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En base a las lecturas del módulo IX, contesta las siguientes preguntas. Haz un comentario a la intervención de uno de tus compañeros.

1. ¿Por qué se establecieron las encomiendas en el Perú colonial?

2. ¿Cómo se conformaba  jerárquicamente la sociedad española en el Perú de la colonia y como contrastaba con la organización social de los criollos?

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Biombo del siglo XVII conocido como , El Palacio de los virreyes de Maico, · anonimo

(Museo de America, /oto Joaquin Otero)

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l ciqs, que en lndias habia llegado a estar ) muy arraigada (se compraban incluso pla­ ) zas futurarias, para cuando quedaran va­

cante~, se agudizara el sentimiento de postergaci6n de los criollos.

Junto al funcionariado, en este nivel se encuadra tambien la mayor parte del cle­ ro, senaladamente los miembros de Ios

), cabildos catedralicios, priores de las 6rde­ nes religiosas y conventos, vicarios y pa­ rrocos de las ciudades importantes. El sector eclesiastico, que tiene fuero y tri­

I bunales propios y exenciones de impues­ tos, es muy poderoso dentro <lei grupo dominante por sus riquezas, por ser de­ positarios de la cultura y por tener en al-

gunas areas el control de! trabajo de los indios.

Los sectores medios de la sociedad, o pueblo llano, presentan una diversidad aun mayor dado que, en general, son los estratos inferiores de los mismos grupos dominantes, de manera que era posible la movilidad vertical, el ascenso social, si se lograba el exito econ6mico. Aqui estarian medianos y pequenos propietarios (de tie­ rras, minas u obrajes), comerciantes mi­ noristas, profesionales como abogados, medicos, escribanos (notarios), miembros de la burocracia local, militares, bajo clero tanto secular como regular. En una posi­ ci6n algo inferior se situan los artesanos de los gremios .principales, algunos de los cuales son excluyentes y solo admiten a blancos (eso hacia, por ejemplo, el gre- mio de plateros, uno de los mas prestigio- 75

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licita11do titulo~ nobleza como recom­ pensa a sus meritgj. Pero lo ultimo que in­ teresaba a la Corona era que en tierras tan lejanas· se formara una poderosa casta se­ Iiorfal, que pudiera llegar a constituir un pe­ ligro politico, de ahi que en el siglo XVI concediera muy pocos titulos nobiliarios (los marquesados de! Valle de Oaxaca y de la Conquista otorgados a Cortes y Pizarro, respectivamente, son las excepciones mas notables) y que incluso fuera siempre remi­ sa a conceder cartas de hidalguia. Pero si los conquistadores no obtuvieron la condi­ ci6n juridica de nobles, las encomiendas !es permitieron ser senores de indios, recibir sus tributos y disponer de su fuerza laboral, asi que lo consideraron suficiente nobleza, se autodenominaron uecinos feudatarios (y como tales tuvieron prioridad en deter­ minados cargos municipales, etcetera) y concentraron sus esfuerzos en conseguir la perpetuidad de sus f eudos, el derecho a transmitir las encomiendas indefinidamen­ te por via hereditaria como cualquier otra propiedad.

Pero tropezaran de nuevo con la hosti­ lidad de la Corona, reforzada en este caso por la presi6n humanitaria de los religio­ sos como Bartolome de Las Casas. El pri­ mer intento serio de abolir las encomien­ das fue la promulgaci6n de las Leyes Nuevas de 1542, que provocaron en to­ das las Indias ta! cantidad de protestas. disturbios, motines y hasta una verdadera guerra civil en Peru (rebeli6n de Gonzalo Pizarro, de 1544 a 1548. con asesinato de! virrey Nunez Vela y ejecuci6n de Piza­ rro y otros cabecillas1,._que la Corona se vio obligada a ceder.lSe alcanzara una so­ luci6n de compromis~ediante la cual la encomienda no se suprimi6 pero qued6 reducida al tributo. eliminandose todo ves­ tigio de relaci6n seflor-vasallo: el enco­ mendero no logr6 la deseada perpetuidad y te6ricamente perdi6 tambien la posibili­ dad de beneficiarse de! trabajo indigena, ~que en Ia practica sigui6 haciendolo. -Pero desde fines de! XVI es evidente el declive de la encomienda, a medida que el impresionante descenso de la poblaci6n indigena va reduciendo su valor econ6mi­ co, lo que permite aplicar una legislaci6n encaminada a su progresiva incorpora­ ci6n fla Corona, que se generaliza ya en 1720) S6lo en areas marginales como

Yucatan, Chile, Paraguay y Tucuman, pervivi6 la encomienda hasta los ultimas tiempos de la colonia.

