, este sentimiento, fundamentalmente antijudfo, se extendera a gran parte de! pueblo cristiano. Las manifestaciones violentas esporadi cas seran entonces expresion logica y coherente de una tensa con vivencia cotidiana entre judios y cristianos toledanos.
En cualquier caso, aun reconociendo las manifestaciones puntuales de agresividad y rechazo religioso, la etapa de convi vencia de las tres culturas en Toledo destaca mas por sus logros que por sus defectos. El enriquecimiento e intercambio cultural de judfos, cristianos y musulmanes hizo en efecto de la To ledo de los siglos XI, XII y XIII el centro mas importante en las ciencias de! momento, en una confluencia que hizo tambien posible el trasvase de conocimientos entre Oriente y Occidente a traves de las abundantes traducciones, fen6meno sin el cual seria imposi ble entender el florecimiento cultural europeo de la Baja Edad Media y el Renacimiento.
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- Toledo y las Tres Culturas – part 1.pdf
- Toledo y las Tres Culturas – part 2.pdf
- Toledo y las Tres Culturas – part 3.pdf
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Biombo del siglo XVII conocido como , El Palacio de los virreyes de Maico, · anonimo
(Museo de America, /oto Joaquin Otero)
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l ciqs, que en lndias habia llegado a estar ) muy arraigada (se compraban incluso pla ) zas futurarias, para cuando quedaran va
cante~, se agudizara el sentimiento de postergaci6n de los criollos.
Junto al funcionariado, en este nivel se encuadra tambien la mayor parte del cle ro, senaladamente los miembros de Ios
), cabildos catedralicios, priores de las 6rde nes religiosas y conventos, vicarios y pa rrocos de las ciudades importantes. El sector eclesiastico, que tiene fuero y tri
I bunales propios y exenciones de impues tos, es muy poderoso dentro <lei grupo dominante por sus riquezas, por ser de positarios de la cultura y por tener en al-
gunas areas el control de! trabajo de los indios.
Los sectores medios de la sociedad, o pueblo llano, presentan una diversidad aun mayor dado que, en general, son los estratos inferiores de los mismos grupos dominantes, de manera que era posible la movilidad vertical, el ascenso social, si se lograba el exito econ6mico. Aqui estarian medianos y pequenos propietarios (de tie rras, minas u obrajes), comerciantes mi noristas, profesionales como abogados, medicos, escribanos (notarios), miembros de la burocracia local, militares, bajo clero tanto secular como regular. En una posi ci6n algo inferior se situan los artesanos de los gremios .principales, algunos de los cuales son excluyentes y solo admiten a blancos (eso hacia, por ejemplo, el gre- mio de plateros, uno de los mas prestigio- 75
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licita11do titulo~ nobleza como recom pensa a sus meritgj. Pero lo ultimo que in teresaba a la Corona era que en tierras tan lejanas· se formara una poderosa casta se Iiorfal, que pudiera llegar a constituir un pe ligro politico, de ahi que en el siglo XVI concediera muy pocos titulos nobiliarios (los marquesados de! Valle de Oaxaca y de la Conquista otorgados a Cortes y Pizarro, respectivamente, son las excepciones mas notables) y que incluso fuera siempre remi sa a conceder cartas de hidalguia. Pero si los conquistadores no obtuvieron la condi ci6n juridica de nobles, las encomiendas !es permitieron ser senores de indios, recibir sus tributos y disponer de su fuerza laboral, asi que lo consideraron suficiente nobleza, se autodenominaron uecinos feudatarios (y como tales tuvieron prioridad en deter minados cargos municipales, etcetera) y concentraron sus esfuerzos en conseguir la perpetuidad de sus f eudos, el derecho a transmitir las encomiendas indefinidamen te por via hereditaria como cualquier otra propiedad.