Asi pues, a partir de 1545 la enco­ mienda fue solo una concesi6n temporal de ingresos, no de vasallos, de manera que no lleg6 a se1 un dominio feudal. Pero los encomenderos siguieron durante mucho tiempo denominandose feudata­ rios, fueron el sector predominante en la sociedad indiana de! siglo XVI y conserva­ ron siempre el prestigio social derivado de su condici6n de benemeritos. Ademas, la encomienda fue la base de enormes fortu­ nas al proporcionar un capital con el que se financi6 la adquisici6n de otros bienes, especialmente tierras pues muchos enco­ menderos invirtieron en ellas la renta que obtenian de sus indios, de forma que aun sin existir una conexi6n legal entre la en­ comienda y la hacienda, si hay una clara relaci6n entre ambas.

La republica de los indios

El Libro VI de la Recopi/aci6n de Le­ yes de los Reinos de Indias recoge la le­ gislaci6n relativa a la republica de los in­ dios. que parte de un concepto basico en la colonizaci6n espanola y vigente desde el primer momento: los indios son vasa­ llos de la Corona, no extranjeros o ene­ migos (como ocurrira en otras coloniza­ ciones) sino subditos a los que se pretende integrar en el sistema hispanico. estable­ ciendose incluso la obligatoriedad de! pago de! tributo como reconocimiento de su vasallaje. Pero al mismo tiempo que se deeIara formalmente que como tales sub­ ditos son libres e iguales a los espafloles -aunque estos no pagan tributos-, se reconoce su situaci6n de inferioridad legal y practica. contradicci6n que se trata de resolver mediante la adopci6n de una po­ litica proteccionista. de subordinaci6n y aculturaci6n. con medidas tutelares sobre

/una poblaci6n considerada en permanen­ '-te– minoria de edad/

El ejercicio de I& tutela requiere organi­ zar a los indios dentro de un regimen po­ litico en comun, es decir. en republica. entendiendo por ello la vida ordenada, en 77

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sos por ser un sector altamente especiali­ zado y con capital). El maestro artesano era a la vez propietario y encargado de un taller que empleaba tantos jornaleros y aprendices como permitiera el volumen de su negocio.

Los grupos inferiores incluian a la gran masa de campesinos indigenas -la repu­ blica de los indios, que veremos des­ pues- y la Hamada plebe o gente baja, integrada genuinamente por las castas, es decir, los mestizos e indios hispanizados y los mulatos, zambos y negros libres (deno­ minados pardos y morenos), que ocupan los estratos mas bajos de la republica de los espanoles. Generalmente son artesa­ nos de los gremios mas pobres, traba­ jadores permanentes o temporeros en ta­ reas agricolas o en los astilleros u otras actividades, albaniles, carpinteros, taber­ neros, arrieros, soldados, etc., incluyendo­ se tambien aqui (o mejor, autoexcluyendo­ se) los grupos marginados: vagabundos, hampa urbana, bandidos rurales. Lo mas notable es el proceso de blanqueamiento, tanto biol6gico como social, que se da en­ tre la gente de color sobre todo a partir de 1795 cuando podran comprar la con­ dici6n legal de blancos mediante las lla­ madas cedulas de gracias al sacar que permitian el matrimonio con blancos, el acceso a la educaci6n, a cargos publicos, al sacerdocio.

Los esclavos ocupaban el ultimo lugar en una sociedad que nunca se cuestion6 la legitimidad de la esclavitud negra; los jesuitas, que fueron los mayores propieta­ rios de esclavos, asumian tambien su evangelizaci6n (a veces de manera heroi­ ca, como el catalan Pedro Claver, cuya dedicaci6n a los negros bozales recien lle­ gados a Cartagena de lndias entre 1615 y 1654, le vali6 el titulo de ap6stol de los negros). Las esclavos tuvieron un papel destacado en sectores econ6micos muy concretos, siendo la mano de obra funda­ mental en la mineria de oro de Nueva Granada, en la producci6n de cacao en Venezuela y -en menor medida- Gua­ yaquil y en las plantaciones azucareras de Mexico, Peru y, sobre todo, las Antillas.

Hubo tambien numerosos esclavos ur­ banos, sirvientes domesticos que repre­ sentaban un signo de prestigio para las fa­

76 milias, y con frecuencia tambien una

fuente de ingresos al ser alquilados por sus amos como jornaleros en astilleros, obrajes, talleres artesanales, panaderias, o las mujeres como prostitutas. En general, aunque hubo tambien disposiciones lega­ les sobre el trato a los esclavos yen 1789 se promulg6 un C6digo Negro -que casi no tuvo aplicaci6n-, Ia suerte del esclavo fue determinada por Ia personalidad del amo, o del capataz en las plantaciones;. A veces se producian rebeliones (la princi­ pal, en 1795 en Coro, Venezuela), asi como huidas, reagrupandose Ios esclavos fugitivos o cimarrones en asentamientos llamados palenques. En contrapartida, hubo tambien numerosos casos de manu­ misi6n y de compra de la propia libertad (negros horros). Sin embargo, y a pesar de la existencia de la esclavitud, Ia socie­ dad indiana no era estrictamente esclavis­ ta; s6lo a partir de finales del siglo XVIII, yen Cuba sobre todo, se produce el paso de una sociedad con esclavos a una socie­ dad esclavista, que caracterizara a la isla hasta la abolici6n de la esclavitud en 1886.

Seiiores de indios

La principal riqueza que los espafloles encontraron en America -y la unica en muchos lugares y durante mucho tiempo­ fueron sus habitantes, y enseguida proce­ dieron a tomar posesi6n de ella, tras efec­ tuar los correspondientes repartos de acuerdo con los meritos de cada uno. El repartimiento o distribuci6n de la mano de obra indigena entre los espafloles co­ menz6 de modo espontaneo y automati­ co, y hacia 1503 aparece el termino en­ comienda (que va a prevalecer a partir de las Leyes de Burgos de 1512) para desig­ nar esencialmente la misma cosa, aunque con el matiz de implicar la responsabilidad del encomendero hacia los indios que quedaban encomendados a su cuidado; a cambio de la protecci6n del senor, los in­ dios debian entregarle sus tributos y su

. trabajo o servicio personal. Se trataba, pues, de una relaci6n clara­

mente feudal que los conquistadores y pri­ meros pobladores quisieron completar so-

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policia. Ello implica la reorganizaci6n de la vida indigena y la congregaci6n de los indios en pueblos o reducciones, donde no residirian mas espafloles que los doc­ trineros, corregidores y encomenderos. Estos asentamientos permiten vigilar y controlar mejor a la masa indigena, a la vez que buscan impedir posibles extorsio­ nes y abusos por parte de los espafloles ·u otras gentes. De todas formas, la politica aislacionista no fue rigida, y cierto nume­ ro de pueblos indios vivi6 constantemente en contacto con los espafloles, ademas de que en todas las grandes ciudades habia barrios indios, denominados cercados y situados en las afueras.

En la aplicaci6n de la politica indigena sera decisiva la colaboraci6n de la Iglesia y de la propia nobleza india. Los caciques (termino_caribeno que acab6 reemplazan­ do a las distintas denominaciones locales para las jefaturas indigenas de caracter medio, pues los niveles superiores fueron eliminados a raiz de la conquista) tenian un gran poder en sus comunidades y f ue­ ron instrumentos esenciales para el con­ trol de los nativos. Caciques y principa/es se convirtieron en gobernadores, alcaldes y regidores de los cabildos de indios esta­ blecidos en sus pueblos segun el modelo espafiol, y actuaron como intermediarios y auxiliares de la colonizaci6n, organizan­ do la recaudaci6n de tributos, la provision de mano de obra, etcetera.