Pero tropezaran de nuevo con la hosti lidad de la Corona, reforzada en este caso por la presi6n humanitaria de los religio sos como Bartolome de Las Casas. El pri mer intento serio de abolir las encomien das fue la promulgaci6n de las Leyes Nuevas de 1542, que provocaron en to das las Indias ta! cantidad de protestas. disturbios, motines y hasta una verdadera guerra civil en Peru (rebeli6n de Gonzalo Pizarro, de 1544 a 1548. con asesinato de! virrey Nunez Vela y ejecuci6n de Piza rro y otros cabecillas1,._que la Corona se vio obligada a ceder.lSe alcanzara una so luci6n de compromis~ediante la cual la encomienda no se suprimi6 pero qued6 reducida al tributo. eliminandose todo ves tigio de relaci6n seflor-vasallo: el enco mendero no logr6 la deseada perpetuidad y te6ricamente perdi6 tambien la posibili dad de beneficiarse de! trabajo indigena, ~que en Ia practica sigui6 haciendolo. -Pero desde fines de! XVI es evidente el declive de la encomienda, a medida que el impresionante descenso de la poblaci6n indigena va reduciendo su valor econ6mi co, lo que permite aplicar una legislaci6n encaminada a su progresiva incorpora ci6n fla Corona, que se generaliza ya en 1720) S6lo en areas marginales como
Yucatan, Chile, Paraguay y Tucuman, pervivi6 la encomienda hasta los ultimas tiempos de la colonia.
Asi pues, a partir de 1545 la enco mienda fue solo una concesi6n temporal de ingresos, no de vasallos, de manera que no lleg6 a se1 un dominio feudal. Pero los encomenderos siguieron durante mucho tiempo denominandose feudata rios, fueron el sector predominante en la sociedad indiana de! siglo XVI y conserva ron siempre el prestigio social derivado de su condici6n de benemeritos. Ademas, la encomienda fue la base de enormes fortu nas al proporcionar un capital con el que se financi6 la adquisici6n de otros bienes, especialmente tierras pues muchos enco menderos invirtieron en ellas la renta que obtenian de sus indios, de forma que aun sin existir una conexi6n legal entre la en comienda y la hacienda, si hay una clara relaci6n entre ambas.
La republica de los indios
El Libro VI de la Recopi/aci6n de Le yes de los Reinos de Indias recoge la le gislaci6n relativa a la republica de los in dios. que parte de un concepto basico en la colonizaci6n espanola y vigente desde el primer momento: los indios son vasa llos de la Corona, no extranjeros o ene migos (como ocurrira en otras coloniza ciones) sino subditos a los que se pretende integrar en el sistema hispanico. estable ciendose incluso la obligatoriedad de! pago de! tributo como reconocimiento de su vasallaje. Pero al mismo tiempo que se deeIara formalmente que como tales sub ditos son libres e iguales a los espafloles -aunque estos no pagan tributos-, se reconoce su situaci6n de inferioridad legal y practica. contradicci6n que se trata de resolver mediante la adopci6n de una po litica proteccionista. de subordinaci6n y aculturaci6n. con medidas tutelares sobre
/una poblaci6n considerada en permanen '-te– minoria de edad/
El ejercicio de I& tutela requiere organi zar a los indios dentro de un regimen po litico en comun, es decir. en republica. entendiendo por ello la vida ordenada, en 77
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sos por ser un sector altamente especiali zado y con capital). El maestro artesano era a la vez propietario y encargado de un taller que empleaba tantos jornaleros y aprendices como permitiera el volumen de su negocio.
Los grupos inferiores incluian a la gran masa de campesinos indigenas -la repu blica de los indios, que veremos des pues- y la Hamada plebe o gente baja, integrada genuinamente por las castas, es decir, los mestizos e indios hispanizados y los mulatos, zambos y negros libres (deno minados pardos y morenos), que ocupan los estratos mas bajos de la republica de los espanoles. Generalmente son artesa nos de los gremios mas pobres, traba jadores permanentes o temporeros en ta reas agricolas o en los astilleros u otras actividades, albaniles, carpinteros, taber neros, arrieros, soldados, etc., incluyendo se tambien aqui (o mejor, autoexcluyendo se) los grupos marginados: vagabundos, hampa urbana, bandidos rurales. Lo mas notable es el proceso de blanqueamiento, tanto biol6gico como social, que se da en tre la gente de color sobre todo a partir de 1795 cuando podran comprar la con dici6n legal de blancos mediante las lla madas cedulas de gracias al sacar que permitian el matrimonio con blancos, el acceso a la educaci6n, a cargos publicos, al sacerdocio.