Gracias a esta colaboracion, la nobleza indigena fue reconocida y recompensada con algunas distinciones. Por ejemplo, a diferencia de! resto de los indios, los caci­l ques y principales tenian permiso para lie­

. . l var armas de fuego y espadas y podian : I montar a caballo, estaban muy hispaniza­

dos en su indumentaria, casas y estilo de vida, p~seian tierras, ganados y esclavos negros , algunos pocos incluso fueron en­ comenderos (Gibson). Es decir, la misma

1- funci6n de la nobleza en la republica de los esparioles.

Sin embargo, el poder politico efectivo en los distritos indigenas lo tiene el gober­ nador espanol, que con titulo de corregidor o alcalde mayor es la maxima autoridad y quien toma las principales decisiones, de­ biendo velar por el cumplimiento de la le­ gislaci6n proteccionista. En la practica su

80 actuaci6n no siempre sera tutelar, por el ' '' . '

contrario los frecuentes abusos acabaran convirtiendo a estos funcionarios en una de las lacras de la administraci6n colonial, y desde luego seran odiados por los indios, hasta llegar a ser las primeras victimas de sus motines y rebeliones. El sistema politi­ co-legal proteccionista se completa con otras figuras que se van nombrando y ac­ tuaran en los diferentes distritos, como el protector de indios (con funciones nunca reglamentadas, aunque implicitas en su nombre, cuya actuaci6n dependi6 de la personalidad <lei titular) y el procurador de indios, especie de abogado de pobres en las Audiencias, donde existia tambien la fi­ gura del fiscal de indios.

La Iglesia, estrechamente vinculada a los intereses politicos y colonizadores <lei Esta­ do, es la instituci6n que asume mayor pro­ tagonismo para modificar la sociedad indi­ gena, no solo en el piano religioso sino tam­ bien en el linguistico y el cultural. La evangelizaci6n, que te6ricamente justifica­ ba toda la empresa espaflola en America, fue asumida con entusiasmo desde el princi­ pio y pronto se super6 la actitud agresiva, compulsiva, caracteristica de los primeros aflos, cuando la integraci6n religiosa se concebia como una prolongacion de la con­ quista y la tarea fundamental era destruir las evidencias del paganismo. En general, el es­ fuerzo misionero fue una operaci6n pacifi­ ca, constante e ininterrumpida, cuyo resul­ tado final desde el punto de vista de la cre­ encia religiosa indigena fue el sincretismo, la fusion de la fe cristiana y la pagana. Los indios incorporaron Ia nueva religion a su propio pante6n politeista y sistema de cre­ encias, prestando mayor atenci6n a aspec­ tos como el de Ios santos o el dogma de la Trinidad que al propio Dios cristiano. Pero desde el punto de vista de las actitudes so­ ciales y ceremonias externas, la evangeliza­ ci6n fue un exito: en cualquier pueblo indi­ gena la iglesia jugaba un papel dirigente, y aunque los indios no solian ser sacerdotes, se ocupaban de la sacristia y desempeflaban toda una serie de tareas menores, participa­ ban en los ritos y fiestas, se organizaban en cofradias, etcetera.

Como parte de la propia metodologia misional, los religiosos aprendieron las len­ guas indigenas (convertidas en lenguas ofi­ ciales de la Iglesia cat61ica) y asumieron tambien la funci6n educativa. En general,

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A la derecha, dos familias de Nueva Espana, segun pinturas anonimas mexica11as del siglo XVIII.

En esta pagina, tres muestras del arte suntuario producido en esta epoca en

America (Museo de America, fotos Joaquin Otero)

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las escuelas parroquiales y misionales pro­ porcionaban, junto con la enseñanza de la doctrina, una educación rudimentaria, aun­ que la mayoría de los indígenas no llegó a aprender nunca la lengua castellana. Los mayores esfuerzos en este sentido se dedi­ caron a las capas altas de la sociedad india, fundándose colegios específicos para ellas, como los de Santa Cruz de Tlatelolco (Mé­ xico), del Príncipe (Lima), o de San Fran­ cisco de Borja (Cuzco).

En cuanto a la cultura material, la asimi­ lación fue muy lenta en las zonas rurales. Por ejemplo, los indios —que eran mayori- tariamente campesinos— tardaron mucho en incorporar el arado, que implicaba el uso de animales de tiro y otros cambios en sus métodos agrícolas, asi que durante mu­ cho tiempo siguieron usando el palo cava­ dor tradicional. Por otro lado, a veces los esfuerzos integradores resultaron ser una extorsión. Es el caso de los llamados repar­ tos (ventas) de mercancías, que fueron un importante instrumento de aculturación forzada encaminado a introducir a los in­ dios en una economía mercantil. Los co­ rregidores, aunque por ley tenían prohibi­ do participar en actividades comerciales, controlaban la distribución económica en­ tre los indios, obligándoles a comprar a precios excesivos tanto productos necesa­ rios como supérfluos. Estas prácticas, usuales aunque ilegales tanto en Nueva Es­ paña como en Perú desde la segunda mitad del siglo XVII, fueron legalizadas a partir de 1751 en un intento de controlar los exce­ sos, pero la práctica no cambió las cosas y el reparto constituyó una fuente de crónica irritación para los indios.

Pero además de los planos político, re­ ligioso, lingüístico y cultural, se intentó también —y se hizo en primer lugar y con éxito— la.' integración laboral, principal forma de vinculación entre el mundo es­ pañol y el mundo indígena. Los sistemas de utilización de la mano de obra variaron según los lugares y épocas, y tuvieron es­ trecha relación con la organización socio- cultural indígena, sobre todo en las socie­ dades complejas, donde los españoles encontraron vigentes condiciones de es­ clavitud y servidumbre que procuraron aprovechar. Por orden más o menos cro­ nológico, los sistemas de trabajo implan­ tados fueron la esclavitud, encomienda,

trabajo forzado, trabajo semivoluntario y trabajo libre.

El esclavismo fue el primer sistema la­ boral no sólo en el Caribe sino en todas las regiones a medida que se iban con­ quistando, aunque la tendencia oficial era frenar este proceso. Desde el año 1500 sólo se permitía la esclavitud para casos de rebelión, indios capturados en guerra o caníbales, y en 1542 las Leyes Nuevas es­ tablecieron que por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so tí­ tulo de rebelión, ni por rescate ni de otra manera, no se pueda hacer esclauo indio alguno, y queremos sean tratados ' como uasallos nuestros de la corona de Castilla, pues lo son. En adelante sólo habrá casos aislados de esclavitud india, en zonas marginales o fronterizas.

El trabajo en la encomienda era prácti­ camente idéntico al de la esclavitud. De todas formas, ya vimos cómo esta institu­ ción deja de ser una fuente de trabajo pri­ vado para convertirse en una renta; desde fines del XVI sólo en zonas marginales y pobres subsiste la encomienda de servicio personal.

El siguiente sistema fue el reclutamien­ to forzado de mano de obra, basado en prácticas prehispánicas, que en México se llamó coatequitl o régimen de tandas, y en Perú mita. La forma más elaborada fue la mita peruana, el trabajo forzoso por antonomasia, consistente en prestaciones laborales temporales, en actividades de in­ terés público (especialmente en la mine­ ría, pero también en obrajes, caminos, etc.). Se trataba de un trabajo compulsivo pero remunerado y perfectamente regla­ mentado, aunque provocó muchas quejas debido al incumplimiento de la legislación. Las mitas de Potosí, con cerca de 13.500 indios al año, y Huancavélica, con unos 2.200, fueron las más importantes y las que significaron una dura carga para los pueblos obligados a proporcionar los con­ tingentes de trabajadores.

El trabajo semivoluntario se basaba también en sistemas prehispánicos de mano de obra atada o semiservil. Las ca­ tegorías más conocidas fueron las de ya­ nacona, especie de siervos vinculados a la tierra, y naboría, término caribeño que los españoles aplicaron en Nueva España y que más tarde se hispanizaría transfor- 81

Túpac Amaru José Gabriel Condorcanqui No­

guera (nacido en Surimana, Perú, el 10 de marzo de 1738), más co­ nocido como Túpac Amaru, nom­ bre que adoptó por ser descen­ diente directo del último soberano inca (Felipe Túpac Amaru, ejecu­ tado en 1572 por orden del virrey Toledo), asumió el liderazgo de los indios de la sierra peruana y se rebeló contra el régimen colo­ nial español en el año 1780, dan­ do lugar a un impresionante mo­ vimiento de masas que puso en serio peligro la dominación espa­ ñola, cuarenta años antes de que se produjera la independencia.