Los esclavos ocupaban el ultimo lugar en una sociedad que nunca se cuestion6 la legitimidad de la esclavitud negra; los jesuitas, que fueron los mayores propieta rios de esclavos, asumian tambien su evangelizaci6n (a veces de manera heroi ca, como el catalan Pedro Claver, cuya dedicaci6n a los negros bozales recien lle gados a Cartagena de lndias entre 1615 y 1654, le vali6 el titulo de ap6stol de los negros). Las esclavos tuvieron un papel destacado en sectores econ6micos muy concretos, siendo la mano de obra funda mental en la mineria de oro de Nueva Granada, en la producci6n de cacao en Venezuela y -en menor medida- Gua yaquil y en las plantaciones azucareras de Mexico, Peru y, sobre todo, las Antillas.
Hubo tambien numerosos esclavos ur banos, sirvientes domesticos que repre sentaban un signo de prestigio para las fa
76 milias, y con frecuencia tambien una
fuente de ingresos al ser alquilados por sus amos como jornaleros en astilleros, obrajes, talleres artesanales, panaderias, o las mujeres como prostitutas. En general, aunque hubo tambien disposiciones lega les sobre el trato a los esclavos yen 1789 se promulg6 un C6digo Negro -que casi no tuvo aplicaci6n-, Ia suerte del esclavo fue determinada por Ia personalidad del amo, o del capataz en las plantaciones;. A veces se producian rebeliones (la princi pal, en 1795 en Coro, Venezuela), asi como huidas, reagrupandose Ios esclavos fugitivos o cimarrones en asentamientos llamados palenques. En contrapartida, hubo tambien numerosos casos de manu misi6n y de compra de la propia libertad (negros horros). Sin embargo, y a pesar de la existencia de la esclavitud, Ia socie dad indiana no era estrictamente esclavis ta; s6lo a partir de finales del siglo XVIII, yen Cuba sobre todo, se produce el paso de una sociedad con esclavos a una socie dad esclavista, que caracterizara a la isla hasta la abolici6n de la esclavitud en 1886.
Seiiores de indios
La principal riqueza que los espafloles encontraron en America -y la unica en muchos lugares y durante mucho tiempo fueron sus habitantes, y enseguida proce dieron a tomar posesi6n de ella, tras efec tuar los correspondientes repartos de acuerdo con los meritos de cada uno. El repartimiento o distribuci6n de la mano de obra indigena entre los espafloles co menz6 de modo espontaneo y automati co, y hacia 1503 aparece el termino en comienda (que va a prevalecer a partir de las Leyes de Burgos de 1512) para desig nar esencialmente la misma cosa, aunque con el matiz de implicar la responsabilidad del encomendero hacia los indios que quedaban encomendados a su cuidado; a cambio de la protecci6n del senor, los in dios debian entregarle sus tributos y su
. trabajo o servicio personal. Se trataba, pues, de una relaci6n clara
mente feudal que los conquistadores y pri meros pobladores quisieron completar so-
,
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policia. Ello implica la reorganizaci6n de la vida indigena y la congregaci6n de los indios en pueblos o reducciones, donde no residirian mas espafloles que los doc trineros, corregidores y encomenderos. Estos asentamientos permiten vigilar y controlar mejor a la masa indigena, a la vez que buscan impedir posibles extorsio nes y abusos por parte de los espafloles ·u otras gentes. De todas formas, la politica aislacionista no fue rigida, y cierto nume ro de pueblos indios vivi6 constantemente en contacto con los espafloles, ademas de que en todas las grandes ciudades habia barrios indios, denominados cercados y situados en las afueras.
En la aplicaci6n de la politica indigena sera decisiva la colaboraci6n de la Iglesia y de la propia nobleza india. Los caciques (termino_caribeno que acab6 reemplazan do a las distintas denominaciones locales para las jefaturas indigenas de caracter medio, pues los niveles superiores fueron eliminados a raiz de la conquista) tenian un gran poder en sus comunidades y f ue ron instrumentos esenciales para el con trol de los nativos. Caciques y principa/es se convirtieron en gobernadores, alcaldes y regidores de los cabildos de indios esta blecidos en sus pueblos segun el modelo espafiol, y actuaron como intermediarios y auxiliares de la colonizaci6n, organizan do la recaudaci6n de tributos, la provision de mano de obra, etcetera.
Gracias a esta colaboracion, la nobleza indigena fue reconocida y recompensada con algunas distinciones. Por ejemplo, a diferencia de! resto de los indios, los cacil ques y principales tenian permiso para lie
. . l var armas de fuego y espadas y podian : I montar a caballo, estaban muy hispaniza
dos en su indumentaria, casas y estilo de vida, p~seian tierras, ganados y esclavos negros , algunos pocos incluso fueron en comenderos (Gibson). Es decir, la misma
1- funci6n de la nobleza en la republica de los esparioles.
Sin embargo, el poder politico efectivo en los distritos indigenas lo tiene el gober nador espanol, que con titulo de corregidor o alcalde mayor es la maxima autoridad y quien toma las principales decisiones, de biendo velar por el cumplimiento de la le gislaci6n proteccionista. En la practica su
80 actuaci6n no siempre sera tutelar, por el ' '' . '
contrario los frecuentes abusos acabaran convirtiendo a estos funcionarios en una de las lacras de la administraci6n colonial, y desde luego seran odiados por los indios, hasta llegar a ser las primeras victimas de sus motines y rebeliones. El sistema politi co-legal proteccionista se completa con otras figuras que se van nombrando y ac tuaran en los diferentes distritos, como el protector de indios (con funciones nunca reglamentadas, aunque implicitas en su nombre, cuya actuaci6n dependi6 de la personalidad <lei titular) y el procurador de indios, especie de abogado de pobres en las Audiencias, donde existia tambien la fi gura del fiscal de indios.
La Iglesia, estrechamente vinculada a los intereses politicos y colonizadores <lei Esta do, es la instituci6n que asume mayor pro tagonismo para modificar la sociedad indi gena, no solo en el piano religioso sino tam bien en el linguistico y el cultural. La evangelizaci6n, que te6ricamente justifica ba toda la empresa espaflola en America, fue asumida con entusiasmo desde el princi pio y pronto se super6 la actitud agresiva, compulsiva, caracteristica de los primeros aflos, cuando la integraci6n religiosa se concebia como una prolongacion de la con quista y la tarea fundamental era destruir las evidencias del paganismo. En general, el es fuerzo misionero fue una operaci6n pacifi ca, constante e ininterrumpida, cuyo resul tado final desde el punto de vista de la cre encia religiosa indigena fue el sincretismo, la fusion de la fe cristiana y la pagana. Los indios incorporaron Ia nueva religion a su propio pante6n politeista y sistema de cre encias, prestando mayor atenci6n a aspec tos como el de Ios santos o el dogma de la Trinidad que al propio Dios cristiano. Pero desde el punto de vista de las actitudes so ciales y ceremonias externas, la evangeliza ci6n fue un exito: en cualquier pueblo indi gena la iglesia jugaba un papel dirigente, y aunque los indios no solian ser sacerdotes, se ocupaban de la sacristia y desempeflaban toda una serie de tareas menores, participa ban en los ritos y fiestas, se organizaban en cofradias, etcetera.
Como parte de la propia metodologia misional, los religiosos aprendieron las len guas indigenas (convertidas en lenguas ofi ciales de la Iglesia cat61ica) y asumieron tambien la funci6n educativa. En general,
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A la derecha, dos familias de Nueva Espana, segun pinturas anonimas mexica11as del siglo XVIII.
En esta pagina, tres muestras del arte suntuario producido en esta epoca en
America (Museo de America, fotos Joaquin Otero)
78
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las escuelas parroquiales y misionales pro porcionaban, junto con la enseñanza de la doctrina, una educación rudimentaria, aun que la mayoría de los indígenas no llegó a aprender nunca la lengua castellana. Los mayores esfuerzos en este sentido se dedi caron a las capas altas de la sociedad india, fundándose colegios específicos para ellas, como los de Santa Cruz de Tlatelolco (Mé xico), del Príncipe (Lima), o de San Fran cisco de Borja (Cuzco).