Como cacique de Surimana, Pampamarca y Tungasuca (pue­ blos de la provincia de Tinta, a unos 100 km al sur de Cuzco), pertenecía a la nobleza indígena —aunque era biológicamente mestizo— y fue un hombre rico (poseía casas, tierras y un prós­ pero negocio de transporte o arriería) y bastante culto (se ha­ bía educado en el colegio jesuíta del Cuzco), y relacionado con los grupos criollos e indios influen­ ciados por las corrientes ilustra­ das. En 1760 se casó con Micae­ la Bastidas Puyucawa, con la que tuvo tres hijos: Hipólito, Maria­ no y Fernando.

Su primera intervención públi­ ca tuvo lugar en 1777 cuando presentó ante la Audiencia de Lima dos solicitudes para que los indios de su provincia fueran exo­ nerados de servir en la mita de Potosí. El fracaso de estas recla­ maciones le decidirá al levanta­ miento armado iniciado el 4 de noviembre de 1780, tras el cual fue ejecutado en la plaza del Cuz­ co el 18 de mayo de 1881 en cir­ cunstancias particularmente dra­ máticas.

belión se expande con gran rapidez tanto hacia el norte (hasta el Cuzco) como hacia el sur, llegando hasta el lago Titicaca para penetrar finalmente en territorio de la Au­ diencia de Charcas, hoy Bolivia. Se movi­ lizan decenas de miles de personas, tanto por parte de los rebeldes como de las au­ toridades coloniales, siendo los principales hechos de armas la batalla de Sangarará (18 de noviembre), el asedio del Cuzco (del 28 de diciembre al 6 de enero de 1781) y la batalla de Tinta (6 de abril), que supone la derrota y captura de Túpac Amaru (por la traición de uno de los su­ yos) y otros jefes rebeldes. Tras el corres­ pondiente juicio, el visitador José Antonio de Areche dicta la sentencia (15 de mayo) condenando a muerte a José Gabriel, su esposa, su hijo mayor y otros reos, todos los cuales son ejecutados en la plaza del Cuzco el día 18 de mayo de 1781.

Comienza entonces la segunda fase del movimiento tupamarista, que será mucho más sangrienta que la primera y se prolon­ gará durante todo el año 1781, bajo el li­ derazgo de Diego Cristóbal Túpac Amaru (primo hermano de José Gabriel), exten­ diéndose hasta el norte de Argentina y Chi­ le y enlazando en el altiplano boliviano con la rebelión de Túpac Catari (Julián Apasa Sisa, el más importante caudillo indígena altoperuano, que será ejecutado el 13 de noviembre de 1781). Sucesos notables de esta etapa son la conquista de Sorata y el prolongado y penoso asedio de la ciudad de La Paz. Finalmente, los rebeldes acep­ tan el indulto general ofrecido por el virrey y el 11 de diciembre de 1781 se firma el tratado de paz, que a comienzos de 1783 será violado por las autoridades coloniales al ordenar, con el pretexto de nueva suble­ vación, la detención y posterior ejecución de los principales protagonistas de los su­ cesos anteriores, incluido Diego Cristóbal el 19 de julio de 1783.

Termina así la gran rebelión iniciada en noviembre de 1780, aunque durante mu­ cho tiempo continuará el gran miedo de españoles y criollos ante las masas indíge­ nas, miedo que contribuirá a reforzar el conservadurismo político de los peranos.

Una familia de español y mestiza en un cuadro del siglo XVIII pintado por Andrés de Islas

(Museo de América, foto Joaquín Otero)84

mandóse en laborío, que describe diver­ sas formas de mano de obra indígena.

La mano de obra libre se va desarro­ llando paulatinamente. En la mineria pe­ ruana es característico el minga, trabaja­ dor contratado con una paga que podía ser hasta cinco veces superior a la del mi­ tayo. El peonaje es otro tipo de trabajo asalariado, y la forma más común que adopta es la aparcería o medianería, me­ diante la cual los campesinos arrendaban pequeñas parcelas en las grandes hacien­ das, y pagaban la renta trabajando en la hacienda. Aparece también a fines de la colonia el peonaje adscrito por deudas, que se desarrollará tras la independencia.