En cuanto a la cultura material, la asimi lación fue muy lenta en las zonas rurales. Por ejemplo, los indios —que eran mayori- tariamente campesinos— tardaron mucho en incorporar el arado, que implicaba el uso de animales de tiro y otros cambios en sus métodos agrícolas, asi que durante mu cho tiempo siguieron usando el palo cava dor tradicional. Por otro lado, a veces los esfuerzos integradores resultaron ser una extorsión. Es el caso de los llamados repar tos (ventas) de mercancías, que fueron un importante instrumento de aculturación forzada encaminado a introducir a los in dios en una economía mercantil. Los co rregidores, aunque por ley tenían prohibi do participar en actividades comerciales, controlaban la distribución económica en tre los indios, obligándoles a comprar a precios excesivos tanto productos necesa rios como supérfluos. Estas prácticas, usuales aunque ilegales tanto en Nueva Es paña como en Perú desde la segunda mitad del siglo XVII, fueron legalizadas a partir de 1751 en un intento de controlar los exce sos, pero la práctica no cambió las cosas y el reparto constituyó una fuente de crónica irritación para los indios.
Pero además de los planos político, re ligioso, lingüístico y cultural, se intentó también —y se hizo en primer lugar y con éxito— la.' integración laboral, principal forma de vinculación entre el mundo es pañol y el mundo indígena. Los sistemas de utilización de la mano de obra variaron según los lugares y épocas, y tuvieron es trecha relación con la organización socio- cultural indígena, sobre todo en las socie dades complejas, donde los españoles encontraron vigentes condiciones de es clavitud y servidumbre que procuraron aprovechar. Por orden más o menos cro nológico, los sistemas de trabajo implan tados fueron la esclavitud, encomienda,
trabajo forzado, trabajo semivoluntario y trabajo libre.
El esclavismo fue el primer sistema la boral no sólo en el Caribe sino en todas las regiones a medida que se iban con quistando, aunque la tendencia oficial era frenar este proceso. Desde el año 1500 sólo se permitía la esclavitud para casos de rebelión, indios capturados en guerra o caníbales, y en 1542 las Leyes Nuevas es tablecieron que por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so tí tulo de rebelión, ni por rescate ni de otra manera, no se pueda hacer esclauo indio alguno, y queremos sean tratados ' como uasallos nuestros de la corona de Castilla, pues lo son. En adelante sólo habrá casos aislados de esclavitud india, en zonas marginales o fronterizas.
El trabajo en la encomienda era prácti camente idéntico al de la esclavitud. De todas formas, ya vimos cómo esta institu ción deja de ser una fuente de trabajo pri vado para convertirse en una renta; desde fines del XVI sólo en zonas marginales y pobres subsiste la encomienda de servicio personal.
El siguiente sistema fue el reclutamien to forzado de mano de obra, basado en prácticas prehispánicas, que en México se llamó coatequitl o régimen de tandas, y en Perú mita. La forma más elaborada fue la mita peruana, el trabajo forzoso por antonomasia, consistente en prestaciones laborales temporales, en actividades de in terés público (especialmente en la mine ría, pero también en obrajes, caminos, etc.). Se trataba de un trabajo compulsivo pero remunerado y perfectamente regla mentado, aunque provocó muchas quejas debido al incumplimiento de la legislación. Las mitas de Potosí, con cerca de 13.500 indios al año, y Huancavélica, con unos 2.200, fueron las más importantes y las que significaron una dura carga para los pueblos obligados a proporcionar los con tingentes de trabajadores.