En general, y como observaron en el si­ glo XVIII los célebres marinos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa, puede de­ cirse que todas cuantas riquezas produ­ cen las Indias, y aun su misma subsisten­ cia, se debe al sudor de sus naturales: con ellos se trabajan las minas de oro y plata, con ellos se cultivan las tierras, ellos crían y guardan los ganados; en una palabra, no hay trabajo fuerte en que no se empleen.

Resistencia indígena

Los pueblos indios, pese a la profunda y duradera destrucción provocada por la conquista y pese al intenso proceso de aculturación a que se les somete, conser­ van cierta capacidad de resistencia y des­ de el inicio de la colonización expresan su protesta y su rechazo a la dominación co­ lonial. Los mecanismos de defensa fueron variados, desde la resistencia pasiva o la simple huida hasta la rebelión armada, o también ia adaptación, siquiera aparente, fórmula escogida, por ejemplo, por los in­ dígenas de la península de Santa Elena (Ecuador), que adoptan muy pronto la len­ gua y la indumentaria españolas pero mantienen sus costumbres y una relativa independencia en sus pueblos.

Pero al margen del rechazo a la inte­ gración manifestado por los indios de al­ gunas áreas (norte de México, centro de Chile) que resistieron a la conquista du­ rante mucho tiempo, casi hasta el fin de

la época colonial, entre los indios someti­ dos pocas veces la resistencia llegó a plas­ marse en un verdadero movimiento de masas, aunque son frecuentes los motines espontáneos, muy localizados y de corta duración, dirigidos casi siempre contra los corregidores o los curas, como la rebelión de los zendales, en Chiapas (1712) o ia de Jacinto Canek en Quisteil, Yucatán (1761). Hay también, sin embargo, verda­ deras rebeliones indígenas con fuerte im­ pacto en la vida económica y social de la región en que se producen, como la de Juan Santos Atahualpa en la provincia de Tarma (Perú), a partir de 1742.

El caso paradigmático lo proporciona la sublevación de Túpac Amaru, una impre­ sionante conmoción armada que, al coinci­ dir en el tiempo con otros dos grandes le­ vantamientos de masas (Túpac Catari en Bolivia y los comuneros del Socorro en Co­ lombia), puso en serio peligro el sistema colonial español: como años después diría Godoy, fue una gran borrasca que barrió toda Suramérica. La rebelión tupamarista reviste una importancia especial por la per­ sonalidad de su jefe, por su extensión y su arraigo, pero sobre todo por sus objetivos: supresión de gravámenes y explotación (aduana, alcabalas, repartos forzosos de mercancías), eliminación de formas de tra­ bajo degradantes (mitas, obrajes), ruptura con España y restauración del poder inca bajo nuevas formas, manteniendo la reli­ gión católica (coronación de Túpac Amaru como José 1, por la gracia de Dios Inca Rey del Perú…), y unión de todos los pe­ ruanos (los paisanos, sin distinción de ra­ zas) en contra de los europeos intrusos. Se trata, pues, de un programa utópico, espe­ cialmente en su apelación a la solidaridad y la unidad peruana, incluyendo a los ama­ dos criollos, que desde luego no se unieron al movimiento sino que lo combatieron.

La rebelión tupamarista comenzó el día 4 de noviembre de 1780, con la deten­ ción del corregidor de Tinta. Antonio de Arriaga, que seis días después es ejecuta­ do públicamente en la plaza de Tungasu- ca. A partir de este momento, y desde su epicentro en la provincia de Tinta, la re-

Dos ejemplos de familias mexicanas del siglo XVIII (Museo de América,

fotos Joaquín Otero) 82

las escuelas parroquiales y misionales pro­ porcionaban, junto con la enseñanza de la doctrina, una educación rudimentaria, aun­ que la mayoría de los indígenas no llegó a aprender nunca la lengua castellana. Los mayores esfuerzos en este sentido se dedi­ caron a las capas altas de la sociedad india, fundándose colegios específicos para ellas, como los de Santa Cruz de Tlatelolco (Mé­ xico), del Príncipe (Lima), o de San Fran­ cisco de Borja (Cuzco).

En cuanto a la cultura material, la asimi­ lación fue muy lenta en las zonas rurales. Por ejemplo, los indios —que eran mayori- tariamente campesinos— tardaron mucho en incorporar el arado, que implicaba el uso de animales de tiro y otros cambios en sus métodos agrícolas, asi que durante mu­ cho tiempo siguieron usando el palo cava­ dor tradicional. Por otro lado, a veces los esfuerzos integradores resultaron ser una extorsión. Es el caso de los llamados repar­ tos (ventas) de mercancías, que fueron un importante instrumento de aculturación forzada encaminado a introducir a los in­ dios en una economía mercantil. Los co­ rregidores, aunque por ley tenían prohibi­ do participar en actividades comerciales, controlaban la distribución económica en­ tre los indios, obligándoles a comprar a precios excesivos tanto productos necesa­ rios como supérfluos. Estas prácticas, usuales aunque ilegales tanto en Nueva Es­ paña como en Perú desde la segunda mitad del siglo XVII, fueron legalizadas a partir de 1751 en un intento de controlar los exce­ sos, pero la práctica no cambió las cosas y el reparto constituyó una fuente de crónica irritación para los indios.

Pero además de los planos político, re­ ligioso, lingüístico y cultural, se intentó también —y se hizo en primer lugar y con éxito— la.' integración laboral, principal forma de vinculación entre el mundo es­ pañol y el mundo indígena. Los sistemas de utilización de la mano de obra variaron según los lugares y épocas, y tuvieron es­ trecha relación con la organización socio- cultural indígena, sobre todo en las socie­ dades complejas, donde los españoles encontraron vigentes condiciones de es­ clavitud y servidumbre que procuraron aprovechar. Por orden más o menos cro­ nológico, los sistemas de trabajo implan­ tados fueron la esclavitud, encomienda,

trabajo forzado, trabajo semivoluntario y trabajo libre.

El esclavismo fue el primer sistema la­ boral no sólo en el Caribe sino en todas las regiones a medida que se iban con­ quistando, aunque la tendencia oficial era frenar este proceso. Desde el año 1500 sólo se permitía la esclavitud para casos de rebelión, indios capturados en guerra o caníbales, y en 1542 las Leyes Nuevas es­ tablecieron que por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so tí­ tulo de rebelión, ni por rescate ni de otra manera, no se pueda hacer esclauo indio alguno, y queremos sean tratados ' como uasallos nuestros de la corona de Castilla, pues lo son. En adelante sólo habrá casos aislados de esclavitud india, en zonas marginales o fronterizas.

El trabajo en la encomienda era prácti­ camente idéntico al de la esclavitud. De todas formas, ya vimos cómo esta institu­ ción deja de ser una fuente de trabajo pri­ vado para convertirse en una renta; desde fines del XVI sólo en zonas marginales y pobres subsiste la encomienda de servicio personal.

El siguiente sistema fue el reclutamien­ to forzado de mano de obra, basado en prácticas prehispánicas, que en México se llamó coatequitl o régimen de tandas, y en Perú mita. La forma más elaborada fue la mita peruana, el trabajo forzoso por antonomasia, consistente en prestaciones laborales temporales, en actividades de in­ terés público (especialmente en la mine­ ría, pero también en obrajes, caminos, etc.). Se trataba de un trabajo compulsivo pero remunerado y perfectamente regla­ mentado, aunque provocó muchas quejas debido al incumplimiento de la legislación. Las mitas de Potosí, con cerca de 13.500 indios al año, y Huancavélica, con unos 2.200, fueron las más importantes y las que significaron una dura carga para los pueblos obligados a proporcionar los con­ tingentes de trabajadores.

El trabajo semivoluntario se basaba también en sistemas prehispánicos de mano de obra atada o semiservil. Las ca­ tegorías más conocidas fueron las de ya­ nacona, especie de siervos vinculados a la tierra, y naboría, término caribeño que los españoles aplicaron en Nueva España y que más tarde se hispanizaría transfor- 81

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