El trabajo semivoluntario se basaba también en sistemas prehispánicos de mano de obra atada o semiservil. Las ca tegorías más conocidas fueron las de ya nacona, especie de siervos vinculados a la tierra, y naboría, término caribeño que los españoles aplicaron en Nueva España y que más tarde se hispanizaría transfor- 81
Túpac Amaru José Gabriel Condorcanqui No
guera (nacido en Surimana, Perú, el 10 de marzo de 1738), más co nocido como Túpac Amaru, nom bre que adoptó por ser descen diente directo del último soberano inca (Felipe Túpac Amaru, ejecu tado en 1572 por orden del virrey Toledo), asumió el liderazgo de los indios de la sierra peruana y se rebeló contra el régimen colo nial español en el año 1780, dan do lugar a un impresionante mo vimiento de masas que puso en serio peligro la dominación espa ñola, cuarenta años antes de que se produjera la independencia.
Como cacique de Surimana, Pampamarca y Tungasuca (pue blos de la provincia de Tinta, a unos 100 km al sur de Cuzco), pertenecía a la nobleza indígena —aunque era biológicamente mestizo— y fue un hombre rico (poseía casas, tierras y un prós pero negocio de transporte o arriería) y bastante culto (se ha bía educado en el colegio jesuíta del Cuzco), y relacionado con los grupos criollos e indios influen ciados por las corrientes ilustra das. En 1760 se casó con Micae la Bastidas Puyucawa, con la que tuvo tres hijos: Hipólito, Maria no y Fernando.
Su primera intervención públi ca tuvo lugar en 1777 cuando presentó ante la Audiencia de Lima dos solicitudes para que los indios de su provincia fueran exo nerados de servir en la mita de Potosí. El fracaso de estas recla maciones le decidirá al levanta miento armado iniciado el 4 de noviembre de 1780, tras el cual fue ejecutado en la plaza del Cuz co el 18 de mayo de 1881 en cir cunstancias particularmente dra máticas.
belión se expande con gran rapidez tanto hacia el norte (hasta el Cuzco) como hacia el sur, llegando hasta el lago Titicaca para penetrar finalmente en territorio de la Au diencia de Charcas, hoy Bolivia. Se movi lizan decenas de miles de personas, tanto por parte de los rebeldes como de las au toridades coloniales, siendo los principales hechos de armas la batalla de Sangarará (18 de noviembre), el asedio del Cuzco (del 28 de diciembre al 6 de enero de 1781) y la batalla de Tinta (6 de abril), que supone la derrota y captura de Túpac Amaru (por la traición de uno de los su yos) y otros jefes rebeldes. Tras el corres pondiente juicio, el visitador José Antonio de Areche dicta la sentencia (15 de mayo) condenando a muerte a José Gabriel, su esposa, su hijo mayor y otros reos, todos los cuales son ejecutados en la plaza del Cuzco el día 18 de mayo de 1781.
Comienza entonces la segunda fase del movimiento tupamarista, que será mucho más sangrienta que la primera y se prolon gará durante todo el año 1781, bajo el li derazgo de Diego Cristóbal Túpac Amaru (primo hermano de José Gabriel), exten diéndose hasta el norte de Argentina y Chi le y enlazando en el altiplano boliviano con la rebelión de Túpac Catari (Julián Apasa Sisa, el más importante caudillo indígena altoperuano, que será ejecutado el 13 de noviembre de 1781). Sucesos notables de esta etapa son la conquista de Sorata y el prolongado y penoso asedio de la ciudad de La Paz. Finalmente, los rebeldes acep tan el indulto general ofrecido por el virrey y el 11 de diciembre de 1781 se firma el tratado de paz, que a comienzos de 1783 será violado por las autoridades coloniales al ordenar, con el pretexto de nueva suble vación, la detención y posterior ejecución de los principales protagonistas de los su cesos anteriores, incluido Diego Cristóbal el 19 de julio de 1783.
Termina así la gran rebelión iniciada en noviembre de 1780, aunque durante mu cho tiempo continuará el gran miedo de españoles y criollos ante las masas indíge nas, miedo que contribuirá a reforzar el conservadurismo político de los peranos.
Una familia de español y mestiza en un cuadro del siglo XVIII pintado por Andrés de Islas
(Museo de América, foto Joaquín Otero)84
mandóse en laborío, que describe diver sas formas de mano de obra indígena.
La mano de obra libre se va desarro llando paulatinamente. En la mineria pe ruana es característico el minga, trabaja dor contratado con una paga que podía ser hasta cinco veces superior a la del mi tayo. El peonaje es otro tipo de trabajo asalariado, y la forma más común que adopta es la aparcería o medianería, me diante la cual los campesinos arrendaban pequeñas parcelas en las grandes hacien das, y pagaban la renta trabajando en la hacienda. Aparece también a fines de la colonia el peonaje adscrito por deudas, que se desarrollará tras la independencia.
En general, y como observaron en el si glo XVIII los célebres marinos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa, puede de cirse que todas cuantas riquezas produ cen las Indias, y aun su misma subsisten cia, se debe al sudor de sus naturales: con ellos se trabajan las minas de oro y plata, con ellos se cultivan las tierras, ellos crían y guardan los ganados; en una palabra, no hay trabajo fuerte en que no se empleen.
Resistencia indígena
Los pueblos indios, pese a la profunda y duradera destrucción provocada por la conquista y pese al intenso proceso de aculturación a que se les somete, conser van cierta capacidad de resistencia y des de el inicio de la colonización expresan su protesta y su rechazo a la dominación co lonial. Los mecanismos de defensa fueron variados, desde la resistencia pasiva o la simple huida hasta la rebelión armada, o también ia adaptación, siquiera aparente, fórmula escogida, por ejemplo, por los in dígenas de la península de Santa Elena (Ecuador), que adoptan muy pronto la len gua y la indumentaria españolas pero mantienen sus costumbres y una relativa independencia en sus pueblos.
Pero al margen del rechazo a la inte gración manifestado por los indios de al gunas áreas (norte de México, centro de Chile) que resistieron a la conquista du rante mucho tiempo, casi hasta el fin de
la época colonial, entre los indios someti dos pocas veces la resistencia llegó a plas marse en un verdadero movimiento de masas, aunque son frecuentes los motines espontáneos, muy localizados y de corta duración, dirigidos casi siempre contra los corregidores o los curas, como la rebelión de los zendales, en Chiapas (1712) o ia de Jacinto Canek en Quisteil, Yucatán (1761). Hay también, sin embargo, verda deras rebeliones indígenas con fuerte im pacto en la vida económica y social de la región en que se producen, como la de Juan Santos Atahualpa en la provincia de Tarma (Perú), a partir de 1742.
El caso paradigmático lo proporciona la sublevación de Túpac Amaru, una impre sionante conmoción armada que, al coinci dir en el tiempo con otros dos grandes le vantamientos de masas (Túpac Catari en Bolivia y los comuneros del Socorro en Co lombia), puso en serio peligro el sistema colonial español: como años después diría Godoy, fue una gran borrasca que barrió toda Suramérica. La rebelión tupamarista reviste una importancia especial por la per sonalidad de su jefe, por su extensión y su arraigo, pero sobre todo por sus objetivos: supresión de gravámenes y explotación (aduana, alcabalas, repartos forzosos de mercancías), eliminación de formas de tra bajo degradantes (mitas, obrajes), ruptura con España y restauración del poder inca bajo nuevas formas, manteniendo la reli gión católica (coronación de Túpac Amaru como José 1, por la gracia de Dios Inca Rey del Perú…), y unión de todos los pe ruanos (los paisanos, sin distinción de ra zas) en contra de los europeos intrusos. Se trata, pues, de un programa utópico, espe cialmente en su apelación a la solidaridad y la unidad peruana, incluyendo a los ama dos criollos, que desde luego no se unieron al movimiento sino que lo combatieron.
La rebelión tupamarista comenzó el día 4 de noviembre de 1780, con la deten ción del corregidor de Tinta. Antonio de Arriaga, que seis días después es ejecuta do públicamente en la plaza de Tungasu- ca. A partir de este momento, y desde su epicentro en la provincia de Tinta, la re-
Dos ejemplos de familias mexicanas del siglo XVIII (Museo de América,
fotos Joaquín Otero) 82
las escuelas parroquiales y misionales pro porcionaban, junto con la enseñanza de la doctrina, una educación rudimentaria, aun que la mayoría de los indígenas no llegó a aprender nunca la lengua castellana. Los mayores esfuerzos en este sentido se dedi caron a las capas altas de la sociedad india, fundándose colegios específicos para ellas, como los de Santa Cruz de Tlatelolco (Mé xico), del Príncipe (Lima), o de San Fran cisco de Borja (Cuzco).
En cuanto a la cultura material, la asimi lación fue muy lenta en las zonas rurales. Por ejemplo, los indios —que eran mayori- tariamente campesinos— tardaron mucho en incorporar el arado, que implicaba el uso de animales de tiro y otros cambios en sus métodos agrícolas, asi que durante mu cho tiempo siguieron usando el palo cava dor tradicional. Por otro lado, a veces los esfuerzos integradores resultaron ser una extorsión. Es el caso de los llamados repar tos (ventas) de mercancías, que fueron un importante instrumento de aculturación forzada encaminado a introducir a los in dios en una economía mercantil. Los co rregidores, aunque por ley tenían prohibi do participar en actividades comerciales, controlaban la distribución económica en tre los indios, obligándoles a comprar a precios excesivos tanto productos necesa rios como supérfluos. Estas prácticas, usuales aunque ilegales tanto en Nueva Es paña como en Perú desde la segunda mitad del siglo XVII, fueron legalizadas a partir de 1751 en un intento de controlar los exce sos, pero la práctica no cambió las cosas y el reparto constituyó una fuente de crónica irritación para los indios.
Pero además de los planos político, re ligioso, lingüístico y cultural, se intentó también —y se hizo en primer lugar y con éxito— la.' integración laboral, principal forma de vinculación entre el mundo es pañol y el mundo indígena. Los sistemas de utilización de la mano de obra variaron según los lugares y épocas, y tuvieron es trecha relación con la organización socio- cultural indígena, sobre todo en las socie dades complejas, donde los españoles encontraron vigentes condiciones de es clavitud y servidumbre que procuraron aprovechar. Por orden más o menos cro nológico, los sistemas de trabajo implan tados fueron la esclavitud, encomienda,
trabajo forzado, trabajo semivoluntario y trabajo libre.
El esclavismo fue el primer sistema la boral no sólo en el Caribe sino en todas las regiones a medida que se iban con quistando, aunque la tendencia oficial era frenar este proceso. Desde el año 1500 sólo se permitía la esclavitud para casos de rebelión, indios capturados en guerra o caníbales, y en 1542 las Leyes Nuevas es tablecieron que por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so tí tulo de rebelión, ni por rescate ni de otra manera, no se pueda hacer esclauo indio alguno, y queremos sean tratados ' como uasallos nuestros de la corona de Castilla, pues lo son. En adelante sólo habrá casos aislados de esclavitud india, en zonas marginales o fronterizas.
El trabajo en la encomienda era prácti camente idéntico al de la esclavitud. De todas formas, ya vimos cómo esta institu ción deja de ser una fuente de trabajo pri vado para convertirse en una renta; desde fines del XVI sólo en zonas marginales y pobres subsiste la encomienda de servicio personal.
El siguiente sistema fue el reclutamien to forzado de mano de obra, basado en prácticas prehispánicas, que en México se llamó coatequitl o régimen de tandas, y en Perú mita. La forma más elaborada fue la mita peruana, el trabajo forzoso por antonomasia, consistente en prestaciones laborales temporales, en actividades de in terés público (especialmente en la mine ría, pero también en obrajes, caminos, etc.). Se trataba de un trabajo compulsivo pero remunerado y perfectamente regla mentado, aunque provocó muchas quejas debido al incumplimiento de la legislación. Las mitas de Potosí, con cerca de 13.500 indios al año, y Huancavélica, con unos 2.200, fueron las más importantes y las que significaron una dura carga para los pueblos obligados a proporcionar los con tingentes de trabajadores.
El trabajo semivoluntario se basaba también en sistemas prehispánicos de mano de obra atada o semiservil. Las ca tegorías más conocidas fueron las de ya nacona, especie de siervos vinculados a la tierra, y naboría, término caribeño que los españoles aplicaron en Nueva España y que más tarde se hispanizaría transfor- 81
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